Archivo de: Febrero, 2006
Limpieza recurrente
Una vez al año, limpio mi cuarto de la basura, libros, cd’s y cassettes, ropa y zapatos que me están restando espacio. Miro los papeles que me recuerdan algunos pendientes y que me hacen sentir un poco cucaracha, aunque no tanto. Aparecen los libros que compré y que a pesar de tener un prólogo que indica que la obra es genial, no valían la pena, lo que me hace pensar que los prólogos sólo deberían ser para autores consagrados. Veo los cd’s con rolas que ya no muy me cuadran, una guitarra rústica que no suena bien y que tiene sólo tres cuerdas, una flauta traversa descompuesta hace rato porque nunca tengo pisto para arreglarla, un montón de cajas, una impresora HP descompuesta y un aparato de sonido que todavía tiene tornamesa para discos de acetato (de los últimos que se vendían). Esta vez sí estoy decidido a no claudicar y tirar todo. Creo que sólo la flauta se salvará —en espera de mejores tiempos— junto a unos cuantos cd’s y libros. El desafío será no acumular tanto, vivir un poco más ligero, ser más selectivo. Eso es lo que me repito todos los años.
La muerte del Chato
Si hubiéramos sabido que el Chato se nos iba a morir en Xela, mejor nos hubiéramos quedado en nuestras casas todo el fin de semana viendo películas, fútbol nacional y fútbol español. Nos hubiéramos enterado de que el Chato se había muerto y habríamos ido a su funeral y habríamos moqueado en el entierro (porque el Chato era buena onda), y al final habríamos regresado a nuestras casas tranquilos, tristones, sí, pero tranquilos. Pero el viernes el Chato estaba necio que quería ir a un concierto de unos sus cuates rockeros en Xela y además que iba a visitar a una su tráida allá.
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La Mona Lisa
Un par de años antes de su muerte, mi tía Maruca fue a un tour por Europa y regresó feliz. Venían con ella un litro de agua de la Virgen de Fátima repartido en varios recipientes individuales, varias fotografías del grupo y postales para cada miembro de la familia. En el viaje, como en todo tour europeo que se precie no podía faltar una visita al Museo de Louvre, en donde hasta el día de hoy sigue sonriendo la pícara y elegante Mona Lisa. En el museo de Louvre está prohibido tomar fotos con flash, puesto que arruina las pinturas. La tía Maruca, sin embargo, llevó escondida la suya. Cuando llegó el grupo hasta la famosa pintura, ella esperó que el guía se distrajera, se metió a codazos entre el tumulto que observaba la obra de arte, enfocó deprisa, disparó un potente flash y rápidamente se hizo hacia atrás antes de que el guía volteara. Al regreso del viaje mostraba orgullosa, como si de un trofeo se tratara, la fotografía (un poco movida) de la Mona Lisa. Toda una hazaña para una señora de 80 años.
