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	<title>Anecdotario.net &#187; Chat</title>
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	<description>Anécdotas, historias y relatos</description>
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		<title>Día libre</title>
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		<pubDate>Tue, 17 May 2011 15:36:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A media mañana fui a un comercial a comprar tiempo de aire para mi celular. Me acerqué a un kiosco que tenía un rótulo de doble tiempo de aire. Atrás del mostrador iluminado, estaba una muchacha de no más de veinte años, con el rostro transfigurado por la luz del monitor de su computadora. Me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A media mañana fui a un comercial a comprar tiempo de aire para mi celular. Me acerqué a un kiosco que tenía un rótulo de doble tiempo de aire. Atrás del mostrador iluminado, estaba una muchacha de no más de veinte años, con el rostro transfigurado por la luz del monitor de su computadora. Me vio llegar, pero apenas levantó los ojos del monitor y volvió a teclear y a esperar respuesta. Luego sonó el clásico bip de respuesta del chat y la muchacha se rió de buena gana. Yo estuve allí un par de minutos, pero ella no volvió a verme, pese a que estaba situado enfrente de ella. Me sentí incómodo pero preferí no hablarle, porque cuando le interrumpís a una adolescente su chat, es ganarte una maldición. Así que me encaminé hacia otro kiosco, pero entonces la muchacha reaccionó y me preguntó, amable, que qué se me ofrecía.<span id="more-1111"></span></p>
<p>—Ah —le dije—, necesito cincuenta quetzales de tiempo para mi celular.</p>
<p>—Con mucho gusto —respondió—. </p>
<p>—Gracias señorita. </p>
<p>—Perdone, es que estaba platicando con mi novio.</p>
<p>Como hacía mucho calor, pasé a una heladería y pedí una nieve. Mientras la tomaba, vi a una adolescente sentada en una banca, en uniforme de colegio, con su cabeza agachada sobre un teléfono celular. Estaba enviando mensajes de texto a la velocidad de la luz. A veces, cuando la respuesta no parecía gustarle rechistaba frunciendo el ceño. Si le gustaba la respuesta, sonreía y respondía más rápido.<br />
Después de varios minutos de idas y venidas de mensajitos, levantó la cabeza del celular y resopló. Miró a su alrededor con una mirada aburrida, sacó unos audífonos de su mochila, se los colocó en el oído y volvió al celular. Empezó de nuevo a enviar mensajes.</p>
<p>Luego caminé hacia el supermercado a hacer unas compras que hacían falta. Ahí me encontré con mi amigo Fernando, un visitador médico exitoso. Siempre bien vestido y perfumado, me saludó con la ceremonia con que suelen saludar los vendedores profesionales. Gustazo de verte vos, cómo has estado, mirá que me alegra mucho saludarte. Después de la pequeña conversación cordial de rigor, recibió una llamada en su celular. Le dijo mi amor cómo está, la he extrañado, por qué no me había llamado. Y sin más ceremonia, se despidió de mí, aduciendo que la llamada era muy importante y que me llamaría para tomar una cerveza un día de éstos. </p>
<p>Después de pagar por lo que llevaba, pensé en revisar mi correo electrónico en un cibercafé del lugar. Atendía un muchacho flaco, con el pelo sobre la frente y un arete en la nariz. Estaba jugando fútbol en la computadora. A cada pase que tenía que hacer el jugador en la pantalla, al muchacho parecía torcérsele la boca, se balanceaba a los lados cuando el portero tenía que atajar y cuando al fin metió gol, lo gritó como si estuviera en el estadio, alzando el puño en señal de victoria. Hasta ese momento se dio cuenta de mi presencia. Le pedí una hora de tiempo y me senté a la par de una jovencita que actualizaba su Facebook. En el chat me encontré con una amiga, que me dijo que no podía hablarme mucho, porque salía en ese momento para una cita con sus amigas. La muchacha que actualizaba su Facebook llevaba una memoria usb de la cual escogía las fotos que publicaría en su perfil. Tenía cientos de fotos, pero no se decidía por ninguna. No era una muchacha muy bonita, pero me pareció atractiva. En un momento me pidió que opinara sobre dos fotos, para escoger una para su perfil. Le dije que en la foto donde estaba con la playera verde me parecía bien. Ella me agradeció pero escogió la otra, en donde tenía playera roja y tenía una sonrisa practicada en el espejo para lucir en Facebook. No volteó a verme nunca más.</p>
<p>En el trabajo yo había pedido el día libre, a cuenta de vacaciones, porque me sentía aturdido de tanto trabajo. Pensé que al tener tiempo podría relajarme y olvidarme un poco de la rutina. Pero lo cierto es que al regresar a casa para el almuerzo, extrañé no ir a la cafetería de siempre, con la mesera culona de sonrisa amable.</p>
<p>Por la tarde quedé con mi hermana para refaccionar. Ella es una ejecutiva importante, siempre nos hemos llevado bien. Llegó, unos quince minutos tarde, sofocada por el calor, disculpándose y anunciándome que no se podía quedar mucho tiempo, pero que le alegraba verme. Ella pidió un refresco y yo una cerveza. A los cinco minutos de conversación, sonó una alarma en su teléfono. Cuando lo sacó vi que era uno de esos muy modernos, a los que les llaman inteligentes. Ah, sí, me dijo entusiasmada, con este puedo enviar mis mensajes a Twitter y conectarme con gente importante. Es buenísimo eso del Twitter, me contó, mientras enviaba una respuesta a su amigo de México, según me dijo. Luego descubrió que uno de sus seguidores de Twitter le había enviado un video, que me mostró. Era un niño que no paraba de reírse, lo que a los dos nos provocó risa. Mi hermana escribió un tuit en el que contaba que estaba tomando una cerveza con su hermano favorito. Pero si sólo tenés uno, le dije, y además sólo yo tomo cerveza. Se rió de buena gana y se quedó más tiempo del que había anunciado. </p>
<p>Al salir de la cafetería empezaba a oscurecer. Mi hermana al entrar a su carro envió un <em>tuit</em>, seguro contando que había terminado su reunión conmigo. Yo me fui a casa, y encontré a mi mujer subiendo las fotos de la reunión a la que habíamos ido el domingo. Aunque me saludó cariñosa, siguió entretenida con su tarea. Yo, por mi parte, encendí la tele y me puse a ver el noticiero. A pesar de haber tenido el día libre, sentí alivio porque iría al trabajo de nuevo por la mañana. Como había comido algo con mi hermana ya no me preocupé por cenar, y me terminé quedando dormido en el sofá. Cuando desperté, ya en la madrugada, la tele estaba apagada y yo estaba a oscuras. Me levanté con pereza para ir a la cama, pero el movimiento me despabiló tanto que ya no pude volver a dormir, y entonces, para no esperar la luz del día con los ojos clavados en el techo, me fui a la computadora y abrí el chat. </p>
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		<title>La cita</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 12:46:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Chat]]></category>
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		<description><![CDATA[Gloria está enamorada. Gilberto es un hombre muy agradable, inteligente, diez años mayor que ella y en buena posición económica. Un buen partido. No es muy alto ni muy atractivo, pero lo compensa con su buena disposición romántica. El marido de Gloria no sabe nada. Ella todas las tardes se conecta por horas al chat [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Gloria está enamorada.  Gilberto es un hombre muy agradable, inteligente, diez años mayor que ella  y en buena posición económica.  Un buen partido.  No es muy alto ni muy atractivo, pero lo compensa con su buena disposición romántica.  El marido de Gloria no sabe nada.  Ella todas las tardes se conecta por horas al chat para hablar con Gilberto.  Aún no se conocen en persona, a pesar de la insistencia de él.  Pero todo le dice a Gloria que él es el indicado para vivir ese sueño romántico que con su marido no tiene ni tendrá.<span id="more-522"></span></p>
<p>Gloria lleva 10 años de matrimonio con Juan José, con quien se casó para no estar sola.  Ella tenía 27 cuando lo conoció y pensó que ya no vendría nadie más.  Juan José era amable, caballero, con un buen empleo.  No la hacía suspirar ni soñar, pero parecía buen hombre.  Aceptó la propuesta de matrimonio sin demasiado entusiasmo.  Quizás con el tiempo aparecería el amor, pensó al principio.  Nunca se asomó el amor.  De tenerse un cariño amistoso no han pasado.</p>
<p>No tuvieron hijos porque ella es estéril.  Si tan sólo hubieran podido tener uno, pensaba muchas veces, sus noches no serían tan largas y sus desvelos tendrían motivo real.  Por esta y por otras razones, el mismo Juan José se había alejado de ella y dormían en cuartos separados.  Gloria le descubrió una amante, pero en lugar de molestarse se alegró por él, aunque lo envidió un poco.  Muchas veces sin motivo aparente, ella lloraba en la cocina o en la sala, mientras escuchaba música romántica.</p>
<p>Gloria lleva un año sin tener trabajo.  Ha enviado su hoja de vida a muchas empresas, pero no ha salido ningún empleo real.  Cuando se quedó sin empleo, se convirtió en una vagabunda de internet, saltando de enlace en enlace, aburriéndose cada vez más.  No había usado mucho el chat hasta ahora, y si no fuera por su sobrina que se fue becada a México, no habría abierto su perfil de facebook y no hubiera puesto su foto y no hubiera conocido a Gilberto.</p>
<p>Todavía recuerda cuando una tarde, como a las tres, miró una solicitud de amistad de un tal Gilberto, vio su foto, le pareció simpático y aceptó la solicitud.  Gilberto siempre dejaba enlaces con videos musicales que a ella le gustaban y empezó a comentar en su perfil.  Gilberto después le pidió su dirección de messenger y ahí empezó todo.  Gloria sonríe al recordarlo.</p>
<p>Gilberto está separado de su mujer.  Ha viajado y conocido gente, y le dice a ella que siente que ella es especial y diferente, que le gustaría conocerla.  Llevan así tres meses, pero ella no quiere arriesgarse todavía.  Además del chat, él la llama por teléfono, le pregunta cómo está, cómo le fue en la última entrevista de trabajo, cómo siguió de su catarro.  La anima, le desea suerte, la hace sentirse importante y querida.</p>
<p>Gloria en realidad no tiene demasiada necesidad de trabajar.  De su padre heredó una buena cantidad de dinero que genera todos los meses una buena cantidad en intereses.  Pero estar desocupada no le gusta.  Nunca le interesó el arte o la ciencia, nunca tuvo un grupo de amigas con quienes practicar el chisme.  Toda la gente en realidad terminaba por aburrirla.  Intentó ir con un sicólogo, pero éste quiso seducirla.</p>
<p>Gilberto, por otra parte, ha tenido las palabras precisas y la actitud necesaria.  Ella se siente enamorada, siente que por fin experimentará qué es el amor verdadero.  Aún no se ha atrevido a conocerlo, pero siente que ya es tiempo.  Todavía tiene un buen cuerpo y la elegancia que le dejaron las clases de ballet en la niñez y adolescencia.  Quizá Gilberto es el último tren en camino a la felicidad.</p>
<p>Una tarde aparece Gilberto en el chat y le dice que hoy es el día.  Deben conocerse.  Le dice que si no es así, que mejor se olviden uno del otro, que no vale la pena seguir así, sin conocerse, sin verse cara a cara.  La cita en un centro comercial, a las cinco en punto.  Es ahora o nunca, si hay algo real entre los dos, hoy se sabrá, mañana será demasiado tarde.  Debe ser hoy.</p>
<p>Ante el ultimátum de Gilberto, Gloria no tiene más remedio que asistir a la cita.  La conversación la emocionó, hasta la hizo sonreír.  Por momentos su corazón se aceleró y sintió otra vez la alegría adolescente del enamoramiento.  Se pone bonita y ensaya su mejor sonrisa al espejo.  Conocerá a su enamorado del chat, habrán chispas de amor por todos lados y se sentirá caminando en las nubes.</p>
<p>Ella llega puntual a la cita.  Gilberto no ha llegado.  No le gusta eso, ella será la que espera.  ¿Y si la deja plantada?  Será la ridícula enamorada del tipo del chat.  Qué patético.  Pero bueno, aún no ha pasado mucho tiempo, no hay que pensar en fatalidades que no han pasado.  Mejor respirar profundo y esperar un tiempo prudencial, no hay que ser tan exigentes.</p>
<p>Quince minutos después de la hora pactada aparece por fin Gilberto.  Viste un elegante traje y unas relucientes mocasinas.  No se mira mal.  Al saludarlo ella no atina a decir palabra y Gilberto sonríe.  Un torpe beso en la mejilla empieza la cita de la tarde.  El se disculpa, tuvo que hacer un trámite de trabajo a última hora y por eso no estuvo puntual.  Ella se lo perdona y ya con más confianza le toma el brazo y caminan juntos a la cafetería del comercial.</p>
<p>Durante la plática, al calor de un café expreso, Gloria nota que Gilberto tiene un tic en la ceja izquierda.  Esta se levanta cada dos o tres minutos, a veces con un espasmo repetitivo que dura unos cuantos segundos.  Gilberto es muy amable con ella, pero trata mal al mesero, con cierto desprecio propio de la clase social alta, prepotente e inculta.  Ella empieza a sentirse incómoda.</p>
<p>El le dice que recién viene de tratar con un cliente que invertirá 200.000 dólares en un proyecto inmobiliario nuevo, del que está a cargo.  En su empresa aceptan inversiones de 100.000 dólares para arriba, pero si ella está interesada, por la amistad y confianza que le tiene, podría ver si se puede entrar con menos.  Es una buena oportunidad, el proyecto es magnífico, y seguro generará buenas ganancias a los inversores.  Es de aprovechar.</p>
<p>A Gloria le parece vulgar la manera en que Gilberto habla de negocios y de dinero.  Recuerda ahora que le mencionó la herencia de sus padres y que él nunca había hablado de dinero en sus conversaciones de chat y celular.  El tic en la ceja izquierda la empieza a desesperar.  Toda la ilusión de conocer a alguien genial se desvanece y ella comienza a buscar alguna excusa para irse temprano.  Gilberto después de un tiempo de plática se levanta para ir al baño y Gloria aprovecha para pagar la cuenta e irse.</p>
<p>En el camino de regreso a casa Gloria se pregunta cómo puede haber caído de tonta, cómo pudo haber contado toda su vida a un extraño y creerse enamorada.  Recuerda las frases cariñosas, las palabras de aliento, los chistes y ocurrencias.  Todo parecía tan real.  ¿Y si el tipo realmente tenía esas inversiones? Pero ese tic, ese molesto tic de la ceja izquierda, y esa rudeza con el mesero.  Ese tic que no se le olvida.  Es como si el tipo del chat fuera diferente al de la cita.  A mitad del camino a casa Gloria comienza a llorar mientras en la calle llueve en pleno noviembre.  Al llegar a casa, busca la botella de vino y bebe un vaso tras otro hasta acabársela.</p>
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		<title>Todo tiene solución</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Jul 2008 06:15:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Amor]]></category>
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		<category><![CDATA[Chat]]></category>
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		<description><![CDATA[Paula se levanta plácida, llena de energía. Hoy tiene el día libre porque en el trabajo ayer entregó ese proyecto importante y en la universidad está de vacaciones. Coincide en día libre con su novio, Esteban, con quien saldrá de paseo por la tarde. Este seguro será un día fantástico, el sol salió ahora bien [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Paula se levanta plácida, llena de energía.  Hoy tiene el día libre porque en el trabajo ayer entregó ese proyecto importante y en la universidad está de vacaciones.  Coincide en día libre con su novio, Esteban, con quien saldrá de paseo por la tarde.  Este seguro será un día fantástico, el sol salió ahora bien decidido a quedarse todo el día, mucha lluvia como que también aburre, piensa Paula.  Su mamá ha sido muy amable en el desayuno, y su papá, en un raro gesto romántico, fue al jardín y cortó dos rosas, una roja y una blanca.  La roja para mamá y la blanca para vos, le dijo cuando entró del jardín.  Todo parecía perfecto, porque Paula aún no había recibido un par de mensajes en su celular que le amargarían el día.  <span id="more-352"></span></p>
<p>Después del desayuno Paula va a supermercado a comprar cosas para la casa y para ella.  Va feliz, va contenta, todo mundo parece amable, este es un día bonito, le cuesta pensar que hayan gentes amargadas.  Camina por los pasillos del super y escoge los productos: leche, corn flakes, yogurt, azúcar.  Luego pasa a la sección de lencería y compra ropa interior, quién sabe, tal vez y haya suerte con Esteban hoy por la noche.  Mientras sonríe pensando en su novio, le llega el primer mensaje de celular:</p>
<p><strong>Mayra</strong><br />
<em>22-Jul-08 9:49 a.m.<br />
Tenés que venir.  El cliente no autoriza el proyecto y está molesto.</em></p>
<p>El proyecto es uno de los más importantes de la empresa, y el cliente estuvo en cada paso del desarrollo y estuvo de acuerdo con todo.  Fueron varios fines de semana y noches de desvelo y aparentemente, todo quedó perfecto.  ¿Qué habría fallado?  La empresa dependía en buena parte de ese proyecto para este año, y si se pierde el cliente, las cosas se pondrán muy malas.  Muy malas.</p>
<p>Paula llama entonces a Esteban y anula los planes para la tarde.  Nota a Esteban algo molesto, pero no tanto por los planes anulados sino por algo más.  Y recuerda que en días anteriores tuvieron una pelea algo rara.  Se siente mal porque esperaba de su novio algunas palabras de aliento, porque él sabía lo importante que era para ella ese proyecto.  Él, que siempre había estado con ella, ahora pareció tan distante, tan incomprensivo.  Ni siquiera respondió el tequieromucho que ella le dijo cuando se despidió.</p>
<p>Bueno, pensó Paula, hay que hacerle, porque no queda de otra.</p>
<p>Cuando sale del super, algunas nubes están amenazando con llevarse el bonito día que hasta ahora estaba haciendo.  Para qué quiero ahora un día bonito, pensó amargada Paula, y salió del comercial rumbo a su casa sin la sonrisa y el buen ánimo que traía.  Una mujer policía la mira y hace un inexplicable gesto de desprecio mientras ella pasa y cruza la calzada para llegar a su colonia.  Al llegar a casa, su mamá le reclama varias cosas que no había traído: carne (cómo se la había encargado), sal y condimentos.  Si no me ayudás m&#8217;hija, quién lo va a hacer, no te puedo encargar ni una cosa pequeña que no me la hacés.  Y tu padre, que salió bravo a saber por qué.  Una se cansa, así no se puede.</p>
<p>Paula se arregla para ir a la oficina de mala gana, siente un poco de náusea al pensar en qué podría estar mal del proyecto, si todo estaba bien, qué se yo, tal vez una falta de ortografía, yo le dije al Gustavo que ese su color verde no iba bien ahí y de plano que eso no le gustó al cliente.  Y yo, que soy la principal responsable, de seguro, despedida.  Yo, que trabajé más que ninguno y que dí más del 100%, voy a quedar sin empleo.  Adiós carro, adiós luna de miel en Cancún, adiós casamiento.  Una lágrima de cólera se le sale mientras cambia de rojo a verde un semáforo de la Avenida Reforma.</p>
<p>Al llegar a la oficina, la cosa parece cementerio.  Nadie habla, y todos están pasando el tiempo leyendo, viendo videos en internet, bajando música.  Mayra, su jefa, le explica que el cliente llamó muy molesto en la mañana y que quería explicaciones por la tarde.  Hasta hizo una amenaza velada de quitarle la cuenta a la agencia.  No se mira bien la cosa vos, así que repasá la presentación y todo el material, porque habrá que defenderse y aguantar la tormenta que se viene.</p>
<p>Paula está en la computadora cuando su celular vibra, y es un mensaje de Esteban:</p>
<p><strong>Esteban</strong><br />
<em>22-Jul-08 11:55 a.m.<br />
Tenemos que hablar.  Paso por vos a las 7 a tu casa.</em></p>
<p>Un suspiro profundo sigue a la lectura.  Y bueno, la idiota de la Yasmín seguro ya lo estaba haciendo tambalear.  Con esas sus falditas y su cara de mosquita muerta todo el día en la oficina cerca de Esteban, algo tenía que pasar  Y el otro caliente que no tiene principios.  Seguro que por ahí va la cosa y por eso lo sentí distante e indiferente cuando le hablé por teléfono.  <em>Tenemos qué hablar</em>, ¿no podías dejarlo para más tarde idiota?  Paula vuelve a la computadora y sigue revisando la documentación del proyecto y ahora le parece que tiene muchos puntos flacos que al cliente le habrán disgustado.  Almuerza en McDonald&#8217;s, sin ganas.  La comida no le cae bien y regresa con agruras a la oficina.  El cliente llegará a las 2:30.</p>
<p>Puntual, como siempre, don César llega, educado y cortés como es su costumbre, pero con gesto severo y molesto.  Entra a la oficina de Mayra y casi tira el cd del proyecto en el escritorio y se escucha claramente afuera cómo levanta la voz y dice: ¡Que alguien me diga qué es esto!</p>
<p>Mayra toma el cd y lo introduce a su computadora.  Y cuando mira lo que hay, se le sale un suspiro entre aliviado y avergonzado.</p>
<p>—Don César, este no es el cd del proyecto —explica Mayra—.  Es un piloto de una campaña que propusimos el año pasado a otro cliente.  Debe haber sido una equivocación y le mandamos un cd equivocado.  Entiendo su enojo y le pido disculpas.</p>
<p>—Ya decía yo que esto no podía ser —responde don César—.  También es cierto que no vi la presentación entera, si no, me hubiera dado cuenta.  No he tenido buenos días últimamente.</p>
<p>Luego entra Paula con el ambiente ya aliviado y explica ciertos detalles de la campaña.  Don César queda encantado y se va de la agencia sin imaginarse las penas que provocó por no ver bien el material que le habían enviado.  El personal ahora está alegre y Mayra dice que se pueden todos ir a casa, pero que mañana los quiere bien temprano, porque la campaña comienza en quince días y tiene que estar todo a punto.</p>
<p>Una vez resuelto el primer conflicto de nuestra historia, ahora viene la resolución del segundo.  El lector avezado ya habrá adivinado que el segundo conflicto también se resuelve favorable para Paula, así que miremos ahora cómo Paula sabe a qué se refería Esteban con su tenemos que hablar.</p>
<p>Paula se queda un rato más para revisar su email se conecta al gmail y ahí está, con una lucecita verde de chat, Esteban.  Hace clic en el nombre de su amado y chatean:</p>
<blockquote><p><strong>Yo</strong>: hola</p>
<p><strong>Esteban</strong>: hola cielo</p>
<p><strong>Yo</strong>: de qué es lo que vamos a hablar?</p>
<p><strong>Esteban</strong>: prefiero no decirlo ahorita<br />
esperame, teléfono</p>
<p><strong>Yo</strong>: ok</p></blockquote>
<p>Paula se pregunta ahora qué le irá a decir.  Si no le hubiera dicho cielo, pues la cosa sería terrible, habría que esperar lo peor.  O quién sabe, quién entiende a los hombres.  Esteban se asoma de nuevo al chat.</p>
<blockquote><p><strong>Esteban</strong>: volví</p>
<p><strong>Yo</strong>: ok, entonces qué es eso de tenemos que hablar?</p>
<p><strong>Esteban</strong>: pues tiene que ver con algo bueno :)</p>
<p><strong>Yo</strong>: bueno?? cómo??? y qué te pasaba en la mañana??</p>
<p><strong>Esteban</strong>: pues con algo como Cancún y luna de miel<br />
en la mañana me hicieron atender a un cliente malhumorado, en mi día libre!<br />
cielo, te veo en la noche, tengo que desconectarme, tqm</p>
<p><strong>Yo</strong>: tqm, bye</p></blockquote>
<p>Paula casi brinca de la alegría.  &#8220;Cancún y luna de miel&#8221; ¡qué bien suena eso!  Se asoma a la ventana de su oficina y mira cómo una tarde preciosa cubre a la zona 10.  Todo es tan bonito.  Baja al parqueo por su carro, sale del edificio, toma la Avenida Reforma, en el radio suena una canción vieja, de Frank Sinatra, <em><a href="http://youtube.com/watch?v=1rAsoLm1Ges">Fly me to the moon</a></em>.  Adelante de ella va un BMW, lindo, del año.  Paula silba contenta, piensa que en esta vida todo tiene solución, cuando el BMW nuevo se detiene de improviso y ella choca con él, y recuerda entonces que desde hace tres meses, por descuidada, no paga el seguro del carro.</p>
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