Por josejoaking | Febrero 26, 2007
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Al principio en la casa teníamos hormigas normales como toda la gente. Hormigas que de vez en cuando se aparecían para llevarse a alguna araña o cucaracha muerta, y claro, las dejábamos hacer su trabajo porque no se metían con nosotros. Después ya no les bastaba con las migas de pan que a veces caían en el patio, ni con los bichos que matábamos. Se entraban a la cocina y al comedor si algo dulce se caía al suelo y nadie miraba por él. Hasta aquí no les pusimos mucha atención, porque no sabíamos lo que nos esperaba. Leer más »
Por josejoaking | Diciembre 8, 2006
Agobiados por las penurias económicas, padre e hijo deciden suicidarse. Calcularon que con los seguros de vida que habían contratado, mamá podría pagar todas las deudas y continuar ayudando a la hija soltera en el cuidado del bebé que acababa de tener y que se merecía un futuro mejor que el que tenían ellos debido a sus irresponsables inversiones. Leer más »
Por josejoaking | Noviembre 20, 2006
¿En qué estaría pensando esta desgraciada? ¿A qué venía ese email? ¿Por qué dejó pasar tanto tiempo para decirlo? Si no me quería lo debió haber dicho antes, ahora que la boda está cerca y ya la gente está invitada me lo viene a decir como si fuera un juego. Juan miró por la ventana la mañana gris y lluviosa que se asomaba desde la sexta avenida. Atendió de mala gana un par de llamadas de clientes y volvió a la computadora a leer el infame email. Leer más »
Por josejoaking | Octubre 2, 2006
Mariano Varsavsky, un científico guatemalteco de origen judío, inventó hace algunos años una máquina del tiempo. A pesar de sus muchos intentos sólo logró viajar cinco minutos en el tiempo. Cinco minutos para atrás o cinco para adelante, algo que no era muy útil que digamos. Después de desvelos y esfuerzos inútiles, decidió abandonar la empresa de hacer una máquina que viajara más tiempo e inventó entonces una máquina para eliminar la nostalgia. Leer más »
Por josejoaking | Septiembre 25, 2006
El señor no pudo estacionarse frente a la panadería porque ya estaba ocupado el espacio, así que se quedó media cuadra atrás. La señora bajó y fue por el pan, mientras el señor junto a los dos niños del matrimonio la esperaban. Al salir de la panadería, la señora vio que el señor amablemente había adelantado el carro y se subió, le puso seguro a la puerta, se colocó el cinturón y se quedó viendo por la ventana a esa viejita que por distraída había botado al suelo los huevos que llevaba. Luego de cinco cuadras de andar en el carro se dio cuenta que la ruta no era la que dirigía a su casa. Volteó a ver a su esposo y a sus hijos, pero no eran los suyos, se había subido a un carro equivocado. Leer más »
Por josejoaking | Septiembre 11, 2006
Hoy en la mañana salí para el trabajo, tomé la camioneta de siempre, llena como siempre, y llegué tarde como siempre. Por alguna razón, a pesar de haber llegado tarde, no había nadie en la oficina. Y no, hoy no es domingo, ni había compromiso de ninguno afuera de la oficina. La oficina estaba totalmente sola, y afuera en la calle todo igual, como las 8:30 de la mañana de cualquier día laboral. Viéndola detenidamente, ví que la oficina estaba algo sucia, como si la señora de la limpieza no hubiera pasado en varias semanas. Leer más »
Por josejoaking | Julio 10, 2006
Capítulos ( 1 - 2 - 3 - 4 - 5 y 6 )
UNO
—Estoy seguro que el tesoro de Pie de Lana está en la casa de doña Tina, la maestra. Todo será cuestión de convencerla para que nos deje hacer un par de hoyitos y sacarlo. Le tenemos que dar una su buena parte, porque ni modo que se quede sin nada. Pero te digo, ese tesoro está en joyas y oro, deben ser por lo menos un par de milloncitos de pesos —le decía el Tono al Tito en la cantina de doña Tona, después de acabarse el primer octavo de la tarde. Leer más »
Por josejoaking | Junio 1, 2006
El martes de la semana pasada, fui a la agencia de SAT central y para el viaje decidí usar nuestra popular y democrática camioneta. Luego de hacer las diligencias que necesitaba hacer, tomé una camioneta número 82 que venía medio vacía para regresar a la oficina. Al nomás subir, vi una bella colegiala que estaba dormida en uno de los asientos, con la cabeza recostada en una de las ventanillas y el asiento que tenía a la par, vacío. Tez morena clara, pelo negro lacio y largo, puro de Head & Shoulders, una boquita apenas entreabierta, un maquillaje discreto y una naricita coqueta. Lo mismo podía pasar como guatemalteca o filipina. Vestía un uniforme azul de colegio, con la falda un poco más corta de lo normal. Parecía ser de los últimos años de secretariado o magisterio. Llevaba en sus piernas su mochila grande, repleta, que por lo menos tenía que pesar 25 libras. Leer más »
Por josejoaking | Abril 17, 2006
En el metro de Barcelona anuncian la llegada a cada estación en catalán. Como es parecido al español en ciertas cosas, se entiende bien, como pueden observar en el título. Una mujer dice pròxima estació y un hombre contesta anunciando el lugar. Otras veces es al revés: un hombre dice pròxima estació y la mujer contesta. La vocalización es neutra, sólo cumple con el requisito de anunciar con buena dicción y nada más. Salvo por la estación de Can Vidalet, en la línea 5, cuando es la voz masculina la que contesta.
Al anunciar Can Vidalet el cuate pronuncia como si estuviese recitando un poema, como si una sonrisa se le asomara cuando termina de pronunciar la n. Como si existieran signos de admiración; un poco discretos, eso sí. Después de haberlo escuchado ya un montón de veces porque es la estación que queda más cerca de donde estoy viviendo, estoy convencido de que el locutor estaba enamorado de alguien en Can Vidalet. La sonrisa que aparece cuando pronuncia la n se queda el resto de la vocalización, y cuando llega la i la grabación adquiere un tono primaveral romanticoide que no deja dudas. La ele está pronunciada de una manera segura, lo que me hace pensar que es correspondido, y por eso el tono primaveral romanticoide de la i. La d, por otra parte, da la impresión de que el cuate al principio sólo se la quería coger. Es decir, empezó a visitarla porque le gustaba su cuerpo, por esa su minifalda cortita cortita que se ponía en verano (cuando la conoció). Pero de tanto ir a su casa sin cogérsela, terminó enamorándose sin remedio. Para finalizar, el cuate no pronuncia la t, a diferencia de cuando la que dice el lugar es la voz femenina. Si hubiese terminado con una t categórica, me daría a pensar que se la pasa bien, pero que cree que la relación terminará. Creo que ese detalle es el que anuncia que el hombre de la voz del metro, se casará o piensa casarse con la doncella de Can Vidalet. Seguro que cuando ya lleve algún tiempo casado con la chica de Can Vidalet, ya no pronuncia igual.
Por josejoaking | Abril 12, 2006
Yo soy un tipo más bien tranquilo, de modales correctos, que nunca se sale del libreto que marca la sociedad. Pero al cruzar el charco, nuevos aires me pegaron y quise hacer algo proscrito, algo prohibido, algo al margen de la ley y lucrar con ello. Cuando vine, noté que en las Ramblas se colocan algunos tipos con six-packs de cerveza para venderle a los amigos de la noche que pasean por ahí. Se colocan cerca de las entradas del metro, y si miran a un policía, entran corriendo a la estación y toman el metro para que se los lleve a la chingada, porque esa actividad está prohibida, como muchas otras cosas por aquí. Eso es lo que quiero hacer, me dije convencido. Ganar dinero al margen de la ley, correr peligro y retar a la autoridad. Ser un delincuente. Y entonces fui a un supermercado, compré la mercancía y salí en la noche por las Ramblas a cometer delito y beneficiarme económicamente. Hice un primer recorrido sin sacar las latas de la bolsa y luego, con el corazón explotándome en los oídos, saqué el six-pack y empecé a ofrecer cerveza. Me sentía triunfal, invencible y ya me hacía con los tres sucios euros que iba a ganar. Vendí una, y luego otra. Todo parecía funcionar, la adrenalina fluía a borbotones. Hasta que una mujer policía se acercó por detrás y abusivamente quiso tomar mi mercancía y me dijo “no, eso no, tío”. Yo no soy su tío ni usted es mi sobrina, quise decirle, pero la prudencia pudo más. Luego vino otro policía y me preguntó que qué hacía yo con eso, y le dije con falsa seguridad, casi cagándome y con la respiración que no me daba, que eran mías. Y el policía me dijo que disculpara, que si hubiera sido de otra nacionalidad…
Es una de las veces en que he querido más a Guatemala. Aunque lo más probable es que el poli pensara que soy mexicano. Para celebrar, me tomé las cuatro cervezas que me quedaron.