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Los mexicanos no hablan buen español

Cuando los guatemaltecos cruzamos nuestra frontera con México, nos damos cuenta que el español del hermano país es muy pobre. Pero preferimos no decírselo a ellos para que no se ofendan. Christian, como cualquier persona normal, quería un agua con pajilla en una tienda de conveniencia:

Christian: -Regáleme un agua con pajilla.
Vendedor: -Aquí no se regala nada.
Christian: -Digo, véndame una pepsi pues.
Vendedor: -Pero me había dicho que quería agua.
Christian: -No, me refería a un agua gaseosa pepsi.
Vendedor: -¿Y qué es eso de pajilla?
Christian: -Disculpe, me refería a un popote.

Y eso que dicen que hablan castellano.

Cegatón

Anoche estaba algo despabilado y me dispuse a leer un libro. Encendí la lámpara de la mesa de noche y me acomodé en mi cama para leer uno de cuentos; pero a pesar de tener puestos los anteojos, miraba borrosas las letras. Puede ser algo de cansancio, pensé. Encendí la radio con música suave, pero no sirvió para relajarme. Volví al libro. Las letras seguían igual de borrosas.

Me puse a evaluar alternativas y soluciones:

“Tendré que cambiar de graduación, justo ahora que no tengo dinero. Le pediré prestado a mi hermano, aunque siempre me hace malas caras con el pisto. Ya lo veo haciéndose el importante y tratándome como a un mendigo. Que se acuerde quién fue el que lo defendía en el colegio. Malagradecido.

Mejor le pido a papá. Pero seguro que me dice: ‘Cotizá primero a ver dónde te sale más barato’. Siempre me ha caído mal que haga eso. ¿Acaso no soy su hijo pues? Como si yo le hubiera hecho alguna trastada con el dinero. Siempre lo que le pedí prestado, se lo devolví. Y todavía me manda a hacer cotizaciones.

¿Por qué de un día para otro? Ayer leía sin problemas con los benditos anteojos y ahora no. La computadora me debe estar afectando, probablemente tengo fatiga visual, debo trabajar menos. Con lo acumulado que tengo ya el chance. Si el deterioro sigue, capaz que necesito operación. No, mejor ya no pienso en eso, mañana será otro día.”

Hoy descubrí que el cristal derecho de los anteojos, estaba en mi saco.

Me duele la cara

Ser muy atractivo no es tan bueno como se cree. Yo, que lo sufro en carne propia, puedo dar testimonio. No estoy desesperado, pero sí me incomoda y hasta puede ser bochornoso en ocasiones.

Me gustaría salir un día de casa y que fuera todo normal. Que las mujeres no se me quedaran viendo, que no me guiñaran el ojo a la primera oportunidad. Que cuando pida una dirección en la calle la chava no se ponga nerviosa.

Ayer fui donde una doctora que me recomendaron. Apenas si me pudo auscultar. Parecía que se iba a desnudar ahí mismo, tenía una cara de calientona que ni les cuento.

Siempre sale más de alguno preguntándome si soy gay. Lo hacen con la esperanza de que diga que sí. He visto cómo personajes que tienen esposa e hijos, se me acercan para averiguar si le tiro para ese lado. Eso es más molesto, saberse objeto de deseo de gente del mismo sexo. Hay que ver a algunos que no se dan por vencidos.

Cuando salgo con alguna chava, siempre es lo mismo. No importa que estupidez diga yo, para ellas está bien. Para cualquier cosa, toda la vida tendré razón. Entiéndanlo, busco a alguien que me replique, que razone. Porque aparte de ser bello, soy inteligente. Sí, lo soy, pero a nadie le interesa qué tenga que decir; me toman como un simple pedazo de carne. Soy sólo otra cara bonita. Alguien que sirve nada más para verlo e ir a la cama. Es triste, pero es la realidad.