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Archivo de la Categoría: Sociedad

La venta

Mauricio va a visitar un poco nervioso a un cliente nuevo que pidió la cotización de un lote de computadoras. El lote es muy voluminoso y por lo tanto importante para la empresa de Mauricio, que no ha tenido buenos resultados los últimos meses. Esta venta le representaría salvar el año. Siempre ha sido un hombre muy sereno y buen vendedor, pero con la presión de cerrar un negocio que le implica poder pagar sus deudas y obligaciones, Mauricio no sabe si le saldrá bien la negociación, si los nervios lo traicionarán. Acude a la cita con el nuevo cliente, un tipo gordo de traje gris y corbata azul, gerente financiero, que sonríe en su escritorio y lo invita a sentarse. Leer más »

Una nueva oportunidad

Es de madrugada y en la garita de vigilancia de la colonia cabecea del sueño el policía privado de turno.  El muchacho es mayor de edad, pero parece un adolescente puberto al que con un grito podés espantar sin mayor problema.  Su compañero duerme tranquilo, después de haber hecho el primer turno de la noche.  Como es día lunes, todos los vecinos ya regresaron de sus actividades y no hay movimiento.  El vigilante cara de puberto observa aburrido las calles vacías de la colonia, el sueño lo está venciendo y al fin cede, y sueña con ser el tipo del 4-51 que anda sólo en buenos carros, arma grandes fiestas y trae todos los fines de semana a una mujer diferente. Leer más »

El catedrático

Algunas alumnas ofendidas no aceptaron la invitación del catedrático de matemáticas a comer pizza. Dicen que lo único que quiere el ingeniero es levantarse a alguna por ahí. Pero la mayoría sí fue, unas atraídas por el ingeniero -un tipo en sus 30s, inteligente y de buen ver-, y otras sólo por no quedar mal, porque quién sabe, si te va quitando puntos el tipo por el desaire, no conviene. El catedrático les dijo que era algo que siempre hacía con todos los grupos, no piensen mal. No obstante, no invitó a los alumnos. El profesor universitario pensaba que con algo tenía que compensar su mal salario, y entre las muchachas habían un par al menos que estaban como para hincarles el diente. Leer más »

La dama y los amigos

En una noche tibia de octubre, en uno de los bares de cuatro grados norte, se encuentran, riéndose y festejando, un grupo de bachilleres graduandos. Todos pasan ya de 18: Jorge, que todavía tiene acné en la cara, Wilson, a quien apenas se le nota la mayoría de edad y Guayo que ya parece de 20 y de eso se jacta siempre e inventa aventuras con muchachas mayores. Están celebrando su último año de colegio y esperan ansiosamente la universidad. Hoy decidieron emborracharse y velar toda la noche. El afterparty será en la casa del Luis, quien todavía no ha llegado. Leer más »

Los ganadores

Perico de los Palotes es un perfecto don nadie, como lo somos todos. No es ni más talentoso, ni más bonito, ni más feo, ni más desagradable que nadie. Aparte de alguna fobia por aquí, una manía por allá y una timidez galopante a cuestas, encaja dentro de lo que podríamos llamar normal. No obstante, es víctima, como lo somos todos, del marketing de los ganadores. Sí, esos que te repiten en los medios que se puede llegar a ser el mejor, que se puede llegar a ser millonario, que inventan libros para ser rico y que te dicen que con actitud llegarás a la cumbre, obviando convenientemente lo imprescindible que es el talento. Esos odiosos Og Mandinos que se hacen ricos haciendo creer a la gente que todos pueden ser el vendedor más grande del mundo. Leer más »

No me va a pasar nada

Temprano de la mañana Aníbal se levanta para ir al chance, se arregla, desayuna. Hoy le prestó el carro su papá porque en la tarde tiene exámenes finales en la universidad. Le dice a su mamá que le está yendo bien, y su mamá lo mira orgullosa, con un brillo especial de ojos. Aníbal siempre fue un buen patojo, nunca molestó. Sale de la casa y su mamá le sigue para echarle la bendición y cerrar la puerta del garage. Se acerca a la ventanilla del carro.

—Váyase con cuidado m’hijo.
—No se preocupe mama, a mí no me va a pasar nada. Leer más »

Guateámala o guateplástica

Hoy comenzó por la tarde el foro Guateámala. Según los organizadores, lo que nos pasa a los guatemaltecos es que somos muy pesimistas, y ellos, junto a los voluntarios, artistas y líderes que participan, nos van a poner positivos y “proactivos”. Nunca me han entusiasmado este tipo de propuestas, pero si a alguien le sirve para sentirse mejor o entretenerse, pues bueno, que le vaya bien. A mí me parece más una propuesta plástica, superficial e insulsa. Un marketing de positivismo barato. Leer más »

Santa Claus vrs. Reyes Magos

Pablo y José Joaquín platican por la malla que separa sus casas, un 25 de diciembre, en el siglo pasado:

—A nosotros nos trajo regalos Santa —dice Pablo.

—Santa Claus no existe —responde José Joaquín—, son tus papás los que te regalan los juguetes, ya despertá y crecé. Los que sí existen son los Reyes Magos y ellos sí traen buenas chivas, no cosas chafas así como tu Santa de porquería. Leer más »

La importancia de saber virar a la derecha

Después de los ensayos me toca ir a dejar en el carro a Pancracio y a su teclado Korg. Para llegar a su casa antes tengo que hacer un retorno en la carretera hacia la izquierda y luego cruzar a la derecha, en la única entrada a la colonia de Pancracio. Pero la vez pasada íbamos hablando de A y B y a pesar de haber hecho el retorno, no crucé a la derecha, así que tuve que ir a buscar un retorno para volver a hacer el retorno que nuevamente me pondría en camino a la entrada de la colonia de Pancracio, que como les dije está a la derecha. Leer más »

Liberación masculina

La semana pasada una noticia de prensa puso a reflexionar a toda Guatemala. Un hombre en la víspera de un matrimonio que no quería, finge un secuestro y le pide rescate a la familia de la novia. Claro, ellos eran los culpables, ellos tenían que pagar por querer conseguirle marido a la doncella.

Las mujeres siempre nos han perseguido pretendiendo casamiento y las consecuencias son que nosotros no tenemos relaciones estables, que ya no vamos a la iglesia y que no buscamos ganar más, porque al fin y al cabo, el dinero es para la mujer. Yo me imagino que el pobre hombre, acosado por la novia y presionado por las dos familias, había aceptado el enlace matrimonial. La sociedad no puede aceptar la soltería feliz como modo de vida, y a manera de venganza (casi todos son casados), estigmatiza a los solterones.

A nuestro valiente héroe le pusieron un domingo cualquiera como fecha del principio de sus males, en la iglesia del pueblo. Y durante todo el tiempo anterior fingió estar de acuerdo para no defraudar a sus amigos y familia, de él y de ella. Pero cuando se acercaba el día, y su angustia crecía y crecía, un rayo de luz iluminó sus maltrechas neuronas, y decidió seguir con su feliz vida de soltero en lugar de empezar el infierno tortuoso del matrimonio: fingiría un secuestro, y aparecería una hora después de la ceremonia religiosa, enfrente de la iglesia del pueblo, con el pecho erguido y la frente en alto, diciendo lo que nadie había querido oír bien: no se quería casar y qué pisados. Y así lo hizo.

No faltaron las mujeres que dijeron “pobre la novia”, equivocando de manera intencional e interesada a la verdadera víctima, que en este caso, felizmente, se salvó de una vida miserable.

Las mujeres deberían empezar a reflexionar acerca de sus pretensiones de cazar hombres para casarse con ellos. Deberían tomar conciencia de que el matrimonio le hace mal al hombre, restringe su libertad y su creatividad, arruina a los buenos grupos musicales.

Hace algunas décadas empezaron con aquello de la “liberación femenina”, ya es hora, mis queridos amigos, de que hablemos de la liberación masculina.