El regreso del Walter

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Qué onda, soy el Walter, vendedor de shucos en la U, a mucha honra. Hace ya casi tres años el Chepe Quincho me invitó a escribir aquí, pero después se me puso envidioso y caquero y ya ni siquiera pasaba por mi humilde pero honrada caseta de hotdogs “El Chato”, el veintiúnico establecimiento que tiene guacamol extra. Hasta que el otro día se asomó y se comió como siempre un su pan con chorizo, pero sin chile. También se tomó su coca. Qué onda vos Chepelín, le dije, cuál es tu rollo. Me dijo que todo calidad y que el otro día alguien se había recordado de mí y que por qué ya no escribía en este bloc. Leer más »

La mujer del trailero

Estaba anocheciendo cuando entró ella y yo le dije al Nacho, ésa es la mujer del año. Era hermosa, blanca, rubiecita, cabello sobre los hombros, ojos celestes. Llevaba un vestido floreado azul que danzaba alegre con cada paso que daba. Unas sandalias casuales dejaban ver unos blancos y hermosos pies. Llegó con su hija, a quien al parecer había tenido muy joven, porque le calculamos 20 años a lo sumo. Se sentó en la mesa 7. Es mía le dije al Nacho y sin darle tiempo a reaccionar, le fui a dejar el menú con la mejor sonrisa que pude, pero ella apenas sonrió cortésmente. Con esa yo sí le soy infiel a la Estercita, le dije yo después al Nacho, que sólo me miró con gesto cómplice. Dos minutos más tarde, entró quien debía ser su marido, un gordo todo lleno de collares de oro, anillos y pulseras. Era el 23 de diciembre de año pasado, víspera de nochebuena. Leer más »

La consulta

En la sala de espera de un consultorio médico está sentada Eva, una guapa veinteañera que anda buscando marido. Es delgada, de pelo largo y de sonrisa pícara. Está pensando en la maldición que le echó su hermana menor al casarse antes que ella, ahora quién sabe si logrará marido antes de que la belleza la abandone y la gravedad tire para abajo lo que ahora está firme y en su lugar. La secretaria del consultorio le indica que puede pasar con el doctor Anleu, un médico joven y soltero al que viene a ver por segunda vez en el mes. Leer más »

El necio

Vagando por Internet, Héctor encontró el perfil de Catalina en un sitio de esos de redes sociales, esas cosas que sólo sirven para agregar un montón de supuestos amigos que no tenés en realidad. Navegando por las fotos del perfil de Catalina, Héctor recordó los mejores dos años de su vida y una nostalgia bastante cabrona se le metió y muy emocionado le dio clic al enlace de agregar como amigo(a). La Caty siempre bien guapa, soltera todavía, ojalá y me acepte como amigo. Catalina acepta a Héctor como amigo a los dos días. Si aceptó, quiere decir que no me guarda rencor, piensa Héctor y acto seguido, le manda un mensaje privado, y le pregunta que qué onda, qué se ha hecho, yo aquí trabajando como subgerente en la empresa B, contáme qué es de vos, qué buena onda verte por aquí. Leer más »

El migrante

A veces la historia es como la de aquel chavito que se fue para Estados Unidos, que trabajó y trabajó, diciendo que un día iba a regresar a Guatemala. Siempre envió puntual la remesa para sus papás, y con el tiempo alcanzó para construir una casa bien grande para cuando regresara. El chavo, después de 20 años, ya no era tan chavo. Ya tenía cuatro hijos, una pequeña fortuna en dólares que traducida a quetzales ya se miraba bonita. Decidió entonces regresar para quedarse. Leer más »

Apuntes para una historia

Héctor perdió a su esposa y sus dos hijos en un accidente de tránsito. Como suele suceder en estos casos, se volvió un ateo agresivo, de aquellos que no soportan la religión y que consideran estúpidos e inferiores a los creyentes. Lo manifestaba tan fanáticamente que era desagradable. Como suele suceder también en estos casos, se convirtió en un borracho infeliz, perdió su trabajo y la brújula total de su vida, un desastre, el pobre. Leer más »

Carta al lector

Desocupado lector:
Creo que sería mejor que dejés de leer el presente texto y te pongás a hacer algo productivo, como por ejemplo trabajar. No encontrarás en este sitio web algo que destaque porque muchas veces escribo tonterías, o muladas, como decimos aquí en Guatemala. Otras veces escribo historias más o menos entretenidas, pero de escaso o nulo valor literario, que no trascenderán ni dejarán huella, dada su ausencia de estilo y pretensión. Sin embargo, las publico, ya ves. Y la gente, por un extraño milagro, las lee y hasta le gustan. Leer más »

Una visita

Ayer a eso de las cuatro de la tarde, iba yo caminando por el Parque Central frente al Palacio Nacional, pensando en qué bonito sería verte y platicar con vos. Estaba haciendo un calor de la gran diabla por culpa de un sol quemante que en algún momento, no sé cómo, me dio de lleno en los ojos y me obligó a cerrarlos. En un instante el clima cambió y empezó a llover muy fuerte y cuando abrí los ojos, ya no era el Parque ni el Palacio, sino la calle frente a tu casa y me estaba mojando, entonces abrí la puerta, así como la abren ustedes, y entré. No se miraba a nadie por ningún lado, yo recordaba que me habías dicho que los miércoles tenías clases por la tarde, así que no estarías en casa. Pero entré, mojado como estaba, me asomé a la puerta de tu cuarto y ahí estabas vos, bien cuajada, como la bella durmiente de los cuentos. Leer más »

Amor de lejos

Es una tarde gris en Barcelona. En su pequeño apartamento de soltero está Xavi, un ejecutivo de negocios en Internet que fue abandonado por la mujer de sus sueños, con una botella de whisky en una mano y en la otra el control remoto del estéreo donde suenan repetidamente los valses de Chopin. Se supone que hoy iba a trabajar temprano en el nuevo proyecto que le encomendaron, pero ya son las dos de la tarde y él sigue tirado en la cama. Lo llaman del trabajo insistentemente pero no contesta el móvil con la vana esperanza de que en la pantalla del aparato aparezca el nombre de ella en lugar del de su jefe. Leer más »

Insecto interdimensional

Últimamente, cuando me descuido y dejo de mirar mi mano izquierda, siento como si un insecto estuviera parado en la falange del dedo meñique. Vuelvo a ver y la sensación está ahí, pero no se mira nada, no hay ninguna hormiga, mosquito o mosca que justifique la sensación. Tal vez sea como los cuentos de ciencia ficción y exista efectivamente el insecto, aunque no en esta dimensión sino en otra, y que por algún motivo ambas dimensiones se traslapan levemente en la falange del dedo meñique de mi mano izquierda cuando no la estoy mirando. Leer más »