Archivo de: Marzo, 2005

Jerga familiar

Cada familia tiene sus palabras propias. Por ejemplo, el carro que va adelante y es algo antiguo y va lento es un tuztepito. Mi papá no es Joaquín, es Don Juaco o peor aún, Joaquicidio. Si yo estoy muy cansado estoy tuztepiciado. Mi sobrino-nieto no es Fernando, es el pequeñín. Si alguien está haciendo mucha bulla, está haciendo un relajicidio. Mi hermano no es Julio, es locatario y chambreman, entre otros. A veces no digo pobre, digo póbreto. Un niño perdido es un chiló o chilojito. A mi mamá no le digo mamá, le digo bizcabuelita. Mi hermana no se llama Miriam, se llama Miriana. Desde que nació la Paola mi sobrina, todas las niñas son Politas. Si alguien mezcla muchas cosas el resultado es un chirmolmix. El auto es un carrinto. Hay una cafetería que nunca existió que se llama Plansh-Plonsh. Antón Chejov, un escritor ruso, se apellidaba realmente Chicoj.

Si algo se me olvidó, es porque ya estoy demasiado abuelito.

Las olas del estadio

Con la Gladis dispusimos ir al estadio el sábado para ver Guate contra Trinidad y Tobago. Como cosa rara, goleamos 5 a 1. Toda la mara en el estadio pensaba que nos habían cambiado a los jugadores. Pero no, eran los mismos pisados de siempre. El mismo Pando, el mismo Pescado Ruiz y el mismo Chalo. Al principio no tenía muchas ganas de ir porque la Gladis podía descubrir que yo soy una vaca para hacer las olas en el estadio. No le agarro la onda cómo es. Por más que el Chepe Quincho me explicó un cacho y hasta repasamos cómo hacerlo, yo sigo siendo mero mula para esas cosas.

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El suicida

El lunes había tomado la decisión de suicidarme. Pero no como producto de una depresión severa o de alguna deuda o de alguna mujer desalmada que me hubiera traicionado. No. Simplemente la pura gana de llevarle la contraria a Dios, la naturaleza, el destino o como le llamen ustedes. ¿Cómo es eso que yo no puedo decidir cuándo acabar con esta vida (iba a decir de mierda pero mi vida no es de mierda)?

Le comuniqué mi decisión a mi amigo Humberto y él, como siempre, me dio su total e irrestricto apoyo. Esos son los amigos. Mi familia no lo entendió tanto pero la aceptó, porque una decisión así, tomada en ejercicio total de las facultades mentales, se debe respetar.

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Ley de las dos opciones

Resulta que a veces te topás con que tenés dos opciones: la primera y la segunda. La primera es generalmente la más lógica, la que te aconsejan tus papás, la que acepta la sociedad hipócrita (valga la redundancia), la que va más a la segura, la que te causa menos incertidumbre. La segunda, en cambio, te ofrece más aventura, es algo más arriesgada, es la que no le gusta a tus papás ni a la sociedad, es la que yo no tomaría si fuera vos. Si tomás la primera opción, te arrepentirás de no haber probado la segunda, aún cuando te vaya bien. Si tomás la segunda, lo más seguro es que te vaya mal, y si te va mal te la vas a pasar echándote pestes por ser tan mula y no haber tomado la primera opción desde el principio. O sea, en conclusión, vos nunca vas a estar conforme, salvo que te vaya bien con la segunda opción.

Día del Hombre

Ayer se celebraba el día internacional de la mujer.

Imaginemos, si hubiese un día internacional del hombre, y yo fuera de los que gustan de esas cosas y llamara a mi hermano para desearle feliz día del hombre:

—¿Qué onda vos, cómo te va?
—Pues aquí tranquilón ¿y vos?
—Pues mano, sólo llamaba para desearte un feliz día del hombre, que la pasés bien.
—¡Ala, qué buena onda! Gracias por recordarte de mí, igualmente para vos. Hoy mi mujer y los patojos también me lo desearon antes de venir al trabajo. Aquí nos van a dar una refacción por el día del hombre.
—¿Y qué hacemos hoy?
—Vámonos a echar unas cervecitas a Hooters, tenemos que celebrar nuestro día.
—Orale, paso por vos entonces.

El sufrimiento del automovilista principiante

En junio del 2004 me bajé de la camioneta (así le llamamos a los buses en Guatemala) y me subí al carro. Había pasado casi seis meses molestando a un mi cuate vendedor preguntándole sobre las opciones más baratas del mercado. Cuando ya tuve dinero para el enganche, lo llamé y le dije que ya estaba listo. Después de tres o cuatro días de trámites, llegó el día de ir a traerlo a la agencia.

Como yo no había tenido carro (más que dos intentos que hice comprando carcachas que al final no sirvieron) no me sentía muy seguro para manejar. Pero de eso me di cuenta hasta el día que lo fui a traer. Iba camino a la agencia y empecé a tener miedo de irme a hacer mierda con el carro nuevo. Sí sí, me repetía, meto el closh para cambiar de velocidad, la primera siempre se pone para salir del reposo, el carro es el que te pide que cambiés de velocidad, procurá no ir muy rápido. Es así como en los juegos de video, sólo que de verdad.

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Las mujeres son traicioneras

Qué onda soy yo el Walter, que otra vez me ando por aquí jodiendo un cacho. La vez pasada les conté que la Yesenia malcabresta me estaba quemando la canilla con un carnicero rejodido. Pues para no darles mucha casaca, les cuento que la cosa tronó a mediados de diciembre, cerca de navidad, cuando una noche me los encontré trincándose en la calle. Yo me dije, Walter, esa chava no es para vos. Así que ya no volví por más, aunque ella me llegó a los dos días a la caseta donde vendo mis shucos a decirme que no era lo que yo pensaba y que yo era el que ella quería.

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