Archivo de la categoría Fantasticos
Sombras nada más
Hay una peligrosa sombra acechándome. Sigilosa y astuta, hasta ahora no la había notado. Es posible que ella crea que no me he dado cuenta, por eso me limito a verla de reojo de tanto en tanto, para que no me agarre desprevenido. Sin embargo, a pesar de que no me ha atacado, ya me está causando una terrible angustia. Sabe bien que no soy territorio para ella, que nunca la voy a aceptar. No obstante, todo indica que no me dejará en paz y que seguirá ahí, silente pero perceptible, pequeña, pero oscura y siniestra. Ya va siendo hora, parece, de que vuelva a tomar mi dosis diaria de Litio.
Desdoblamiento astral
Desde hace algún tiempo he logrado con éxito mi desdoblamiento astral. Me acuesto en mi cama, cierro los ojos, me concentro y digo lentamente la palabra FARAON, hasta que logro que mi cuerpo astral se desdoble y salga de mi cuerpo carnal. Entonces me veo ahí acostado con los ojos cerrados en mi cama y observo desde la perspectiva del techo el completo desorden en que se mantiene mi dormitorio. Y salgo de mi casa, y empiezo a subir y a subir, veo por arriba las nubes y salgo de la atmósfera y veo cómo es de linda la Tierra desde afuera y cómo se mira de chiquitita Guatemala. Entonces se aparece Pedro, mi amigo extraterrestre que también se desdobla pero desde otra galaxia y que tiene esos dedos largotes y la cara de pepino con acné. Y me cuenta cómo es de aburrido su planeta en donde toda la gente se comporta de manera sensata, no votan en las elecciones por el más demagogo, no se inventan guerras que nada que ver y no repiten hasta el hartazgo que todo lo arregla ese gran espectro abstracto y perfecto que se llama mercado. Y yo le digo que qué pena, que aquí todo se resuelve por las malas, como debe de ser. Si la democracia no sirve para hacer lo que nosotros queremos, entonces hay que desecharla y el pueblo consciente e inteligente que votó por nuestros candidatos es un idiota manipulado cuando vota por los otros o cuando manda de regreso a su casa a las mineras extranjeras. Por eso es que cuando llega la hora de despedirnos con el Pedro, él se va sintiéndose cucaracha y yo regreso muy orgulloso a la Tierra, aunque con algo de pena por lo atrasados que están los pobres extraterrestres.
Un loteriazo en plena crisis
Hace un mes fui a sacar dinero a un cajero automático. Inserté mi tarjeta, tecleé mi clave y elegí el monto. El cajero hizo su acostumbrado ruidito de como que está pensando. Esperaba ver los cien quetzales que le pedí, cuando veo venir cinco billetes de cien en lugar de uno.
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El indolente
Iba cruzando la plaza central de la Ciudad de Guatemala cuando vi al niñito de unos tres años corriendo atrás de las palomas que suelen visitar la plaza. Se divertía a carcajadas viendo cómo le huían. De repente, una de las palomas que ahuyentaba el güiro voló de regreso en contra de la vía de sus compañeras, y fue a picotear en la cabeza al niño, que asustado, respondió llorando. Luego vino otra paloma envalentonada por el ejemplo de su compañera y también picoteó al niño. Al rato ya eran cuatro animales picoteando al infante, cual aves de rapiña. El patojo cayó al suelo derrotado por las aves enfurecidas, que después de unos segundos ya sumaban la docena. Alrededor del espectáculo nos formamos varios transeúntes curiosos, inmóviles y estupefactos. Las palomas lo hirieron por todos lados, y fueron llegando más, en la misma proporción que crecía el número de curiosos que veíamos el linchamiento palomar hacia el niño. Cuando dejó de respirar, las palomas desaparecieron.
Unos limpiabotas se acercaron para comprobar la muerte. Cerraron los ojos del niño y anunciaron que estaba muerto. Las mujeres se pusieron a llorar, los hombres miraban al suelo con los brazos cruzados. La policía y los bomberos fueron avisados y con ellos vinieron los reporteros, esa gente que se codea una con otra para estar más cerca o tomar la mejor fotografía. A uno de ellos le respondí que había llegado ya cuando había terminado el ataque de las palomas, que no sabía nada.
Mosquito en la pantalla
Ayer estaba en internet y en el monitor de la compu había un molesto mosquito. Al principio pensé que iba a irse así nomás, pero el maldito no se movía de la pantalla, estaba justo encima de la x que cierra las ventanas y ya me estaba poniendo nervioso. Hice un clic con el mouse para asesinarlo, pero se me escapó y terminé cerrando la página porno que tenía al frente. Voló un poco y se colocó encima de la pantalla de edición de este blog, cabal en el botoncito que dice “Publish”. Me hice el distraído, moví rápido el mouse para hacer clic y se me volvió a escapar, publicándose el post que estaba redactando en ese momento. Los que entraron ayer entre las cuatro y las cinco de la tarde habrán leído el post que al final borré porque era más decadente que el post promedio que se publica en esta página.
Después de varios intentos, logré matar al mosquito con un rápido y certero clic de mi mouse made in china cuando estaba parado en la página del FC Barcelona. Como me había estado picando, al destriparlo se hizo una pequeña mancha de sangre encima de la cara de Ronaldinho, mancha que limpié con una servilleta de papel.
La verdad del caso McDonald’s
En la última semana, ha entrado mucha gente a este sitio intrigada por la historia del payaso Ronald McDonald que cobró vida y asustó a dos empleados de la cadena McDonald’s la noche de un viernes santo. El caso no ha sido el único y al parecer en otros lugares como Cuernavaca ha cobrado vidas humanas. Según algunos amables lectores, en la edición de esta semana del programa Otro Rollo, se tratará este tema como consecuencia de la publicación de esta página.
Conscientes de la responsabilidad que tenemos ante la cybersociedad, los editores de esta página decidimos hacer una investigación al respecto. Si usted es sensible a las emociones fuertes, recomendamos la interrupción de la lectura en este preciso instante.
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Yo tenía un alien en mi mano
Desde hace algunos meses tenía una chibolita en mi mano izquierda. Consulté con un médico amigo y me dijo que no era nada, que era sólo un poco de sebo acumulado y que con cirugía menor la cosa estaba acabada, que deberíamos esperar un par de meses a ver si un tratamiento con una crema especial disolvía la cosa esa, pero que lo más probable era la cirugía. Según él, no había posibilidad de que fuera maligna la chibola de mi mano. Yo, ingenuo que soy, creí en el diagnóstico.
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¿McDonald’s contra el mundo?
Un lector de esta página me pidió que publicara su historia. Como le dije por correo electrónico, no creo en lo que cuenta, simplemente porque su caso se puede explicar por trastornos del sueño o cansancio acumulado. Pero por insistencia de él, a continuación les haré un resumen del larguísimo mail que me envió, con algunas correcciones de estilo que con su permiso me permití hacer.
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Los genios ya no son como antes
El otro día, iba todo hecho lata porque en el chance todo me fue mal. Venía por la calle pateando piedras y caminando con desgano. De repente, a la orilla del camino, ví algo brillante. Era una lámpara mágica color oro, la recogí. Como manda la costumbre, la froté y salió el consabido genio.
—Hola amo, soy el genio de la lámpara, puedes pedir un deseo que yo te lo concederé —dijo con voz en eco—.
—¡Qué joder! —exclamé yo—. Antes le concedían a uno tres deseos y ahora sólo un pinche deseo decís vos que me vas a conceder. Todo está devaluado ahora, hasta los deseos de las lámparas.
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Últimas cinco calles
Me sorprendí viéndome a mí mismo. Es como si uno estuviera siguiéndose en un helicóptero silencioso una altura de diez metros. Pude ver mi propio caminado, mis gestos. Para ser honestos, me miraba bien.
Allí iba yo, llegando a la esquina del Conservatorio y tercera avenida. Doblé la esquina y me dirigí hacia el sur.
Cuando llegué a la sexta calle, iba cruzando la chava de la tienda fotográfica. Me encanta cómo se mira en pantalón de uniforme con su caminar decidido.
Como siempre me le quedo viendo. Pasa a mi par pero ahora veo lo que nunca había visto: ella huele mi aroma. Es decir, como olfatea uno a alguien del sexo opuesto. Lo hace con un movimiento leve y escondido, pero lo hace. “Le gusto a la desgraciada”, me dije con una sonrisa.
Seguí mi camino. Encuentro un par de patojos drogadictos que me piden pisto. Les doy unas fichas para que me dejen tranquilo; me sacan la madre a mis espaldas cuando se alejan. Malcriados.
Es curioso cómo volteo a ver cuando cruzo la calle. Casi ni muevo la cabeza, sólo hago un reojo y decido si continuar o parar.
Los cieguitos de Prociegos, vendiendo su lotería Santa Lucía. La verdad, no creo en esas cosas de la suerte, aunque tengo un par de primos que se sacaron buena feria en la lotería. Pero es definitivo, no compraré billetes.
En la agencia de viajes hay un par de chavas que están buenas. Las busco con la mirada. Por no poner atención al camino me tropiezo, qué bruto que soy. Me miro chistoso cuando volteo para todos lados preocupado de que alguien me haya visto. Suerte que no había nadie en la calle.
Cuando llegué a la décima calle, no me di cuenta que la Suburban venía a toda velocidad. En vano me grité para avisarme. Al ir cayendo, escucho un par de gritos de la gente que va pasando. Quedé ahí tirado, en medio de la calle. Lo vi todo, y no pude hacer nada.
