Archivo de: Abril, 2004

Posición fecal

Tengo un cuate que trabajaba en un gimnasio donde llega gente de dinero. Su labor era planificar el entrenamiento de cada uno de los clientes y asesorarlos para que su ejercicio fuera productivo.

Un tipo común de clientes, son las señoras de cincuenta o más años que tienen su vida resuelta y llegan a relajarse y socializar al gimnasio. Requieren especial atención porque la mayoría de veces son quisquillosas.

En una conversación, una de ellas le contó a mi amigo que la única forma en que podía dormir era en “posición fecal”. Mi cuate fingió no haber escuchado bien y le preguntó qué había dicho. Ella le reafirmó que dormía en “posición fecal”.

Le he dado vueltas al asunto, pero no logro imaginarme cómo es esa posición.

Me duele la cara

Ser muy atractivo no es tan bueno como se cree. Yo, que lo sufro en carne propia, puedo dar testimonio. No estoy desesperado, pero sí me incomoda y hasta puede ser bochornoso en ocasiones.

Me gustaría salir un día de casa y que fuera todo normal. Que las mujeres no se me quedaran viendo, que no me guiñaran el ojo a la primera oportunidad. Que cuando pida una dirección en la calle la chava no se ponga nerviosa.

Ayer fui donde una doctora que me recomendaron. Apenas si me pudo auscultar. Parecía que se iba a desnudar ahí mismo, tenía una cara de calientona que ni les cuento.

Siempre sale más de alguno preguntándome si soy gay. Lo hacen con la esperanza de que diga que sí. He visto cómo personajes que tienen esposa e hijos, se me acercan para averiguar si le tiro para ese lado. Eso es más molesto, saberse objeto de deseo de gente del mismo sexo. Hay que ver a algunos que no se dan por vencidos.

Cuando salgo con alguna chava, siempre es lo mismo. No importa que estupidez diga yo, para ellas está bien. Para cualquier cosa, toda la vida tendré razón. Entiéndanlo, busco a alguien que me replique, que razone. Porque aparte de ser bello, soy inteligente. Sí, lo soy, pero a nadie le interesa qué tenga que decir; me toman como un simple pedazo de carne. Soy sólo otra cara bonita. Alguien que sirve nada más para verlo e ir a la cama. Es triste, pero es la realidad.

De mis adicciones

No tengo ningún problema en aceptar mi adicción por la coca. No voy a ser uno más de los hipócritas que lo niegan. Debo decir en mi favor, que no la consumo a menudo. Así como a alguien le dan ganas de una hamburguesa o pizza, yo la busco cuando me apetece. No le veo nada de malo.

Empecé hace años por pura curiosidad. Pero se fue haciendo necesario conforme pasó el tiempo. Cuando estoy desanimado, siempre ayuda para continuar la jornada.

Es definitivo, nunca la cambiaré por la pepsi.

El Elegido

Enfrente de mi casa vivía un hombre extraño. No hablaba con nadie, vivía solo y al parecer no tenía empleo. Siempre tuve curiosidad de saber qué era lo que hacía.

Un día de feriado dispuse conocerlo. Toqué a su puerta y salió a abrirme con gesto malhumorado. Dije que iba a visitarlo y le traía de regalo una botella de whisky. Me invitó a pasar. Su casa era algo normal, con amueblado sobrio y muy ordenada. Nunca vi entrar a nadie más que él, así que supongo que él mismo hacía la limpieza y cuidaba del hermoso jardín.

Nos sentamos a la mesa y empezamos a tomar del whisky que le había obsequiado. Su rostro cambió totalmente, y luego de un rato, charlábamos como amigos. En medio de la plática, me contó que él era El Elegido. Tenía una misión especial en la Tierra que no podía revelarme, pero que era muy importante para la historia. Eso explicaba su antisocial manera de vivir. Toda la charla fue de lo más normal, salvo esa cosa de que era El Elegido.

Después de esa ocasión, me hice amigo de él, y a pesar de la insistencia de mi mujer, no dejé de frecuentar su casa. Nunca más volvió a mencionar lo del Elegido, así que no se volvió a tocar el tema.

Durante años seguimos viéndonos y tomándonos los whiskys. Con el tiempo, hasta llegaba a la casa para la navidad y año nuevo. La familia lo aceptó bien.

Por eso fue que me dolió cuando un día entramos con la policía y descubrimos su cuerpo colgado de una de las vigas de su casa. Dejó una nota para mí, no tenía que poner mi nombre para saberlo.

La nota decía: “Amigo, he descubierto que no soy El Elegido”.

Paola y sus amigos

PaolaTengo tres sobrinos. Los dos mayores ya van al colegio. Se queda en casa la más chiquita, Paola. Los grandes cuentan de sus aventuras y de los amigos con quienes comparten sus juegos.

Como la pequeña Paoli no se quiere quedar atrás, decidió que sus hermanos serían sus amigos. “Voy con mis amigos”, dice. Luego, hizo también sus amigos a sus papás, a su tía y a la abuela que viven con la familia.

Un día le pregunto: ¿Yo soy tu amigo? Y ella me responde (con una cara de ¿qué mulada estás diciendo?): “No, tú eres tío”.

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