La luna de miel

Cuando nos casamos con Raquel hicimos que nuestra luna de miel durara un año. Ahorramos todo lo que pudimos, renunciamos a nuestros trabajos y decidimos darle la vuelta al mundo. Hicimos nuestras previsiones y el dinero nos dio para pasar el año sin apuros. Fuimos a varios países en Europa y Sudamérica, vimos muchos atardeceres y amaneceres en distintos lugares. Una luna de miel de doce meses. Hay muchas historias que contar de esos viajes, pero si hay una que fue bizarra fue la que pasó en Buenos Aires.

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El inconforme

Un día de lluvia Gabriel mira desde el segundo piso, por la ventana de su dormitorio, hacia la calle. Un par de muchachas pasan presurosas mientras se tapan la cabeza con sus bolsas y ríen, un perro soporta estoicamente la lluvia y un carro salpica la puerta de enfrente al pasar por un charco. Enfermo de gripe, Gabriel no fue al trabajo y está solo en casa. Alicia, su mujer, salió muy temprano con los niños y no volverá con ellos sino hasta el final de la tarde. Antes de asomarse a la ventana y ver llover, Gabriel sintonizó la tele, la radio, intentó leer el periódico y un libro, pero nada le logró quitar la angustia que siente, esa sensación de no estar viviendo la vida que quisiera vivir.

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El corredor

Cinco de la madrugada de viernes, aún a oscuras la ciudad empieza su carrera en contra del tiempo. César ya está trotando por las calles cercadas de su colonia, con su reproductor mp3 en el brazo y los audífonos colocados a todo volumen. El ruido vehicular comienza a entrar por las ventanas a las casas. I gotta feeling, that tonight’s gonna be a good night, vibra en sus oídos y le ayuda a tener un buen ritmo de trote. Luego de algunos minutos comienza a correr más rápido. Piensa satisfecho en que tendrá todo el día ocupado, en la mañana y tarde con el trabajo, luego la universidad y luego la disco con la flaca. No habrá tiempo de pensar.

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Vos no sabés nada

Adiós Nonino, qué largo sin vos será el camino.

A vos te parece sencillo, pero no lo es. Ahora venís a reclamar igualdad cuando vos fuiste el que se fue y ni para sus cumpleaños te asomabas. Estabas conquistando el mundo, según vos, y no te quedaba tiempo ni de llamar a tu papá. Está bien, vos estabas en tu derecho, ok, lo que querás, pero por eso mismo no pensaba que vendrías a mencionar lo de la plata. Sos un cabrón, y no te pego un tu vergazo sólo porque estamos en la funeraria. Vos en realidad nunca fuiste su hijo, sólo fue que tenés su apellido, porque de alguna manera te tenías que llamar.

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La pianista

Al apartamento de enfrente un día se mudó una muchacha de unos veintitantos, algo regordeta, de sonrisa discreta y maneras finas. La vi llegando con el camión de mudanzas y me ofrecí a ayudar con el piano recto que llevaban torpemente un par de tipos, que después me enteré eran sus hermanos. Como recién divorciado que era por aquel entonces, sin dinero ni nada bueno que hacer, ayudé toda la tarde en la mudanza y me hice amigo de la pianista. Me puse a la disposición, como el buen vecino que nunca había sido.

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Ángel de la guarda

Al principio es un poco difícil acostumbrarse a estar muerto. Hay un instante casi imperceptible en el que tu alma deja para siempre tu cuerpo, pero vos seguís consciente de lo que sucede, sólo que lo empezás a sentir de otra manera. Es como si todo se volviera gaseoso y sin peso, vos flotás y mirás a la gente y ellos no te ven y ya no te duele nada y eso te alivia. Pero conforme pasan los minutos te das cuenta de que ya no podrás volver a hablar con nadie que esté vivo y eso te hace sentir angustia. Y ahí empiezan a aparecer los otros muertos, y es como cuando vos entrás a la universidad y te bautizan, te empiezan a hacer bromas y a burlarse de vos, te hacen preguntas que cómo te llamás, de qué te moriste y en qué trabajabas.

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Inversiones seguras

A Gustavo le acaban de informar por teléfono que su cuenta con la tarjeta de crédito acaba de pasar a cobro judicial. Después de colgar, resopla derrotado. No tiene la menor idea de dónde sacará dinero para pagar porque fue despedido de su trabajo la semana pasada. El carro ya lo vendió para pagar otras deudas y su mujer y sus hijos se fueron a la casa de los padres de ella, porque él está de un humor insoportable. Pero irracionalmente confía en que algo aparecerá y que la situación mejorará y todo volverá a la normalidad, si es que es posible la normalidad. Un sueño que tuvo anoche le hace pensar que todo irá bien.

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La espera

Hay una reunión familiar a la que asiste Cecilia, una bella muchacha de casi veinte años de porte elegante y mirada cautivadora. Se ha puesto sus mejores aretes, se ha alisado el pelo y viste un espectacular vestido negro y unos zapatos de tacón que dejan ver unos pies bien cuidados. Sonríe satisfecha, a la par de sus papás. Todos la saludan y tienen palabras de elogio para su belleza y ella se siente bien, se siente admirada, se siente bonita. Pero lo que ella espera es que aparezca Rodrigo, el amigo de su primo Pablo. Para él fue que se arregló, para él es que está bonita.

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Los bachilleres

Cuando estaba en primer año de bachillerato con el Dani y la Fabi nos íbamos a vagar todas tardes en el carro de aquel. Al Dani al nomás cumplir los dieciséis le habían dado su carro propio, y el carro cuando sos chavo no te sirve si no lo usás para chingar con los cuates. Antes de que le dieran el carro yo no salía mucho con ellos porque no quería hacer hacer mal tercio. El Dani y yo habíamos andado detrás de la Fabi y a ella le había gustado él, y yo como buen cuate pues me había hecho a un lado al principio. Pero los dos fueron tan insistentes que no pude decir que no. A veces pienso que mejor hubiera sido dejarlos solos.

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La venta

Mauricio va a visitar un poco nervioso a un cliente nuevo que pidió la cotización de un lote de computadoras. El lote es muy voluminoso y por lo tanto importante para la empresa de Mauricio, que no ha tenido buenos resultados los últimos meses. Esta venta le representaría salvar el año. Siempre ha sido un hombre muy sereno y buen vendedor, pero con la presión de cerrar un negocio que le implica poder pagar sus deudas y obligaciones, Mauricio no sabe si le saldrá bien la negociación, si los nervios lo traicionarán. Acude a la cita con el nuevo cliente, un tipo gordo de traje gris y corbata azul, gerente financiero, que sonríe en su escritorio y lo invita a sentarse.

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