Había una vez un enano que quería estar en la corte del rey. Se aprendió el discurso que gustaba a la corte y lo repetía por donde iba. No le importaba que el discurso tuviera sentido o no, lo que importaba era caerle bien a la corte. El enano fue persistente hasta que logró la atención de la corte; entonces su posición mejoró. Pero conforme fueron pasando los años, se dio cuenta de que los de la corte lo hacían a un lado para los eventos y decisiones importantes. Comprendió entonces que para ser de la corte, tenía que haber sido hijo de cortesano; y que de simple criado enano que era, jamás pasaría.
El enano que quería ser cortesano
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