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	<title>Anecdotario.net &#187; Familia</title>
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	<description>Anécdotas, historias y relatos</description>
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		<title>Un padre de familia</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Oct 2010 15:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Humor]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando nació el Carlitos yo fui el hombre más feliz. Un hijo, una pequeña persona de la cual cuidar, a la cual mimar, a quien enseñarle el mundo, a quien sonreírle diciendo tonteras. Un niño del que me tenía que hacer cargo. Sin duda he cometido muchos errores, pero el Carlitos no es una mala [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando nació el Carlitos yo fui el hombre más feliz. Un hijo, una pequeña persona de la cual cuidar, a la cual mimar, a quien enseñarle el mundo, a quien sonreírle diciendo tonteras. Un niño del que me tenía que hacer cargo. Sin duda he cometido muchos errores, pero el Carlitos no es una mala persona, es un muchacho noble. Pero ahora que ya cumplió 15 años todo es muy diferente. Descubrió que hay un mundo afuera y que yo no siempre encajo bien ahí. <span id="more-996"></span></p>
<p>Después de años de ser recibido con alegría al llegar a casa, ahora me topo con que apenas me voltea a ver porque lo que dicen sus amigos de los mensajitos de celular, de Facebook, Twitter, chat o cuanta mierda esté de moda. Se emociona con cada comentario y celebra cada ocurrencia que lee en un español inentendible. Los muchachos creen que con cambiar letras u omitirlas lo que dicen será más ocurrente. Y ahí está el Carlitos siendo parte de eso escribiendo cosas como <em>Ola kmo staz?</em>, o escribiendo estados de Facebook tipo <em>xando la weva</em>. Cuando no está en el Facebook o en el chat, sale a la calle a vagabundear con sus amigos de la cuadra. Van de comercial en comercial viendo vitrinas y comprándose unas papas fritas y un agua y viéndole el culo o las tetas a las mujeres. Van con la intención de encontrarse con alguna chavita bonita y hablarle y enamorarse y tener aventuras así como en las películas. Vuelven siempre igual como se fueron, sin haber vivido grandes aventuras ni conquistas amorosas. Eso sí, cansados y con hambre.</p>
<p>Yo le he dicho a veces, mirá Carlitos, leé algo, desburráte un poco siquiera. Qué hueva, me contesta. A la edad tuya yo estaba descubriendo a Edgar Allan Poe, a Cortázar, a Emily Brontë. Vos no pasás de la Lady Gaga, esa tipa que más parece un travesti, le digo. Asienta del mal humor y rápido se va a su cuarto y se encierra. Creo que hice mal en ponerle el internet en su cuarto; pasa horas ahí, y yo sé bien lo que está haciendo, pero ¿qué hago? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.</p>
<p>No le gusta tocar ningún instrumento musical, ni el dibujo o las artes, apenas juega un poco de fútbol los sábados. Ni siquiera sintoniza de perdida al Discovery Channel. La mitad de las materias que recibe en el colegio no le gustan; la otra mitad le aburren. No quiere ir a trabajar de vacacionista a ningún lugar. Su estado en el chat es generalmente “aburrido”. No quiere ayudar en las tareas de la casa. Es un buen muchacho, ya se los conté, pero me preocupa que no tenga ni talento, ni espíritu emprendedor, ni metas, ni ganas de aprender cosas nuevas. ¿Qué pasa si mañana me muero y se queda solo con su mamá?</p>
<p>Lo peor es que ya quiere empezar a salir por la noche. Hasta que cumpla los 18 tengo la excusa de su edad, así que tengo aún tiempo para pensar en cómo cuido a este patojo. Qué bueno que no es mujer, porque ahí sí que ya habría comprado mi escopeta y ay de aquel que se acercara mucho. Pobres los papás que tienen sólo hijas mujeres, los compadezco.</p>
<p>El otro día estaba de nuevo frente a la computadora. Lo abordé seriamente y le hablé:</p>
<p>—Carlitos vení para acá —le dije.</p>
<p>—¿Y ahora qué querés? —me contestó sin despegar la vista del monitor de la computadora, sosteniéndose la barbilla con la mano izquierda.</p>
<p>—Vos vení.</p>
<p>Perezosamente se levantó de su silla y caminamos juntos a la sala.</p>
<p>—¿Qué querés? —dijo al sentarnos en el sofá.</p>
<p>—No me hablés así, que soy tu padre —contesté serio—, más respeto.</p>
<p>—Ok, perdón, decime pues.</p>
<p>—Mirá Carlitos&#8230;</p>
<p>—Ya no me digás Carlitos.</p>
<p>En eso entró la mamá de la calle y le pidió que la ayudara con las cosas del super. Lo había salvado la campana. Sonrió cuando su mamá le gritó desde el garage. Después de que terminó de ayudar a su madre, seguimos la plática.</p>
<p>—Mirá, tus notas están un poco bajas, si seguís así, vas a salir raspado.</p>
<p>—¿Y? —respondió, con gesto insolente.</p>
<p>—¿Cómo que “Y”? Mirá cerote, —le dije molesto— vos ya te estás pasando, un día te echo de la casa, a ver si servís de algo en la calle. Idiota.</p>
<p>Estaba muy molesto. La mamá nos oyó y se armó un gran relajo.</p>
<p>—¿Y vos qué te creés, Víctor? —me grita—. El nene sólo necesita un poco de tiempo para concentrarse, no todos pueden seguir el ritmo con tanta tarea y tanto examen.</p>
<p>Me tuve que ir con toda mi cólera a encerrarme a mi dormitorio. Yo tengo un solo hijo, ¿qué harán los que tienen 2, 3, 4?</p>
<p>Otra cosa que no sé cómo entrarle es al sexo. ¿Lo llevo donde las putas? ¿Y si de pura mala suerte se contagia de algo por mi culpa? El condón se puede romper y&#8230;  Además la mamá es muy de la iglesia, así que si se entera me manda a la mierda. Pero no sé, debe haber alguna forma de enseñarle, tal vez si hago como ese mi cuate que le habló a una edecán que iba al gimnasio para que se cogiera a su hijo. Pero igual no sé.</p>
<p>Si algo me da miedo, en especial en esta violenta Guatemala, es pensar que un día cualquiera me balean al Carlitos. Porque acá no sabés si en la tienda de la esquina llega alguien y mata al de a la par y a vos también de perdida. Peor aún es pensar que se meta a cosas como el narcotráfico, maras o bandas de asaltantes. La gente que se aburre hace cualquier idiotez para distraerse. Capaz que se junta con unos tipos y se mete a hacer estupideces. Por eso sí está bueno que vaya a la iglesia, ahí le dicen que se tiene que portar bien porque si no se va al infierno. Igual no se si eso lo asuste mucho.</p>
<p>A veces lo miro ahí tirado en el sofá viendo tele, bostezando, despeinado, con una cocacola en una mano y un cheeto en la otra. Es tan coche que se mete un dedo en la nariz y se saca un moco y lo pone debajo del sillón. Luego se lleva otro cheeto a la boca, como que si nada. Y pienso, ¿y este vago se podrá mantener él solito algún día? Me da que lo voy a tener que mantener durante un buen tiempo. Ese es el futuro del país.</p>
<p>El día que más me asusté en la vida fue cuando el Carlitos se me perdió en el comercial.  Tenía cinco años. Lo dejé en la sección de juguetes del super y seguí comprando. Su mamá no había ido con nosotros. Y yo de mula me olvidé del patojo, pagué en la caja y salí. En el parqueo me di cuenta. ¡Puta! ¿Y el Carlitos?, me dije asustado.</p>
<p>Regresé corriendo como un loco, casi chillando, puro maricón. El Carlitos todavía estaba jugando con los carritos, tranquilo, hasta cantando. En realidad no fue que se me perdiera, ahora que lo recuerdo bien. Cuando lo ví tan sereno esa vez en la tienda pensé, ese patojo bien se las va a poder sin mí. Va a ser cabrón.</p>
<p>El domingo pasado fuimos al estadio, a ver a los rojos. Como suele suceder acá, el estadio vacío y un mal partido. A la salida nos comimos unas tortillas con carne y un par de cervezas. Platicamos de lo malo del partido.  En eso es lo único que coincidimos, en que nos encanta el fútbol. Es en ese punto en donde nos encontramos, en donde somos cuates. Si le pregunto ¿cómo quedó el Barça en la Champions?, él me contesta, 2 a 0 papa, los dos goles de Messi. Si está de buen humor me da detalles: hubieras visto, el Messi se llevó a cinco, dio un pase, se la regresaron de pared y de globito la metió. Golazo. Si no está de buen humor, sólo me da el resultado. Otras veces él me pregunta por el resultado y yo contesto.</p>
<p>Siempre que hablamos de fútbol me siento bien, pienso que no todo lo hice mal, que el patojo este va a ser de alguna manera un buen hombre. Sí, eso es. Siempre que al ver un balón de nuestro equipo rozar la portería nos levantemos y gritemos monosílabos, siempre que suceda eso, yo sabré que hay un nexo con el Carlitos, una conexión, una manera de saber que si hay gol nos vamos a sonreír cómplices, una manera de saber que siempre vamos a estar del mismo lado, juntos.</p>
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		<title>Vos no sabés nada</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Sep 2009 13:25:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Dinero]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Adiós Nonino, qué largo sin vos será el camino. A vos te parece sencillo, pero no lo es. Ahora venís a reclamar igualdad cuando vos fuiste el que se fue y ni para sus cumpleaños te asomabas. Estabas conquistando el mundo, según vos, y no te quedaba tiempo ni de llamar a tu papá. Está [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Adiós_Nonino" target="_blank">Adiós Nonino</a>, qué largo sin vos será el camino.</em></p>
<p>A vos te parece sencillo, pero no lo es. Ahora venís a reclamar igualdad cuando vos fuiste el que se fue y ni para sus cumpleaños te asomabas. Estabas conquistando el mundo, según vos, y no te quedaba tiempo ni de llamar a tu papá. Está bien, vos estabas en tu derecho, ok, lo que querás, pero por eso mismo no pensaba que vendrías a mencionar lo de la plata. Sos un cabrón, y no te pego un tu vergazo sólo porque estamos en la funeraria. Vos en realidad nunca fuiste su hijo, sólo fue que tenés su apellido, porque de alguna manera te tenías que llamar. <span id="more-453"></span></p>
<p>Vos no sabés lo que sentía yo cuando en sus días de hospital quería aliviar su dolor y no podía aunque hiciera todo lo que pudiera. Vos nunca le limpiaste el culo, nunca recibiste un vómito de él. No sabés ni mierda cerote, no sabés ni mierda. No te enteraste de las veces que lo llevé con el doctor y examen tras examen y el dolor le seguía. Ni una puta llamada pudiste hacer y el pobre viejo todavía me decía que no te llamara para no molestarte.</p>
<p>Vos nunca te desvelaste a la par suya cuando él no aguantaba los dolores. No sé por qué en la noche es cuando se sienten peor los enfermos. Me tocaba atenderlo y hacer que comiera un poco a la fuerza, sacándome sonrisas y chistes en medio de mi amargura. Hubo noches en que lloré a la par de su cama porque el viejo se estaba yendo y no podía evitarlo. Vos no sabés nada cerote. Nada.</p>
<p>¿Por qué venís ahora a hablar de pisto? Vos llevás su apellido pero no sos hijo suyo, no lo sos. Vos siempre te creíste más que los demás, siempre creíste que éramos gente sin ambición, sin iniciativa, te burlabas de nosotros, te burlabas de que él siguiera con sus ideales o que yo trabajara de mesero en un restaurante.</p>
<p>Yo no soy nadie para juzgarte a vos, pero me encabrona que vos me vengás a preguntar que cómo quedaron los ahorros que él te había mencionado. ¿No podías esperar hasta mañana?  ¿No que vos eras un ganador pues? Ni se ha terminado de enfriar el cuerpo de papá y vos ya vas como buitre tras el pisto. Me decís que la crisis mundial te jodió, pero eso fue por tu propio gusto, por ser un codicioso y meterte a negocios que no conocés bien. Para pendejo no se estudia y vos sos la muestra de eso.</p>
<p>Vas a tener tu pisto no te preocupés, pero me vas a seguir escuchando la trompa porque después de aquí no quiero volver a saber de vos nunca más. Para mí te moriste vos también, y no creás que no me duele. ¿A dónde se fue ese mi hermano que de niño se dejaba meter goles para que yo ganara los partidos en el patio de la casa? Yo te he estado insultando pero me duele vos, me duele. Me duele saber que no viniste para abrazarme fuerte y llorar conmigo, porque lo primero que te sale de la trompa es el dinero.</p>
<p>Si querés aquí mismo te doy el cheque con tu mitad. Yo hice mi pisto, sabelo, sin pretender ser la gran mierda como vos. Me pela que nos esté escuchando tu hijo, mejor que sepa que clase de papá tiene, así tal vez se aleja de vos por su propio bien. Hasta parece que te alegraras de que papá se haya ido, para así echarle mano a sus ahorros.</p>
<p>¿Sabés que contestaba él cuando le preguntaban por vos? Sonreía y decía que te habías ido a los &#8220;Estados&#8221; y que allá trabajabas de ingeniero, que te había ido bien, que tenías dos nenes hermosos y que siempre llamabas. Aunque casi nunca lo hiciste. El era el que llamaba y apenas si tenías tiempo para contestarle, siempre andabas dizque trabajando. Cuando llamabas él era todo alegría y si necesitabas algo de plata, allá iba, sin preguntas, sin condiciones. Vaya si él no era padre incondicional para querer a una mierda como sos vos.</p>
<p>No sé de dónde te salió lo caquero, no sé si fue tu mujer o si siempre fuiste así. Siempre te interesó más impresionar a la gente, aparentar aunque no fueras nada. Y así fue como te conseguiste esos tus amigos que te embaucaron y se fueron con todo tu pisto. Para mulas, vos. Ah, es que eran gente fina, cómo se va a imaginar uno. Si pues, a la gente se le mide por sus acciones, y no porque se vistan a la moda y usen buenos perfumes y anden en buenos carros. Pero en tu mundo lo que importa es la apariencia y por eso te va como te va.</p>
<p>La última noche fue terrible, llovía fuertísimo. Yo salí tres veces a la farmacia a comprar medicina para inyectarle y calmarle el dolor pero no se le calmaba, no se aliviaba, no estaba tranquilo. No aguantaba el oxígeno, pero no podía estar sin él. A cada rato quería que le cambiara de posición la cama. Escupió sangre como cinco veces. Yo todavía le dije al iniciar la noche, en broma, que iba a ser su enfermero oficial, que si tenía alguna queja podía hablar con gerencia. Él sonrió y fue la última vez que lo vi sonreír. Vos no sabés nada, ni mierda sabés.</p>
<p>No sé si de veras sentís algún tipo de dolor. Sólo aprendiste a quererte a vos mismo, a ser el centro de todo. Y el viejo todavía orgulloso de vos disculpándote cuando hacías una mulada. No sé cómo alguien tan grande como él pudo tener a un hijueputa como vos. A vos no te va a hacer falta el viejo porque nunca fuiste su hijo. No podés lamentar su ausencia porque nunca lo tuviste presente.</p>
<p>Yo sí voy a sentir su ausencia, y mucho. Me hará falta que me llame y me diga Josesito, traéme una mi hamburguesa. Me va a hacer falta que encienda las luces cuando llegue con el carro, que me tenga paciencia y me sonría cuando me enojo. Porque era un viejo de ahuevo, era un gran tipo mi viejo, como dice la canción. Vos no entendés nada de este dolor, vos estás hecho de plástico. Vos no sabés nada, tomá este cheque en blanco y ponele la cantidad que querás. Vos quedáte con el pisto, pero dejáme enterrar a mi viejo en paz, por favor andáte y no volvás más.</p>
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		<title>El último día</title>
		<link>http://www.anecdotario.net/el-ultimo-dia/</link>
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		<pubDate>Tue, 10 Mar 2009 15:29:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasticos]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Misterio]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Don Alberto Galindo supo una noche antes que iba a morir. Durante ese día en la mañana hizo algunas visitas a sus amigos y por la tarde se sentó en la sala de su casa pensando en si sería cierta la visión que había tenido la noche anterior y si realmente su muerte estaba cerca. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Don Alberto Galindo supo una noche antes que iba a morir.  Durante ese día en la mañana hizo algunas visitas a sus amigos y por la tarde se sentó en la sala de su casa pensando en si sería cierta la visión que había tenido la noche anterior y si realmente su muerte estaba cerca.  Le contó su visión a su hijo menor, Cristóbal.  Extrañado por no ver venir a la muerte por ningún lado, dada su salud de roble, don Alberto salió a la puerta de su casa a observar la calle y decidió dar un paseo por su barrio.  Cuando dobló la esquina, una camioneta agrícola manejada por un borracho lo atropelló.<span id="more-377"></span></p>
<p>Un golpe en la cabeza fue el mortal.  Su hijo Cristóbal fue el único que escuchó el ruido y salió presuroso sólo para encontrarse con la trágica escena.  El borracho se había fugado, pero fue a chocar varias cuadras después y fue arrestado.  Don Alberto, que tenía 58 años, murió ahí mismo.</p>
<p>Don Alberto tenía tres hijos: Arturo, el mayor; David, el mediano; y Cristóbal, el menor.  Todos le profesaban respeto a su padre, aunque Cristóbal era el más rebelde.  Arturo ya tenía varios años viviendo en Estados Unidos, donde había hecho vida y familia.  Regresó de Los Ángeles justo a tiempo para el sepelio.  David era un médico más o menos exitoso y se lamentó no haber estado en el momento del accidente.</p>
<p>Cristóbal les contó en el velorio lo que le había dicho su padre sobre la visión.  Arturo recordó que el abuelo Ramón, padre de don Alberto, también había tenido una visión de su propia muerte, o sea que era muy probable que a ellos también les sucediera, tener la visión de la propia muerte una noche antes.</p>
<p>Luego de pasado el velorio y el entierro, los hermanos no volvieron a hablar del tema.  Ninguno de ellos creía en los sueños ni en cosas del espíritu.  Sólo bastan algunos años de estudio para saber que las supersticiones son cosas de gente de pueblo, y que andar creyendo en el destino no tiene sentido.  </p>
<p>No obstante, varios años después, David tuvo la visión.  Espantado ante la posibilidad de morir llamó de madrugada a la casa en donde ahora sólo vivían Cristóbal y su madre.  Cristóbal atendió la llamada y comprendió lo grave que era la noticia, de inmediato llamó a Arturo y lo puso en alerta, y en pocas horas, viajando desde Los Angeles, estaba en Guatemala.  David estaba aterrado y sin saber qué hacer.  Con casi 40 años tenía mucho porvenir en el campo médico y le empezaba a ir bien, y ahora esto.  Tanto esfuerzo para terminar de todos modos muerto y peor aún, con aviso.</p>
<p>Los hermanos decidieron que iban a enfrentar a la muerte y que estarían con David todo el día, que nadie entraría ni saldría de su casa.  Despacharon a su mujer y a sus dos hijos, diciéndoles que  hablarían de cosas de hermanos.  David sólo iba a tomar agua e ir al baño, no haría nada más, no podían permitir que muriera.  Cristóbal recordó una película en donde los protagonistas luchaban contra la muerte, pero que ésta de todos modos ganaba al final.  Ya se sabe: todos moriremos algún día, incluyéndonos a usted y a mí, amigo lector.  Diariamente desafiamos a la muerte por 24 horas más.  Celebramos nuestros cumpleaños sabiendo cuánto tiempo acumulamos en este mundo, pero no siempre caemos en la cuenta de que cada cumpleaños también es un año menos de vida.</p>
<p>Cada uno entretenido en sus propias filosofías esperaba salir triunfante, al menos ese día, sobre la muerte de David.  Por momentos parecía que podría ser posible evadirla, ganarle, burlarse de ella una vez más, un día más.  Llegaron los tres a las seis de la tarde sin indicios de muerte.  Pero entonces ocurrió.  </p>
<p>Un niño en la casa de enfrente jugaba con el revólver 38 de su padre.  Estaba parado en el techo de la casa, y en un infortunio se le disparó y la bala fue a alojarse en el cráneo de David, que estaba en la sala bebiendo un vaso de agua.  La muerta los había derrotado, el cuerpo sin vida de David cayó al suelo sin que nada ni nadie pudiera evitar el fatal destino.</p>
<p>Empeñados como estaban en evadir la muerte, Arturo y Cristóbal cayeron en la cuenta de que no habían tenido tiempo de decirse entre ellos y a David lo mucho que se querían.  No había habido tiempo de recordar las bromas infantiles, las anécdotas, los buenos tiempos.  Quizá habría sido oportunidad de ser más amables.  Acordaron estar atentos para cuando le llegara la visión al primero de ellos no intentar luchar contra el destino, sino procurar hacerse las últimas horas más agradables, despedirse bien, terminar de buenas.</p>
<p>Sin embargo los buenos propósitos que siguen después de las tragedias se olvidan con el tiempo.  La rutina y la vida con sus buenos y malos tiempos hacen olvidarse de la inminencia constante de la muerte. </p>
<p>Pasaron varios años.  Cristóbal y Arturo, cada uno por su parte, habían planeado varias veces su último día.  Se habían cuidado de no contarlo a nadie más, porque no le veían utilidad: todo mundo empezaría a llorar antes de tiempo.  Arturo tuvo durante un tiempo el dinero en efectivo para comprar un boleto de avión a Guatemala.  Pero después pensó que la mayoría de su gente estaba en Los Angeles y le pidió a Cristóbal que estuviera atento para viajar con su mamá, cuando llegara el día.</p>
<p>A Cristóbal a veces se le venían ideas divertidas al respecto de su último día.  Pensaba que podría emborracharse a lo grande y así ni sentiría la muerte, o que invitaría a un montón de prostutitas y hacer una gran fiesta con sus amigos, o que escribiría una larga carta de despedida a sus amigos y amores, o que al fin ese día iría de nuevo a la iglesia, como su madre rogaba tantas veces.</p>
<p>Un día Cristóbal vio en el internet un video de un tipo muy respetado en el campo de la informática, que decía ante un grupo de estudiantes graduandos que había que vivir todos los días como si fuera el último.  Lo aplaudían. La gente por lo general aplaude todo lo que a primera vista parece lindo.  Pero, pensaba Cristóbal, este tipo siguió trabajando y nadie en su sano juicio, sabiendo que va a morir, va a la oficina a trabajar.  Es una estupidez, porque lo que te hace ir a trabajar es que habrá un mañana, o un conjunto de mañanas que te motiva a ir a ganarte la vida. </p>
<p>Cristóbal decidió que su último día lo utilizaría para dar las gracias a todas las personas importantes en su vida.  Sin discursos largos, sin apelar a compasiones de compromiso.  Sin  embargo, lo empezó a hacer cuando murió Arturo.  A su madre le había dicho, mama, sos una gran mujer y me siento contento de haberte tenido como madre.  Su mamá no pudo reaccionar mucho, debido a su borrachera, sólo dijo un inaudible gracias, y se tomó un sorbo de su whisky.  A su mujer, días después, le dijo que ella había sido lo mejor que le había sucedido y que eso no lo podría olvidar nunca.  Ella le dijo, sí claro, pero acordáte de traer el papel higiénico y el jabón a la casa.</p>
<p>La llamada de Arturo llegó en una fría madrugada de enero.  Madre e hijo partieron hacia Los Angeles, y al llegar al hospital Arturo los recibió con una gran sonrisa.  Lloraron los tres en un sólido abrazo, entre la confusión de la alegría de verse y la inminencia de la muerte.  Arturo padecía un cáncer terminal y justo abandonaba el hospital en medio de agudos dolores para ir a su casa y morir.  Cristóbal sabía que ahora él era el último.  Su madre murió un par de años después de Arturo, sin aviso previo, sin mucho escándalo, dignamente.</p>
<p>La visión le llegó a Cristóbal cuando tenía casi 64 años.  Se levantó de inmediato, preparó el desayuno para su mujer y para él, cortó una rosa del jardín y la colocó en el florero de la sala.  Su mujer no estaba de buenas y no se explicaba la sonrisa idiota de Cristóbal cuando le dijo que estaba linda.  Vamos a ver a la nena hoy, le sugirió.  Andá vos, yo estoy cansada, viajar 100 kilómetros cuando ella de todos modos vendrá el fin de semana no me parece.  Cristóbal partió solo entonces.  Su carro fue a estrellarse en una curva a unos tres kiómetros de la casa de su hija.  No sobrevivió.</p>
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		<title>La televisión</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Sep 2008 06:15:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Televisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Una tarde de tempestad la descarga eléctrica de un rayo quemó para siempre la vieja televisión de la casa de doña Rosa. La pequeña Moni, de 5 años, que veía sus caricaturas, soltó el llanto por el susto del rayo y por la televisión quemada. Doña Rosa acudió veloz, tomó el control remoto e intentó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una tarde de tempestad la descarga eléctrica de un rayo quemó para siempre la vieja televisión de la casa de doña Rosa.  La pequeña Moni, de 5 años, que veía sus caricaturas, soltó el llanto por el susto del rayo y por la televisión quemada.  Doña Rosa acudió veloz, tomó el control remoto e intentó volver a la vida al aparato inerte oprimiendo todos los botones.  Luego le dió varios golpes, hasta que comprobó que no volvería a la vida.  ¡Se quemó esa babosada!, exclamó furiosa.  Llamó por teléfono a su hija mayor y a su yerno, por la noche los quería temprano en la casa, les dijo con tono urgente.  <span id="more-359"></span></p>
<p>Anabela, la hija, y Elmer, el yerno, llegaron preocupados a la casa.  Notaron al entrar la televisión quemada y lo apesadumbrado del ambiente.  Moni y Cindy (la otra hija del matrimonio) lucían muy tristes enfrente del aparato arruinado.  Dona Rosa estaba de mal humor y lo primero que les dijo al entrar fue <em>esa babosada ya no sirve, tienen que comprar otra o se van de esta casa</em> .</p>
<p>La familia no cenó con agrado, no estaba la telenovela de la noche.  Encendieron la radio pero no era lo mismo, faltaba la compañía de la tele.  Así que decidieron comprar una tele nueva, y que al día siguiente comenzaría la búsqueda en el comercial que quedaba cerca de la casa.  Comprarían la prensa para ver las ofertas y Anabela pediría una carta de ingresos en su trabajo, para cuando se hiciera la compra a plazos, porque era demasiado dinero para comprar una tele de un solo.</p>
<p>Al siguiente día, doña Rosa fue entonces muy temprano a la casa en donde hacía tareas domésticas y terminó rápido su trabajo.  Regresó a su casa, sirvió el almuerzo a Moni y Cindy, que casi se atragantaron la comida.  Ellas tres eran las encargadas de buscar la nueva tele en el comercial.  Salieron muy contentas a la búsqueda y recorrían con sonrisa las vitrinas, tanta tele tan bonita, pero tan cara.  Pidieron precios en tres locales, y les dieron toda la papelería para llenar y los requisitos.  Doña Rosa no sabía leer, así que sólo recibió la papelería y memorizó todas las bellezas que decían de las teles.</p>
<p>Por la noche, en la mesa familiar barajaban todas las opciones.  Definitamente las teles plasma y las LCD estaban sólo para la gente de pisto.  Pero habían visto una tele linda, pantalla plana de 21 pulgadas, con una cuota de 35 quetzales semanales.  Todos veían la foto emocionados y sonrientes.  Anabela dijo que ya tenía la carta de ingresos, y que después del trabajo, mañana o pasado mañana podían pasar por el aparato.</p>
<p>Pero surgió un problema.  En el comercio pidieron un recibo de agua o luz y una carta de recomendación de alguna persona vecina que los conociera.  Doña Rosa y familia vivían en un palomar en donde vivían otras 5 familias, y por eso no tenían un contador de luz o de agua individual.  Tenían que pedirle una copia de alguno de esos recibos a la dueña, doña Gladys, que no era una persona muy accesible que digamos.</p>
<p>La encargada de pedir la copia del recibo de luz fue Anabela, temprano de la mañana, antes de salir para el trabajo.  Doña Gladys escuchó sin prestar demasiada atención y exclamó un <em>¡cómo chingan ustedes!</em> , pero le dió el recibo de luz del mes anterior y le dijo que si no lo traía de vuelta por la tarde que los echaba del palomar.</p>
<p>Doña Rosa era la encargada de conseguir la carta de una vecina, se la pidió a la señora de la casa en donde hacía oficios domésticos.  La señora a regañadientes se la dió, ella no podía comprender por qué tanta prisa con una pinche tele.</p>
<p>La familia se reunió a la cena, por la noche.  Ya tenían todos los papeles necesarios y escogida la tele de pantalla plana que se miraba chula en la vitrina.  Doña Rosa dijo que en esta compra todos debían de estar juntos y colaborar para las cuotas de la tele si la Anabela no podía, y que había que cuidarla para que durara.  Elmer, su yerno, que sólo las había oído hablar hasta ahora, dijo que de veras que la tele estaba chilera, y que no se recordaba haber tenido una tan bonita en su casa, y que él estaba dispuesto a pagar la mitad de las cuotas, pero que quería ver su fútbol los domingos, sólo eso pedía.  Doña Rosa apartó la tele para su novela de las 7 de la noche, y Anabela abogó por las caricaturas para la Moni y la Cindy.  Había que ver la armonía que reinaba en esa casa, todos de acuerdo, todos sonrientes.  Nunca habían estado tan bien, y hasta parecía que la falta de la tele vieja y la compra de la nueva los había unido de nuevo, después de aquella vez que doña Rosa casi echa al Elmer por andar chuleando a la vecina.</p>
<p>Llegó el día de la compra, toda la familia fue a traerla y Elmer patrocinó una pizza en el comercial, para celebrar la compra.  Era la primera salida en meses que hacían todos juntos.  Llevaron la tele a la casa e invitaron a todos los vecinos a verla, para que se murieran de la envidia.  Se quedaron hasta tarde viendo cómo se veían de bien todos los programas en la tele nueva.</p>
<p>Al día siguiente Anabela venía agotada del trabajo, pero la emoción de la tele nueva le daba fuerzas para seguir.  Llegó a cenar y allí estaba su mamá, viendo la novela de las 7, boquiabierta, lamentándose de los capítulos que se había perdido.  Anabela había tenido un mal día por la regañada de su jefe, pero la tele nueva ahí la hacía sentir mejor.  Se acercó a su mamá, y la besó por primera vez en mucho tiempo, y la abrazó.  Doña Rosa apenas le puso atención porque estaba atenta a la novela.  Elmer no tardaría en llegar, había que hacerle cena.  Las niñas ya dormían.</p>
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		<title>Patines rotos</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jul 2008 06:15:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Papa, te juro que así fue, creéme.  Yo no tengo por qué mentirte, sí ya sé, yo he cometido mis locuras y tenés razón de estar bravo, te lo voy a contar otra vez pues.  Despacio y con buena letra, como decís vos.  Mirá pues, anoche salí de la fiesta de la Lucy y no te niego que tenía algunos tragos encima, pero no eran muchos.  Sí, de veras que no eran muchos.  Vos nos has enseñado que no nos dejemos, que si te pegan hay que responder.  Pero esta vez no era tan fácil la cosa, ese cuate del otro carro sí que estaba loco.  <span id="more-354"></span></p>
<p>Oíme pues, no te pongás así.  ¿Vos no creés que me duele ese balazo que me dió en el estómago el loco ese?  Ok, te cuento otra vez.  La cosa empezó cuando el cuate este empezó a pitar como loco en un semáforo que ni siquiera había dado verde.  Esa mara me pone para vergazos porque pitan y pitan puros locos, como si fueran a lograr algo con esos pitazos, como si las colas caminaran más rápido.  Pitan y pitan y pitan, caca tienen en la cabeza los cerotes.</p>
<p>Yo me puse como la gran diabla, saqué la mano por la ventanilla y le hice señas de que qué onda.  Vi por el retrovisor que era un chavo con una mujer.  No me mirés con esa cara papa, yo qué iba a saber que el pisado era chafa.  Puse el freno de mano.  Y el pisado más pitaba.  Me bufaba el motor de la explorer y me tiraba luces altas.  Y seguía pitando.  Entonces me bajé.</p>
<p>Fui hasta su ventanilla y le dije qué putas, qué te pasa vos cerote, por qué la chingadera.  Y ahí sacó la escuadra y me metió el balazo y caí al suelo.  Y de puro loco empezó a chocarme el carro por detrás, una y otra vez, no le importaba que se jodiera el suyo también.  Yo estaba sangrando y el pisado se reía, a pesar de que la mujer le gritaba que ya era suficiente y que me dejara en paz.</p>
<p>Ahí tirado dije yo, ya me llegó la hora.  Este cerote en cualquier momento me remata y adiós, la explorer seguía pegándole a mi geo metro todo indefenso.  La mujer lloraba y el cuate reía a carcajadas y yo todo ahuevado.  De repente paró, me dijo &#8220;mirá hijueputa, yo soy chafa culero, vos no te metás conmigo nunca más en tu puta vida, porque ya no te la perdono&#8221; y rechinando llantas se fué.  En toda la calle se oía el eco de la risa del maldito.</p>
<p>Busqué el celular y llamé al Vladi para que viniera por mí y ver qué hacíamos, le dije que no te dijera nada a vos ni a mamá, pero no me hizo caso.  Yo sé que no es gracia papa, pero es que hay mara que no le atina.  No sabés qué consuelo sentí cuando llegaron vos y el Vladi, casi chillé, te lo juro.  La que más siento en el alma es a mamá que no paraba de llorar al verme todo jodido aquí en el hospital, hicieron bien en no llevarla esa noche porque se muere.</p>
<p>Te entiendo eso de que hay que saber con quién meterse, pero qué va a andar sabiendo uno lo que le va a salir.  ¡Cómo me duele el estómago!  Pasáme un vaso de agua, tengo la garganta seca.  Gracias.  Acomodáme un poco la almohada porfa.  Eso, así está mejor.  Disculpá tanta molestia.  Sé que estás cansado papa, pero ya una última cosa te cuento y te dejo en paz.</p>
<p>Cuando estaba ahí tirado me dí cuenta de que soy un suertudo, que tengo una gran familia.  A pesar de que a veces nos peleamos con vos y que vos decís que tengo mal carácter, creo que nos llevamos bien.  Cuando trabajé con vos no lo entendí, pero después supe que vos fuiste el mejor jefe que yo podía haber tenido.  Algún tiempo estuvimos distantes, pero eso ya pasó.  Ahora es tiempo de decirte que te quiero mucho viejo, vení y dame un abrazo.  No sabés lo que me ahuevé, viejo.  Decime vos también que me querés, como aquella vez que yo lloraba de cólera porque había roto mis patines nuevos y vos llegaste y me dijiste que por eso no se llora, que vos siempre me los ibas a reparar porque me querías mucho.  Cómo me recordé de esa vez cuando estaba tirado.  Cómo quería que llegaras vos, de veras, aunque al Vladi le había dicho que no te dijera nada.</p>
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		<title>El migrante</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Nov 2007 16:09:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[Nostalgia]]></category>

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		<description><![CDATA[A veces la historia es como la de aquel chavito que se fue para Estados Unidos, que trabajó y trabajó diciendo que un día iba a regresar a Guatemala. Siempre envió puntual la remesa para sus papás, y con el tiempo alcanzó para construir una casa bien grande para cuando regresara. El chavo, después de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A veces la historia es como la de aquel chavito que se fue para Estados Unidos, que trabajó y trabajó diciendo que un día iba a regresar a Guatemala.  Siempre envió puntual la remesa para sus papás, y con el tiempo alcanzó para construir una casa bien grande para cuando regresara.  El chavo, después de 20 años, ya no era tan chavo.  Ya tenía cuatro hijos y una pequeña fortuna en dólares que traducida a quetzales ya se miraba bonita.  Decidió entonces regresar para quedarse.  <span id="more-324"></span></p>
<p>Pero nadie de su familia quiso acompañarlo, ninguno extrañaba a un país que nunca fue el suyo, había alguna simpatía por él, para las vacaciones era bonito, pero no para quedarse.  Y entonces regresó solo.  Volvió a su pueblo natal, con lágrimas en los ojos y ahogándose por el nudo en la garganta volvió a ver a sus papás y a sus hermanos, todos más viejos, más gordos.  Y se sintió feliz.  </p>
<p>Pero después de una semana descubrió que la Guatemala que tanto extrañaba, de la que tanto comentaba en los foros en Internet, no era ésta que visitaba.  No era en la que estaba ahora.  Por alguna razón inexplicable ya no era la Guatemala de su nostalgia.  Se dio cuenta con dolor que ya no pertenecía a Guatemala, que tenía que regresar al norte, en donde ahora estaba su casa, su familia, su gente, a donde ahora pertenecía.</p>
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		<title>El mejor candidato</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Jun 2007 03:25:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[Coatepeque]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
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		<description><![CDATA[El último sábado de mayo, iba yo al cementerio de Coatepeque a enterrar al último de los hermanos de mi papá. Cualquiera que haya enterrado a un ser querido se podrá imaginar cómo es la cosa. En este caso, mi tío ya era anciano y había vivido ya una existencia productiva y decente, así que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El último sábado de mayo, iba yo al cementerio de Coatepeque a enterrar al último de los hermanos de mi papá.  Cualquiera que haya enterrado a un ser querido se podrá imaginar cómo es la cosa.  En este caso, mi tío ya era anciano y había vivido ya una existencia productiva y decente, así que el dolor tiene su atenuante.  Un par de días antes, lo había visto en el hospital ya muy grave, después de un par de meses de sufrir, sabíamos todos que el final estaba cerca.</p>
<p>Camino al entierro del tío, en el parque central nos encontramos con un mitin político de un tipo que ofrece “mano dura” para arreglar los problemas.  El mitin lo interrumpimos con el cortejo fúnebre y el hecho quedó registrado en una <a href="http://www.prensalibre.com/pl/2007/mayo/27/172182.html">nota de prensa</a>, en la que erróneamente dice la periodista que íbamos a la iglesia.  La nota finaliza con la supuesta frase que dijo un asistente al mitin, refiriéndose al muerto que iba de camino: “ahí va el mejor candidato”. </p>
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		<title>Jerga familiar</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Mar 2005 08:23:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Familia]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada familia tiene sus palabras propias. Por ejemplo, el carro que va adelante y es algo antiguo y va lento es un tuztepito. Mi papá no es Joaquín, es Don Juaco o peor aún, Joaquicidio. Si yo estoy muy cansado estoy tuztepiciado. Mi sobrino-nieto no es Fernando, es el pequeñín. Si alguien está haciendo mucha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada familia tiene sus palabras propias.  Por ejemplo, el carro que va adelante y es algo antiguo y va lento es un tuztepito.  Mi papá no es Joaquín, es Don Juaco o peor aún, Joaquicidio.  Si yo estoy muy cansado estoy tuztepiciado.  Mi sobrino-nieto no es Fernando, es el pequeñín.  Si alguien está haciendo mucha bulla, está haciendo un relajicidio.  Mi hermano no es Julio, es locatario y chambreman, entre otros.  A veces no digo pobre, digo póbreto.  Un niño perdido es un chiló o chilojito.  A mi mamá no le digo mamá, le digo bizcabuelita.  Mi hermana no se llama Miriam, se llama Miriana.  Desde que nació la Paola mi sobrina, todas las niñas son Politas.  Si alguien mezcla muchas cosas el resultado es un chirmolmix.  El auto es un carrinto.  Hay una cafetería que nunca existió que se llama Plansh-Plonsh.  Antón Chejov, un escritor ruso, se apellidaba realmente Chicoj.</p>
<p>Si algo se me olvidó, es porque ya estoy demasiado abuelito.</p>
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