Archivo de la etiqueta: Amor

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

—¿Vos te volverías a casar conmigo?

—Mmm, creo que no —responde seria la mujer, después de meditar durante algunos segundos la pregunta.

—Yo tampoco —dice el marido.

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La fe mueve montañas

En el carrusel del parque Xetulul Amelia da vueltas junto a su padre. Es una tarde soleada y agradable, ya casi dan las cinco y la gente empieza a salir del parque para regresar a su casa o al hotel. El parque está lleno pero para Amelia sólo existe el carrusel, papá y el vals que suena de fondo. Montada en un caballito ríe con toda la despreocupación de sus cinco años y una infancia segura. Dieciséis años después, en ese mismo carrusel ya deteriorado y con poca gente, ella escucharía con gran llanto ese vals, y recordaría aquella tarde.

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La luna de miel

Cuando nos casamos con Raquel hicimos que nuestra luna de miel durara un año. Ahorramos todo lo que pudimos, renunciamos a nuestros trabajos y decidimos darle la vuelta al mundo. Hicimos nuestras previsiones y el dinero nos dio para pasar el año sin apuros. Fuimos a varios países en Europa y Sudamérica, vimos muchos atardeceres y amaneceres en distintos lugares. Una luna de miel de doce meses. Hay muchas historias que contar de esos viajes, pero si hay una que fue bizarra fue la que pasó en Buenos Aires.

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La pianista

Al apartamento de enfrente un día se mudó una muchacha de unos veintitantos, algo regordeta, de sonrisa discreta y maneras finas. La vi llegando con el camión de mudanzas y me ofrecí a ayudar con el piano recto que llevaban torpemente un par de tipos, que después me enteré eran sus hermanos. Como recién divorciado que era por aquel entonces, sin dinero ni nada bueno que hacer, ayudé toda la tarde en la mudanza y me hice amigo de la pianista. Me puse a la disposición, como el buen vecino que nunca había sido.

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La espera

Hay una reunión familiar a la que asiste Cecilia, una bella muchacha de casi veinte años de porte elegante y mirada cautivadora. Se ha puesto sus mejores aretes, se ha alisado el pelo y viste un espectacular vestido negro y unos zapatos de tacón que dejan ver unos pies bien cuidados. Sonríe satisfecha, a la par de sus papás. Todos la saludan y tienen palabras de elogio para su belleza y ella se siente bien, se siente admirada, se siente bonita. Pero lo que ella espera es que aparezca Rodrigo, el amigo de su primo Pablo. Para él fue que se arregló, para él es que está bonita.

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Los bachilleres

Cuando estaba en primer año de bachillerato con el Dani y la Fabi nos íbamos a vagar todas tardes en el carro de aquel. Al Dani al nomás cumplir los dieciséis le habían dado su carro propio, y el carro cuando sos chavo no te sirve si no lo usás para chingar con los cuates. Antes de que le dieran el carro yo no salía mucho con ellos porque no quería hacer hacer mal tercio. El Dani y yo habíamos andado detrás de la Fabi y a ella le había gustado él, y yo como buen cuate pues me había hecho a un lado al principio. Pero los dos fueron tan insistentes que no pude decir que no. A veces pienso que mejor hubiera sido dejarlos solos.

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Historia con final feliz

Al principio la relación con la Gaby era por puntos. Yo le hacía mandados, la iba a dejar y a traer a algunas fiestas o la acompañaba a la casa de alguno de sus clientes. Luego de acumular suficientes puntos, ella me daba mi pago en especie. Una relación profesional, o más o menos. A veces yo le pedía algún adelanto porque había necesidad y ella nunca decía que no. La llevamos así por un buen tiempo hasta que todo se empezó a complicar. Cuando se involucra al corazón ya todo cambia, no es lo mismo.

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Aunque sólo uno fuera

En el bar La Luna, en el pasaje Aycinena, dos amigos cervecean al filo de la medianoche de un viernes. El Peluca canta canciones rockeras de los 80s y la gente ya con una buena cantidad de alcohol en sus cuerpos canta y pide más música, algunos bailan. La mujer y la familia política del Peluca atiende a los clientes, que desde hace buen tiempo siempre llenan el lugar. También sus bolsillos, que es lo más importante. Suena una canción y uno de los dos amigos interrumpe la plática para prestarle atención a la letra.

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El amor en las redes sociales

Con estas cosas de las redes sociales a veces los conflictos de pareja se pueden volver morbosamente públicos. Está por ejemplo el clásico caso de los novios que en el hi5 cambian de estado y pasan de “en una relación” a “Soltero (a)” justo después de una gran pelea de fin de semana. Automáticamente todos los comentarios de amor del novio y la novia desaparecen del perfil de ambos. Todos los teamos y los tequieros se esfuman, como si nunca hubieran existido. Empieza una guerra de comentarios picantes en otros perfiles y de fotos con otras supuestas parejas, porque ninguno quiere quedar como perdedor. La intención es que la otra parte lea y se muera de celos, se arrepienta, vuelva pidiendo perdón de rodillas y confiese que su amor será eterno. Esto es, digamos, un ejemplo clásico que más de alguno ha visto por ahí. Pero lo que vi el otro día en un par de estos perfiles, no fue algo usual.

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Por el amor de una mujer

Anoche un tipo agobiado por las deudas y los celos fue al edificio en donde trabajaba su esposa, disparó a un guardia y tomó como rehenes a más de 40 personas de un call center que operaba en el quinto nivel. Pedía hablar con el hombre que andaba con su mujer y una computadora portátil con conexión a Internet. Cuatro horas y media más tarde, liberó a todos los rehenes y se entregó, después de que su esposa lo hizo entrar en razón. Imaginemos cómo fue la historia detrás de la noticia.

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