Archivo de la etiqueta: Familia

Vos no sabés nada

Adiós Nonino, qué largo sin vos será el camino.

A vos te parece sencillo, pero no lo es. Ahora venís a reclamar igualdad cuando vos fuiste el que se fue y ni para sus cumpleaños te asomabas. Estabas conquistando el mundo, según vos, y no te quedaba tiempo ni de llamar a tu papá. Está bien, vos estabas en tu derecho, ok, lo que querás, pero por eso mismo no pensaba que vendrías a mencionar lo de la plata. Sos un cabrón, y no te pego un tu vergazo sólo porque estamos en la funeraria. Vos en realidad nunca fuiste su hijo, sólo fue que tenés su apellido, porque de alguna manera te tenías que llamar.

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El último día

Don Alberto Galindo supo una noche antes que iba a morir. Durante ese día en la mañana hizo algunas visitas a sus amigos y por la tarde se sentó en la sala de su casa pensando en si sería cierta la visión que había tenido la noche anterior y si realmente su muerte estaba cerca. Le contó su visión a su hijo menor, Cristóbal. Extrañado por no ver venir a la muerte por ningún lado, dada su salud de roble, don Alberto salió a la puerta de su casa a observar la calle y decidió dar un paseo por su barrio. Cuando dobló la esquina, una camioneta agrícola manejada por un borracho lo atropelló.

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La televisión

Una tarde de tempestad la descarga eléctrica de un rayo quemó para siempre la vieja televisión de la casa de doña Rosa. La pequeña Moni, de 5 años, que veía sus caricaturas, soltó el llanto por el susto del rayo y por la televisión quemada. Doña Rosa acudió veloz, tomó el control remoto e intentó volver a la vida al aparato inerte oprimiendo todos los botones. Luego le dió varios golpes, hasta que comprobó que no volvería a la vida. ¡Se quemó esa babosada!, exclamó furiosa. Llamó por teléfono a su hija mayor y a su yerno, por la noche los quería temprano en la casa, les dijo con tono urgente.

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Patines rotos

Papa, te juro que así fue, creéme. Yo no tengo por qué mentirte, sí ya sé, yo he cometido mis locuras y tenés razón de estar bravo, te lo voy a contar otra vez pues. Despacio y con buena letra, como decís vos. Mirá pues, anoche salí de la fiesta de la Lucy y no te niego que tenía algunos tragos encima, pero no eran muchos. Sí, de veras que no eran muchos. Vos nos has enseñado que no nos dejemos, que si te pegan hay que responder. Pero esta vez no era tan fácil la cosa, ese cuate del otro carro sí que estaba loco.

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El migrante

A veces la historia es como la de aquel chavito que se fue para Estados Unidos, que trabajó y trabajó diciendo que un día iba a regresar a Guatemala. Siempre envió puntual la remesa para sus papás, y con el tiempo alcanzó para construir una casa bien grande para cuando regresara. El chavo, después de 20 años, ya no era tan chavo. Ya tenía cuatro hijos y una pequeña fortuna en dólares que traducida a quetzales ya se miraba bonita. Decidió entonces regresar para quedarse.

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El mejor candidato

El último sábado de mayo, iba yo al cementerio de Coatepeque a enterrar al último de los hermanos de mi papá. Cualquiera que haya enterrado a un ser querido se podrá imaginar cómo es la cosa. En este caso, mi tío ya era anciano y había vivido ya una existencia productiva y decente, así que el dolor tiene su atenuante. Un par de días antes, lo había visto en el hospital ya muy grave, después de un par de meses de sufrir, sabíamos todos que el final estaba cerca.

Camino al entierro del tío, en el parque central nos encontramos con un mitin político de un tipo que ofrece “mano dura” para arreglar los problemas. El mitin lo interrumpimos con el cortejo fúnebre y el hecho quedó registrado en una nota de prensa, en la que erróneamente dice la periodista que íbamos a la iglesia. La nota finaliza con la supuesta frase que dijo un asistente al mitin, refiriéndose al muerto que iba de camino: “ahí va el mejor candidato”.

Jerga familiar

Cada familia tiene sus palabras propias. Por ejemplo, el carro que va adelante y es algo antiguo y va lento es un tuztepito. Mi papá no es Joaquín, es Don Juaco o peor aún, Joaquicidio. Si yo estoy muy cansado estoy tuztepiciado. Mi sobrino-nieto no es Fernando, es el pequeñín. Si alguien está haciendo mucha bulla, está haciendo un relajicidio. Mi hermano no es Julio, es locatario y chambreman, entre otros. A veces no digo pobre, digo póbreto. Un niño perdido es un chiló o chilojito. A mi mamá no le digo mamá, le digo bizcabuelita. Mi hermana no se llama Miriam, se llama Miriana. Desde que nació la Paola mi sobrina, todas las niñas son Politas. Si alguien mezcla muchas cosas el resultado es un chirmolmix. El auto es un carrinto. Hay una cafetería que nunca existió que se llama Plansh-Plonsh. Antón Chejov, un escritor ruso, se apellidaba realmente Chicoj.

Si algo se me olvidó, es porque ya estoy demasiado abuelito.

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