El niño José Joaquín está platicando con su amigo Henry Chivalán en un colegio de Guatemala:
Henry: — ¿Vos sabés cómo se hacen los bebés?
José Joaquín (un poco avergonzado): — Yo no. ¿Y vos?
Henry (muy ufano): — Sí, mi tío me explicó cómo era la cosa. Eso de las cigüeñas es mentira, se lo dicen a los niños para entretenerlos.
José Joaquín (avergonzado sí, pero ahora interesado): — ¿Y cómo es la cosa pues?
Henry (en tono didáctico): — Los bebés se hacen por medio del beso. El hombre transmite sus espermatozoides a la mujer a través de la saliva. Cuando los espermatozoides llegan al estómago de la mujer encuentran el óvulo. Lo fecundan y de allí sale el bebé.
José Joaquín (decepcionado): — ¿Y eso es todo?
Henry: — Sí. Mi tío sabe bien de esto porque es doctor.
José Joaquín se queda con la duda de qué jodidos es espermatozoide y óvulo, pero no se atreve a preguntar más. Los dos niños acuerdan jugar fútbol antes de que se termine el recreo.


El amor es el elemento más importante de la naturaleza humana.
De acuerdo a Confucio, “el amor es la residencia de todas las virtudes, y es necesario practicarlo con todas nuestras fuerzas”, y “el amor es la esencia del hombre y la virtud es su senda”. Confucio enfatiza que el hilo conductor de todas sus enseñanzas, es el comprender el principio del amor y su realización, y le pide a la gente que lo cultive: “la gente necesita el amor con más urgencia que el agua y el fuego. El principio del amor debe ser aplicado tanto por los gobernantes, como por los gobernados”.
Propaguemos con toda nuestra intensidad el amor y el afecto y le estaremos propinando el primer revés a la farmacodependencia.
¡Viva la AUTOESTIMA!
El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos, en cuyo Artículo 19 glamorosamente se establece que:
“(…)Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.” Indudablemente que este principio constituye nuestro salvoconducto para comunicarnos con el Universo.
¡Viva la libertad de expresión!