<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Anecdotario.net &#187; Facebook</title>
	<atom:link href="http://www.anecdotario.net/tag/facebook/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.anecdotario.net</link>
	<description>Anécdotas, historias y relatos</description>
	<lastBuildDate>Tue, 07 Feb 2012 07:25:43 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0.1</generator>
		<item>
		<title>Día libre</title>
		<link>http://www.anecdotario.net/dia-libre/</link>
		<comments>http://www.anecdotario.net/dia-libre/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 May 2011 15:36:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Chat]]></category>
		<category><![CDATA[Facebook]]></category>
		<category><![CDATA[Redes Sociales]]></category>
		<category><![CDATA[twitter]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.anecdotario.net/?p=1111</guid>
		<description><![CDATA[A media mañana fui a un comercial a comprar tiempo de aire para mi celular. Me acerqué a un kiosco que tenía un rótulo de doble tiempo de aire. Atrás del mostrador iluminado, estaba una muchacha de no más de veinte años, con el rostro transfigurado por la luz del monitor de su computadora. Me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A media mañana fui a un comercial a comprar tiempo de aire para mi celular. Me acerqué a un kiosco que tenía un rótulo de doble tiempo de aire. Atrás del mostrador iluminado, estaba una muchacha de no más de veinte años, con el rostro transfigurado por la luz del monitor de su computadora. Me vio llegar, pero apenas levantó los ojos del monitor y volvió a teclear y a esperar respuesta. Luego sonó el clásico bip de respuesta del chat y la muchacha se rió de buena gana. Yo estuve allí un par de minutos, pero ella no volvió a verme, pese a que estaba situado enfrente de ella. Me sentí incómodo pero preferí no hablarle, porque cuando le interrumpís a una adolescente su chat, es ganarte una maldición. Así que me encaminé hacia otro kiosco, pero entonces la muchacha reaccionó y me preguntó, amable, que qué se me ofrecía.<span id="more-1111"></span></p>
<p>—Ah —le dije—, necesito cincuenta quetzales de tiempo para mi celular.</p>
<p>—Con mucho gusto —respondió—. </p>
<p>—Gracias señorita. </p>
<p>—Perdone, es que estaba platicando con mi novio.</p>
<p>Como hacía mucho calor, pasé a una heladería y pedí una nieve. Mientras la tomaba, vi a una adolescente sentada en una banca, en uniforme de colegio, con su cabeza agachada sobre un teléfono celular. Estaba enviando mensajes de texto a la velocidad de la luz. A veces, cuando la respuesta no parecía gustarle rechistaba frunciendo el ceño. Si le gustaba la respuesta, sonreía y respondía más rápido.<br />
Después de varios minutos de idas y venidas de mensajitos, levantó la cabeza del celular y resopló. Miró a su alrededor con una mirada aburrida, sacó unos audífonos de su mochila, se los colocó en el oído y volvió al celular. Empezó de nuevo a enviar mensajes.</p>
<p>Luego caminé hacia el supermercado a hacer unas compras que hacían falta. Ahí me encontré con mi amigo Fernando, un visitador médico exitoso. Siempre bien vestido y perfumado, me saludó con la ceremonia con que suelen saludar los vendedores profesionales. Gustazo de verte vos, cómo has estado, mirá que me alegra mucho saludarte. Después de la pequeña conversación cordial de rigor, recibió una llamada en su celular. Le dijo mi amor cómo está, la he extrañado, por qué no me había llamado. Y sin más ceremonia, se despidió de mí, aduciendo que la llamada era muy importante y que me llamaría para tomar una cerveza un día de éstos. </p>
<p>Después de pagar por lo que llevaba, pensé en revisar mi correo electrónico en un cibercafé del lugar. Atendía un muchacho flaco, con el pelo sobre la frente y un arete en la nariz. Estaba jugando fútbol en la computadora. A cada pase que tenía que hacer el jugador en la pantalla, al muchacho parecía torcérsele la boca, se balanceaba a los lados cuando el portero tenía que atajar y cuando al fin metió gol, lo gritó como si estuviera en el estadio, alzando el puño en señal de victoria. Hasta ese momento se dio cuenta de mi presencia. Le pedí una hora de tiempo y me senté a la par de una jovencita que actualizaba su Facebook. En el chat me encontré con una amiga, que me dijo que no podía hablarme mucho, porque salía en ese momento para una cita con sus amigas. La muchacha que actualizaba su Facebook llevaba una memoria usb de la cual escogía las fotos que publicaría en su perfil. Tenía cientos de fotos, pero no se decidía por ninguna. No era una muchacha muy bonita, pero me pareció atractiva. En un momento me pidió que opinara sobre dos fotos, para escoger una para su perfil. Le dije que en la foto donde estaba con la playera verde me parecía bien. Ella me agradeció pero escogió la otra, en donde tenía playera roja y tenía una sonrisa practicada en el espejo para lucir en Facebook. No volteó a verme nunca más.</p>
<p>En el trabajo yo había pedido el día libre, a cuenta de vacaciones, porque me sentía aturdido de tanto trabajo. Pensé que al tener tiempo podría relajarme y olvidarme un poco de la rutina. Pero lo cierto es que al regresar a casa para el almuerzo, extrañé no ir a la cafetería de siempre, con la mesera culona de sonrisa amable.</p>
<p>Por la tarde quedé con mi hermana para refaccionar. Ella es una ejecutiva importante, siempre nos hemos llevado bien. Llegó, unos quince minutos tarde, sofocada por el calor, disculpándose y anunciándome que no se podía quedar mucho tiempo, pero que le alegraba verme. Ella pidió un refresco y yo una cerveza. A los cinco minutos de conversación, sonó una alarma en su teléfono. Cuando lo sacó vi que era uno de esos muy modernos, a los que les llaman inteligentes. Ah, sí, me dijo entusiasmada, con este puedo enviar mis mensajes a Twitter y conectarme con gente importante. Es buenísimo eso del Twitter, me contó, mientras enviaba una respuesta a su amigo de México, según me dijo. Luego descubrió que uno de sus seguidores de Twitter le había enviado un video, que me mostró. Era un niño que no paraba de reírse, lo que a los dos nos provocó risa. Mi hermana escribió un tuit en el que contaba que estaba tomando una cerveza con su hermano favorito. Pero si sólo tenés uno, le dije, y además sólo yo tomo cerveza. Se rió de buena gana y se quedó más tiempo del que había anunciado. </p>
<p>Al salir de la cafetería empezaba a oscurecer. Mi hermana al entrar a su carro envió un <em>tuit</em>, seguro contando que había terminado su reunión conmigo. Yo me fui a casa, y encontré a mi mujer subiendo las fotos de la reunión a la que habíamos ido el domingo. Aunque me saludó cariñosa, siguió entretenida con su tarea. Yo, por mi parte, encendí la tele y me puse a ver el noticiero. A pesar de haber tenido el día libre, sentí alivio porque iría al trabajo de nuevo por la mañana. Como había comido algo con mi hermana ya no me preocupé por cenar, y me terminé quedando dormido en el sofá. Cuando desperté, ya en la madrugada, la tele estaba apagada y yo estaba a oscuras. Me levanté con pereza para ir a la cama, pero el movimiento me despabiló tanto que ya no pude volver a dormir, y entonces, para no esperar la luz del día con los ojos clavados en el techo, me fui a la computadora y abrí el chat. </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.anecdotario.net/dia-libre/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>16</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El celular</title>
		<link>http://www.anecdotario.net/el-celular/</link>
		<comments>http://www.anecdotario.net/el-celular/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 20 Apr 2010 13:51:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Celulares]]></category>
		<category><![CDATA[Facebook]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.anecdotario.net/?p=930</guid>
		<description><![CDATA[Son las siete de la mañana del domingo y Gustavo ya está listo para ir a la iglesia. Sus dos hermanas y sus papás corren por toda la casa buscando ropa, zapatos, lociones, bolsas, peines y celulares. Luego de algunos minutos, el siguiente en estar listo es su papá. Ambos se sientan en el sofá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Son las siete de la mañana del domingo y Gustavo ya está listo para ir a la iglesia.  Sus dos hermanas y sus papás corren por toda la casa buscando ropa, zapatos, lociones, bolsas, peines y celulares.  Luego de algunos minutos, el siguiente en estar listo es su papá.  Ambos se sientan en el sofá de la sala y sonríen cómplices al ver a la hija grande, que se ha puesto un zapato de uno y otro de otro.  En un instante el padre mira a Gustavo y lo siente extraño, hoy no regaña a sus hermanas por la tardanza, no se muestra ansioso y tiene un semblante tranquilo.  Recuerda entonces el porqué. <span id="more-930"></span> Hoy, después del servicio en la iglesia, Gustavo irá a comprar un celular nuevo.</p>
<p>La familia se encamina a la iglesia.  A través de los vidrios del carro se mira una mañana soleada.  La hija pequeña comienza a cantar una canción que le enseñaron en el colegio.</p>
<p><em>Cinco pececitos nadaban y nadaban,<br />
vino un tiburón y a uno se comió.<br />
cuatro pececitos nadaban y nadaban,<br />
vino un tiburón y a uno se comió.</em></p>
<p>Al oír a la niña, al padre le entra una extraña sensación de fatalidad.  Prefiere pensar en que en un día tan bonito nada puede pasar, quizás sea cuestión de leer menos periódicos o no ver el noticiero de la noche.  Tantas noticias malas le han de haber provocado esa sensación de fatalidad.  Gustavo en el asiento de atrás le hace cosquillas a la hija pequeña, que ríe contenta, mientras la grande intenta aprovechar algunos minutos más de sueño.  Tiene la boca bien abierta de lo dormida que está.</p>
<p> Ya en la iglesia, los padres de Gustavo saludan a las familias amigas y los niños juegan en el patio.  Gustavo espera a ver a Sandra, una de las jóvenes del grupo de los sábados.  Le contará a ella que hoy comprará un nuevo celular y le enviará un mensaje nomás lo tenga.  No será un iPhone o una Blackberry, pero tiene una pantalla touch y está chilero.  Ese celular es el fruto de su trabajo en las vacaciones, ahorros en su mesada, y regalos en efectivo para su cumpleaños.</p>
<p>Pero los minutos pasan y Sandra no llega.  El servicio va a comenzar y a Gustavo no le queda más que entrar a la iglesia, lamentándose no haberla visto.  La busca en las bancas, voltea a ver pero no la mira, quizás hoy no venga, piensa.  Pero por ahí, después de las canciones de introducción, Sandra llega a la iglesia.  Lleva puesto una blusa verde, un pantalón negro.  Su pelo suelto brilla puro comercial de la tele.  La busca con la mirada para saludar, y ella lo mira.  Le sonríe.</p>
<p>El pastor en su prédica le dice a sus feligreses que Dios quiere que seamos prósperos, que vivamos en abundancia, que seremos bendecidos si creemos y damos testimonio.  Dios quiere que seamos felices.  Pero debemos recordarnos de Él y ofrendar para tener una cuenta en el cielo, para cuando dejemos esta tierra.  Gustavo asiente, levanta la mano derecha diciendo amén y piensa en su celular touch y en el primer mensaje de texto que le enviará a Sandra la bella, como él la llama.</p>
<p>Después del servicio, en la puerta de la iglesia, Gustavo se encuentra con Sandra.  Le cuenta de la compra que hará por la tarde, un celular bien chilero con pantalla touch.  Sandra sonríe coqueta y le dice que está bueno, que le envíe el mensaje de texto, ella todavía tiene un poco de saldo para contestarle.  Al darle el beso y abrazo de despedida, Gustavo aprovecha para oler el aroma de su princesa.</p>
<p><em>Dos pececitos nadaban y nadaban,<br />
vino un tiburón y a uno se comió.<br />
Un pececito nadaba y nadaba,<br />
vino un tiburón y se lo comió. </em></p>
<p>La familia almuerza en un comercial.  La hija mayor quiere pizza, la menor quiere hamburguesa, mamá y papá comerán pollo frito.  Gustavo les dice que prefiere ir a comprar su celular a una de las tiendas, que luego comerá rápido o pedirá para llevar a la casa.  Camino a la tienda de celulares, piensa en que también actualizará ahora su estado de Facebook desde el celular.  A veces no entiende por qué a la gente le encanta contar que está comiendo en tal lado, o que se levantó de malas, o que hay frío o calor, buenos días, buenas noches.  Pero él no se quiere quedar afuera.  A la noche, justo antes de dormir, enviará un mensaje para actualizar su Facebook, diciendo <em>buenas nochesss</em>.  Con suerte Sandra esté conectada y le responda con un emoticon sonriente.</p>
<p>Gustavo entra en la tienda y pide directamente, sin ceremonias, el celular que quiere.  Un muchacho que se mira buena onda lo atiende, toma el celular que quiere su cliente, le ingresa saldo y se lo entrega al adolescente impaciente.  Prueba a llamar a su papá y le cuenta que ya tiene el celular nuevo.  Luego escribe un mensaje de texto para Sandra: <em>hola! ya tngo el nvo cel stoy n miraflrs</em>.  Para su sorpresa, al salir de la tienda, recibe respuesta de Sandra:<em> k bn! yo stoy n peri, pq no venis?</em>  Gustavo casi pega un brinco de alegría, ella está en un comercial cercano y quiere verlo.</p>
<p>Después de ponerse de acuerdo con sus papás, que harán unas compras, sale caminando al otro comercial, que está al otro lado de la carretera a algunas cuadras de distancia.  Va muy emocionado con su nuevo celular en la mano, tiene una cámara de un montón de pixeles y mp3 y una memoria de dos gigas.  Verá a Sandra además.  No se puede pedir mejor domingo.  Decide cruzar la carretera sin subir a la pasarela.  Cuando comienza la carrera para llegar al arriate central, de repente escucha que alguien grita ¡cuidado! y voltea ver confundido, mientras una camioneta agrícola lo golpea y lo envía varios metros por los aires.  Antes de caer en el asfalto, Gustavo escucha a su hermana cantar un <em>pececito nadaba y nadaba, vino un tiburón y se lo comió</em>.  El celular sale también volando.  Lo recoge un muchacho que se lo mete a la bolsa del pantalón y sigue caminando, como si no hubiera pasado nada.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.anecdotario.net/el-celular/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>51</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La cita</title>
		<link>http://www.anecdotario.net/la-cita/</link>
		<comments>http://www.anecdotario.net/la-cita/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 12:46:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Chat]]></category>
		<category><![CDATA[Facebook]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>
		<category><![CDATA[Redes Sociales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.anecdotario.net/?p=522</guid>
		<description><![CDATA[Gloria está enamorada. Gilberto es un hombre muy agradable, inteligente, diez años mayor que ella y en buena posición económica. Un buen partido. No es muy alto ni muy atractivo, pero lo compensa con su buena disposición romántica. El marido de Gloria no sabe nada. Ella todas las tardes se conecta por horas al chat [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Gloria está enamorada.  Gilberto es un hombre muy agradable, inteligente, diez años mayor que ella  y en buena posición económica.  Un buen partido.  No es muy alto ni muy atractivo, pero lo compensa con su buena disposición romántica.  El marido de Gloria no sabe nada.  Ella todas las tardes se conecta por horas al chat para hablar con Gilberto.  Aún no se conocen en persona, a pesar de la insistencia de él.  Pero todo le dice a Gloria que él es el indicado para vivir ese sueño romántico que con su marido no tiene ni tendrá.<span id="more-522"></span></p>
<p>Gloria lleva 10 años de matrimonio con Juan José, con quien se casó para no estar sola.  Ella tenía 27 cuando lo conoció y pensó que ya no vendría nadie más.  Juan José era amable, caballero, con un buen empleo.  No la hacía suspirar ni soñar, pero parecía buen hombre.  Aceptó la propuesta de matrimonio sin demasiado entusiasmo.  Quizás con el tiempo aparecería el amor, pensó al principio.  Nunca se asomó el amor.  De tenerse un cariño amistoso no han pasado.</p>
<p>No tuvieron hijos porque ella es estéril.  Si tan sólo hubieran podido tener uno, pensaba muchas veces, sus noches no serían tan largas y sus desvelos tendrían motivo real.  Por esta y por otras razones, el mismo Juan José se había alejado de ella y dormían en cuartos separados.  Gloria le descubrió una amante, pero en lugar de molestarse se alegró por él, aunque lo envidió un poco.  Muchas veces sin motivo aparente, ella lloraba en la cocina o en la sala, mientras escuchaba música romántica.</p>
<p>Gloria lleva un año sin tener trabajo.  Ha enviado su hoja de vida a muchas empresas, pero no ha salido ningún empleo real.  Cuando se quedó sin empleo, se convirtió en una vagabunda de internet, saltando de enlace en enlace, aburriéndose cada vez más.  No había usado mucho el chat hasta ahora, y si no fuera por su sobrina que se fue becada a México, no habría abierto su perfil de facebook y no hubiera puesto su foto y no hubiera conocido a Gilberto.</p>
<p>Todavía recuerda cuando una tarde, como a las tres, miró una solicitud de amistad de un tal Gilberto, vio su foto, le pareció simpático y aceptó la solicitud.  Gilberto siempre dejaba enlaces con videos musicales que a ella le gustaban y empezó a comentar en su perfil.  Gilberto después le pidió su dirección de messenger y ahí empezó todo.  Gloria sonríe al recordarlo.</p>
<p>Gilberto está separado de su mujer.  Ha viajado y conocido gente, y le dice a ella que siente que ella es especial y diferente, que le gustaría conocerla.  Llevan así tres meses, pero ella no quiere arriesgarse todavía.  Además del chat, él la llama por teléfono, le pregunta cómo está, cómo le fue en la última entrevista de trabajo, cómo siguió de su catarro.  La anima, le desea suerte, la hace sentirse importante y querida.</p>
<p>Gloria en realidad no tiene demasiada necesidad de trabajar.  De su padre heredó una buena cantidad de dinero que genera todos los meses una buena cantidad en intereses.  Pero estar desocupada no le gusta.  Nunca le interesó el arte o la ciencia, nunca tuvo un grupo de amigas con quienes practicar el chisme.  Toda la gente en realidad terminaba por aburrirla.  Intentó ir con un sicólogo, pero éste quiso seducirla.</p>
<p>Gilberto, por otra parte, ha tenido las palabras precisas y la actitud necesaria.  Ella se siente enamorada, siente que por fin experimentará qué es el amor verdadero.  Aún no se ha atrevido a conocerlo, pero siente que ya es tiempo.  Todavía tiene un buen cuerpo y la elegancia que le dejaron las clases de ballet en la niñez y adolescencia.  Quizá Gilberto es el último tren en camino a la felicidad.</p>
<p>Una tarde aparece Gilberto en el chat y le dice que hoy es el día.  Deben conocerse.  Le dice que si no es así, que mejor se olviden uno del otro, que no vale la pena seguir así, sin conocerse, sin verse cara a cara.  La cita en un centro comercial, a las cinco en punto.  Es ahora o nunca, si hay algo real entre los dos, hoy se sabrá, mañana será demasiado tarde.  Debe ser hoy.</p>
<p>Ante el ultimátum de Gilberto, Gloria no tiene más remedio que asistir a la cita.  La conversación la emocionó, hasta la hizo sonreír.  Por momentos su corazón se aceleró y sintió otra vez la alegría adolescente del enamoramiento.  Se pone bonita y ensaya su mejor sonrisa al espejo.  Conocerá a su enamorado del chat, habrán chispas de amor por todos lados y se sentirá caminando en las nubes.</p>
<p>Ella llega puntual a la cita.  Gilberto no ha llegado.  No le gusta eso, ella será la que espera.  ¿Y si la deja plantada?  Será la ridícula enamorada del tipo del chat.  Qué patético.  Pero bueno, aún no ha pasado mucho tiempo, no hay que pensar en fatalidades que no han pasado.  Mejor respirar profundo y esperar un tiempo prudencial, no hay que ser tan exigentes.</p>
<p>Quince minutos después de la hora pactada aparece por fin Gilberto.  Viste un elegante traje y unas relucientes mocasinas.  No se mira mal.  Al saludarlo ella no atina a decir palabra y Gilberto sonríe.  Un torpe beso en la mejilla empieza la cita de la tarde.  El se disculpa, tuvo que hacer un trámite de trabajo a última hora y por eso no estuvo puntual.  Ella se lo perdona y ya con más confianza le toma el brazo y caminan juntos a la cafetería del comercial.</p>
<p>Durante la plática, al calor de un café expreso, Gloria nota que Gilberto tiene un tic en la ceja izquierda.  Esta se levanta cada dos o tres minutos, a veces con un espasmo repetitivo que dura unos cuantos segundos.  Gilberto es muy amable con ella, pero trata mal al mesero, con cierto desprecio propio de la clase social alta, prepotente e inculta.  Ella empieza a sentirse incómoda.</p>
<p>El le dice que recién viene de tratar con un cliente que invertirá 200.000 dólares en un proyecto inmobiliario nuevo, del que está a cargo.  En su empresa aceptan inversiones de 100.000 dólares para arriba, pero si ella está interesada, por la amistad y confianza que le tiene, podría ver si se puede entrar con menos.  Es una buena oportunidad, el proyecto es magnífico, y seguro generará buenas ganancias a los inversores.  Es de aprovechar.</p>
<p>A Gloria le parece vulgar la manera en que Gilberto habla de negocios y de dinero.  Recuerda ahora que le mencionó la herencia de sus padres y que él nunca había hablado de dinero en sus conversaciones de chat y celular.  El tic en la ceja izquierda la empieza a desesperar.  Toda la ilusión de conocer a alguien genial se desvanece y ella comienza a buscar alguna excusa para irse temprano.  Gilberto después de un tiempo de plática se levanta para ir al baño y Gloria aprovecha para pagar la cuenta e irse.</p>
<p>En el camino de regreso a casa Gloria se pregunta cómo puede haber caído de tonta, cómo pudo haber contado toda su vida a un extraño y creerse enamorada.  Recuerda las frases cariñosas, las palabras de aliento, los chistes y ocurrencias.  Todo parecía tan real.  ¿Y si el tipo realmente tenía esas inversiones? Pero ese tic, ese molesto tic de la ceja izquierda, y esa rudeza con el mesero.  Ese tic que no se le olvida.  Es como si el tipo del chat fuera diferente al de la cita.  A mitad del camino a casa Gloria comienza a llorar mientras en la calle llueve en pleno noviembre.  Al llegar a casa, busca la botella de vino y bebe un vaso tras otro hasta acabársela.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.anecdotario.net/la-cita/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>58</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

<!-- Performance optimized by W3 Total Cache. Learn more: http://www.w3-edge.com/wordpress-plugins/

Minified using disk
Page Caching using disk (enhanced)
Database Caching 9/11 queries in 0.513 seconds using disk
Object Caching 303/313 objects using disk

Served from: www.anecdotario.net @ 2012-02-08 10:55:40 -->
