Archivo de la categoría Sociedad
La importancia de saber virar a la derecha
Después de los ensayos me toca ir a dejar en el carro a Pancracio y a su teclado Korg. Para llegar a su casa antes tengo que hacer un retorno en la carretera hacia la izquierda y luego cruzar a la derecha, en la única entrada a la colonia de Pancracio. Pero la vez pasada íbamos hablando de A y B y a pesar de haber hecho el retorno, no crucé a la derecha, así que tuve que ir a buscar un retorno para volver a hacer el retorno que nuevamente me pondría en camino a la entrada de la colonia de Pancracio, que como les dije está a la derecha.
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Liberación masculina
La semana pasada una noticia de prensa puso a reflexionar a toda Guatemala. Un hombre en la víspera de un matrimonio que no quería, finge un secuestro y le pide rescate a la familia de la novia. Claro, ellos eran los culpables, ellos tenían que pagar por querer conseguirle marido a la doncella.
Las mujeres siempre nos han perseguido pretendiendo casamiento y las consecuencias son que nosotros no tenemos relaciones estables, que ya no vamos a la iglesia y que no buscamos ganar más, porque al fin y al cabo, el dinero es para la mujer. Yo me imagino que el pobre hombre, acosado por la novia y presionado por las dos familias, había aceptado el enlace matrimonial. La sociedad no puede aceptar la soltería feliz como modo de vida, y a manera de venganza (casi todos son casados), estigmatiza a los solterones.
A nuestro valiente héroe le pusieron un domingo cualquiera como fecha del principio de sus males, en la iglesia del pueblo. Y durante todo el tiempo anterior fingió estar de acuerdo para no defraudar a sus amigos y familia, de él y de ella. Pero cuando se acercaba el día, y su angustia crecía y crecía, un rayo de luz iluminó sus maltrechas neuronas, y decidió seguir con su feliz vida de soltero en lugar de empezar el infierno tortuoso del matrimonio: fingiría un secuestro, y aparecería una hora después de la ceremonia religiosa, enfrente de la iglesia del pueblo, con el pecho erguido y la frente en alto, diciendo lo que nadie había querido oír bien: no se quería casar y qué pisados. Y así lo hizo.
No faltaron las mujeres que dijeron “pobre la novia”, equivocando de manera intencional e interesada a la verdadera víctima, que en este caso, felizmente, se salvó de una vida miserable.
Las mujeres deberían empezar a reflexionar acerca de sus pretensiones de cazar hombres para casarse con ellos. Deberían tomar conciencia de que el matrimonio le hace mal al hombre, restringe su libertad y su creatividad, arruina a los buenos grupos musicales.
Hace algunas décadas empezaron con aquello de la “liberación femenina”, ya es hora, mis queridos amigos, de que hablemos de la liberación masculina.
Homo Sapiens 2.0
Hay tres cosas que espero que cambien cuando saquen la versión 2.0 del Homo Sapiens. La primera modificación que me gustaría para la nueva versión es que nadie engorde más allá de su peso ideal. Con un gen especial bien podríamos comer todas las pizzas, hamburguesas, embutidos, chicharrones, papas fritas, choripanes, pollos fritos, churrascos, hot dogs y pasteles tres leches que queramos, sin que esto afecte nuestra silueta. Ese es un fallo grave de la actual versión: no podés comer a tus anchas sin sentirte culpable por hacer tu panza más grande.
La segunda de las cosas es quitarle la exclusividad de tener hijos a las mujeres. Las mujeres son las únicas que están cien por ciento seguras de que sus hijos son de ellas, porque los vieron salir con sus propios ojos. En cambio, nosotros —el sexo sufrido— sólo lo sabemos por pura fe. Si tenemos suerte, nuestros hijos se parecerán a nosotros y podremos estar más tranquilos. Si no tenemos suerte, entonces tenemos que pagar un costoso examen de ADN, por el cual recibimos una reprimenda de nuestras mujeres que quieren siempre que les creamos, aunque ellas no nos crean cuando les decimos que estuvimos trabajando hasta tarde y que el pintalabios en el cuello de la camisa no significa nada.
La tercera y última modificación que quiero para la versión 2.0 del Homo Sapiens tiene que ver con nuestra caducidad. Vivir unos 80 años es considerado como fortuna y llegar en buena salud, mucho más afortunado todavía. El problema es que cuando llegamos a esa edad somos ya viejitos, tenemos el pelo canoso, la piel arrugada, caminamos lento y los jóvenes nos miran con algo de desprecio, porque en su interior piensan y desean morir antes de llegar a viejos (aunque cuando llegan a una edad prudente para morir sin ser considerados viejos, quieren 15 años más). Lo mejor sería llegar a 25 años y quedarse con esa apariencia y energía hasta morir, digamos unos 200 años después.
La voz de Sipacapa
A los amigos extranjeros que visitan este sitio (y también a uno que otro cuate que no se entera de nada), les contaré que hace algún tiempo se generó una polémica por una empresa extranjera que iba a hacer minería a cielo abierto. El gobierno impulsó y defendió a los empresarios (a pesar de que iban a dejarle al país un mísero 1%). Ante esto, la población de Sipacapa, el lugar donde iba a efectuarse esta explotación minera, reaccionó y protestó, y hubo un muerto en las manifestaciones.
Recién se hizo una consulta popular entre los pobladores de Sipacapa y hubo un rechazo total a la explotación minera. Pero luego saltaron los conservadores que dijeron que esta “no es vinculante” por tal y tal razón legal. Lo dicen así como quien no quiere la cosa. Si la consulta hubiera resultado favorable a la minería, éstos mismos cuates dirían que habría que respetar la voluntad del pueblo y hablarían de legitimidad y democracia y de bla bla bla.
De todas las columnas que leí sobre el asunto, me quedo con esta de uno de mis columnistas preferidos, el siempre genial René Leiva, que es lo que les quería compartir:
La voz de Sipacapa
A pesar de tener en su contra, como pueblo indígena y tribal, a todo el sistema -incluido en él a la prensa “independiente”-, Sipacapa realizó su consulta popular, en la que los habitantes decidieron que no, gracias, no a la minería de metales, no queremos “desarrollo” de esa clase y a ese precio, hipotecando nuestro futuro, nuestra tierra, nuestra agua, nuestra vida. Que nuestro suelo tiene vocación minera, dicen, o sea que debemos someternos a la fatalidad inapelable repetida a lo largo de toda América Latina, que nos trituren y expriman a cambio de obritas de cajón y perecederas, mientras dura el despojo y pasa desapercibida la tarea del cianuro. Ya expresó civilizadamente Sipacapa su oposición a que escarben sus entrañas a cambio de mendrugos. Y aunque se supone que voz del pueblo, voz de Dios, en este caso la compañía minera Montana y el gobierno empresarial se declaran ateos funcionales o ateos pragmáticos o ateos virtuales.
Pueden ver la columna completa aquí.
La Selección de Guatemala pierde con México
Para todos los efectos legales, yo no fui a comprar mi entrada de general norte para el partido contra México, no tenía la ilusión de que la selección ganara, no estuve el sábado cuatro de junio desde las cuatro de la tarde en el estadio Mateo Flores y no vi perder en vivo a mi selección por dos a cero. Creo, sin embargo, que el árbitro tuvo culpa: si hubiera marcado los cinco penales clarísimos que le cometieron a nuestros jugadores, hubiéramos goleado cinco a dos a los mexicanos. Pero es evidente que todo lo tenemos en contra.
Otro que no colaboró con la selección fue el eshpañol-mexicano Rafa Márquez. Yo me pregunto: ¿por qué jodidos el pisado ese no dejaba que nuestros delanteros llegaran al área? ¿qué le costaba hacerse el loco alguna vez para que metiéramos gol? Después viene y dice a la prensa con toda la desfachatez del caso: “Bueno, puesh hombre, que eshte partío lo hemos ganao porque Megjico fue shuperior. Eshosh tíosh de Guatemala no nosh inquietaron, vale.”
Así no se puede.
Nuestros jugadores, por otra parte, no entendieron la jugada del arquero Foster. El no cometió el error del primer gol así por así. Foster notó que los del medio campo y los delanteros no la estaban haciendo, y se dijo a sí mismo: “mí mismo: ahora andá por la pelota y hacé como que la querés agarrar pero hacé que se te caiga, así nos meten gol y se pone más las pilas el equipo”. Pero los jugadores en lugar de ponerse más las pilas se pusieron a echarle la culpa de su supuesto error, en lugar de comprender el mensaje y meter goles. Luego vino Pablo Melgar y se dijo a sí mismo: “mí mismo: como están las cosas, no voy a meterle gol a México, mejor me echo un autogol”. Y en efecto, lo hizo.
Para mí que la estrategia de Guatemala debería ser echar goles y ganar los partidos. Porque así perdiendo, no creo que lleguemos al mundial de Alemania.
A veces me cae bien Eduardo Stein
Ustedes saben cómo es de chismosa la gente. Ayer me contaron que algunos de los héroes neoliberales de este país de la eterna, pasaron el día con una taquicardia de todos los demonios, hubo rasgaduras de vestiduras, llamadas y correos electrónicos urgentes que comunicaban que el vicepresidente de Guatemala, Eduardo Stein, había osado contradecir el credo neoliberal.
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Brandon y Kelly
Brandon y Kelly salen de la U temprano porque terminaron rápido su examen final. Van al cine a ver aquella película gringa sobre el racismo contra los negros en Estados Unidos. Kelly queda conmovida por la injusticia humana.
Al regresar a casa, ya cuando pasó el efecto de la lica, Kelly prende la tele y están dando la noticia de que Rigoberta Menchú ganó un juicio por racismo. “Esa india como cae de mal, es una exagerada que sólo quiere figurar. A ver si a un negro le dan la misma oportunidad”, piensa Kelly y acto seguido, apaga el televisor.
Adiós Juan Pablo
Cuando vino Juan Pablo II por primera vez a Guatemala yo era un güiro de ocho años. Mi papá le tenía un pavor terrible al tumulto de gente y decidió que lo íbamos a ver desde un balcón del Hotel Colonial, que queda en la séptima avenida de la zona 1 de la ciudad de Guatemala.
La noche del seis de marzo de 1983 llegamos al hotel y lo primero que hizo el Julio Héctor fue meterse al closet de la habitación y empezar a jugar a que era un cohete espacial. Abría la puerta y hacía una estación, luego la cerraba y continuaba con su viaje estelar. Era todo un acontecimiento dormir fuera de casa.
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Guerra civil
El presidente de la república hizo caso al clamor popular y declaró la guerra a las maras. Ante los aplausos de la gente, fueron viniendo las armas de guerra donadas por Estados Unidos, quien, como se sabe, apoya todas las guerras por la justicia y la paz. Las colonias donde estaban la mayoría de los mareros fueron arrasadas con aviones bombarderos. Había que exterminar hasta las raíces, porque si queda alguien vivo, el movimiento podría resurgir en varios años. La gente inocente que muere, es digamos, problema de toda guerra y si nos detenemos a pensar en ello, no se logra el bien de toda la comunidad.
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Turbonett de Telgua o cómo gastar bilis por gusto
Este fin de semana se vence el contrato de Internet ADSL que tengo con el servicio de Turbonett de Telgua. Como ahora hay una opción de servicio más barata, para el nuevo contrato quería una reducción de velocidad y de cuota, y para hacerlo acudí a la agencia central en la zona uno. Hice una cola de diez minutos y luego me atendió una señorita que para fines didácticos nombraré cariñosamente pendejita. Pendejita no era ni fea ni bonita y era aceptablemente amable. Le indiqué para qué iba y me proporcionó los formularios, los cuales procedí a llenar. Una vez llenos, le recordé que iba a reducir la velocidad de conexión, porque me sale más barato y no tengo actividad que requiera mayor ancho de banda.
—Muy bien señor, pero ya le habrán dicho que tiene que pagar una multa de 75 dólares —dijo pendejita, advirtiéndome.
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