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La casa del francés

(1 post)
  • Empezado por Suina hace 11 meses
  1. Suina
    Miembro

    A principios de este verano se mató el francés de la esquina y de su casa rancia tiraron a la basura la rúbrica de una vida. Los del servicio social hicieron su aséptico trabajo con guantes y mascarillas, después se fueron.

    Una media, solo una, enreda su garganta y le roba el último suspiro la resistente seda sendero negro del adiós. Estorban las cien botellas de absenta el paso de la justicia y del forense que dan fe y avalan que si, que ya no respira el cuerpo que pende del techo.

    Solo es un anciano solitario y maloliente que no se integra siempre escuchando la música de su país, gorgoritos existencialistas en erre que no pegan con la calle soleada vecina al club de tenis.

    Solo las sombras alargadas de las palmeras alteran la luz radiante.

    A veces las pelotas saltan el muro y se quedan para siempre enredadas en la mimosa de empecinadas raíces que crece salvaje en el patio del arisco extranjero. Amarillo confuso de amarillo.

    El gato negro ya está acostumbrado al hoy no hay, sus costillas lo pregonan, se pasea por las cajas del te lo cuento buscando a su viejo dueño.

    Enseguida la vecina avisa del deceso y se lleva el gramófano ¡anda que no sabe nada la acusica!, el escritorio desmadejado no, viven en el las polillas, también una domadora de pulgas.

    Aún brilla la medalla al valor de cuando estuvo en Argelia defendiendo el honor de la Patri. Es que la Patri es muy suya.

    De cuero repujado es el álbum. Miro los anchos zapatos que dicen estamos hechos para durar, para las colas del aquí hay pan pero enseñame antes la cartilla del ya me toca. Sostiene el calzado a una mujer pequeña y precisa de labios pintados con un rojo corazón, esconde en la mueca de la sonrisa las entreguerras y las heridas, la achicoria y el bésame que me voy, nació debajo de una farola de una calle de París, la más canallesca seguro.

    En francés suena bouche en coeur.

    La sombra del caduco habla de otros tiempos y cuenta historias de menage a trois. Ese chal descolorido que asoma de una caja una vez cubrió los hombros de la mujer de cejas cinceladas que firma al pie de la foto, el tiempo tiñe de canelo el para siempre, siempre, siempre, se enreda en deseos el toujours, y una rubia de la misma fecha reclama mándame dinero que no hay para comer.

    Una lata casi oxidada que conserva aún escenas moriscas guarda varias piedras de opio envueltas en platina. Todo es tan decadente como el diario de Anais Nin, abarquillado del uso.

    En la noche de San Juan rezo una oración por el alma del francés, crepitan en la hoguera los añejos recuerdos. Una llama crece y baila y purifica y encandila los ojos que la miran y aquella silla que los vecinos condenan es ahora una cruz gamada por culpa del capricho del fuego.

    Octubre amanece ventoso, mueve las esquinas del cartel del se vende.

    Solo conservo el gato que mi perra odia, reluciente y gordo desde que conoce mi cocina, y este viejo disco de la Piaf que encierra la voz triste de una nostalgia rayado justo por donde entona el à trois temps, à trois temps, à trois temps.

    Posted 11 meses ago #

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