Llanto egoísta
Ayer cumplió un año de muerto mi hermano Nery. Lo supe y lo sentí mi hermano hasta una semana antes de su muerte, porque en realidad él era primo mío. Solía decirme: “vos sos mi hermano porque el tío Quincho es mi papá”. El tío Quincho, por supuesto, es mi papá. La diferencia de edad (era 36 años mayor que yo) tuvo algo que ver en ello, supongo.
Durante la dos semanas anteriores a su muerte, toda la familia agonizó a la par de la cama del hospital. Todos los días íbamos de visita o preguntábamos por teléfono cómo estaba. La cafetería del sanatorio se llenaba de familiares y amigos. Pero ya en la última semana, sabíamos que era poco probable que sobreviviera a las complicaciones del hígado y riñones. Una de las veces que lo visitamos con mi papá, él nos tomó de la mano a los dos y lloró porque ya sabía su destino. Le acarició su cabeza blanca a mi padre y dijo con lágrimas en los ojos “mi papá”.
Luego pasaron dos días con una de aquellas mejorías engañosas a las que uno se aferra como última esperanza. El día de su deceso, era domingo y había juego de los rojos, un equipo de fútbol guatemalteco al que soy aficionado. Yo supongo que con la esperanza de que todo iba a estar bien, fui al juego pensando que al terminar iría a saludarlo. Pero cuando faltaban diez minutos para terminar el partido, recibí la llamada a mi celular con la noticia. Cuando uno recibe ese tipo de avisos, hay un aturdimiento inicial provocado por la no aceptación de la muerte. Yo pensé “voy a esperar que termine el partido y salgo”. Pero medio minuto después reaccioné y me dije “qué putas vas a hacer aquí cuando ya no importa el partido, no seás estúpido”. Salí del estadio caminando, y hasta las tres cuadras empecé a sentir aquel dolorcito en los ojos que precede a las lágrimas.
En un episodio de una serie llamada Autopista al cielo, protagonizada por Michael Landon, una niña le dice a un adulto ante la muerte de su mamá: “No lloramos por los que mueren, lloramos por nosotros mismos”. Así es, yo he llorado en este año porque me quedé sin uno de mis puntos de apoyo. Porque ya no está a una llamada de distancia, porque no le pude presentar el carro que compré este año y porque soy un egoísta que no quería que se fuera.






Grupo en Hi5
Grupo en Facebook
Vaya un abrazo silencioso JJ.
Salú.
Así es, José. Lloramos por nosotros mismos, porque nos duele no volver a disfrutar de la compañía de los que amamos, por no volver a escuchar sus consejos, porque el mundo se va vaciando de los pilares que sostienen nuestras vidas. Y también lloramos porque no podemos hacer nada ante la muerte y lo sabemos. Sucede y ya, y nosotros nos vemos tan y tan pequeños ante eso.
Un abrazo grande y mis cariños para ti.
Sí y no…Nadie te quita el dolor, egoísta sería pretender no llorar a quienes nos han marcado. Creo que es una cuestión ineludible e inevitable, no se puede no llorar, así como no se puede decir así sin más: era mejor para él…no no y no…
A veces pienso que el capítulo de los Simpsons en que Homero hace destrozos ocupando el papel de La Parca no es más que la realidad. La muerte, es torpe y demasiado equivocada está…
Abrazo Fortísimo!
Toro
Faivel: muchas gracias, creo que con escribir una aproximación de lo que se siente, se libera algo el espíritu.
Anika: “el mundo se va vaciando de los pilares que sostienen nuestras vidas” es una frase cierta. Y cuando salís a la calle, lo peor es que todo sigue como si no hubiera pasado nada.
Torín: El llanto egoísta no es en sí malo, al contrario. Pero es claro que lloramos porque nos sentimos un poco solos.
Yo creo que uno debe permitirse el egoismo. Nada es malo en su justa medida, y llorar por otro es una demostración de amor, hacia uno y hacia los demás.
Exacto Ginger. No podemos amar a los demás si nosotros mismos no nos queremos y aceptamos con nuestras virtudes y defectos.
Ay! la muerte…Qué tema.
Cuando se va alguien, lo lamento por él, no por mí.
Yo la muerte la tomo como parte de la vida, quizás, el último paso; quizás, el paso más importante. Quién sabe, no?
Lloro por quien muere porque vivir es un privilegio, una maravillosa experiencia, un placer a pesar de todo.
Lloro por aquel que se pierde la oportunidad de ver, de sentir, de hacer, de concluír con lo que empezó, de empezar con lo que deseaba, de reivindicarse…
En fin; no creo que uno llore por egoísmo sinó por el contrario. Uno sigue vivo y, a la larga, con el paso del tiempo, se va suavizando el dolor para convertirse en recuerdo. Pero vivo.
JJ, tu padre sabía que él fué su hijo? Te lo dijo finalmente?
( solo una curiosidad para terminar de cerrar intelectualmente la historia.)
Besotes
Buena tu reflexión vos Sonia. Eso me pasa cuando se trunca una vida relativamente joven y que además tenía salud. En el caso de una persona muy enferma, como era el caso de mi primo, no creo que una vida de sufrimiento sea más deseable.
Nadie se muere en la víspera, todos tenemos ese destino.
Mi papá siempre ha sido muy leal y ha dado todo por la familia. Con sus sobrinos, el siempre ha estado con ellos apoyándolos y Nery era uno de los más agradecidos, puesto que mi papá siempre estuvo allí ayudándolo, contrario a lo que hizo su padre de sangre. No tengo que preguntarle si lo sentía su hijo, porque así era.
JJ:
No lo sé…no sé si aquellos que sufren en vida sienten deseos de morir.
Sé que se cansan, que se hartan de sufrir, de padecer, del dolor, de las limitaciones. Pero no sé realmente si desean la muerte.
José Joaquín, qué temita, eh?
Habrá unos que sí y otros que no. Supongo que les duele también separarse de los que quieren. El ser humano siempre tendrá el instinto de conservación, que hace que el cuerpo luche hasta que no tenga energía.
El tema de la muerte siempre nos hará reflexionar. Lo jodido es que después vamos nosotros mismos, por más que tengamos buena salud o vivamos una vida tranquila.
JJ, te dejo un beso y un deseo de buen fin de semana. Hasta el lunes.
un abrazo JJ.
He conocido a algunas personas que ahora están muertas por enfermedades neuromusculares. Cinco personas en concreto, y sus casos se podrían dividir en tres situaciones distintas:
Dos de ellos hicieron todo lo que se podía hacer por sobrevivir, recibiendo los tratamientos y cuidados más meticulosos hasta el final, y eso les proporcionó algunos meses de más.
Otros dos murieron simplemente aceptando que se iban, pero sin querer que les prolongaran la vida inutilmente.
Y el último, se suicidó con la ayuda de terceras personas cuando vió que ya era demasiado sufrimiento y que no tenía sentido seguir.
Creo que cada uno de ellos murió según su manera de ver la vida. Los que quisieron resistir el máximo de tiempo tenían hijos pequeños, pienso que eso fué determinante; quizá les bastaba con poder verlos un día más para aguantar la horrenda situación de estar completamente paralizados, sin poder hablar ni tragar alimento, deseando que los remontaran de las sucesivas crisis respiratorias que padecían. Pero no a todos les compensa tanta lucha.
Besos.
Ale: Gracias.
Anika: Gracias por compartir las historias.