La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida

Archivo de la categoría: Gente

La invasión de los nietos

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Cuando los nietos de don Vitalio y doña Augustina llegan a casa, todo se trastorna. Rápidamente dominan todo el lugar, y de una apacible y silenciosa morada, que verá sus últimos días, pasan a gritos de los niños corriendo por todos lados, lloriqueos cuando se caen y se golpean, quejas porque los más grandes les pegan y restos de comida y juguetes por todos lados. La nieta más pequeña, por ejemplo, vino hoy con la novedad de que tenía un su cuco en la pierna derecha, del cual presumía ante sus abuelos. Leer más »

Mal espíritu

El sábado a la noche, Esteban fue a la vigilia de la iglesia evangélica de su colonia. Se llevó al Pancho, su hijo de nueve años, quien no iba de muy buena gana que digamos. Panchito se durmió en la banca a eso de las diez de la noche, y Esteban —que había tenido un día agotador de trabajo y luchaba por no dormirse también— lo tapó con su chumpa de lona. Cuando terminó la ceremonia, al filo de la medianoche, Esteban se despidió de los feligreses y del pastor, y cayéndose del sueño se fue para su casa, buscó rápidamente su cama y se durmió al instante. Pero Panchito no iba con él. Leer más »

Básicamente, esta sería mi opinión

Quisiera referirme a los últimos acontecimientos acaecidos recientemente. Primero que nada, o antes que todo, haré una breve introducción al respecto de mis observaciones, que como siempre serán banales y no contribuirán en nada a Guatemala, a diferencia de lo que se escribe en todos los demás blogs guatemaltecos. Sin embargo considero importante expresarlas aquí. Básicamente porque en otro lugar no sería lo mismo, por esa manía que todos tienen de que las cosas tienen que ser útiles o divertidas o afines con su pensamiento ideológico. Leer más »

La muerte, ese pequeño detalle

Hay historias de las que podría sacar partido un escritor de verdad, de esos que salen en la prensa, que ganan premios y que venden libros de a montón. Por ejemplo, a mí me tiene impactado el suicidio de la señora de la tortillería que está a la vuelta de mi casa. Era una señora que vivía diciendo que después de que su hija menor cumpliera quince años, ella se iba a morir. Leer más »

Lágrimas

En la panadería de la esquina está la dependiente del mostrador llorando. Es una muchacha regordeta y simpática. Entra una de las clientas del lugar, pide su pan y le pregunta que por qué llora. La señora piensa que la muchacha debe estar llorando por algún amor, porque eso es lo más común del mundo y va a aconsejarla: a todos nos pasa, ya va a venir alguien más, Dios sabe por qué pasan las cosas. La muchacha contesta que hoy le dijeron que no le van a pagar (es fin de mes) sino hasta la semana próxima y ella necesitaba el dinero para la medicina de su mamá. La señora vuelve a casa con un amargo nudo en la garganta y mira cómo su hijo adolescente que no tiene nada que ver con Argentina, llora su eliminación del mundial.

Yo le vine a contar mi vida

Bonifacio (Bacho para los cuates) es un señor de 44 años que anda buscando trabajo. Llega a las entrevistas con su pelo crespo un poco alborotado, camisa manga larga a cuadros, pantalón pachuco, calcetines de rombos y mocasines apretados. Lleva consigo un maletín del cual nunca termina de sacar sus cartas de recomendación y su desordenado currículum vitae. A cada pregunta del entrevistador le es imposible decir sí o no, o por lo menos decir un par de frases que contesten directamente. Si le preguntan que con quien vive, entonces suelta la historia de su abuela, una señora de 83 años a la que él sostiene y cuida, porque sus hermanos viven aparte y él es el único que le queda a la viejita, a la que como usted comprenderá ya se le olvidan las cosas y desvaría, aparte de su problema de los riñones que últimamente le está molestando, pero ya está mejor. Viera cómo ha sufrido esa viejita, le mataron a dos de sus hijos, mis tíos, por un pleito de tierras. Pero gracias a Dios, ahí está todavía la viejita. Leer más »

Sunrise, sunrise

Es sábado a la tarde, Guatemala está apacible y sonríe, ajena por un momento a la violencia y a la eterna crisis económica. En una colonia de los suburbios de la ciudad, está solo en casa un tipo de esos que tienen blog, conectado a internet y bailando música de Kjarkas. Piensa en que la otra vez que mencionó a Kjarkas en el blog nadie dijo ni pío, mientras sigue haciendo un su medio bailecito tinku con un video de Imillitay que encontró en el YouTube. Le da de nuevo a la búsqueda en el YouTube y se encuentra con otro tinku, le gusta la canción y se la aprende en zampoña y en guitarra. De vez en cuando interrumpe y se pone a bailar y piensa en qué chilero es disfrutar una tarde de sábado con la única compañía de la música que le gusta. Y luego de pasársela así por varias horas (cualquier otro tipo se aburriría de escuchar las mismas seis rolas una y otra vez), se acuerda de la talentosa Norah Jones y busca en el YouTube. Encuentra un tema precioso, Sunrise. Y se pasa repitiendo y repitiendo a la Noritah cantando Sunrise, sunrise, looks like morning in your eyes y piensa que debe escribir un post sobre eso, mientras se asoma por la ventana y ve la lluvia caer y caer, sin detenerse.

Gente de Barcelona

En Barcelona vos te podés encontrar con un mexicano que empieza la frase como mexicano y la termina como si fuese español, y se despide diciendo “ok guys, see you later” como si no hubiera estado hablando en español todo el tiempo, y con su amiga, una austríaca preciosa que te oye tocar guitarra y zampoña, escucha dos canciones y dice que se va a acostar porque está demasiado borracha, y te deja pensando cosas. 

Si vas a los alrededores del Camp Nou estará siempre el típico turista que lo único que sabe es que Ronaldinho juega en Barcelona, y piensa que yendo al estadio se va a encontrarlo y así fácil le va a dar el autógrafo.  Va con su cámara digital llena de funciones que no sabe usar y que ni se imagina y fotografía todos los carros que ve, pensando que adentro van jugadores de Barça.

Podés encontrarte con colombianos que siempre te tratan de hermano, y no de tío como los españoles, y que siempre te saludan de tonces, ¿bien o no?  O también con un chavito catalán que espera hasta el último minuto para entrar al Camp Nou, y a cambio de algunos buenos euros te ingresa con un carnet de socio a un Barça-Madrid del cual te perdés los primeros 15 minutos por estar baboso e incrédulo por haber entrado.  Si avisás con tiempo que llegarás a Barcelona, también hay un bajista que te consigue conciertos y que se lleva bien con un argentino que escribe en internet, con el cual suelen cocinar comida de microondas, y a quien conoció porque su mujer lee al argentino y trabaja con una amiga del primo del argentino. 

El locutorio del pakistaní

En Barcelona los locutorios (que no son cosas de locos, sino cafés internet) casi siempre son atendidos por pakistaníes que no entienden mucho de español. Parece que sólo les enseñan a decir “una hora un euro” y luego no te dicen por favor pase a la máquina seis, sino sólo te dicen “seis”. “Seis qué” le dije yo el primer día y el pakistaní de turno me miró angustiado con cara de a este cuate no le entiendo ni rosca, tratando inútilmente que sus neuronas procesaran el mensaje. Tranquilo pakistaní, le dije, me voy a la máquina seis porque supongo que eso querés, pero no me pongás cara de chucho regañado pues, que no es para tanto, aquí no estamos peleando. A la siguiente vez le dije que sólo quería media hora, que cuánto costaba. Pakistaní volvió a poner su cara de chucho regañado. Mirá pues pakistaní, le dije, si una hora un euro (asintió feliz por entender eso), media hora 50 céntimos, cin-cuen-ta cén-ti-mos pakistaní, ¿vale?, quiero decir ¿me entendés?, y pakistaní dijo que sí.

Media vez no te movás de esos parámetros, podés ingresar a internet tranquilo en cualquier locutorio. Pero ahora que no voy tanto con pakistaní, porque compré un paquete para internet ilimitado, veo que pakistaní me mira muy serio cuando paso enfrente de su local, porque sabe que estoy yendo a otra parte a internet. Así que para no sentirme mal ahora tengo que ir al menos media hora al internet con pakistaní y luego venir aquí, ya tranquilo, a escribir un post.

La Mona Lisa

Un par de años antes de su muerte, mi tía Maruca fue a un tour por Europa y regresó feliz. Venían con ella un litro de agua de la Virgen de Fátima repartido en varios recipientes individuales, varias fotografías del grupo y postales para cada miembro de la familia. En el viaje, como en todo tour europeo que se precie no podía faltar una visita al Museo de Louvre, en donde hasta el día de hoy sigue sonriendo la pícara y elegante Mona Lisa. En el museo de Louvre está prohibido tomar fotos con flash, puesto que arruina las pinturas. La tía Maruca, sin embargo, llevó escondida la suya. Cuando llegó el grupo hasta la famosa pintura, ella esperó que el guía se distrajera, se metió a codazos entre el tumulto que observaba la obra de arte, enfocó deprisa, disparó un potente flash y rápidamente se hizo hacia atrás antes de que el guía volteara. Al regreso del viaje mostraba orgullosa, como si de un trofeo se tratara, la fotografía (un poco movida) de la Mona Lisa. Toda una hazaña para una señora de 80 años.