El sábado mi tío Arnoldo celebró junto a su esposa sus primeros 50 años de casados. La recepción fue en el Centro Español, lugar donde yo aprendí a nadar y mi hermano aprendió a tiritar sentado a la orilla de la piscina con los pies dentro del agua. El salón en donde fue la fiesta tiene ventanales con vista a la piscina; desde allí la observamos con mi hermano y coincidimos en que se había reducido de tamaño.
Sin embargo, ambos sabíamos que sigue teniendo las mismas medidas que tenía a mediados de los 80.


Es como cuando regresás a tu colegio cuando estabas en primaria, te acordás que tenía un gran jardín para correr y hasta jugabas Escondite con tus amigos. Ahora, lo mirás y es un patio con grama.
A mi me paso lo mismo pero con las tetas de mis compañeras de la primaria.
Así es J.J., cuando creces todo se reduce de tamaño a tu alrededor, hasta el tiempo. ¿Te acuerdas cómo era de eterno un mes cuando tenías seis años?
¿Pero él sigue tiritando?
No, ya no, Chihiro, al final aprendi (o por lo menos pude atravesar la piscina) a nadar como a los 18 años, cuando entré a la universidad y con otros compañeros que no sabían nadar aprendimos a hacer algo. Pero si alguien sabe tiritar, ese soy yo.
A mi me pasa pero con las cosas de mi casa, antes la puerta, la mesa, o hasta alguna persona me parecia enormes, pero ahora todo es distinto, antes veia con la vision de una niña.
sadfas