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Los monos futbolistas

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Una tarde estaban dos monos futbolistas platicando en una rama del árbol más grande de la selva. La plática era acerca de la falta de profesionalismo en la liga amateur de fútbol.

—Si los monos futbolistas de la liga amateur se entrenaran —decía el mono más viejo—, fueran al gimnasio, mejoraran su nivel técnico-táctico y empezaran a jugar como profesionales, entonces, sólo entonces, yo iría a ver los partidos de la liga amateur de fútbol. Por el momento, me conformo con jugar de vez en cuando con mi equipo e invitar a los profesionales a jugar en esta liga.

—Tenés razón —contesta el mono más joven, ambos eran del sur—, yo ya he perdido la fe en la liga amateur de fútbol. Me fastidian los que piensan que la liga amateur amenaza a la liga profesional y los que teorizan acerca del fenómeno de la liga amateur cuando ni siquiera pueden ejecutar bien un penal. Todos me parecen idiotas, deberían poner más carne en el asador a la hora de jugar.

—¿Ya viste cómo juegan los del norte? —pregunta el mono más viejo—. No hay nada bueno allá, todos son demasiado serios, deberían hacer driblings y caños más seguido porque uno se muere del aburrimiento cada vez que juegan.

Y así continuaron su plática los monos futbolistas, hasta que el sol se ocultó. Entonces se despidieron y se fueron a sus casas, felices de su coincidencia intelectual.

El enano que quería ser cortesano

Había una vez un enano que quería estar en la corte del rey. Se aprendió el discurso que gustaba a la corte y lo repetía por donde iba. No le importaba que el discurso tuviera sentido o no, lo que importaba era caerle bien a la corte. El enano fue persistente hasta que logró la atención de la corte; entonces su posición mejoró. Pero conforme fueron pasando los años, se dio cuenta de que los de la corte lo hacían a un lado para los eventos y decisiones importantes. Comprendió entonces que para ser de la corte, tenía que haber sido hijo de cortesano; y que de simple criado enano que era, jamás pasaría.

El país de los borregos

En el país de los borregos todo mundo se cree lo que dicen los pericos. Los pericos saben muy bien qué deben decir para que los borregos se la crean toda. Y si algún borrego que tenga algunas neuronas de más les trata de hacer ver que están equivocados, lo miran con extrañeza y le hacen la señal de la cruz, como si fuera el mismísimo demonio. Por eso es que los pericos se creen la divina garza. Con el paso de los años se han especializado en muchas áreas para defender los intereses de los lobos con piel de oveja. Y lo logran, los borregos siempre se la terminan creyendo.

Fábula educativa

Cierta vez, Pepe y Polita decidieron ir a molestar a la casa del chico inteligente. Pensaron que mejor era ir disfrazados, para que el chico inteligente no los reconociera. Pero el chico inteligente los reconoció al instante, y decidió tirarles la puerta en la cara. Al fin y al cabo, Pepe y Polita no podrían quejarse, porque supuestamente ellos no habían ido a molestar.

A pesar del portazo, Pepe y Polita no entendieron la lección del chico inteligente y siguieron yendo a molestar con el disfraz puesto. El chico inteligente los atendió y los dejó protestar, para que se aburrieran y se fueran. Y he aquí que Pepe y Polita, al fin entendieron.

Por algo es el chico inteligente.