Las mamás buenas deben creerle a sus hijos
Una noche que regresaba del trabajo y venía cansado, iba delante de mí, caminando por la acera, una señora algo gordita con bolsas de supermercado en las manos. De pronto la alcancé, pero como estaba caminando casi a la misma velocidad que yo, hubiera tenido que acelerar para rebasarla y no quise hacerlo porque me dio hueva. Así que caminamos juntos durante algunos metros, ella adelante, yo atrás. Leer más »



Grupo en Hi5
Grupo en Facebook