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	<title>Anecdotario.net &#187; Amor</title>
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	<description>Anécdotas, historias y relatos</description>
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		<title>Una tarde en el parque</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Mar 2010 13:38:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Matrimonio]]></category>
		<category><![CDATA[Parejas]]></category>

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		<description><![CDATA[En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos.  Es una tarde agradable.  Están sentados a la par y en silencio.  No se tocan.  Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro.  El marido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos.  Es una tarde agradable.  Están sentados a la par y en silencio.  No se tocan.  Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro.  El marido hace una pregunta.</p>
<p>—¿Vos te volverías a casar conmigo?</p>
<p>—Mmm, creo que no —responde seria la mujer, después de meditar durante algunos segundos la pregunta.</p>
<p>—Yo tampoco —dice el marido.<span id="more-873"></span></p>
<p>Los dos sonríen después del breve diálogo.  Se acerca uno de los niños a la banca y agitado les dice que necesita agua.  La mujer saca un recipiente con agua y le da de beber.  El niño vuelve a los columpios.  </p>
<p>—Tal vez si viviéramos juntos por un tiempo antes de casarnos —dice ella.</p>
<p>—Sí, así tal vez sí.</p>
<p>En el parque hay una buena cantidad de gente.  Niños y adolescentes jugando, algunos adultos también.  Unos jóvenes están jugando un partido de fútbol en la cancha grande.  Unas muchachas juegan basquetbol.  El marido propone a los niños jugar fútbol mostrándoles una pelota plástica.</p>
<p>La mujer los mira con cariño, se siente bien.  En la semana que acaba de pasar, su jefe le prometió un aumento.  Su hermana le anunció que espera a su segundo hijo.  De su bolsa saca un libro cristiano de autoayuda que le recomendaron en la iglesia.  Un viento suave levanta algunos de sus cabellos.  Cruza la pierna y lee, sosteniendo el libro con su mano derecha.</p>
<p>El marido juega fútbol con los niños y cae al césped en una jugada.  Los niños se abalanzan sobre él y ríen y le hacen cosquillas.  La mujer los observa y sonríe también.  En un fugaz momento, marido y mujer se miran fijamente.</p>
<p>Durante la semana al marido no le fue bien.  La empresa en donde trabaja no consigue muchos contratos, y posiblemente lo despidan en un par de meses.  Ya han despedido a algunos de sus compañeros.  En un mercado laboral lleno de jóvenes universitarios baratos, piensa mientras patea la pelota, no hay oportunidades.</p>
<p>Una hora después de iniciar el juego el marido ya está cansado.  Los niños quieren seguir jugando, pero él les advierte que ya no puede.  Sofocado, se acerca para sentarse en la banca en la que su mujer sostiene todavía el libro de autoayuda.</p>
<p>—Al principio, cuando empezamos a vivir juntos, pensé que no duraríamos mucho —dice el marido, aún sofocado.</p>
<p>—Yo también pensé lo mismo.  Casi me fui de la casa cuando vos andabas con aquella tipa salvadoreña.  </p>
<p>—Sí, yo pensé que lo harías, yo la verdad no la quería.</p>
<p>La tarde soleada pega de lleno en los autos que están estacionados alrededor del parque.  Uno de ellos lanza un destello que pega por un momento en el rostro de la mujer.  El marido la mira detenidamente, es como si ella se transfigurara.  Los niños regresan por un momento a donde están sus padres para pedir agua.  Luego se retiran a seguir jugando.</p>
<p>—Durante los primeros dos años —dice la mujer, suspirando—, pensé en que nos habíamos apurado a casarnos.  Nunca estuvimos realmente enamorados siendo novios.  Éramos novios por despecho, creo que los dos esperábamos ser rescatados el día de la boda.</p>
<p>—No Marcia, yo no esperaba ser rescatado.  Es cierto, no estábamos enamorados, pero los dos ya teníamos más de 30 y el tiempo pasa&#8230;  </p>
<p>—En días como hoy, pienso que nos hemos llegado a querer.</p>
<p>—Sí, no es como estar locamente enamorados, pero algo hay.  ¿Es raro no?  Ver todas esas películas románticas y vernos a nosotros, unidos al principio sólo por no quedarnos solos.</p>
<p>—Igual, después de 8 años juntos, algo tuvo que haber funcionado bien.  Vos sos un buen hombre y has sido trabajador y buen padre.  Sólo te ponés pesado cuando te agarra la chiripiorca y no querés hablar con nadie.  O cuando te metés con guanacas de mala vida.</p>
<p>—Ja.  ¿Y qué me decís cuando vos te enojás por todo?  Yo a veces me acomido y limpio la cocina, pero vos lo único que ves es la olla mal puesta.  Todo nítido, pero vos sólo ves la olla.  Y hay que ver cómo te ponés de coqueta con el pastor Pablo, toda cusca te ponés, no creás que no me doy cuenta.</p>
<p>—¿Pensás a veces en la Paula?</p>
<p>—A veces, pero ya no es lo mismo.  La vi hace tres meses en la calle.  No sentí nada, yo mismo me sorprendí.</p>
<p>La tarde muestra unos celajes anaranjados, y empieza a oscurecer.  El clima se pone un poco más fresco y la gente empieza a abandonar el parque.  Los niños ahora están entretenidos en los columpios y no parece que se quieran ir.  Una pareja de novios adolescentes se esconde detrás de unos arbustos para besarse y tocarse a placer.  El matrimonio los mira un poco con envidia.</p>
<p>—Y vos, ¿pensás en el Fabio?</p>
<p>—Siempre me llamaba para mi cumpleaños, o mandaba un email, hasta hace como cuatro años.  Yo nunca respondí, ya sabía que sólo quería saber si había oportunidad de un acostón.  Así siempre fue él.  </p>
<p>—Pero, ¿pensás en él?</p>
<p>—A veces lo recuerdo, sí.  Pero no sé, no es igual.</p>
<p>La noche por fin está a punto de caer, y la pareja decide regresar a casa.  Llaman a los niños, les ponen suéter y pasan por una tienda a comprar gaseosas.  La familia camina despacio hacia la casa y después de refrescarse con las gaseosas, ven una película en el cable durante la cena.  Después de la cena y un baño, los niños dicen buenas noches y se van a dormir.  El matrimonio recoge los vasos y platos y los lavan juntos.</p>
<p>—Tal vez al fin y al cabo, nos enamoramos o algo parecido.  Nunca habíamos hablado así, sinceramente y sin pelear, ¿te das cuenta? —dice la mujer.</p>
<p>—Sí, tal vez.  Ese botón de tu blusa me hace pensar que sí —responde el marido, atisbando los pechos de la mujer.  Ella medio sonríe, pero después se pone seria.</p>
<p>—Vos nunca podés decir algo en serio, Víctor.  Me caés mal.  Así nunca llegaremos a algo.</p>
<p>—A lo único que quiero llegar hoy es a la cama y no a dormir —replica el marido—.  Si tengo que decir que te quiero, lo digo y ya.  </p>
<p>La mujer esboza una leve sonrisa.  Termina de enjuagar el plato que tiene en las manos, se las seca, y toma a su marido de la mano.  Los dos se enfilan al dormitorio.  Él pide no apagar las luces.</p>
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		<title>La fe mueve montañas</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jan 2010 13:15:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[Xetulul]]></category>

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		<description><![CDATA[En el carrusel del  parque Xetulul Amelia da vueltas junto a su padre.  Es una tarde soleada y agradable, ya casi dan las cinco y la gente empieza a salir del parque para regresar a su casa o al hotel.  El parque está lleno pero para Amelia sólo existe el carrusel, papá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el carrusel del <a href="http://www.irtra.org.gt/index.php?option=com_content&amp;view=section&amp;id=6&amp;Itemid=95" target="_blank"> parque Xetulul</a> Amelia da vueltas junto a su padre.  Es una tarde soleada y agradable, ya casi dan las cinco y la gente empieza a salir del parque para regresar a su casa o al hotel.  El parque está lleno pero para Amelia sólo existe el carrusel, papá y <a href="http://www.goear.com/listen/a557ab5/la-valse-damelie-yann-tiersen" target="_blank">el vals que suena de fondo</a>.  Montada en un caballito ríe con toda la despreocupación de sus cinco años y una infancia segura.  Dieciséis años después, en ese mismo carrusel ya deteriorado y con poca gente, ella escucharía con gran llanto ese vals, y recordaría aquella tarde.<span id="more-830"></span></p>
<p>Amelia volvió hoy a ese parque para encontrar un poco de consuelo.  Una semana atrás se enteró de que está embarazada.  El padre es un tipo casado, y lo primero que dijo cuando le contó sobre su embarazo fue que se fuera a la mierda.  Ella sabía que el hombre era así, sin embargo se dejó llevar por las palabras bonitas, los buenos regalos, los buenos hoteles y restaurantes, y unos ojos negros un tanto misteriosos.  Ahora está ahí frente al carrusel, escuchando el vals, pensando en que sería bueno poder platicar con su papá.  Acababa de cumplir doce cuando su padre se durmió al volante y se fue a embarrancar junto a su madre, muriendo los dos. Una tragedia.</p>
<p>El carrusel luce deteriorado y contrasta con las remodelaciones que ha tenido el parque.  Quizás algún gerente nostálgico lo conserva como recuerdo.  Hay un par de niños en el carrusel mientras Amelia es un mar de lágrimas en la banca que está al lado.  Al terminar su turno los niños bajan y el carrusel queda solo.  El operario es un tipo en sus cincuentas, algo gordo, canoso e inexpresivo.  Sin embargo es amable con Amelia y le ofrece una vuelta gratis.  Ella se limpia las lágrimas y acepta.</p>
<p>Al arrancar el juego Amelia vuelve a sentir el aire fresco de hace dieciséis años.  Hace una tarde como entonces.  Al ritmo del vals los caballitos suben y bajan, y ella vuelve a recordar la sonrisa de su papá.</p>
<p>—Ame, ¡agarráte bien hombre, te vas a caer!  Si no te agarrás bien, ya no te vuelvo a traer.</p>
<p>—Vaya papi.</p>
<p>—Eso, así mero.</p>
<p>Le parece como si volviera a vivir aquella tarde.  A pesar del calor de siempre en la costa sur de Guatemala, hace una pequeña primavera en el ambiente, como esa vez.  Es ella, el carrusel y sus recuerdos.  Es increíble cómo el juego todavía está ahí con la misma música.  Como si hubiera estado esperando por ella todo este tiempo.  Ahora piensa que un día habrá de ir con su hijo a algún carrusel con caballitos y quizá cuando crezca su hijo él también la recuerde con cariño.</p>
<p>El operario pacientemente accede a darle varias vueltas más de gratis.  Sobre esos caballitos ya no se siente sola y le parece que al voltear a ver ahí está su papá de nuevo.</p>
<p>—Nena, ya te dije que te agarraras bien.  Hacé caso.</p>
<p>—Sí papi.</p>
<p>—Yo te lo digo porque te quiero mucho, no por molestar.</p>
<p>Traer a un ser humano al mundo.  Tan lejos que le parecía a Amelia todo esto hace un año.  Ahora tendrá que enfrentarse a la responsabilidad y aún no sabe bien cómo.  La fe mueve montañas, dicen, si ella cree, todo saldrá bien, piensa.  Hay que confiar en que Dios no la dejará sola.  ¿Qué diría su hermano y sus tías?  ¿Cómo pudo caer con semejante tipo?  A veces con las decepciones amorosas se bajan las defensas y cae uno, piensa Amelia.  ¿Dónde estará Rodrigo ahora?</p>
<p>Rodrigo era su novio hace dos años.  Un día se pelearon porque él fue solo a una fiesta donde se vería con una muchacha que le gustaba.  Amelia rompió con él, no oyó explicaciones, ni ruegos, ni serenatas, ni nada.  Después tuvo varios novios pero ninguno la llenó, ninguno era tan detallista ni tan amable ni tan divertido como Rodrigo.  Pensó entonces en hablarle y volver, pero nunca tuvo valor para hacerlo.   Anduvo dando tumbos de aquí para allá, empezó a ir a discotecas y a fiestas hasta toparse con el padre de su bebé.  Tres meses anduvo con él para todos lados.  La embarazó y la rechazó.  El embarazo le había hecho caer en la cuenta de que su locura ya no podría seguir.</p>
<p>Bajó del carrusel más aliviada, su angustia había cedido.  Agradeció al operario y caminó por el parque sin rumbo.  Pensó entonces en enviarle un mensaje de texto a Rodrigo, saludando, tal vez no era mala idea.  Con suerte podría pedirle perdón.  No volvería con ella y menos embarazada, pero al menos lo saludaría y sabría de él.  O tal vez mejor no, para qué.  Al final le envía el mensaje: <em>hola, llamame porfa</em>.</p>
<p>Amelia regresa a su casa, que queda a un kilómetro del parque.  En el camino ve salir a familias felices, novios de la mano y viejitos caminando con dificultad.  Ya es de noche cuando recibe la llamada de Rodrigo, casi temblando contesta el celular.  Él la saluda amable -para su sorpresa- y entonces ella lo cita para el día siguiente en el parque Xetulul.  Quiero verte de nuevo, saludarte y saber cómo estás, le dice.  Y ése es mi lugar favorito.</p>
<p>Al siguiente día hace una tarde estupenda.  Amelia está linda, su pelo largo perfumado y su vestido blanco flameando al viento reciben a un sonriente Rodrigo.  Se abrazan como se abrazan las parejas que se han extrañado mucho, como si nada hubiera pasado, como si no hubiera existido el tiempo en que no se vieron.</p>
<p>—Estás un poco gordo, Rodri —observa Amelia.</p>
<p>—No, sólo estuve yendo al gimansio.</p>
<p>—En ese gimnasio como que venderán carnitas porque estás gordito —responde Amelia poniendo su dedo índice en la barriga de Rodrigo—.  Pero no importa, estás lindo.</p>
<p>—Vos estás preciosa.</p>
<p>Se suben como niños a todos los juegos del parque y al final Amelia le pide ir al carrusel.  Ahí está el operario de ayer y sonríe al verla contenta y resplandeciente.  Un leve viento refresca el caluroso ambiente.</p>
<p>—¿Sabés una cosa vos Rodri? —interroga Amelia—. Me gusta cuando en medio del calor de la costa pasa un vientecito fresco, es como una pequeña primavera.  Demos una vuelta en el carrousel.</p>
<p>Mientras dan vueltas montados en los caballitos, todo parece bueno, todo está genial.  El operario los mira un poco celoso, pero no está molesto.  Amelia sonríe y prefiere olvidar todo y a todos esa tarde.  No le contará a Rodrigo sobre su embarazo.  ¿Para qué arruinar una tarde tan bonita contando una verdad inútil en ese momento?  No siempre es buena idea decir la verdad.  Y ahí mismo traza un plan para quedarse con Rodrigo para siempre.</p>
<p>Al finalizar la tarde deciden irse del parque y dan un paseo en el carro por la carretera.  Amelia asoma su rostro sonriente al viento, un sol anaranjado en el horizonte la ilumina.  No hay nada mejor que el rostro de una mujer bella y feliz en una tarde primaveral.  Al entrar la noche cenan hamburguesas en un restaurante de comida rápida.</p>
<p>—No quiero ir a mi casa —dice Amelia—.  Quiero ser tuya toda la noche.</p>
<p>Tres semanas después de andar por todos lados como locos enamorados, Amelia le dice a Rodrigo que está embarazada.  No hay duda.</p>
<p>—Vamos a ser padres Rodrigo.  ¿Te casarías conmigo?</p>
<p>Un mes después llegaría el casamiento.  Decidieron no hacer fiesta y en lugar de ello pasearon un mes entero por todo el país, solos.  Todos los días después del encuentro en el Xetulul fueron felices, los mejores.  Pero ya la panza le crece y Amelia duda sobre si decir o no la verdad.  Ella le pide a Dios todos los días que la ayude y la ilumine, que no permita que Rodrigo la deje.</p>
<p>Y Dios parece hacerle caso, porque un tiempo después, antes de que ella cumpliera los siete meses de embarazo, Rodrigo tuvo que irse del país para trabajar en Costa Rica.  Ella dijo que se quedaría para que el niño fuera guatemalteco y que después irán los dos a su encuentro.  Rodrigo aceptó.</p>
<p>Quién sabe si de veras existen los milagros, pero el niño increíblemente se parece a Rodrigo.  Sólo Amelia y el padre del niño saben la verdad.  A veces, cuando el padre del niño toma licor, cuenta la verdadera historia, para deleite de sus amigos.  Sobrio niega todo.</p>
<p>Amelia está segura de que su fe la salvó, porque la fe, según dicen, mueve montañas.  Pedid y se os dará.</p>
<p>El niño se llamará Rodrigo, como su padre.  </p>
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		<title>La luna de miel</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Oct 2009 12:53:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Divorcio]]></category>
		<category><![CDATA[Matrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando nos casamos con Raquel hicimos que nuestra luna de miel durara un año.  Ahorramos todo lo que pudimos, renunciamos a nuestros trabajos y decidimos darle la vuelta al mundo.  Hicimos nuestras previsiones y el dinero nos dio para pasar el año sin apuros.  Fuimos a varios países en Europa y Sudamérica, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando nos casamos con Raquel hicimos que nuestra luna de miel durara un año.  Ahorramos todo lo que pudimos, renunciamos a nuestros trabajos y decidimos darle la vuelta al mundo.  Hicimos nuestras previsiones y el dinero nos dio para pasar el año sin apuros.  Fuimos a varios países en Europa y Sudamérica, vimos muchos atardeceres y amaneceres en distintos lugares.  Una luna de miel de doce meses.  Hay muchas historias que contar de esos viajes, pero si hay una que fue bizarra fue la que pasó en Buenos Aires.<span id="more-499"></span></p>
<p><em>—¿Te acordás de cuando fuimos malabaristas y payasos de semáforos en Bogotá?  Eramos malos para eso.</p>
<p>—Como para que no me acuerde Gustavo, pero no nos fue tan mal.  Todo por culpa de tu hermano que no nos mandó el dinero a tiempo.  Pero no nos morimos de hambre, viste.</em></p>
<p>Los primeros tres meses fueron de Europa, y cuando regresamos, nos quedamos aca en Guatemala un mes para descansar, y luego al siguiente nos fuimos a Sudamérica.  Primera parada, Buenos Aires.  Allá nos recibieron unos conocidos en el aeropuerto y estuvimos en su casa una semana, a petición de ellos mismos.</p>
<p>Andrea y Marcelo Morello era un matrimonio de nuestra edad, así que nos llevamos bien desde el principio.  Vivían en Olivos, Buenos Aires, en un apartamento amplio, con buena vista.  No me acuerdo bien qué negocio tenían, pero por lo que se veía, era muy rentable.  Fueron muy amables con nosotros, pero tenían una relación de amor-odio entre ellos.  Ese tipo de relaciones en que se agreden verbalmente y aún así siguen juntos, y hasta felices.</p>
<p><em>—¿A vos te gustaba el Marcelo?</p>
<p>—Pues mal no estaba.</p>
<p>—Desgraciada.</em></p>
<p>Los Morello tenían unos vecinos raros.  Dos tipos y una mujer, que no se bañaban, pero saludaban cortésmente, aunque con ademanes tan exagerados que te hacían sentir miedo.  Se levantaban temprano para ir a comprar las cosas del desayuno, luego volvían a salir a la hora del almuerzo, siempre juntos, y después ya no salían del apartamento.  Parecían ser de la misma edad, unos 35 años.  Su aspecto era sano, aunque tenían la mirada perdida, salvo cuando te saludaban.  </p>
<p>Nos contaron nuestros anfitriones que ellos eran hermanos, y que habían heredado una gran fortuna, así que nada les faltaría.  Sin embargo, nunca salían del apartamento a no ser para comprar abarrotes.  No tenían televisión, pero sí una importante colección de libros y discos.  Les gustaba el jazz.  </p>
<p><em>—La vez que no soporté fue cuando aquella mulata cubana se te insinuaba en mi cara y vos le seguías la corriente.</p>
<p>—No le seguía la corriente, exagerada sos.</p>
<p>—Ahora te hacés el loco.</p>
<p>—Vos te pusiste bien celosa, qué caritas las que me hacías.  Ja.</em></p>
<p>Al segundo día de estar en Olivos con los Morello, los vecinos raros se enteraron que éramos de Guatemala.  Mostraron interés en nosotros, lo que nos hacía sentir incómodos.  En los pasillos y el elevador nos hacían toda clase de preguntas y nos contaron que el único país al que habían viajado alguna vez era a Guatemala.  Nosotros intentábamos sacudírnoslos de encima con monosílabos, pero era inútil.  Ellos estaban obsesionados con Guatemala.</p>
<p>Nos invitaron a almorzar un día.  Fue tanta la afectación que mostraron al invitarnos que nos vimos forzados a aceptar.  Fuimos entonces Raquel y yo al almuerzo y entramos a la casa más rara que he visitado en mi vida.  Todos los muebles empolvados, goteras arregladas con un sistema de embudo y manguera que iba a dar a un desagüe en el baño y una rata circulando libremente por ahí.  Lo único que estaba limpio era la cocina.  Cuando entramos torpemente sacudieron un poco el polvo de las sillas.  Nos atendieron con esa simpatía exagerada que te amenaza en lugar de hacerte sentir bien.</p>
<p><em>—¿Te acordás de la vez que te llamé y te dije que estaba con unos amigos en el mirador camino a La Antigua?  Te dejaste venir en bus aunque no sabías cómo chingados llegar.  Llovía. Cuando al fin llegaste yo ya no estaba y te empapaste.  No quisiste llamarme por orgullosa, preferiste que te fuera a recoger el Christian, ese tu enamorado loco que te pidió que no te casaras y que te dio serenata el día anterior a la boda.</p>
<p>—&#8230;</em></p>
<p>El almuerzo era un asado que era obvio que no habían preparado ellos.  No estaba mal.  Durante la comida entonces supimos que ellos querían volver a Guatemala y visitar Tikal.  Según estos hermanos, el alma de sus padres estaba encerrada en el templo del Gran Jaguar.  ¿Por qué?  Quién sabe, a ellos se les había metido la idea y de ahí no había ser viviente que los pudiera sacar.  Nos miraban abriendo bien los ojos, a ratos tenían su respiración acelerada.  Creo que veían en nosotros alguna especie de ángeles que los conectarían con las almas de sus padres muertos en un terrible accidente, en Petén, hacía ya 20 años.</p>
<p>En la sala estaban en la pared varios retratos de los padres de estos tres hermanos locos.  No sé si fue por la tensión en que estábamos, pero esos señores nos parecieron más bien gente lúgubre.  De los tres hermanos, la mujer tenía un tic en el ojo derecho, que le temblaba cada vez que parpadeaba.  No nos habíamos fijado al principio.  </p>
<p><em>—Es increíble que estemos aquí esperando a que comience la audiencia de nuestro divorcio, Raquel.</em></p>
<p>Las cosas se empezaron a poner tensas cuando el mayor nos dijo que los teníamos que traer a Guatemala, que esa debía ser nuestra misión, que por algo nos habíamos encontrado.  Les dijimos que no regresaríamos en el corto plazo a Guatemala, porque estábamos de paseo en Sudamérica y Argentina era apenas el primer país que visitábamos.  Ellos entonces cambiaron su amenazante amabilidad por insultos y gritos.</p>
<p>El menor fue hacia el interior de la casa y volvió con una escopeta, mientras la mujer sujetaba a Raquel y el otro hermano me tomaba el cuello con su brazo derecho a mis espaldas.  Estábamos atrapados.  Raquel entonces ofreció cambiar todos nuestros planes para hacer lo que ellos querían, pero tendríamos que ir a la oficina de la aerolínea a cambiar boletos y a comprar los de ellos.  Pero como ellos no tenían costumbre de salir de casa, era mejor que lo hiciéramos nosotros.  Necesitábamos eso sí, dinero para hacerlo.  </p>
<p><em>—Fuimos a un montón de lugares, pero la tarde que yo más recuerdo fue aquella primera vez en La Antigua, cuando lloviznó y vos andabas contenta y entramos a aquella galería de arte.  Yo te dije ese día que vos mandabas a dónde íbamos.  Yo sólo escucho y obedezco y pago, por supuesto, ofrecí.  Y entonces me abrazaste apretado.</p>
<p>—Sí, estuvo bien.  Pero ya pasó.</em></p>
<p>La gente cuando le dicen lo que quiere escuchar suele caer.  Y afortunadamente para nosotros así sucedió.  Los locos accedieron y sacaron de un cofre viejo lleno de dinero algunos buenos dólares para hacerles el trámite.  Salimos de allí y nunca volvimos, por supuesto.  Esos dólares nos sirvieron para continuar el viaje.  Apenas nos despedimos de los Morello, sólo entramos por las cosas al apartamento y fuimos directo al aeropuerto, rumbo a Perú.  Después le pedimos a Marcelo por teléfono que si preguntaban por nosotros, dijera habíamos muerto al estrellarse nuestro taxi con un camión en la carretera.  Había habido por casualidad un accidente el día de nuestra partida en el cual había muerto una pareja no identificada.  Un recorte de la noticia convenció a los tres hermanos locos.</p>
<p><em>—Cuando entremos con el juez digámosle que ya no nos divorciaremos.</p>
<p>—Estás loco.</p>
<p>—Por eso se llama conciliatoria la audiencia.  Para reconciliarse uno.</p>
<p>—No es audiencia conciliatoria, es de avenencia.  Y después de lo que me hiciste no quiero volver con vos.</p>
<p>—Como sea, el sexo de reconciliación es bueno, dicen.</p>
<p>—&#8230;</p>
<p>—Bueno, entonces divorciémonos y volvámonos a casar.  Así tendríamos otra luna de miel de un año y la pasaríamos genial.</p>
<p>—Ya es tarde Gustavo, yo te quise de veras, pero ya pasó.  Entremos, firmemos y ya está.  No insistás, ya no te quiero.</em></p>
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		<title>La pianista</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Aug 2009 12:32:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Chopin]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>

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		<description><![CDATA[Al apartamento de enfrente un día se mudó una muchacha de unos veintitantos, algo regordeta, de sonrisa discreta y maneras finas.  La vi llegando con el camión de mudanzas y me ofrecí a ayudar con el piano recto que llevaban torpemente un par de tipos, que después me enteré eran sus hermanos.  Como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al apartamento de enfrente un día se mudó una muchacha de unos veintitantos, algo regordeta, de sonrisa discreta y maneras finas.  La vi llegando con el camión de mudanzas y me ofrecí a ayudar con el piano recto que llevaban torpemente un par de tipos, que después me enteré eran sus hermanos.  Como recién divorciado que era por aquel entonces, sin dinero ni nada bueno que hacer, ayudé toda la tarde en la mudanza y me hice amigo de la pianista.  Me puse a la disposición, como el buen vecino que nunca había sido.<span id="more-437"></span></p>
<p>La pianista no era una mujer bonita pero tenía esa aura que tienen a veces los artistas, ese resplandor que tienen al tocar un instrumento, cantar o actuar.  Ahora que ha pasado el tiempo, al recordar me pega un poco la nostalgia de aquellas tardes en las que la escuchaba desde el apartamento, o aquellas ocasiones en que la visitaba y me permitía escuchar su ensayo.  Cuando terminaba una pieza sin cometer errores, se transfiguraba totalmente.  Era particularmente agradable verla en esas tardes en que todo le salía bien con su piano.  Era como si no importara nada más, como si el mundo se compusiera al tocar el piano.</p>
<p>Cuando llegó al apartamento, según me contó después, acababa de pasar por una gran decepción.  Su novio de cuatro años, dos semanas antes del casamiento, sin razón aparente, se había arrepentido y había cancelado la boda.  Todo estaba ya listo, la iglesia, el salón de la fiesta, el menaje de casa, el nuevo apartamento&#8230;  Pero él canceló todo, y se fue a Lituania, con una su novia que había contactado por internet y que había conocido en persona hacía seis meses.</p>
<p>Así que los dos veníamos de relaciones frustradas, aunque yo había tenido unos años de matrimonio semi-feliz.  Varias veces ella lloró en mi hombro por su novio fugitivo.  A pesar de la atracción que existía entre nosotros, hubo un tácito acuerdo para mantener la relación en términos platónicos.  Hueco sos, me decían mis amigos, pero yo lo que no quería era volver a las andadas en las cosas del amor, y ella tampoco.  Para quitarme las ganas están las putas, les decía, aunque debo apuntar que nunca fui un gran cliente de los burdeles.</p>
<p>Me gustaba escucharla cuando tocaba a Chopin, y en esa época lo tocaba bastante.  Creo, desde mi perspectiva de ignorante, que Chopin es el compositor de las relaciones rotas.  Una tarde de lluvia, cuando ella tocaba un vals le pregunté si había bailado algún vals de Chopin con alguien.  Me contestó que no.  Algún día deberíamos bailar un vals de Chopin vos y yo, le dije.  Ella, sin dejar de tocar el vals, sonrió sin contestar.</p>
<p>En <a href="http://www.youtube.com/watch?v=Kvcq5Ge8sHY">ese vals</a> en particular, le dije, pareciera como si la primera nota que tocás flotara y flotara y quedara en el aire y la melodía la soplara para que no caiga, como si fuera una burbuja de jabón.  La nota es un fa sostenido, me respondió, y algo parecido a lo que decís vos dijo en clase un maestro en el conservatorio.  No sos tan malo para apreciar el arte, agregó, con guiño y sonrisa.</p>
<p>Salíamos muy poco porque ni ella ni yo teníamos dinero.  Ella vivía de tocar teclado o piano en las iglesias, en bodas y fiestas.  Le alcanzaba para vivir decorosamente, pero nada más.  Yo tenía un empleo como procurador en un bufete de abogados.  A veces era extraño, como si ya fuéramos pareja formal, pero sin sexo ni compromiso real.  Ninguno de los dos quería dar el paso.</p>
<p>Debo admitir que me fui enamorando entre los compases y las notas negras y blancas.  Siempre fui un inútil para la música, pero escucharla siempre fue agradable, aún en las tardes o noches en que no atinaba a terminar una pieza porque se confundía a cada rato.  Un par de veces la vi somatar al pobre teclado del piano, furiosa porque no le salía una parte, o daba en la tecla equivocada.</p>
<p>Muchas tardes y cenas compartimos juntos.  Ella se reía siempre de mis chistes y su sonrisa me calmaba, me hacía sentir bien, me hacía olvidar.  Cuando habían recitales gratis en el Conservatorio, siempre íbamos.  Ella siempre me dijo que le gustaba mucho que yo fuera alegre y caballeroso, que la hacía sentir bien.  Teníamos, en resumen, una relación especial.</p>
<p>El lector o lectora se estará preguntando por qué no nos decidíamos a pasar al siguiente nivel.  La lectora probablemente esté esperando que yo le cuente que me le declaré de una forma especialmente romántica.  El lector probablemente querrá que le cuente que una noche ninguno de los dos pudo resistirse y tuvimos el mejor sexo del mundo.  Pues no sucedió ninguna de las dos cosas, he de sentirlo.  Pero déjenme contarles un poco más, tal vez y la historia al final mejore.</p>
<p>Ni ella ni yo éramos muy amigueros que digamos, y habiéndonos encontrado para acompañarnos en nuestra soledad, pues no buscamos a más gente.  Siempre al terminar la jornada laboral esperaba ir a encontrarme con ella y contarle de las trabas en la Torre de Tribunales, de los clientes que quieren magia en los juzgados, de los jueces que nunca terminan de fallar.  Ella por su parte, cuando tenía presentaciones, me comentaba de lo lujoso que eran a veces las casas, de lo mal o bien que la trataban, o de cuando nadie escuchaba lo que ella tocaba, aún cuando estuviera en una tarde espléndida y tocara su piano como nunca.</p>
<p>Un año después de haberla conocido, me salió un empleo mejor.  Entonces decidí trasladarme de apartamento, a uno más cercano al trabajo.  También para huir un poco de ella, para que no me terminara de enamorar hasta un grado incontrolable.  Ella recibió la noticia con un poco de tristeza y me dijo que me haría una cena de despedida.</p>
<p>La cena de despedida fue un día jueves, en una noche fresca.  Ella se vistió con un vestido negro, el que usaba para eventos de gala.  Me dijo que antes de comer bailaríamos un vals de Chopin, el <a href="http://www.youtube.com/watch?v=qIvxUIA5aZ0">vals del adiós</a>.  Ella sabía que era uno de mis favoritos, aunque hasta esa vez no sabía que así se llamaba, por esa costumbre de los músicos clásicos de ponerle <em>opus número tal en no se qué bemol número no se cuánto</em> en lugar de un nombre decente.</p>
<p>Ella puso un cd en el aparato de sonido y bailamos con un poco de dificultad, porque según ella me dijo, los valses de Chopin no son precisamente para bailar.  Recuerdo bien el aroma de su perfume esa noche y esa sonrisa con la que me vio después de terminar el vals.  Desde entonces cada vez que escucho ese vals viene ese aroma a mi nariz, como si ella estuviera presente.</p>
<p>Nos despedimos en buenos términos esa noche, yo le dije que no era una despedida porque yo siempre vendría a verla cada vez que pudiera.  Ella contestó sí, pero ya no todos los días, vos parece que huyeras de mí.  Me fui esa noche entre nubes y con algo de tristeza, por no atreverme a decir que la amaba.</p>
<p>Efectivamente fui a verla muchas veces más, pero la distancia terminó imponiéndose.  Ambos hallamos a parejas más convenientes en distancia, cercanas físicamente, lejanas en el corazón.  Ella misma me lo contó varias veces.  Tiempo después dejamos de vernos.</p>
<p>Yo terminé con esa mi novia nueva en pocos meses.  Y entonces fui a buscarla, pero no la encontré.  Le escribí un email y me contó que estaba en una beca en Madrid y que regresaría en seis meses.  Adjunto a su email de respuesta venía un <a href="http://www.youtube.com/watch?v=MpNM-En-YvA">nocturno de Chopin</a> en mp3.  Cuando la toco me recuerdo de vos, apuntó.  Gracias por el nocturno, pero mucho tiempo le dije, yo quiero verte, iré a Madrid en cuanto pueda.  Pedí permiso por un par de semanas en mi trabajo, algo que me costó, pero al fin me dieron.</p>
<p>Cuando llegue allá, en unas cuantas semanas, le diré que la quiero como un loco.  No sé que responderá, no sé si es el tiempo adecuado o no.  Yo le diré que con ella quiero estar, que el vals del adiós que bailamos lo escucho todos los días, que fui un tonto al huir.  Espero que me diga que también me quiere, que toque Chopin para mí todas las tardes.  Me gustaría que tanto el atento lector como la romántica lectora me desearan suerte.  La voy a necesitar.</p>
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		<title>La espera</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2009 12:19:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hay una reunión familiar a la que asiste Cecilia, una bella muchacha de casi veinte años de porte elegante y mirada cautivadora.  Se ha puesto sus mejores aretes, se ha alisado el pelo y viste un espectacular vestido negro y unos zapatos de tacón que dejan ver unos pies bien cuidados.  Sonríe satisfecha, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay una reunión familiar a la que asiste Cecilia, una bella muchacha de casi veinte años de porte elegante y mirada cautivadora.  Se ha puesto sus mejores aretes, se ha alisado el pelo y viste un espectacular vestido negro y unos zapatos de tacón que dejan ver unos pies bien cuidados.  Sonríe satisfecha, a la par de sus papás.  Todos la saludan y tienen palabras de elogio para su belleza y ella se siente bien, se siente admirada, se siente bonita.  Pero lo que ella espera es que aparezca Rodrigo, el amigo de su primo Pablo.  Para él fue que se arregló, para él es que está bonita.  <span id="more-405"></span></p>
<p>A medida que pasa el tiempo y se acaban los saludos de rigor y comienza la espera de la comida, Cecilia empieza a impacientarse.  Por teléfono Rodrigo le había dicho que asistiría a la reunión por el cumpleaños del tío Antonio, pero ni él ni Pablo aparecen.  No quiere preguntar por él, para no mostrar un interés que supuestamente no tiene, porque Rodrigo no es un tipo tranquilo, tiene su fama de donjuan.  A ella le parece lindo, él le dice todo el tiempo cosas bonitas, y asistió a la reunión sólo por verlo y platicar con él y el muy desgraciado no se aparece.</p>
<p>Se le pega su prima Ani, a la que no le para la lengua ni un segundo.  Le cuenta los últimos chismes de la familia, algo de la farándula internacional, un poco de su sufrida vida con las clases en la universidad.  Y claro, de los muchos chavos (según ella) que la pretenden.  Pero yo no me voy a quedar con el primero que pase vos, dice Ani, al que le de mi corazón debe merecerlo, y ya sé cómo será: un tipo alto, de pelo negro, ojos café claro y muy amable; yo sé que Dios escuchará mis oraciones.</p>
<p>Cecilia sonríe con las ocurrencias de Ani, pero ella ya decidió quien le gusta y esperaba esta reunión para hacerlo caer, para sonreírle de manera irresistible, para que Rodrigo ya nunca quiera a otra en toda su vida.  Pero sigue sin aparecer y ya el licor a algunos los empieza a poner gritones y chistoncitos.  Si tan sólo se apareciera ahora para hacer mejor el mundo.</p>
<p>Luego llega la tía Consuelo, la más católica del mundo.  Llega y la mira y le dice qué linda estás m&#8217;hija, Dios te hizo linda de veras.  Tenés que cuidarte y reservarte para el matrimonio y no regalar tus dones a cualquiera por ahí, pero contame, cómo va la universidad.  Cecilia le cuenta entonces que acaba de comenzar el semestre y está entusiasmada con un par de clases interesantes.  La tía Consuelo le pregunta si está yendo a misa los domingos y ante la respuesta afirmativa, emite una sonrisa satisfecha y aliviada.  Seguí así Ceci, Dios proveerá.</p>
<p>El hermano de Cecilia, una pesadilla de diez años, pasa cerca de ella y se detiene para decirle, ¿qué onda?, ¿no viene el Rodri?, jajaja, ¡de balde tanto salón de belleza!  Ella lo mira con un odio que sale del fondo del corazón, qué niño tan impertinente, qué molesto, que idiota.</p>
<p>Uno de los tíos propone un brindis por Antonio, el tío festejado.  Todo mundo está en silencio y empieza el discurso alabando todas las supuestas virtudes de Antonio, gran padre, esposo y empresario, gran ser humano, un ejemplo para la sociedad guatemalteca.  Luego entra el mariachi contratado y todo mundo es feliz, todo mundo sonríe, casi todos con algún vaso de licor o cerveza en la mano.  La gente se levanta a bailar y se la pasa bien.  Todos menos Cecilia, que sigue esperando que aparezca Rodrigo y que le ilumine la tarde, que le diga lo bonita que está, que le sonría y que la haga sentir una reina.</p>
<p>Se retira el mariachi y el dueño del corazón de Cecilia no da señales de vida.  Parece que de veras sí fue de balde ir al salón de belleza y ponerse los mejores atuendos.  Pero ya cuando la gente empieza a irse llega un Rodrigo un tanto desaliñado, pero lindo.  A ella le late el corazón y sonríe y el mundo ahora le parece maravilloso.  Rodrigo se queda admirado ante la belleza de Cecilia, la observa un momento y le dice lo hermosa que se mira.  Le cuenta que acaba de regresar con Pablo de una excursión al volcán de Pacaya, que no pensó que se tardara tanto.  Pero justo cuando empiezan a platicar a gusto llega Amarilis, la hermana de Pablo, y lo besa apasionadamente en la boca, como marcando terreno, medio saluda a Cecilia y le dice a Rodrigo que se apure, que ya deben irse.  Y se van, y la dejan sola, con su todo y su belleza, su espectacular vestido y sus zapatos de tacón que dejan ver unos pies bien cuidados.</p>
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		<title>Los bachilleres</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2009 12:34:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Bachilleres]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando estaba en primer año de bachillerato con el Dani y la Fabi nos íbamos a vagar todas tardes en el carro de aquel.  Al Dani al nomás cumplir los dieciséis le habían dado su carro propio, y el carro cuando sos chavo no te sirve si no lo usás para chingar con los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando estaba en primer año de bachillerato con el Dani y la Fabi nos íbamos a vagar todas tardes en el carro de aquel.  Al Dani al nomás cumplir los dieciséis le habían dado su carro propio, y el carro cuando sos chavo no te sirve si no lo usás para chingar con los cuates.  Antes de que le dieran el carro yo no salía mucho con ellos porque no quería hacer hacer mal tercio.  El Dani y yo habíamos andado detrás de la Fabi y a ella le había gustado él, y yo como buen cuate pues me había hecho a un lado al principio.  Pero los dos fueron tan insistentes que no pude decir que no.  A veces pienso que mejor hubiera sido dejarlos solos.<span id="more-400"></span></p>
<p>Íbamos y salíamos juntos del colegio.  Las tardes eran lo que más esperábamos porque íbamos a pasear por algún comercial, la Antigua o al cine.  Algunas veces se nos pegaba la hermana de la Fabi, pero como esa chavita era mera caquera no siempre le gustaba.  Si esa chava no fuera tan llena de babosadas hubiéramos andado en pareja y tal vez no hubiera sucedido lo que sucedió.</p>
<p>La Fabi era linda, tenía cabello castaño y era morena clara, tenía un su piercing en la nariz que le quedaba calidad.  Era delgada pero con buenas curvas.  Además era buena onda, sabía que era bonita, pero no por eso hacía malas caras cuando algún chavo se le acercaba.  Eso sí, si querían algo más que amistad, decía que ella sólo era del Dani.  Por ser así buena onda y linda, le cayeron un montón de declaraciones de amor, incluso de hombres grandes con buen billete.  Pero ella nunca se metió a babosadas, aunque oportunidades no le faltaron.</p>
<p>Nuestro paseo preferido era Miraflores, entrábamos al museo al que nadie entra y mirábamos una y otra vez las vasijas y la tumba que hay allí.  En el montículo que está adentro, hacíamos carreras con el Dani, y casi siempre ganaba aquel.  La Fabi jugaba a ser una reina maya y nosotros con el Dani le seguíamos la corriente, nosotros éramos los súbditos.  Los miércoles, aprovechando el dos por uno, entrábamos al cine.  Después nos íbamos a comprar shucos enfrente del Tikal Futura y así nos la pasábamos.  Terminábamos en la casa de la Fabi o la del Dani haciendo las tareas del día.  </p>
<p>Siempre nuestros papás nos dieron mucha libertad mientras anduviéramos juntos.  Al Dani le decían que si andaba conmigo se podía ir a tal o cual fiesta y hacían que yo llegara a su casa.  Ellos vivían a unas cuadras de la mía.  Al regreso siempre pedían que echáramos el aliento para ver si habíamos chupado, pero al Dani y a mí nunca nos agarró por el guaro porque nunca nos llamó la atención.  Lo que nos gustaba era la mota.</p>
<p>Lo que no me gustaba era cuando aquellos dos se iban a enmotelar o a la casa de la Fabi y me dejaban en algún comercial o en el cine.  Está bien, ellos que hagan lo que quieran, pensaba, pero yo hubiera preferido irme a mi casa.  &#8220;Esperanos aquí un ratito&#8221;, decía la Fabi, y sin darme tiempo a responder, iban al parqueo y salían.  Volvían un par de horas después.  Al final terminé entendiendo cómo funcionaba la cosa y cuando me decía la Fabi que esperara un ratito, mejor agarraba camioneta y me iba a mi casa.  La primera vez me llamaron al celular para ver dónde estaba.  En mi casa, le contesté al Dani, y colgué.  Muchas veces me tuve que regresar en camioneta a la casa porque aquellos se iban a coger.</p>
<p>La mota la conseguía el Dani con un su tío que había sido medio hippie, y que además tenía su propio cultivo.  Nos juntábamos a fumar en la casa de la Fabi, que era la que se mantenía más sola.  Nos relajábamos y empezábamos a reír como locos.  Siempre reíamos porque nos llevábamos bien, pero con la mota eran risas extrañas.  Al Dani se le achinaban los ojos cuando ya le hacía efecto y de eso siempre nos burlábamos con la Fabi.  Le decíamos que de plano era un su antepasado chino el que lo poseía cuando fumaba mota.</p>
<p>Nunca nos costó sacar buenas notas en el colegio.  Lo que nos jodía era tanta tarea que dejaban a veces.  Pero si se trataba de exámenes, con unas cuantas leídas ya estábamos hechos.  Sacábamos buenas notas, pero no éramos los primeros.  Para ser los primeros hubiéramos tenido que estudiar más, y así no hubiera habido tiempo para todas las chingaderas que nos echábamos.</p>
<p>El 2007 fue sin duda uno de mis mejores años, porque todo ese año estuvimos juntos con la Fabi y el Dani.  Eramos como hermanos, nos llamábamos todo el tiempo, chateábamos por internet y nos enviábamos mensajitos de celular.  Aquellos dos estaban bien enamorados, y yo a veces me sentía de más, y aunque hubo un tiempo que me alejé de ellos por prudencia, igual me llamaban o me iban a buscar a mi casa.  Así que decidí pasármela bien con ellos.  En ocasiones conseguíamos alguna amiga que nos acompañara y en otras pocas la hermana de la Fabi, como conté antes, pero nunca logramos que se integrara alguien más, sólo nosotros sabíamos todos nuestros códigos, nunca hubo alguien que lograra entrar al grupo.</p>
<p>En las vacaciones del 2007, en noviembre y diciembre, nos separamos porque la Fabi no estaba.  La mamá de la Fabi se la llevó a Costa Rica porque tenía un proyecto de trabajo allá, y aprovechando las vacaciones se la llevó.  Nos contaba por el chat que se aburría un montón, que sólo cuando se juntaba con unas sus primas de allá se la pasaba bien.  Nos extrañaba mucho, lástima que no se había quedado, hubieran sido unas buenas vacaciones.</p>
<p>Con la Fabi fuera de alcance el Dani y yo nos juntábamos, pero no era lo mismo.  Así que en esas vacaciones le entramos más duro a la mota, y no sé si eso fue al fin lo que descompuso las cosas después.  Los únicos momentos alegres de verdad era cuando chatéabamos con video con la Fabi.  Nos poníamos a bailar y a hacer tonteras y ella se reía como loca.  </p>
<p>La Fabi regresó para el inicio de clases en enero 2008.  Los tres estábamos contentos de volver a armar el grupo y nos prometimos que haríamos más cosas que el año pasado.  Las clases empezaron y volvimos a nuestra rutina de chingadera por las tardes, pero yo sentía que algo había cambiado y presentí que algo pasaría.</p>
<p>Recuerdo que fue una tarde de febrero, cuando estábamos fumando mota en la casa de la Fabi, que ella soltó una frase que se nunca se nos pudo borrar: &#8220;lástima que no me puedo casar con los dos&#8221;.  Y ese fue el principio del fin.  Al Dani rápido se le quitaron los ojos chinos y se puso furioso, gritó un montón de cosas que no recuerdo, tomó a la Fabi del brazo, salió con ella a la calle en el carro y me dijo a mí que me fuera a mi casa.</p>
<p>Por la noche la Fabi me llamó llorando y me pidió que fuera a su casa.  No sé cómo me salí de la casa sin que me vieran, tomé un taxi y fui hasta la casa de la Fabi.  Estaba sola.  Me abrazó y me dijo que el Dani decía que ya no quería que me juntara con ellos, pero que ella no estaba de acuerdo.  Y me empezó a besar y a besar y yo sentí como un mareo.  Me llevó hasta su cuarto y ahí me tiró a la cama y me empezó a sacar la camisa.  Yo no sabía qué hacer y pensaba en el Dani y en todas nuestras risas juntos los tres.  Pero la calentura pudo más y entonces me dejé llevar, la Fabi siempre estuvo bien buena y yo siempre la había deseado.  Cogimos dos veces esa noche, espectacularmente.  </p>
<p>Regresé tarde a mi casa, con sentimientos encontrados.  Tenía varias llamadas perdidas de mis papás y del Dani, había hecho bien al dejar el celular en mi cuarto.  Me putearon como una hora, me dijeron que eso no se hacía, me prohibieron la tele y el internet y me quitaron el celular.</p>
<p>Al otro día en el colegio no vi ni a la Fabi ni al Dani.  Llegaron al día siguiente, pero cambiaron sus lugares en el aula y ya nunca nos volvimos a sentar juntos.  La Fabi me miró y me sonrió como pidiendo disculpas.  Salvo asuntos obligatorios nunca nos volvimos a dirigir la palabra.  Nos graduamos en octubre 2008 y no volvimos a comunicarnos más.  Yo intenté hablar con el Dani, pero siempre me decía, yo con vos no tengo nada que hablar, cerote.  La Fabi nunca me respondió el celular ni los emails.  Todo el resto del año escolar fue una cruz pesada, era un ambiente muy tenso y hasta les supliqué a mis papás que me cambiaran de colegio, pero no me hicieron caso, no había razón para hacerlo, dijeron.  </p>
<p>A la Fabi la vi en marzo de este 2009, iba con un su novio muy contenta, y por el carro y la vestimenta del tipo, parecía tener dinero.  Me saludó, pero no se detuvo a platicar.  Quise llamarla esa noche, pero me respondió un tipo diciendo que estaba equivocado.  </p>
<p>Al Dani lo vi en abril en una fiesta rave, al principio se hizo el loco, pero después llegó conmigo y me dijo qué putas maldito, y acto seguido me pegó un puñetazo en el ojo derecho que me tumbó al suelo.  Se fué de la fiesta sin decir palabra.  Yo pasé con el ojo morado por casi dos semanas, y no sé si soy yo o de veras me pegó tan duro, porque todavía ahora que estamos a mediados de julio me sigue doliendo, y bastante.</p>
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		<title>Historia con final feliz</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Feb 2009 18:28:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Dinero]]></category>
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		<description><![CDATA[Al principio la relación con la Gaby era por puntos.  Yo le hacía mandados, la iba a dejar y a traer a algunas fiestas o la acompañaba a la casa de alguno de sus clientes.  Luego de acumular suficientes puntos, ella me daba mi pago en especie.  Una relación profesional, o más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al principio la relación con la Gaby era por puntos.  Yo le hacía mandados, la iba a dejar y a traer a algunas fiestas o la acompañaba a la casa de alguno de sus clientes.  Luego de acumular suficientes puntos, ella me daba mi pago en especie.  Una relación profesional, o más o menos.  A veces yo le pedía algún adelanto porque había necesidad y ella nunca decía que no.  La llevamos así por un buen tiempo hasta que todo se empezó a complicar.  Cuando se involucra al corazón ya todo cambia, no es lo mismo.<span id="more-367"></span></p>
<p>Gaby vivía enfrente de mi apartamento y se dedicaba a la prostitución fina, con clientes caros, porque es una mujer muy hermosa.  Un par de ojitos verdes, pelo castaño largo y buen cuerpo.  Una vez que nos encontramos en el pasillo del edificio le pregunté, con un poco de pena, que cuánto cobraba.  Me dijo una cifra en dólares.  Ok, cuando sea millonario te llamo, dije.  Ella sólo sonrió y me dijo que si la podía llevar a una fiesta en mi carro, que se le había descompuesto el suyo.  Está bien le dije, pero al menos debo ganar algunos puntos para canjearlos después.  Seguro, me dijo, sonriendo de nuevo.</p>
<p>Nos hicimos amigos y supe que era de Costa Rica, que tenía unos papás que se habían divorciado, que por haber sido rebelde y haberse fugado con un su novio vagabundo la habían desconocido; que este novio se había ido con una vieja de dinero y que entonces ella, sin dinero y sin nada, le dio por aprovechar su belleza acostándose con hombres de dinero.  No le iba mal, y además trabajaba por su cuenta, aunque a veces había otras putas que molestaban y le quitaban clientela.  Regularmente los tipos la llamaban para llevársela a sitios turísticos, viajes al extranjero, etc.  Su apartamento tenía todos los lujos posibles y ahí también atendía clientes. </p>
<p>Después de algunos favores que le hice, llegó la hora de canjear mis puntos. Esa mujer cogía delicioso, la primera vez que entré a su apartamento fue esa, y de veras que me hizo un trabajo profesional.  Baile y estriptís, oral, vaginal.  Sus pechos firmes coronados con unos pezoncitos rosados y suavecitos, sus muslos atrapadores y potentes, su exquisito aroma de mujer, la piel tan suave, todo memorable.  Eso sí, al terminar me pidió cortésmente que me fuera, ella necesitaba descansar y yo también, al otro día teníamos que ir temprano al aeropuerto.  Yo me iba a quedar con las llaves de su apartamento por cualquier cosa, me dio instrucciones para encender y apagar luces y dejar entrar a la señora de la limpieza.</p>
<p>Así que de vez en cuando me salía canje y la pasaba bien.  Ella era amigable, pero mantenía su distancia, y mientras yo no me quejara de los clientes que llegaban, todo iba bien.  Una vez me recuerdo que tuve que entretener a un cliente mientras ella terminaba con otro en su apartamento.  Un tipo gordo y grandote, lleno de joyas y que fumaba un montón.  Lo entré a mi apartamento, pero me ponía nervioso ese cuate, sobre todo con esa pistolona que tenía al cinto.</p>
<p>Me dio problemas con un par de novias esta mi peculiar vecinita.  Yo las calmaba diciéndoles que ella estaba muy ocupada siempre y que yo también, que ni nos mirábamos.  Pero ni modo que yo no aprovechara la oportunidad, si estaba buenota la Gaby.  Ni de parte de ella ni mía había amor ni nada parecido, ni siquiera era tan seguido que me la cogía porque tenía que acumular suficientes puntos.  Aunque a veces había adelantos, eso sí.</p>
<p>Poco a poco nos hicimos más amigos y ella me tenía más confianza.  Me contaba de los problemas con sus clientes, de las esposas celosas que a veces la perseguían.  Había un cliente que pagaba muy pero muy bien, pero el loco quería que ella lo orinara después de la cogida.  Estaban los fetichistas de pies, los que la querían con uniforme de colegiala, los sadomasoquistas.  Había toda una fauna allí afuera de hombres que tenían dinero para pagar sus fantasías más raras.  </p>
<p>De mi trabajo como laboratorista en una farmacéutica regresaba a las cinco de la tarde, así que me quedaba bastante tiempo para atenderla cuando necesitaba, porque su trabajo era siempre de noche.  Para conseguir clientes iba a las discotecas y restaurantes más caros.  Se movía en otro mundo realmente, uno de clase media no se imagina mucho cómo es ese nivel de gente que tiene dinero para tirar.  Es otro rollo.</p>
<p>Todo estaba bajo control hasta que una noche ella vino a mi apartamento, llorando.  Me contó que se acababa de enterar que su mamá había muerto en Costa Rica por un accidente de tráfico.  Había cancelado el par de citas que tenía y me pidió que fuera con ella a San José para el funeral de su mamá, que no quería ir sola y no se le ocurría nadie más de confianza que yo.  Alvarito, me decía entre lágrimas, vos sos mi cuate, me tenés que acompañar.  Ok, le dije, pero vos pagás el pasaje que pisto yo no tengo.</p>
<p>Casi no paró de llorar en todo el camino.  Yo la consolaba entre mis brazos, la tranquilizaba.  Le di una pastilla para que no se pusiera muy intratable porque la miré bastante mal.  Justo eso era lo que yo no quería, involucrarme más con ella, yo no quería cargar con más problemas que los míos, y ya sabemos cómo es la cosa: las mujeres bellas se llevan todo y te dejan vacío si vos te dejás.</p>
<p>En Costa Rica, para todos los efectos, yo fui su novio.  Yo tenía buenos negocios en Guatemala, nos habíamos conocido en la universidad.  Una de sus tías no fue nada discreta y le dijo delante de mí, que siendo ella tan linda, cómo no se había conseguido un novio guapo y no un indio como éste.  Ella le sonrió y le dijo acercándose a su cara, pues este indio coge muy bien, algo que a vos como que te hace falta, tía.  La tía puso una cara tan chistosa que nos reímos con la Gaby un buen rato y hasta nos tuvimos que salir de la funeraria.  </p>
<p>La Gaby después de esa vez se puso muy cariñosa, y hasta se hizo una verdadera amiga.  Me llamaba seguido y me invitaba a veces a comer o al cine.  Gaby, le decía yo, a mi me encanta estar con vos y todo, pero ya no tenés que agradecerme más lo de mi papel de novio de mentiras, ya estamos a mano.  Recuerdo que ella me dijo entonces, es que yo descubrí que vos sos el único amigo que tengo, no lo hago por agradecerte, sino porque sin compañía de verdad, yo me muero.  </p>
<p>Entonces vine yo y de estúpido que soy, me terminé de enamorar de la mujer.  No me la podía sacar de la mente, al dormir y al despertar pensaba en ella y en sus grandes y sedosos pechos.  Hasta a la hora de coger, el encuentro era más emotivo y ya no me pedía que la dejara sola.  Qué error el mío, pensé más tarde, porque el cariño y el apego le duró apenas unos tres meses y después volvió a la normalidad, ya no quería que me quedara con ella por las noches, la relación era de nuevo por puntos.  Días después de que se enfriara todo, desapareció.</p>
<p>La busqué por todos lados, la llamé a los diferentes celulares que tenía, llamé a sus parientes de Costa Rica, averigüé con el dueño de su apartamento a dónde había ido pero él sólo dijo que había dejado el año pagado por adelantado y que a él no le interesaba saber nada más.  La busqué en hospitales y cárceles.  Lloré y pataleé, en su apartamento busqué pistas de a dónde habría podido ir y qué estaría haciendo.  Llamé a algunos de sus clientes.  Le escribí un montón de emails de amor que jamás contestó.  Pensando en que probablemente la habían matado la busqué en las morgues.  Todo eso me hizo muy mal.  Me llegué a sentir tan desesperado que una vez casi me maté con pastillas para dormir, si unos vecinos no se dan cuenta y no llaman ambulancia, yo no estaría aquí contando nada.  Tuve que ir a una terapia donde una sicóloga para calmarme.  Tomé antidepresivos por seis meses antes de sentirme nuevamente bien y con fuerzas para continuar la vida.  Pero entonces ella reapareció.</p>
<p>Saludó como si nada, y me dijo que se mudaría a mi apartamento porque ya iba a vencer el contrato del suyo.  ¿Por qué me hiciste esto? le grité yo al verla entrar.  Ella no contestó, sólo me abrazó y me dijo que no me podía contar en ese momento, pero que yo era al único que podía acudir, que ella procuraría colaborar en la casa, y que ya había dejado de ser puta.</p>
<p>A veces deseás tanto que suceda algo que cuando sucede no sabés si es bueno que haya sucedido.  Yo tenía a mi amor ahí, pero por alguna razón algo faltaba.  </p>
<p>Fuimos en ese tiempo como una pareja de recién casados, ella se miraba contenta, y yo poco a poco me fui acomodando.  Nunca creí que ella dejara de ser puta, de ahí que los celos no me dejaban estar tranquilo.  Ella lo comprendía y entonces decidió contarme todo, pero me pidió que prometiera no dejarla al saberlo.  Ella se había ido de viaje a México, con un ricachón, pero se había puesto de acuerdo con la mujer de él antes.  Se irían de viaje con el señor y luego la esposa llegaría a encontrarlos infraganti para luego entablar una demanda formal de divorcio.  Así sucedió, pero como el pobre hombre padecía del corazón le dio un ataque cardiaco al ver a su mujer y en pleno acto sexual, el viejo se quedó bien muerto.  Como era un hombre importante, se tuvo que armar una escena en la que todo pareciera como una muerte natural.  Sus hijos se encargaron de arreglar todo.</p>
<p>La idea original de la esposa traicionada era matar al marido, aunque la Gaby no lo sabía al principio.  Así que las cosas salieron mucho mejor de lo que la esposa pensó.  Y de la millonaria cifra que cobraron por el seguro de vida, a la Gaby le habían tocado, para comprar su silencio, un par de millones de jugosos y encantadores dólares.  Así que si ella los administraba bien, sus días de trabajar de puta habían terminado para siempre.  Y con quien quería compartir la vida era conmigo, que si yo la aceptaba a pesar de su pasado, ella se quedaría.  Ya no quería seguir en ese mundo falso en donde vivía, quería una familia, amor y comprensión.  Antes de llegar conmigo hasta se había hecho una prueba de sida, que salió negativa.</p>
<p>Sonaba increíble toda esa historia.  El hombre enamorado no debe pensar mucho, sólo debe actuar, porque después puede arrepentirse no por lo que pasó, sino por lo que no pasó, y eso es más terrible.  Así que decidí creérmela y ser feliz el tiempo que fuera, total, lo más que iba a pasar es que en algún tiempo ella se aburriera de mí y se fuera.  Pero lo bailado nadie me lo iba a quitar.</p>
<p>De esto que les estoy contando, ya hace cinco años y dos niños.  Con la Gaby pusimos una importadora de artículos de computación y nos ha ido muy bien.  Ella está aquí a la par y me dice que quedó lindo el relato, hasta parecés escritor Alvarito.  Yo le digo que todavía me parece increíble tenerla aquí a mi lado y que escuché al nene llorar, de plano quiere pacha.  Ella me abraza y me mira con esos sus grandes ojos verdes, y me da un gran beso.  Me dice, mi amor, el nene puede esperar un poco más, sólo dejáme decirte que te amo.  ¿Querés que ponga eso en el relato Gaby?  Sí, responde.  ¿Lo puedo publicar en el blog?  Dale mi amor, quedó lindo.</p>
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		<title>Aunque sólo uno fuera</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Dec 2008 08:21:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>

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		<description><![CDATA[En el bar La Luna, en el pasaje Aycinena, dos amigos cervecean al filo de la medianoche de un viernes.  El Peluca canta canciones rockeras de los 80s y la gente ya con una buena cantidad de alcohol en sus cuerpos canta y pide más música, algunos bailan.  La mujer y la familia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el bar La Luna, en el pasaje Aycinena, dos amigos cervecean al filo de la medianoche de un viernes.  El <em>Peluca</em> canta canciones rockeras de los 80s y la gente ya con una buena cantidad de alcohol en sus cuerpos canta y pide más música, algunos bailan.  La mujer y la familia política del Peluca atiende a los clientes, que desde hace buen tiempo siempre llenan el lugar.  También sus bolsillos, que es lo más importante.  Suena una canción y uno de los dos amigos interrumpe la plática para prestarle atención a la letra.<span id="more-365"></span></p>
<p><em>En la vida conocí mujer igual a la Flaca<br />
coral negro de la Habana, tremendísima mulata.<br />
Cien libras de piel y hueso, cuarenta kilos de Salsa,<br />
y en la cara dos soles que sin palabras hablan.</em></p>
<p>Qué rolona esa vos.  Vos de plano te acordás de quién es mi flaca, ¿no?  Claro Manolo, yo me acuerdo, pero la verdad, esa chava mucho culo para vos, te lo digo como cuate.  Jajaja, sí, tal vez tenés razón.  Pero igual, a veces me vengo aquí no tanto porque necesite cerveza y parranda, sino porque sé que si me quedo en la casa voy a pasar toda la noche dando vueltas en la cama sin poder dormir pensando en ella.  Vos y tus rollos románticos, si mujeres habrán siempre hombre, y dispuestas, no como ella.  Sí, claro, pero ninguna es como mi flaquita, y no quiero nada con nadie más.  Ok, pero es ella la que no quiere, ya te lo dijo, no olvida a aquél su novio y vos ahí no tocás tierra, serás el consuelo, el cuate que escucha, pero nada más, aceptálo.  Tan fácil que se oye cuando vos lo decís, pero es que uno es necio pues, y quien sabe, de repente algún se le cae algún tornillo de la cabeza y me resulta queriendo&#8230;</p>
<p><em>Por un beso de la Flaca daría lo que fuera<br />
por un beso de ella, aunque solo uno fuera.</em></p>
<p>Traumado estás vos, pero ya vas a ver que en algunos meses ya la olvidaste y todo tranquilo.  No creo que la olvide, pero tenés razón en lo de traumado, es que el amor no sólo es sentimiento, es también obsesión, por eso es que no se te sale de la mente, por eso es que no te deja dormir.  Es difícil ver que cuando vos estás dispuesto a todo, a enfrentar cualquier cosa, la otra parte no, la otra parte duda, prefiere voltear a otro lado.  Ya, parale, que parecés puro tráido de telenovela mexicana, sólo que sin el físico, jajaja.  Mejor pidamos otro cubetazo de chela.</p>
<p>En otro bar, a algunos kilómetros de distancia, está la Flaca.  Toma cerveza con su grupo de amigos y sonríe coqueta cuando alguno le tira alguna mirada atraído por su belleza.  A uno de ellos le cuenta, después de dos cervezas, que hay un tipo que la anda rondando, pero que la hace sentir incómoda.  Mirá, la verdad es que me gusta el cuate y todo, pero meterme con él me puede traer problemas.  Ah, las mujeres, dicen siempre que todos los hombres son iguales, ¡entonces para qué escogen tanto!  No te burlés de mí, pensé que me escucharías.  No seás sentida pues, qué querés que te diga, a mí nunca me gustaron los hombres.  Seguíte burlando, malo, mejor venite y bailemos un poco, abrazáme.</p>
<p><em>Y bailar y bailar, y tomar y tomar,<br />
una cerveza tras otra pero ella nunca engorda. </em></p>
<p>Es que a veces es como si te dejaran sentir un poco de cielo, y entonces vos querés más.  Bueno sí, pero ella sólo quería probarte a ver si dabas la talla y parece que no la diste vos.  Sí, parece que no, uno es el que a veces se cree especial, pero nada que ver.  Ya vas entendiendo.  Claro, yo con la mente lo entiendo todo bien, pero el corazón dice otra cosa y ahí va uno de necio.  Volvemos a lo mismo, hacé lo que querás pues, desangráte por la flaca.</p>
<p>Vos flaca, mirá, ya la July está muy borracha, llevémosla a su casa porque va a empezar a hacer clavos.  No, sigamos bailando, se siente rico que me abracés.  Ya, pero yo me voy a calentar y ya te conozco que después no soltás nada, porque vos te imaginás que abrazás a otro y no me gusta ese rollo.  Ok pues, saquemos a la July de aquí.  Pero vos hablále porque vos sos su cuata, se supone.  Es lo que me cae mal vos, supuestamente aquella sabe tomar y mirá pues.</p>
<p>Eso de desangrarse si ya parece pura poesía cursi.  Mirá quién habla de cursi, el que le envía cartitas a su amada.  Sucede que a mí no me interesa sacármela de la mente, si sale será porque ya era hora, pero lo que soy yo, no haré intento de nada.  Vos sos mero masoquista también.  La esperanza es la última que muere manito, y de verdad, como decía la canción yo por un beso de la flaca daría lo que fuera.  Allá vos y tu rollo pues, yo con la Lucy estoy calidad ahora, tal vez por eso no te entiendo bien.</p>
<p>Salgamos pues con la July y vamos a dejarla.  Ojalá y no vaya a güaquear en mi carro.  No flaca, no te preocupés yo calculo que no.  Vamos pues.  Así que ese tu tráido te gusta pero no tanto, porque no te olvidás de tu ex.  Sí, más o menos.  Pero a vos te caen hombres por todos lados, así que no tardarás en encontrar a alguien.  Así como lo decís vos parece fácil.  Primero vamos a dejar a la July y luego te voy a dejar a vos.  Ok.</p>
<p>Bueno chavo, ya van a cerrar aquí, así que mejor vámonos ya.  Está bien, gracias por la chela y la plática mano.  No hay de qué, ya sabés, ¿estás bien para manejar?  Claro, me extraña.  Mejor me hubiera traído mi carro, vos estás muy bolo.  No hombre, tranquilo.  Vamos pues.</p>
<p>Vos también estás algo cabezona flaca, ¿o no?  Sí, pero no te hagás ilusiones de que te va a salir algo.  Jajaja, no hombre, tranquila, somos cuates.  Vos, ese cuate de adelante va bolo, mirá cómo se le hace el carro.  No puede ser.  No puede ser qué.  Es el cuate del que te estaba hablando, Manolo.  Ah, el enamorado de las cartitas cursis.  Sí, alcancémoslo, voy a hacer que pare.  Está bien.</p>
<p>Qué onda flaca, qué andás haciendo.  Aquí regresando de parrandear.  ¡Qué casualidad, yo también flaquita chula!  Quitáte del volante, yo te voy a dejar a tu apartamento, estás muy bolo.  Gracias vos por el jalón, pero a este lo tengo que ir a dejar a su casa, lleváte vos al otro, que también está medio bolo, yo lo conozco, es tranquilo, además vive por tu casa.  Bueno pues flaca y qué otra, suerte con tu tráido pues.</p>
<p>No lo creo vos flaca, vos manejando mi carro.  Calláte, mejor dormíte.  ¿Te vas a quedar conmigo en el apartamento flaquis?  No, mañana te devuelvo tu carro.  Qué calidad se siente que vos te preocupés por mí.  Vos estabas muy bolo para manejar.  Sí, pero ya he manejado así y no ha pasado nada, vos lo que pasa es que me querés, jajaja.  En tus sueños Manolo, en tus sueños.  Hace unas horas quería que aparecieras, y mirá pues, apareciste.  No te podía dejar así Manolo, entendé.  Quedáte conmigo en el apartamento, y luego mañana te vas para siempre si querés.  Quedáte flaquita, quedáte.</p>
<p>Manolo se queda dormido en el asiento del copiloto, y al llegar a la flaca le cuesta entrarlo a su apartamento.  Lo deja en su cama.  Gracias flaquita linda, buenas noches.  La flaca lo mira sonreír dormido.  Espera un momento.  Ya cuando Manolo está dormido profundamente, le da un beso en los labios y se marcha.</p>
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		<title>El amor en las redes sociales</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Oct 2008 02:36:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>
		<category><![CDATA[Redes Sociales]]></category>

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		<description><![CDATA[Con estas cosas de las redes sociales a veces los conflictos de pareja se pueden volver morbosamente públicos.  Está por ejemplo el clásico caso de los novios que en el hi5 cambian de estado y pasan de &#8220;en una relación&#8221; a &#8220;Soltero (a)&#8221; justo después de una gran pelea de fin de semana.  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Con estas cosas de las redes sociales a veces los conflictos de pareja se pueden volver morbosamente públicos.  Está por ejemplo el clásico caso de los novios que en el <strong><a href="http://www.hi5.com">hi5</a></strong> cambian de estado y pasan de &#8220;en una relación&#8221; a &#8220;Soltero (a)&#8221; justo después de una gran pelea de fin de semana.  Automáticamente todos los comentarios de amor del novio y la novia desaparecen del perfil de ambos.  Todos los <em>teamos</em> y los <em>tequieros</em> se esfuman, como si nunca hubieran existido.  Empieza una guerra de comentarios picantes en otros perfiles y de fotos con otras supuestas parejas, porque ninguno quiere quedar como perdedor.  La intención es que la otra parte lea y se muera de celos, se arrepienta, vuelva pidiendo perdón de rodillas y confiese que su amor será eterno.  Esto es, digamos, un ejemplo clásico que más de alguno ha visto por ahí.  Pero lo que vi el otro día en un par de estos perfiles, no fue algo usual.<span id="more-362"></span></p>
<p>Pongámonos en contexto.  Hay un tipo, al que llamaremos Alex, que tiene una novia, a la que llamaremos Ale.  Hasta aquí, todo normal, todo bien.  Salvo porque él tiene 45 años y ella 15.  Son 30 años de diferencia, que no son pocos.  Está bien, el amor no tiene edad, estamos en eso de acuerdo, pero hay algo más.  Ambos están casados con otra persona.  Ambos tienen un hijo, y el hijo de él, además, fue el enlace entre ellos.  Esto es de lo que me enteré viendo los perfiles de ellos y de sus amigos.  No siempre se ven comentarios de amor entre personas de tal diferencia de edad en los perfiles del hi5, así que fue notorio al encontrarme con el perfil de Ale, quien de la nada me solicitó como amigo, quizá sea que ella lee este blog o algo así.  Qué se yo.  El asunto es que descubrí la historia entre ellos, y por los comentarios -que no borraron- la relación empezó en enero de este 2008 y finalizó recién en septiembre. El primer comentario de Ale para Alex, fue el siguiente:</p>
<blockquote><p>10/01/2008 03:22 PM<br />
<strong>Ale</strong> dice:</p>
<p>ola mi amor! ke tarde la de ayer! tqm!!!!!!1</p></blockquote>
<p>Nótese el entusiasmo expresado en los signos de admiración.  Vinieron algunos comentarios un tanto extraños luego de este, como por ejemplo:</p>
<blockquote><p>17/01/2008 04:21 PM<br />
<strong>Bronco</strong> dice:</p>
<p>Hola tío, por ahí andan unos rumores meros raros, llamame pues.  Saludos!</p></blockquote>
<blockquote><p>21/01/2008 07:59 AM<br />
<strong>Chente</strong> dice:</p>
<p>Mano, vos sí que no le atinás!  Dejá de ponerle a las güiras, asaltacunas&#8230;!  jejeje  A ver cuándo unas chelitas pues.</p></blockquote>
<p>Alex, por su parte, respondió con un comentario a Ale:</p>
<blockquote><p>11/01/2008 02:27 AM<br />
<strong>Alex</strong> dice:</p>
<p>Hola belleza, gracias por quererme, te dejo un beso enorme.  La luna hoy brillaba por vos.</p></blockquote>
<p>Luego de esos mensajes vienen una serie de comentarios con dibujitos de te quieros y te amos varios, de poemas ridículos dedicados y de comentarios en las fotos.  De lo del hijo me enteré porque se asomó a los comentarios un día, en febrero:</p>
<blockquote><p>03/02/2008 02:45 PM<br />
<strong>Junior</strong> dice:</p>
<p>Tené verguenza viejo, a la Ale te la presenté como cuata, mala onda vos.</p></blockquote>
<p>A Ale, por otra parte, sus amigas trataban de hacerla regresar a la cordura, las más insistentes eran la Moniq y la Beba:</p>
<blockquote><p>04/02/2008 09:37 AM<br />
<strong>Moniq</strong> dice:</p>
<p>Loka!!! Tanto tiempo sin verte! cuidate mucho no te metás a babosadas mija!  Pensá en tu wiro, hablame a mi cel plis</p></blockquote>
<blockquote><p>04/02/2008 09:37 AM<br />
<strong>La Beba</strong> dice:</p>
<p>Nena, vos sabes que te quiero miles, pero no andés loqueando sí? te quise llamar a tu cel pero no contestaste.</p></blockquote>
<p>Y así continuaron los mensajes, si no fuera por la gran diferencia de edades y la situación civil de ambos, todo sería como en los demás perfiles. Ale tenía un bebé de 10 meses que aparecía en las fotos y que tenía un álbum especial, junto a ella aparecía en todas las fotos.  Era lindo el nene, aunque las fotos con él no eran tan nítidas que digamos.  En otro álbum, titulado &#8220;mi amor&#8221; estaban Alex y Ale, que más parecían padre e hija en esas fotos.  Una foto en el lago de Atitlán, otra en el zoológico, una más frente al Palacio Nacional, alguna otra en Antigua Guatemala.  En todas sonriendo, en todas felices.</p>
<p>Desde enero hasta ahora, me mantuve más o menos atento a esta singular pareja.  Era como si no tuvieran en cuenta que cualquiera puede entrar a ver todo lo que se escribían y publicaban.  Me enteré de que el hombre era casado porque lo ví en el banco una vez, y le pregunté a la cajera que lo atendió si el tipo venía mucho al banco, sí dijo ella, aunque la mayoría de veces viene con su esposa, una vieja amargada.  Uno se entera de mucho sólo con hacer una pregunta inocente.</p>
<p>De Ale no me imaginaba que fuera casada, hasta que una vez en el album de recortes dijo: &#8220;mi marido me aburre, por eso kiero a mi amor&#8221;, y Alex hizo un comentario con un emoticon de sonrisa.  Sí, está bien, no se sabe si realmente lo dijo en serio la chava, pero todo lo que había leído en los comentarios parecía tan irreal que una cosa más ya no me extrañaba.</p>
<p>Por ahí por mayo y junio, preocupado por mis cosas, no volví a buscar a los tórtolos.  Me costó encontrarlos de nuevo en julio.  Habían peleado un par de veces, pero habían regresado.  Los comentarios de los amigos tratando de hacerlos entrar en razón ya habían cesado, parecía que sólo él y ella estaban, nadie más comentaba en el perfil de cada uno.  Hasta algunos comentarios de corte erótico habían por ahí, canciones dedicadas, y más fotos.  Creo que por ese tiempo, aunque no lo dijeron abiertamente, vivían juntos.</p>
<p>Yo estaba esperando que algún día tronaran la cosas, esa relación no podía durar tanto.  Les fui siguiendo la pista de todos modos, y en agosto no hubo comentarios ni nuevas fotos, por lo que mi suposición de que vivían juntos era bastante posible.  Sin embargo todo lo que empieza tiene un fin, como todo en la vida.  Y la relación de estos tórtolos tan dispares en edad tenía que terminar, o al menos eso pensaba yo.</p>
<p>Luego de agosto en silencio en ambos perfiles, el 7 de septiembre, un comentario en el álbum de recortes de Ale: &#8220;con el corazón roto&#8221;.  Luego el 8, ella hace un comentario en el perfil de Alex:</p>
<blockquote><p>08/09/2008 10:43 PM<br />
<strong>Ale</strong> dice:</p>
<p>porqué no das la cara!</p></blockquote>
<p>Un par de días más tarde, la despechada Ale comentaba en el perfil de un su amigo, Javier:</p>
<blockquote><p>10/09/2008 11:55 PM<br />
<strong>Ale</strong> dice:</p>
<p>ola Javito! komo estás? llamame sí? necesito de calor de hombre!!  tqm</p></blockquote>
<p>Javito no respondió -al menos públicamente por el hi5- pero el 17 ya Ale aparecía con un nuevo estado en álbum de recortes: &#8220;de nuevo el amor!&#8221;.  Quién sabe si era el Javito u otro, o un mensaje para encender a su perdido Alex, que respondió a ese comentario diciendo: &#8220;buena suerte pues belleza, te quise mucho, sabelo&#8221;.  Y hasta ahí la historia de amor entre los dos tórtolos cibernéticos.  Justo acabo de chequear de nuevo sus perfiles y no encontré nada nuevo.  Quién sabe si volverán o si ya están juntos de nuevo y por eso nada de comentarios.  Quién sabe si el marido de la Ale apareció de repente y la reclamó.  O si la esposa de Alex se lo llevó de nuevo a casa.  En fin, de todo esto no me hubiera enterado si no fuera por estos juguetes tecnológicos y la manera en que los utiliza la gente, como si nadie los estuviera viendo.  Sí, lo admito, el morbo por saber más de esta peculiar pareja me mantuvo atento, y sé que no debo perder el tiempo husmeando en vidas ajenas, pero qué quieren que haga.</p>
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		<title>Por el amor de una mujer</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Oct 2008 18:45:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Call center]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>

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		<description><![CDATA[Anoche un tipo agobiado por las deudas y los celos fue al edificio en donde trabajaba su esposa, disparó a un guardia y tomó como rehenes a más de 40 personas de un call center que operaba en el quinto nivel. Pedía hablar con el hombre que andaba con su mujer y una computadora portátil [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Anoche un tipo agobiado por las deudas y los celos fue al edificio en donde trabajaba su esposa, disparó a un guardia y tomó como rehenes a más de 40 personas de un call center que operaba en el quinto nivel. Pedía hablar con el hombre que andaba con su mujer y una computadora portátil con conexión a Internet. Cuatro horas y media más tarde, liberó a todos los rehenes y se entregó, después de que su esposa lo hizo entrar en razón. Imaginemos cómo fue la historia detrás de la noticia.<span id="more-361"></span></p>
<p>Imagine el lector a un hombre que lo ha perdido todo, su dinero y su mujer. Hace algunas semanas le llegaron notificaciones de varios juzgados por deudas que no ha pagado. Su mujer, de la que está separado, según los rumores, anda de amante con otro. Así que, desesperado, decide que matará a su mujer y a su amante. Pero falta un detalle: no conoce al tipo.</p>
<p>Durante días estuvo contemplando la posibilidad de eliminarlos, así no iría a la cárcel por las deudas, sino por haber salvado su honor. Había que hacerlo de manera distinta, iría al lugar de trabajo de Beatriz y exigiría que si el otro era tan hombre, que se presentara y le hiciera frente. Armaría un escándalo y llevaría explosivos para que la policía lo tomara en serio y no se metiera.</p>
<p>Como había prestado servicio militar conocía el explosivo C-4, que es tan estable que incluso se le puede disparar sin que explote, ya que sólo lo hace con un detonador especial. Mientras planificaba su venganza el agobio desaparecía, ya no temía tener que enfrentar juicios por deudas y se imaginaba el sufrimiento de su mujer y su amante, suplicando piedad. Se sentía poderoso, y embriagado por ese poder pensaba que era una especie de justiciero que toma venganza con su acción por todos los hombres ofendidos por la traición de una mujer. Sin duda los traicionados entenderían bien y hasta aplaudirían su acción cuando vieran la noticia en los periódicos.</p>
<p>La semana anterior a su ataque fue al edificio en donde trabajaba su mujer, quiso darle una última oportunidad. La abordó antes de ingresar a su trabajo y pidió que le dijera quién era su amante, pero ésta no hizo caso y siguió caminando hasta desaparecer por la puerta de ingreso. El regresó a su casa y continuó con su plan.</p>
<p>Luis Fernando recordaba que cuando la conoció todo fue muy bien, se habían llevado de maravilla desde el principio. El día más feliz de su vida había sido cuando se casaron, una fiesta memorable, en donde todo se hizo como ella quería. Si se había metido a deudas, era tan sólo por complacerla, por darle siempre lo mejor, porque por nadie había sentido él nada parecido. Era un sueño convertido en realidad haberla hecho su mujer.</p>
<p>Pero Beatriz había cambiado mucho en los últimos tiempos. De la alegre muchacha que había conocido no quedaba mucho, y cuando ella le pidió la separación, empezó su locura. Había hecho todo para complacerla, la había intentado querer como le salía, pero eso no era suficiente, ella lo abandonaba. Quizás sus atenciones habían sido demasiadas, tal vez si hubieran tenido hijos, tal vez aquellas parrandas con los cuates, tal vez fue aquella vez que le pegó sin querer&#8230;</p>
<p>A veces Luis Fernando pensaba que si ella tan sólo le dijera que lo había querido de veras y que guardaba un buen recuerdo, sería suficiente para aliviar su dolor y seguir adelante. Pero no podía soportar la derrota, no podía aceptar la idea de que ella ya estuviera con otro mientras él seguía queriéndola como un loco. Y entonces continuaba con su plan, ella sería de él o de nadie más, su honor, su orgullo, no serían pisoteados.</p>
<p>Miró el calendario y escogió la fecha: lunes seis de octubre. Seis había sido siempre su número de la suerte, en día seis se había casado, en día siete caía su cumpleaños. Siendo lunes, la noticia se comentaría durante toda la semana, y más gente alrededor de todo el mundo se enteraría del agravio del que había sido objeto.</p>
<p>El lunes seis entonces desayunó abundante. Durmió poco la noche anterior, pero durmió bien. Se rasuró con cuidado, se puso su camisa favorita. Por la mañana visitó a su mamá y por la tarde fue al cementerio a visitar a su papá. Había que despedirse, porque no sabía lo que iba a pasar. Cuando se miró por última vez al espejo, antes de salir para el lugar de trabajo de su mujer, se miró serio y se dijo para sí mismo que tenía que hacerlo. Había que hacerlo. Era necesario.</p>
<p>Salió de su casa alrededor de las 5.30 de la tarde y llegó al edificio una hora después. Manos a la obra, se dijo. Ingresó al edificio y cuando el policía de turno quiso verificar si no llevaba armas y le pidió su identificación, Luis Fernando lo golpeó, lo desarmó y le disparó en una pierna. Amenazó con matarlo y le pidió que lo llevara al quinto nivel en donde estaba el call center. Cuando llegó al lugar entró gritando que quería ver a Beatriz y a su amante, que llevaba explosivos y que no se moviera nadie si no querían morir.  Todo mundo entró en pánico, las llamadas de clientes que en ese momento se atendían quedaron interrumpidas por un silencio colectivo desolador. Alguno por ahí le decía que agarrara la onda, pero Luis Fernando gritaba con más furia que quería ver a su mujer y al amante de ésta. Beatriz sintió una mezcla de miedo y lástima al verlo en ese estado, al ver a qué extremo había llegado su desesperación. Pensó que sería su fin, el de ambos.</p>
<p>Al principio cualquier cosa que ella dijera era respondida a gritos. Cuando unos bomberos quisieron entrar a hablar con él, disparó al aire para ahuyentarlos. Quería sí o sí ver de frente al amante de su mujer. Ella le respondía que no lo iba a hacer llegar, que la matara a ella si quería, pero que nadie más debía pagar. Él reclamaba su infidelidad y le decía que tendría la culpa si todo el mundo moría en el edificio, que lo que quería era que apareciera el tipo.</p>
<p>Lo que no había calculado bien Luis Fernando es que en esto de los secuestro masivos hay que ocuparse de los secuestrados. Que si van al baño, que si están enviando mensajes de texto por celular, que si quieren llamar por teléfono a escondidas, que si quieren conectarse a internet. Empiezan las mujeres a tener desmayos y esas cosas. Así que un par de horas después de su ingreso tuvo que entrar un socorrista para asistir a alguna por ahí que sufría un ataque de pánico.</p>
<p>Después de las primeras dos horas de secuestro masivo, la tensión bajó y entonces Luis Fernando habló más serenamente con Beatriz. Ella insistía en que debía dejar salir a toda la gente, el problema es entre vos y yo Luisfer. Él no quería ceder, si cedía era como si ella estuviera ganando la partida. Algunos hombres empezaron a hacerse señas y a enviarse mensajes de texto por el celular para ponerse de acuerdo y someter al agresor al menor descuido. Pero Luis Fernando había mostrado que era capaz de disparar y estaba loco, así que había que esperar.</p>
<p>Cuando se llegaron las tres horas de tensión, Luis Fernando ya no miraba todo tan claro. Beatriz le había insistido en la liberación de todo el mundo, que sólo se quedaban ella y su hermano, que también trabajaba en el lugar. Que no iba a hacer llegar a nadie más. Luis Fernando empezaba a sentirse cansado, y quería salir de ahí, pero ya estaba en graves problemas.</p>
<p>Beatriz empezó entonces a recordarle sobre los buenos tiempos. ¿Te acordás Luisfer de aquella cena en el restaurante de carne asada? Estábamos los dos muy contentos y después me contaste que recordabas mi sonrisa cada vez que sonaba una canción que sonó esa noche. Era la primera vez que salíamos juntos y a pesar de que era invierno (y vaya invierno el de aquel año), esa noche no llovió. El otro día escuché esa canción y me dio nostalgia. La pasamos muy bien Luisfer, pero las cosas no funcionaron. Yo te quise mucho, fui feliz con vos. Pero ya no se puede, entendélo.</p>
<p>Luis Fernando se ablandó. Pidió que salieran los rehenes, todos quedaban libres, dijo. Se quedó a solas con Beatriz. Recordaron algunas anécdotas, como aquella vez que querían ir a pasear y terminaron sólo comiéndose un choripán en una gasolinera, porque el lugar a donde iban estaba cerrado y no había ninguna película buena en el cine. Cómo estaba de rico ese choripán. En algún momento hasta se rieron de la situación. Mirá la mulada que hice vos Bea, ahora sí ya me pisé. Nunca quise a nadie como a vos, pero todo lo hice mal, todo lo eché a perder. Y ahora aquí, haciendo el ridículo a nivel nacional.</p>
<p>Se abrazaron y finalmente salió Beatriz del lugar. Momentos después saldría Luis Fernando con las manos arriba y los policías descubrirían que no llevaba ningún explosivo. La computadora portátil que había pedido era para enviar un correo electrónico a algún periódico, para que todos supieran su versión de la historia. La computadora llegó, pero el correo nunca fue enviado.</p>
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