Archivo de la etiqueta: Barcelona
Amor de lejos
Es una tarde gris en Barcelona. En su pequeño apartamento de soltero está Xavi, un ejecutivo de negocios en Internet que fue abandonado por la mujer de sus sueños, con una botella de whisky en una mano y en la otra el control remoto del estéreo donde suenan repetidamente los valses de Chopin. Se supone que hoy iba a trabajar temprano en el nuevo proyecto que le encomendaron, pero ya son las dos de la tarde y él sigue tirado en la cama. Lo llaman del trabajo insistentemente pero no contesta el móvil con la vana esperanza de que en la pantalla del aparato aparezca el nombre de ella en lugar del de su jefe.
Leer más »
Buenas nuevas
Tres de la tarde en una colonia mixqueña cercana al límite con la ciudad de Guatemala. Yo estoy calentando mi almuerzo en el microondas y llegando tarde al partido del Barça contra el Betis por la tele. Me entero de que va perdiendo el Barça por un gol cuando está iniciando el segundo tiempo del partido. Me siento a la mesa a comer y a esperar que el Barça empate o que por lo menos Ronaldinho haga una de esas de jugadas diferentes que le hacen ganar tantos millones pero que en el mundial ni señas dieron. La cosa no se mira bien para los blaugranas, entonces suena el timbre y pese a un extraño presentimiento contesto el intercomunicador, para mi maldición.
Leer más »
Para esto sirve un blog
A veces cuando le cuento a alguien que tengo una página web en formato blog, me hacen la pregunta clásica ¿y que ganás con eso? Yo respondo que me divierto y que hay gente que al leer lo que escribo también lo hace. La mayoría de las veces no me miran muy convencidos.
Leer más »
Gente de Barcelona
En Barcelona vos te podés encontrar con un mexicano que empieza la frase como mexicano y la termina como si fuese español, y se despide diciendo “ok guys, see you later” como si no hubiera estado hablando en español todo el tiempo, y con su amiga, una austríaca preciosa que te oye tocar guitarra y zampoña, escucha dos canciones y dice que se va a acostar porque está demasiado borracha, y te deja pensando cosas.
Si vas a los alrededores del Camp Nou estará siempre el típico turista que lo único que sabe es que Ronaldinho juega en Barcelona, y piensa que yendo al estadio se va a encontrarlo y así fácil le va a dar el autógrafo. Va con su cámara digital llena de funciones que no sabe usar y que ni se imagina y fotografía todos los carros que ve, pensando que adentro van jugadores de Barça.
Podés encontrarte con colombianos que siempre te tratan de hermano, y no de tío como los españoles, y que siempre te saludan de tonces, ¿bien o no? O también con un chavito catalán que espera hasta el último minuto para entrar al Camp Nou, y a cambio de algunos buenos euros te ingresa con un carnet de socio a un Barça-Madrid del cual te perdés los primeros 15 minutos por estar baboso e incrédulo por haber entrado. Si avisás con tiempo que llegarás a Barcelona, también hay un bajista que te consigue conciertos y que se lleva bien con un argentino que escribe en internet, con el cual suelen cocinar comida de microondas, y a quien conoció porque su mujer lee al argentino y trabaja con una amiga del primo del argentino.
Pròxima estació: Can Vidalet
En el metro de Barcelona anuncian la llegada a cada estación en catalán. Como es parecido al español en ciertas cosas, se entiende bien, como pueden observar en el título. Una mujer dice pròxima estació y un hombre contesta anunciando el lugar. Otras veces es al revés: un hombre dice pròxima estació y la mujer contesta. La vocalización es neutra, sólo cumple con el requisito de anunciar con buena dicción y nada más. Salvo por la estación de Can Vidalet, en la línea 5, cuando es la voz masculina la que contesta.
Al anunciar Can Vidalet el cuate pronuncia como si estuviese recitando un poema, como si una sonrisa se le asomara cuando termina de pronunciar la n. Como si existieran signos de admiración; un poco discretos, eso sí. Después de haberlo escuchado ya un montón de veces porque es la estación que queda más cerca de donde estoy viviendo, estoy convencido de que el locutor estaba enamorado de alguien en Can Vidalet. La sonrisa que aparece cuando pronuncia la n se queda el resto de la vocalización, y cuando llega la i la grabación adquiere un tono primaveral romanticoide que no deja dudas. La ele está pronunciada de una manera segura, lo que me hace pensar que es correspondido, y por eso el tono primaveral romanticoide de la i. La d, por otra parte, da la impresión de que el cuate al principio sólo se la quería coger. Es decir, empezó a visitarla porque le gustaba su cuerpo, por esa su minifalda cortita cortita que se ponía en verano (cuando la conoció). Pero de tanto ir a su casa sin cogérsela, terminó enamorándose sin remedio. Para finalizar, el cuate no pronuncia la t, a diferencia de cuando la que dice el lugar es la voz femenina. Si hubiese terminado con una t categórica, me daría a pensar que se la pasa bien, pero que cree que la relación terminará. Creo que ese detalle es el que anuncia que el hombre de la voz del metro, se casará o piensa casarse con la doncella de Can Vidalet. Seguro que cuando ya lleve algún tiempo casado con la chica de Can Vidalet, ya no pronuncia igual.
Al margen de la ley
Yo soy un tipo más bien tranquilo, de modales correctos, que nunca se sale del libreto que marca la sociedad. Pero al cruzar el charco, nuevos aires me pegaron y quise hacer algo proscrito, algo prohibido, algo al margen de la ley y lucrar con ello. Cuando vine, noté que en las Ramblas se colocan algunos tipos con six-packs de cerveza para venderle a los amigos de la noche que pasean por ahí. Se colocan cerca de las entradas del metro, y si miran a un policía, entran corriendo a la estación y toman el metro para que se los lleve a la chingada, porque esa actividad está prohibida, como muchas otras cosas por aquí. Eso es lo que quiero hacer, me dije convencido. Ganar dinero al margen de la ley, correr peligro y retar a la autoridad. Ser un delincuente. Y entonces fui a un supermercado, compré la mercancía y salí en la noche por las Ramblas a cometer delito y beneficiarme económicamente. Hice un primer recorrido sin sacar las latas de la bolsa y luego, con el corazón explotándome en los oídos, saqué el six-pack y empecé a ofrecer cerveza. Me sentía triunfal, invencible y ya me hacía con los tres sucios euros que iba a ganar. Vendí una, y luego otra. Todo parecía funcionar, la adrenalina fluía a borbotones. Hasta que una mujer policía se acercó por detrás y abusivamente quiso tomar mi mercancía y me dijo “no, eso no, tío”. Yo no soy su tío ni usted es mi sobrina, quise decirle, pero la prudencia pudo más. Luego vino otro policía y me preguntó que qué hacía yo con eso, y le dije con falsa seguridad, casi cagándome y con la respiración que no me daba, que eran mías. Y el policía me dijo que disculpara, que si hubiera sido de otra nacionalidad…
Es una de las veces en que he querido más a Guatemala. Aunque lo más probable es que el poli pensara que soy mexicano. Para celebrar, me tomé las cuatro cervezas que me quedaron.
El locutorio del pakistaní
En Barcelona los locutorios (que no son cosas de locos, sino cafés internet) casi siempre son atendidos por pakistaníes que no entienden mucho de español. Parece que sólo les enseñan a decir “una hora un euro” y luego no te dicen por favor pase a la máquina seis, sino sólo te dicen “seis”. “Seis qué” le dije yo el primer día y el pakistaní de turno me miró angustiado con cara de a este cuate no le entiendo ni rosca, tratando inútilmente que sus neuronas procesaran el mensaje. Tranquilo pakistaní, le dije, me voy a la máquina seis porque supongo que eso querés, pero no me pongás cara de chucho regañado pues, que no es para tanto, aquí no estamos peleando. A la siguiente vez le dije que sólo quería media hora, que cuánto costaba. Pakistaní volvió a poner su cara de chucho regañado. Mirá pues pakistaní, le dije, si una hora un euro (asintió feliz por entender eso), media hora 50 céntimos, cin-cuen-ta cén-ti-mos pakistaní, ¿vale?, quiero decir ¿me entendés?, y pakistaní dijo que sí.
Media vez no te movás de esos parámetros, podés ingresar a internet tranquilo en cualquier locutorio. Pero ahora que no voy tanto con pakistaní, porque compré un paquete para internet ilimitado, veo que pakistaní me mira muy serio cuando paso enfrente de su local, porque sabe que estoy yendo a otra parte a internet. Así que para no sentirme mal ahora tengo que ir al menos media hora al internet con pakistaní y luego venir aquí, ya tranquilo, a escribir un post.
Otro avión que no se cae
De pequeño tenía la certeza de que moriría en un desastre aéreo o como víctima de fuerzas ocultas que tratarían de callar mi lucha por los más débiles. Pero como nunca he luchado por los más débiles, estoy seguro de que moriré en un accidente aéreo de proporciones mediáticas. Con esa idea tomé el avión que me llevaría desde México a Madrid, idea que corría el peligro de volverse realidad cuando el capitán del avión anunció que el vuelo se retrasaría por un “pequeño inconveniente” con el sistema de frenos. Al pequeño inconveniente tuve oportunidad de verlo por la ventanilla: unas paletas del ala derecha no se movían. Entonces pensé, teniendo a la muerte rondándome, debería reflexionar sobre el sentido de la vida, debería recordar todos los buenos momentos vividos. Dediqué un par de minutos a tal menester y me puse a dormir un poco. Luego de dos horas el capitán anunció que ya estaba resuelto el clavo y que en ese momento arrancaría el vuelo. Empieza la cuenta regresiva, pensé.
Empecé a pensar en cómo debería ser mi actitud cuando anunciaran que el avión se iba a estrellar contra el mar. Creo que es cuestión de tener una actitud digna, una resignación serena y algunas lágrimas para demostrar que somos humanos y que nos duele decir adiós a la Tierra. Como en cualquier desastre aéreo —seguía pensando—, seguro surje más de alguna vieja histérica que se ponga en shock. Debido a mi preparación psicológica para el momento, mi deber sería darle un par de cachetadas y decirle que debería estar agradecida con la vida porque ya había vivido bastante, que mejor mirara cómo ese niño de la derecha va tan sereno y ella tan grandota con histeria. Con este gesto muy probablemente llamaría la atención de la rubia chichuda que estaba dos asientos adelante del mío, que me sonreiría pensando “este cuate sí que tiene una actitud digna y resignación serena”, y yo me acercaría y le diría en inglés que si salíamos de esta que la invitaba a un café y ella diría que sí en español, porque estaría segura que nos moriríamos.
Luego medité sobre sobre la pregunta existencial clásica: ¿para qué estamos en este mundo? y después de algunos minutos de seria reflexión sin encontrar respuesta, me dormí. De todos modos de estrellarse el avión, la caída libre del aparato y los gritos de los pasajeros me despertarían. Y cuando desperté, todavía estaba allí. Si uno espera mucho la muerte, la cosa es aburrida, pensé.
A Barcelona, el lunes
El próximo lunes 20 de marzo este su servidor toma un avión y se dirige a Barcelona. Hace tiempo que quería ir a ver al equipo de fútbol, y ahora que tiene una de sus mejores plantillas quise aprovechar a verlo en vivo. Si de repente por ESPN miran alguna banderita de Guatemala, sabrán de quién es. Pero eso no es todo. Voy con un amigo de años con quien tocamos música andina, llevamos instrumentos para tocar en donde nos dejen y gracias a la genial intervención de Barbarita y Xavi, ya tengo concierto asegurado. No le puedo pedir más a mi suerte.
Si alguno por ahí me puede dar algún consejo sobre el viaje (voy por México, con conexión Mexicana-Iberia) y sobre la estadía en Barcelona, le agradeceré un comentario o un mensaje mediante el formulario de contacto. Todavía ando buscando una habitación doble económica en piso compartido (porque estaré por allá un mes), si alguno de los lectores sabe de algo, le agradecería información.
