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Seducción telefónica

Tengo una voz seductora por teléfono. Me di cuenta cuando cambié definitivamente de voz en la adolescencia. He llegado a dominar el arte de la seducción telefónica. Según sea el carácter de la mujer, puedo hacer el tono más grave o más agudo, y darle ciertos énfasis cruciales para la seducción.

Todas mis compañeras de colegio me llamaban casi todos los días. Y no cambió en la universidad. Puedo decir que ninguna de mis novias se ha enamorado de mí a primera vista sino a primera voz por teléfono.

En el trabajo no hablo por teléfono, porque no aguantaría llamadas todo el día y por supuesto, me despedirían. Mi jefe conoce el caso, así que todo mundo tiene instrucciones para no pasarme llamadas. Por eso es que el email me es muy útil, ese gran invento del hombre me ha sacado de apuros.

Se ha hecho tan grande el asunto que tengo un celular exclusivo para mis fans, que no enciendo más que dos horas diarias; ellas ya saben que según sea el día, lo activo en diferente horario. El número de teléfono de mi casa lo he tenido que cambiar en varias ocasiones y la empresa de telefonía no lo publica en la guía.

Ya me han ofrecido de esos números de promoción. Dada la demanda que tengo, se podría cobrar más cara la llamada por minuto y repartir las ganancias entre la empresa y yo. Pero me he negado porque creo que mi don debe compartirse, no venderse. Mis fans más fieles seguro que se desilusionarían. Y uno se debe a las fans.

Economía basada en el consumidor

Si yo digo por ejemplo: “Las empresas deben enfocarse en el cliente si quieren mantenerse en el mercado”, todos me darán la razón. Porque así es, el que sostiene a la empresa es el cliente. Pero en cambio, si digo: “Las empresas deben enfocarse en el gerente general, que identifica las necesidades del mercado e invierte inteligentemente”, creo que no me darán la razón y hasta piensen que estoy loco. Si digo esto último aplicado al accionista: “Las empresas deben enfocarse en el accionista, que arriesga su capital por el bien de los demás”, igual no estarán de acuerdo.

Pues este último enfoque es el que enseñan en una de las universidades de Guatemala. Dicen que el inversionista es el que genera riqueza, puesto que identifica las necesidades de los consumidores e invierte para que sean satisfechas, generando empleos y haciendo crecer la economía. Entonces, hay que darle todas las facilidades para que logre su cometido, y luego distribuya la riqueza generada entre los empleados y proveedores que hicieron posible la labor. Adivinen quién fue el que fundó la universidad y quién es el principal ideólogo de la misma. ¡Claro! Un inversionista importante que tiene varias empresas en el país.

El consumidor es el que genera la riqueza, no el inversionista. Así como el cliente genera las ganancias de la empresa. Las políticas de Estado entonces deberían enfocarse principalmente en quien genera la riqueza. De ninguna manera estoy diciendo que los inversionistas no son parte importante, ni que haya que írseles en contra, sino que no son el motor de la economía. Les aseguro que partiendo de este principio, cambia en el formato económico que nos plantean.

El Señor Presidente

Luego de aquella conversación, estaba seguro de que la situación no cambiaría, que por más que yo luchara, seguiría siendo lo mismo, no cambiaría nada, no habrían posibilidades de nuevas ideas, de iniciar un movimiento para mejorar el país y sacar de la pobreza a sus habitantes, crecer como nación y trascender en el mundo, no, no hay nadie dispuesto a ver más allá del interés de su propia nariz, no les importa que en el futuro ellos mismos salgan beneficiados, pero eso sí, son buenos para exigir de todo, para señalar a todo el mundo y creerse los indispensables, les aseguro que me sentí solo como Jesucristo en el huerto, porque yo era el único allí que quería cambiar las cosas y luchar a muerte por un futuro mejor, por eso, porque no puedo luchar solo, salí con lágrimas de Palacio y al siguiente día decidí unírmeles porque no podía contra ellos.

Los mexicanos no hablan buen español

Cuando los guatemaltecos cruzamos nuestra frontera con México, nos damos cuenta que el español del hermano país es muy pobre. Pero preferimos no decírselo a ellos para que no se ofendan. Christian, como cualquier persona normal, quería un agua con pajilla en una tienda de conveniencia:

Christian: -Regáleme un agua con pajilla.
Vendedor: -Aquí no se regala nada.
Christian: -Digo, véndame una pepsi pues.
Vendedor: -Pero me había dicho que quería agua.
Christian: -No, me refería a un agua gaseosa pepsi.
Vendedor: -¿Y qué es eso de pajilla?
Christian: -Disculpe, me refería a un popote.

Y eso que dicen que hablan castellano.

Cegatón

Anoche estaba algo despabilado y me dispuse a leer un libro. Encendí la lámpara de la mesa de noche y me acomodé en mi cama para leer uno de cuentos; pero a pesar de tener puestos los anteojos, miraba borrosas las letras. Puede ser algo de cansancio, pensé. Encendí la radio con música suave, pero no sirvió para relajarme. Volví al libro. Las letras seguían igual de borrosas.

Me puse a evaluar alternativas y soluciones:

“Tendré que cambiar de graduación, justo ahora que no tengo dinero. Le pediré prestado a mi hermano, aunque siempre me hace malas caras con el pisto. Ya lo veo haciéndose el importante y tratándome como a un mendigo. Que se acuerde quién fue el que lo defendía en el colegio. Malagradecido.

Mejor le pido a papá. Pero seguro que me dice: ‘Cotizá primero a ver dónde te sale más barato’. Siempre me ha caído mal que haga eso. ¿Acaso no soy su hijo pues? Como si yo le hubiera hecho alguna trastada con el dinero. Siempre lo que le pedí prestado, se lo devolví. Y todavía me manda a hacer cotizaciones.

¿Por qué de un día para otro? Ayer leía sin problemas con los benditos anteojos y ahora no. La computadora me debe estar afectando, probablemente tengo fatiga visual, debo trabajar menos. Con lo acumulado que tengo ya el chance. Si el deterioro sigue, capaz que necesito operación. No, mejor ya no pienso en eso, mañana será otro día.”

Hoy descubrí que el cristal derecho de los anteojos, estaba en mi saco.

Posición fecal

Tengo un cuate que trabajaba en un gimnasio donde llega gente de dinero. Su labor era planificar el entrenamiento de cada uno de los clientes y asesorarlos para que su ejercicio fuera productivo.

Un tipo común de clientes, son las señoras de cincuenta o más años que tienen su vida resuelta y llegan a relajarse y socializar al gimnasio. Requieren especial atención porque la mayoría de veces son quisquillosas.

En una conversación, una de ellas le contó a mi amigo que la única forma en que podía dormir era en “posición fecal”. Mi cuate fingió no haber escuchado bien y le preguntó qué había dicho. Ella le reafirmó que dormía en “posición fecal”.

Le he dado vueltas al asunto, pero no logro imaginarme cómo es esa posición.

Me duele la cara

Ser muy atractivo no es tan bueno como se cree. Yo, que lo sufro en carne propia, puedo dar testimonio. No estoy desesperado, pero sí me incomoda y hasta puede ser bochornoso en ocasiones.

Me gustaría salir un día de casa y que fuera todo normal. Que las mujeres no se me quedaran viendo, que no me guiñaran el ojo a la primera oportunidad. Que cuando pida una dirección en la calle la chava no se ponga nerviosa.

Ayer fui donde una doctora que me recomendaron. Apenas si me pudo auscultar. Parecía que se iba a desnudar ahí mismo, tenía una cara de calientona que ni les cuento.

Siempre sale más de alguno preguntándome si soy gay. Lo hacen con la esperanza de que diga que sí. He visto cómo personajes que tienen esposa e hijos, se me acercan para averiguar si le tiro para ese lado. Eso es más molesto, saberse objeto de deseo de gente del mismo sexo. Hay que ver a algunos que no se dan por vencidos.

Cuando salgo con alguna chava, siempre es lo mismo. No importa que estupidez diga yo, para ellas está bien. Para cualquier cosa, toda la vida tendré razón. Entiéndanlo, busco a alguien que me replique, que razone. Porque aparte de ser bello, soy inteligente. Sí, lo soy, pero a nadie le interesa qué tenga que decir; me toman como un simple pedazo de carne. Soy sólo otra cara bonita. Alguien que sirve nada más para verlo e ir a la cama. Es triste, pero es la realidad.

De mis adicciones

No tengo ningún problema en aceptar mi adicción por la coca. No voy a ser uno más de los hipócritas que lo niegan. Debo decir en mi favor, que no la consumo a menudo. Así como a alguien le dan ganas de una hamburguesa o pizza, yo la busco cuando me apetece. No le veo nada de malo.

Empecé hace años por pura curiosidad. Pero se fue haciendo necesario conforme pasó el tiempo. Cuando estoy desanimado, siempre ayuda para continuar la jornada.

Es definitivo, nunca la cambiaré por la pepsi.

El Elegido

Enfrente de mi casa vivía un hombre extraño. No hablaba con nadie, vivía solo y al parecer no tenía empleo. Siempre tuve curiosidad de saber qué era lo que hacía.

Un día de feriado dispuse conocerlo. Toqué a su puerta y salió a abrirme con gesto malhumorado. Dije que iba a visitarlo y le traía de regalo una botella de whisky. Me invitó a pasar. Su casa era algo normal, con amueblado sobrio y muy ordenada. Nunca vi entrar a nadie más que él, así que supongo que él mismo hacía la limpieza y cuidaba del hermoso jardín.

Nos sentamos a la mesa y empezamos a tomar del whisky que le había obsequiado. Su rostro cambió totalmente, y luego de un rato, charlábamos como amigos. En medio de la plática, me contó que él era El Elegido. Tenía una misión especial en la Tierra que no podía revelarme, pero que era muy importante para la historia. Eso explicaba su antisocial manera de vivir. Toda la charla fue de lo más normal, salvo esa cosa de que era El Elegido.

Después de esa ocasión, me hice amigo de él, y a pesar de la insistencia de mi mujer, no dejé de frecuentar su casa. Nunca más volvió a mencionar lo del Elegido, así que no se volvió a tocar el tema.

Durante años seguimos viéndonos y tomándonos los whiskys. Con el tiempo, hasta llegaba a la casa para la navidad y año nuevo. La familia lo aceptó bien.

Por eso fue que me dolió cuando un día entramos con la policía y descubrimos su cuerpo colgado de una de las vigas de su casa. Dejó una nota para mí, no tenía que poner mi nombre para saberlo.

La nota decía: “Amigo, he descubierto que no soy El Elegido”.

Paola y sus amigos

PaolaTengo tres sobrinos. Los dos mayores ya van al colegio. Se queda en casa la más chiquita, Paola. Los grandes cuentan de sus aventuras y de los amigos con quienes comparten sus juegos.

Como la pequeña Paoli no se quiere quedar atrás, decidió que sus hermanos serían sus amigos. “Voy con mis amigos”, dice. Luego, hizo también sus amigos a sus papás, a su tía y a la abuela que viven con la familia.

Un día le pregunto: ¿Yo soy tu amigo? Y ella me responde (con una cara de ¿qué mulada estás diciendo?): “No, tú eres tío”.