Archivo de: Mayo, 2004

Gravedad

Generalmente, no me acuerdo de lo que he soñado en la noche. Los científicos dicen que uno siempre sueña, así que lo que tengo es mala memoria.

El sueño más sin sentido que he tenido fue éste:

Estaba en la sala de mi casa, eran las tres de la tarde. De repente, escuché un ruido en la calle. Fue como si hubiera estallado un cilindro de gas propano. Me asomé por la ventana y vi cómo caía un carro en mi jardín, luego un bus urbano, otro carro y un microbús en la calle. ¿Qué es esto? Pensé en salir, pero si me caía uno de esos encima, ya no la iba a contar.

Encendí la radio. Escuché que algún aditivo en las gasolinas estaba provocando que los vehículos flotaran. Me pareció de lo más ridículo, pero lo que estaba pasando lo era también.

Y luego, desperté.

Seducción telefónica

Tengo una voz seductora por teléfono. Me di cuenta cuando cambié definitivamente de voz en la adolescencia. He llegado a dominar el arte de la seducción telefónica. Según sea el carácter de la mujer, puedo hacer el tono más grave o más agudo, y darle ciertos énfasis cruciales para la seducción.

Todas mis compañeras de colegio me llamaban casi todos los días. Y no cambió en la universidad. Puedo decir que ninguna de mis novias se ha enamorado de mí a primera vista sino a primera voz por teléfono.

En el trabajo no hablo por teléfono, porque no aguantaría llamadas todo el día y por supuesto, me despedirían. Mi jefe conoce el caso, así que todo mundo tiene instrucciones para no pasarme llamadas. Por eso es que el email me es muy útil, ese gran invento del hombre me ha sacado de apuros.

Se ha hecho tan grande el asunto que tengo un celular exclusivo para mis fans, que no enciendo más que dos horas diarias; ellas ya saben que según sea el día, lo activo en diferente horario. El número de teléfono de mi casa lo he tenido que cambiar en varias ocasiones y la empresa de telefonía no lo publica en la guía.

Ya me han ofrecido de esos números de promoción. Dada la demanda que tengo, se podría cobrar más cara la llamada por minuto y repartir las ganancias entre la empresa y yo. Pero me he negado porque creo que mi don debe compartirse, no venderse. Mis fans más fieles seguro que se desilusionarían. Y uno se debe a las fans.

Economía basada en el consumidor

Si yo digo por ejemplo: “Las empresas deben enfocarse en el cliente si quieren mantenerse en el mercado”, todos me darán la razón. Porque así es, el que sostiene a la empresa es el cliente. Pero en cambio, si digo: “Las empresas deben enfocarse en el gerente general, que identifica las necesidades del mercado e invierte inteligentemente”, creo que no me darán la razón y hasta piensen que estoy loco. Si digo esto último aplicado al accionista: “Las empresas deben enfocarse en el accionista, que arriesga su capital por el bien de los demás”, igual no estarán de acuerdo.

Pues este último enfoque es el que enseñan en una de las universidades de Guatemala. Dicen que el inversionista es el que genera riqueza, puesto que identifica las necesidades de los consumidores e invierte para que sean satisfechas, generando empleos y haciendo crecer la economía. Entonces, hay que darle todas las facilidades para que logre su cometido, y luego distribuya la riqueza generada entre los empleados y proveedores que hicieron posible la labor. Adivinen quién fue el que fundó la universidad y quién es el principal ideólogo de la misma. ¡Claro! Un inversionista importante que tiene varias empresas en el país.

El consumidor es el que genera la riqueza, no el inversionista. Así como el cliente genera las ganancias de la empresa. Las políticas de Estado entonces deberían enfocarse principalmente en quien genera la riqueza. De ninguna manera estoy diciendo que los inversionistas no son parte importante, ni que haya que írseles en contra, sino que no son el motor de la economía. Les aseguro que partiendo de este principio, cambia en el formato económico que nos plantean.

El Señor Presidente

Luego de aquella conversación, estaba seguro de que la situación no cambiaría, que por más que yo luchara, seguiría siendo lo mismo, no cambiaría nada, no habrían posibilidades de nuevas ideas, de iniciar un movimiento para mejorar el país y sacar de la pobreza a sus habitantes, crecer como nación y trascender en el mundo, no, no hay nadie dispuesto a ver más allá del interés de su propia nariz, no les importa que en el futuro ellos mismos salgan beneficiados, pero eso sí, son buenos para exigir de todo, para señalar a todo el mundo y creerse los indispensables, les aseguro que me sentí solo como Jesucristo en el huerto, porque yo era el único allí que quería cambiar las cosas y luchar a muerte por un futuro mejor, por eso, porque no puedo luchar solo, salí con lágrimas de Palacio y al siguiente día decidí unírmeles porque no podía contra ellos.

Los mexicanos no hablan buen español

Cuando los guatemaltecos cruzamos nuestra frontera con México, nos damos cuenta que el español del hermano país es muy pobre. Pero preferimos no decírselo a ellos para que no se ofendan. Christian, como cualquier persona normal, quería un agua con pajilla en una tienda de conveniencia:

Christian: -Regáleme un agua con pajilla.
Vendedor: -Aquí no se regala nada.
Christian: -Digo, véndame una pepsi pues.
Vendedor: -Pero me había dicho que quería agua.
Christian: -No, me refería a un agua gaseosa pepsi.
Vendedor: -¿Y qué es eso de pajilla?
Christian: -Disculpe, me refería a un popote.

Y eso que dicen que hablan castellano.

Cegatón

Anoche estaba algo despabilado y me dispuse a leer un libro. Encendí la lámpara de la mesa de noche y me acomodé en mi cama para leer uno de cuentos; pero a pesar de tener puestos los anteojos, miraba borrosas las letras. Puede ser algo de cansancio, pensé. Encendí la radio con música suave, pero no sirvió para relajarme. Volví al libro. Las letras seguían igual de borrosas.

Me puse a evaluar alternativas y soluciones:

“Tendré que cambiar de graduación, justo ahora que no tengo dinero. Le pediré prestado a mi hermano, aunque siempre me hace malas caras con el pisto. Ya lo veo haciéndose el importante y tratándome como a un mendigo. Que se acuerde quién fue el que lo defendía en el colegio. Malagradecido.

Mejor le pido a papá. Pero seguro que me dice: ‘Cotizá primero a ver dónde te sale más barato’. Siempre me ha caído mal que haga eso. ¿Acaso no soy su hijo pues? Como si yo le hubiera hecho alguna trastada con el dinero. Siempre lo que le pedí prestado, se lo devolví. Y todavía me manda a hacer cotizaciones.

¿Por qué de un día para otro? Ayer leía sin problemas con los benditos anteojos y ahora no. La computadora me debe estar afectando, probablemente tengo fatiga visual, debo trabajar menos. Con lo acumulado que tengo ya el chance. Si el deterioro sigue, capaz que necesito operación. No, mejor ya no pienso en eso, mañana será otro día.”

Hoy descubrí que el cristal derecho de los anteojos, estaba en mi saco.

Maldita timidez

Salgo de mi casa. Son las 8:00 am. Tomo el bus. Ya en el bus miro a la chava bonita. Ella me mira. Yo la sigo mirando. Se sienta a mi par. Se baja del bus. Yo sigo hasta mi trabajo. Otro día como todos.

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