En el país de los borregos todo mundo se cree lo que dicen los pericos. Los pericos saben muy bien qué deben decir para que los borregos se la crean toda. Y si algún borrego que tenga algunas neuronas de más les trata de hacer ver que están equivocados, lo miran con extrañeza y le hacen la señal de la cruz, como si fuera el mismísimo demonio. Por eso es que los pericos se creen la divina garza. Con el paso de los años se han especializado en muchas áreas para defender los intereses de los lobos con piel de oveja. Y lo logran, los borregos siempre se la terminan creyendo.
El país de los borregos
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