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Muting

Deberían inventar un control remoto que ponga en muting a los famosos indeseables. Pero un muting total, para que ya no se le aparezcan a uno en la tele, ni en la radio, ni en los periódicos. Por ejemplo, al hacerle muting total a Bush, en los espacios televisivos donde debiera aparecer, saldrá nuestro video favorito. Si sale en la radio, pasarán nuestra canción preferida. Y si sale en el periódico, en su lugar aparecerá un cuento de Augusto Monterroso.

Después de descansar un rato del famoso impertinente, le podemos quitar el muting, sólo para saber qué dice.

Fumador

Me entraron ganas de saber qué se siente dejar de fumar. El problema principal (aunque no insalvable) es que no fumo. Así que planeo empezar a fumar esta misma tarde. Creo que una cajetilla diaria estará bien. No sé cuánto tiempo me llevará hacerme adicto al cigarrillo, porque está claro que si uno no es adicto, no tiene sentido una estrategia para dejar de fumar. No tiene chiste. Tal vez me lleve unos 4 o 6 meses, quién sabe. Luego de lograr la adicción, ya podré empezar una terapia para dejar de fumar y al fin sabré qué se siente dejar de fumar. Después, creo que me gustaría saber qué se siente dejar de beber.

De apellidos

Llamo a una empresa cliente, y me contesta la secretaria. Aquí le habla José, le digo. Ella no me reconoce, y aprovecho para joder un poco: sí, José de Arimatea. Y ella empieza a buscar ese apellido en su base de datos mental: Arimatea, Arimatea, Arimatea… hasta que yo la interrumpo diciéndole quién soy.

Me quedé con la duda, tal vez sí existe ese apellido.

Pregunta infantil

La Gaby (de 5 años) le pregunta a su mamá (mi cuñada):

—¿Tú por qué escribís con la mano izquierda?
—Porque mi cerebro está al revés de el de los demás. Por eso es que soy zurda.
—Ah. ¿Y por eso es que te salen mal las cosas?

Desde el más allá

En un libro de cuentos de guatemaltecos, Narradores del Siglo XX, hay una mini-biografía del autor antes de cada cuento. Leí los primeros dos y llegué al de Miguel Ángel Asturias, premio Nobel de Literatura 1967.

La última oración de su biografía dice así: “Muere en el año 1974 y pide que lo entierren en París.”

El país de los borregos

En el país de los borregos todo mundo se cree lo que dicen los pericos. Los pericos saben muy bien qué deben decir para que los borregos se la crean toda. Y si algún borrego que tenga algunas neuronas de más les trata de hacer ver que están equivocados, lo miran con extrañeza y le hacen la señal de la cruz, como si fuera el mismísimo demonio. Por eso es que los pericos se creen la divina garza. Con el paso de los años se han especializado en muchas áreas para defender los intereses de los lobos con piel de oveja. Y lo logran, los borregos siempre se la terminan creyendo.

Valiosas amistades

Ayer iba bien cuajado en la camioneta, cuando de repente escuché unos gritos que me despertaron y me asustaron. Un par de chavos dijo que era un asalto y que todo el mundo se estuviera quieto. “Qué chingan, ahora voy a llegar tarde al chance”, me dije. Preparé mi billetera con los 20 pesos que cargaba y esperé a que los cacos pasaran por mi lugar.

Delante de mí iba una vieja rezando aves marías. Qué necedad —pensé—, si ya le toca aunque se rece mil rosarios se va. Atrás de mí un par de chavas chillando, como si así resolvieran las cosas. Yo estaba un cacho ahuevado, no lo niego, pero hay que hacerle ganas a todo.

Por fin llegaron hasta mi lugar los cacos desgraciados. “Dame todo el pisto” me dijo un gordo todo malencarado. Pero cuando estaba sacando la billetera, el otro me reconoció:

—¿Vos sos Walter?
—Simón, y qué jodidos —respondí malhumorado.
—¿No me reconocés? Soy Güicho, el de la tienda La Bendición.

En medio de los nervios, no había reconocido a mi cuate de la infancia. Era el Güicho, a quien todos chingábamos de patojo por chaparro.

—¿Qué putas, qué andás haciendo? —le pregunté.
—Pues aquí mire mano, breteando un cacho.
—Vaya trabajito el tuyo vos.
—Pues sí vos, pero qué le vamos a hacer. ¿Todavía vendés shucos en la U?
—Simón vos, para allá voy.
—Ta bueno manín, te caigo por ahí un día de estos.
—Como querrás. Ahí estamos a las órdenes.
—Bueno, fue un gusto vos, pero tengo que seguir trabajando. Orale, buena onda.
—Orale, que te vaya bien.

Después de despedirse, siguió con su trabajo, asaltando a los demás.

Despertador

Como todos los días, el reloj despertador suena a las seis de la mañana. Siempre me cuesta levantarme a la primera alarma, y suelen pasar de 15 a 20 minutos para que agarre fuerzas para ponerme de pie. La cama está más cómoda y suave justo a esa hora. Medio dormido voy al baño, me ducho, me visto, tomo mi taza de Incaparina y me dispongo a salir. Ya en el patio decido echarle un vistazo a los titulares del periódico que llega todos los días a la casa.

Qué chingar. Hoy es domingo.

Molesto zapato

Desde hace algunas semanas, mi zapato derecho se ha dado a la tarea de rechinar cuando piso con él. Por más que intento pisar de una u otra manera, no logro acabar con el ruido. Lo he revisado detenidamente para ver de donde proviene el sonido, pero nada.

El zapato en cuestión está en perfecto estado. Para ya no escuchar el molesto ruido tendría que comprarme otro par. Sería más lógico si sólo pudiera sustituirlo comprando un solo zapato. Deberían de fabricar sólo zapatos derechos o izquierdos, para que uno pudiera sustituirlos en caso de necesidad.

En fin, tomar la decisión me llevará algún tiempo. Porque si compro un par, podría salirme otro zapato rechinón. O sea que no resuelvo el problema. A no ser que en el par nuevo, sea el izquierdo el que suene. Entonces, tendría que escoger un par idéntico para acabar con el mal.

Pero surge otro problema, no me puedo poner un zapato nuevo y uno de medio uso, se notaría y además, se vería mal. Tendría que usar por un tiempo el nuevo par, hasta que se asemeje al otro. Lo malo es que no me libraría del ruido inmediatamente, así que mejor me quedo con este par.

Desgracia que es mi vida.