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Vos no sabés nada

Adiós Nonino, qué largo sin vos será el camino.

A vos te parece sencillo, pero no lo es. Ahora venís a reclamar igualdad cuando vos fuiste el que se fue y ni para sus cumpleaños te asomabas. Estabas conquistando el mundo, según vos, y no te quedaba tiempo ni de llamar a tu papá. Está bien, vos estabas en tu derecho, ok, lo que querás, pero por eso mismo no pensaba que vendrías a mencionar lo de la plata. Sos un cabrón, y no te pego un tu vergazo sólo porque estamos en la funeraria. Vos en realidad nunca fuiste su hijo, sólo fue que tenés su apellido, porque de alguna manera te tenías que llamar.

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Inversiones seguras

A Gustavo le acaban de informar por teléfono que su cuenta con la tarjeta de crédito acaba de pasar a cobro judicial. Después de colgar, resopla derrotado. No tiene la menor idea de dónde sacará dinero para pagar porque fue despedido de su trabajo la semana pasada. El carro ya lo vendió para pagar otras deudas y su mujer y sus hijos se fueron a la casa de los padres de ella, porque él está de un humor insoportable. Pero irracionalmente confía en que algo aparecerá y que la situación mejorará y todo volverá a la normalidad, si es que es posible la normalidad. Un sueño que tuvo anoche le hace pensar que todo irá bien.

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Historia con final feliz

Al principio la relación con la Gaby era por puntos. Yo le hacía mandados, la iba a dejar y a traer a algunas fiestas o la acompañaba a la casa de alguno de sus clientes. Luego de acumular suficientes puntos, ella me daba mi pago en especie. Una relación profesional, o más o menos. A veces yo le pedía algún adelanto porque había necesidad y ella nunca decía que no. La llevamos así por un buen tiempo hasta que todo se empezó a complicar. Cuando se involucra al corazón ya todo cambia, no es lo mismo.

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Los ganadores

Perico de los Palotes es un perfecto don nadie, como lo somos todos. No es ni más talentoso, ni más bonito, ni más feo, ni más desagradable que nadie. Aparte de alguna fobia por aquí, una manía por allá y una timidez galopante a cuestas, encaja dentro de lo que podríamos llamar normal. No obstante, es víctima, como lo somos todos, del marketing de los ganadores. Sí, esos que te repiten en los medios que se puede llegar a ser el mejor, que se puede llegar a ser millonario, que inventan libros para ser rico y que te dicen que con actitud llegarás a la cumbre, obviando convenientemente lo imprescindible que es el talento. Esos odiosos Og Mandinos que se hacen ricos haciendo creer a la gente que todos pueden ser el vendedor más grande del mundo.

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La cola del banco

Si vas al banco el día de pago cuando saliste tarde por culpa de López el contador, y necesitás el pisto para invitar a la chava de la recepción que al final de las cansadas te aceptó un cine, seguro encontrás que la cola sale del banco y termina a mitad de la cuadra. Resignado hacés la cola y tenés que estar ojo al macho para que nadie se cuele y cuando llegás a la puerta le caés mal al policía, que te registra hasta los zapatos y te dice que no alegués porque sinó no te deja entrar. Y entrás y no hay sistema, esperás media hora rezando para que vuelva y parece que dios sí te hizo caso y vuelve, pero sólo faltan 25 minutos para que cierren el banco y todavía hay cola. La cola empieza a avanzar y todo parece ir mejor, está caminando y llega hasta tres turnos antes que vos pero sólo un cajero atendiendo. Y pasan dos de los tres y ya sentís un poco de alivio, porque ya con el pisto invitarás a la recepcionista —que te está esperando en el edificio—, que no es que esté tan rica que digamos, pero tiene ese nosequé, usa un perfume que le queda rebién, es amable y buena onda, y cuando se pone su minifalda gris se ve fenomenal. Vas a ser chistoso, ameno y romántico, vas a sacar tu genial repertorio de frases ocurrentes y a la recepcionista no le va a quedar más remedio que darte un ardiente beso con lengüita, signo inequívoco de que este arroz ya se coció. Pero resulta que el tipo que está delante de vos en la cola, cuando le toca su turno saca de su portafolio mil cheques con mil depósitos y el desgraciado, ajeno a tu causa desesperada, no voltea a ver para que vos podás decirle que sólo vas a cambiar un pinche cheque. Cierran la puerta del banco y ya sólo vos y el cuate de los mil depósitos están de clientes. Por fin llegás a la ventanilla y el cajero te asusta diciendo que no hay fondos. No puede ser, le decís vos casi histérico y él vuelve a revisar la pantalla y sí tiene fondos y te paga. Salís del banco hecho pistola para regresar al edificio y entonces mirás que la recepcionista ya no te esperó y justo está cruzando la esquina con López, el contador maldito que te pagó tarde para arruinarte la vida.

Un loteriazo en plena crisis

Hace un mes fui a sacar dinero a un cajero automático. Inserté mi tarjeta, tecleé mi clave y elegí el monto. El cajero hizo su acostumbrado ruidito de como que está pensando. Esperaba ver los cien quetzales que le pedí, cuando veo venir cinco billetes de cien en lugar de uno.

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Plan B

Creo que cualquier hombre que se precie, debe tener un plan B. Porque cuando el plan A falla o no está caminando bien, debe hacerse un alto y replantear la cosa. Mi plan A consistía en hacer pisto, principalmente para comprar todos los libros y CD’s que se me antojaran y para viajar por el mundo. Pero resulta que en el camino aprendí a tocar instrumentos andinos y me distraje totalmente de mi objetivo inicial. Más recientemente, escribo en blogs y es la misma cosa. Y además me he dado cuenta de que no sirvo para hacer dinero, soy un desastre total. Por más que me he leído muchas historias tipo Newsweek: “Fulanito de Tal ingresó en 1992 a la empresa X y logró un incremento de ventas del 20% anual, mediante prácticas de Benchmarking y Calidad Total”.

Ya estoy harto, y es hora de ir al plan B. Este consiste en algo fácil: conseguir una vieja solterona y con dinero. Ya sé que a vos que leés esta página no te parecerá correcto, pero es mi decisión y qué. Eso del matrimonio por amor es una mentira total, y si no, que lo digan los casados. La gente se casa por evitar la soledad o con fines puramente sociales o reproductivos. Me imagino que ha de ser bonito tener hijos, pero la desventaja para nosotros los hombres es que no nos podemos embarazar. Porque si pudiéramos, a la hora que nos agarre la gana de tener un patojo, llamaríamos a una mujer y la invitaríamos a unas noches de placer, hasta quedar embarazados. Y luego, desapareceríamos. Esa es una de las injusticias de la naturaleza.

Pero bueno, me estoy empezando a salir del tema. Volvamos al plan B. Para conseguirme una vieja ideal, debo hacer una base de datos con las características mínimas: cuentas jugosas en dólares, solterona tímida, pocos familiares. Luego viene la segunda fase, que es una exploración de campo: estudiar los principales defectos y cualidades, las actividades favoritas y el círculo social.

Después deberé de hacer cálculos y gráficas de regresión lineal múltiple para correlacionar las principales variables. Por último escoger de 3 a 5 candidatas que hayan punteado mejor según los parámetros escogidos, y empezar el ataque. Me parece válido aplicar el método científico también en estos casos. No me puede fallar, consigo la vieja, me caso y tendré pisto.

Entonces, ya con dinero, seré feliz.

Pidiendo pisto

Llamo a un mi cuate para pedirle prestado:

Yo: —Qué onda vos, ¿cómo te va?
Mi cuate: —Que onda mano ¿cómo te va?
Yo: —Tranquilón vos ¿y vos?
Mi cuate: —Tranquilón.
Yo: —Y ¿que tal de chance?
Mi cuate: —Pues algo jodido vos, no hay chance.
Yo: —¿Y no que te había ido bien pues?
Mi cuate: —Pues sí, pero la mara no paga vos. Mala onda.
Yo: —Pa’ que jodidos. Esos pisados siempre hacen eso.
Mi cuate: —¿Vos no tenés cien pesos que me prestés?

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