Por josejoaking | Junio 21, 2006
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Lo primero es desechar todo tipo de razonamiento lógico acerca del tema en el cual nos queremos engañar, puesto que esto conduciría peligrosamente a encontrar la verdad. Engañarse a sí mismo bien puede ser un acto de piedad porque si uno es una persona odiosa no podría vivir consigo mismo si no tiene una visión distorsionada de la imagen propia.
Una vez desechado el estorbo de los pensamientos lógicos, se debe planear la mentira. Esta ha de ser cuidadosamente escogida, puesto que siendo nosotros inteligentes (vamos a asumir que así es), podríamos darnos cuenta de nuestro engaño, y al final no conseguiríamos engañarnos. Un método efectivo es hacer una sustitución de la verdad a través de repeticiones constantes. Por ejemplo, si nosotros sabemos que apestamos como escribidores de blog, debemos repetirnos constantemente yo soy un buen bloguer y el público me ama por lo menos cien veces al día durante una semana. Al final de la semana, se hará una evaluación. Leeremos nuestros posts nuevamente y si notamos destellos de genialidad, sabremos entonces que vamos por buen camino.
Cuando hayamos logrado engañarnos totalmente, cuando a pesar de toda evidencia estemos convencidos de que lo que pensamos es cierto, conviene desechar los recuerdos de cómo lo hicimos. Si nos vienen a la mente pensamientos como “¿me estaré engañando yo mismo?” debemos negarlo rotundamente una y otra vez, hasta que ese pensamiento se parezca al ruido que hace una gota de rocío al caer a tierra en una húmeda mañana de junio, en un año de mundial de fútbol.
Por josejoaking | Junio 20, 2005
Convencerse de la verdad es una tarea harto difícil y requiere sinceridad, aplomo y vocación de masoquista. A veces es mejor vivir engañado porque esto nos protege de nuestras miserias, aunque es conveniente convencerse de la verdad de vez en cuando. Por ejemplo, cuando nos damos cuenta de que la que amamos ya no nos pela pero ni un poquito. Cuando descubrimos esa verdad, lo más probable es que nos digamos “no puede ser, es que no puede ser”, puesto que nosotros somos unos seres adorables y buenos partidos, qué mas quería esa desgraciada. Lo importante es tener en cuenta la regla infalible de que las mujeres siempre se van con alguien que no nos llega a los talones. Es decir, podrá tener mejor físico, pero jamás tendrá el intelecto que a nosotros nos distingue de los demás mortales. O viceversa, será un cerebrito, pero jamás nos soportaría una trompada a mano limpia. Contra lo que no se puede competir, es contra el dinero. Lo recomendable siempre es tener dinero.
La estrategia para convencerse de la verdad debe ser compasiva con nosotros mismos. No es recomendable decir: “Ella no me quiere, no sirvo para nada”. En su lugar debemos decir: “las mujeres siempre se quedan con el peor, el hecho de que ya no me quiera es buena seña”. Si nos repetimos para nosotros mismos esa frase una y otra vez durante tres meses por lo menos, lograremos convencernos de la verdad. Hay que tener en cuenta que habrán recaídas, como cuando una tarde de lluvia de casualidad nos encontremos en la calle con ella y crucemos miradas y logremos ver en sus ojos un humedecimiento melancólico. Para esas ocasiones tenemos que estar preparados y repetirnos con firmeza: “no, eso no significa nada, ya no me quiere”, y si logramos que el corazón siga latiendo a su ritmo normal, podremos estar seguros de nuestro éxito final.
Por josejoaking | Noviembre 8, 2004
A consecuencia de la anterior entrega de estas Lecciones de Español, he recibido numerosos correos electrónicos, unos felicitando la iniciativa y otros ofendidos porque la verdad al fin salió a luz: los guatemaltecos hablamos el mejor español del planeta. Incluso algunos miembros de la RAE me han felicitado, aunque obviamente, prefieren quedarse en el anonimato. Lo único que les digo es que contra viento y marea, esta página seguirá publicando estas necesarias lecciones, aún a costa de las consecuencias que esta actividad pueda tener para su autor.
Ahora a la lección. Leer más »