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	<title>Anecdotario.net &#187; Guatemala</title>
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	<description>Anécdotas, historias y relatos</description>
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		<title>Los campeones</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 07:25:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La temporada más feliz de mi vida fue cuando jugaba fútbol en los campos de Montserrat. Con un grupo de cuates armamos un equipo al que llamamos FC Bárcenas. Le llamamos así porque los dueños del equipo eran de Bárcenas. El Lito y el Cacho, hermanos, no eran tan buenos para jugar, pero ponían los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La temporada más feliz de mi vida fue cuando jugaba fútbol en los campos de Montserrat. Con un grupo de cuates armamos un equipo al que llamamos FC Bárcenas. Le llamamos así porque los dueños del equipo eran de Bárcenas. El Lito y el Cacho, hermanos, no eran tan buenos para jugar, pero ponían los uniformes y las pelotas para entrenar. Todos teníamos menos de veinte años y empezábamos la universidad, pocos trabajaban. Entrenábamos casi todos los días, aunque no éramos tan buenos que digamos. Jugamos tres torneos, en el primero empezamos ganando, contra todo pronóstico. Pero después todo cambió.<span id="more-1209"></span></p>
<p>Al comenzar la primera temporada armamos un equipo a duras penas. No teníamos entrenador. Yo jugaba de lateral derecho. Siempre corría mucho, nunca me cansaba, me decían que tenía tres pulmones. En la portería estaba Nixon, uno de los peores porteros con los que he jugado. De defensas centrales estaban los dos hermanos, el Lito y el Cacho. De lateral izquierdo estaba el Tablas, otro chavo que cómo corría. En la media estaban el Marcelino, el Juan, el Domitilo y el Vladi. De delanteros el Moisés y el Momos, a quien llamábamos así porque era de Momostenango.</p>
<p>Éramos un desastre jugando, pero ganamos los tres primeros partidos. En la primera jornada porque el otro equipo iba sólo con siete jugadores; les ganamos dos a cero. En la segunda, porque yo metí un gol al primer minuto y después nos dedicamos a defender ese golito con todas nuestras fuerzas. También porque les expulsaron a dos y nos perdonaron un penal. El tercer partido ganamos porque el otro equipo no se presentó. Al entrenador se la había olvidado que el partido era en sábado y no en domingo. Les avisó a sus jugadores a última hora, pero apenas llegaron cinco y el árbitro dijo que no eran suficientes para un partido. Íbamos de líderes, era increíble.</p>
<p>Luego, en las siguientes quince jornadas, perdimos todos los partidos, generalmente por goleada. A los últimos tres nos presentamos sólo siete jugadores, los demás se habían ido a chupar el día anterior o no les importaba. Con el Tablas nos cansamos de correr por las bandas y meter centros, pero nunca había nadie. En fin, fue un desastre el primer torneo. Quedamos en último lugar. Sin embargo, yo disfrutaba jugar, no eran tan importantes los resultados. Era el viento en la cara y la lucha eterna por la pelota lo que me motivaba. Y la cerveceada después de los juegos con el Lito y el Cacho. El Barsa, como le llamábamos al equipo, había sido un desastre en la primera temporada. Sin embargo, acompañados de las cervezas de la última jornada, nos propusimos que eso cambiaría para el siguiente torneo.</p>
<p>Fua así que para la segunda temporada yo convencí a don Polo para que nos entrenara. Don Polo era un tipo que vivía cerca de mi casa y que había sido jugador profesional. El Lito y el Cacho convencieron a un par de primos para que integraran el equipo. Yo llevé también a un par de amigos de la universidad. Hicimos pretemporada, con ejercicio físico y trato de balón. Al iniciar el torneo estábamos en forma. El Tablas y yo corríamos más que nunca.</p>
<p>Los primos del Lito y el Cacho eran mediocampistas: Andrés y Javier. Muy buenos, algo callados, pero buenos. Mis cuates de la universidad, el Víctor y el David. Un buen portero y un delantero correlón. En la media completaban el Domitilo y el Vladi. En la delantera seguía el Momos. A todos los demás los habíamos despachado o ya no se asomaron. Le habíamos cambiado la cara al Barsa y teníamos la esperanza de quedar entre los tres o cuatro primeros lugares.</p>
<p>Antes de comenzar el torneo tuvimos cuatro partidos amistosos, ganamos dos, empatamos uno y perdimos uno. Era un buen balance. El sistema que había ideado el profe Polo nos hacía las cosas más fáciles al Tablas y a mí. Al Lito y al Cacho, que no eran tan buenos que digamos, les enseñó a quitar la bola y a darla a los medios o a los laterales. Se pasó varias tardes con ellos para que también aprendieran a cabecear. Al Domitilo y al Vladi los presionó para que corrieran más y ayudaran en la defensiva. Al Momos le enseñó a pivotear. Al Tablas y a mí nos dijo que no corriéramos tan a lo loco y que tapáramos bien las del rival.</p>
<p>Sin embargo, a pesar de que todo pintaba bien, perdimos los primeros dos partidos de la temporada por uno a cero. Cuando íbamos a jugar el tercer partido de la temporada, el profe Polo llevó a su sobrino, Leonel, un chavito de 17 años, para la banca. Nos propusimos ganar el primer partido a como de lugar, pero al medio tiempo íbamos perdiendo cinco a cero, dos autogoles y un penal incluidos. Casi dando el partido por perdido, al segundo tiempo entró Leonel por el Momos y subió como falso delantero Andrés. El profe nos dijo que no pensáramos en el marcador, sino en meter el primer gol. Si metíamos el primero, que nos enfocáramos en meter el segundo. Pero que nos olvidáramos del marcador.</p>
<p>Al nomás iniciar el segundo tiempo, yo corrí la banda y tiré un centro que Andrés bajó con la cabeza y Leonel, el chavito recién entrado, marcó el primer gol de zurda. Los defensas del otro equipo se quedaron un poco sorprendidos. El entrenador de ellos cambió de inmediato a uno de los defensas. Pensando en un gol a la vez, así como nos había dicho el profe al mediotiempo, logramos empatar el partido, cinco minutos antes del final. Yo anoté uno, David otro y Leonel tres. Leonel, además había dado el pase de mi gol. El entrenador del otro equipo exclamó, medio en broma, medio enojado: ¡Polo, sacá a ese número 19, pordios!</p>
<p>En el último minuto nos dieron un tiro libre en la media luna del área rival.<br />
El encargado, por supuesto, era Leonel, el nuevo. Con un disparo que hizo un chafle que yo nunca había visto, anotó el 6 a 5. Era increíble. El entrenador del otro equipo puteaba a todos sus jugadores y brincaba de la cólera. Habíamos ganado nuestro primer partido metiendo seis goles en un sólo tiempo. Terminamos emborrachándonos en una cevichería que queda enfrente de los campos de Montserrat.</p>
<p>Después de ese partido decidimos darle el número 10 a Leo, como le llamábamos. Tuvimos una racha de seis partidos ganados, todos por goleada. Nadie creía que en el torneo anterior habíamos quedado de últimos. Así llegamos a la novena jornada, contra el campeón, el Real Mazate.<br />
Había sido tan buena la racha, que por ese entonces convencí a la Gaby para que fuera mi novia. La había perseguido por meses. Ella siempre había sido futbolera y nosotros éramos el equipo de moda.</p>
<p style="text-align: center;">*  *  *</p>
<p>Los del Real Mazate tenían un delantero, el Rony, que era de los más veloces que yo había visto. No voy a negar que teníamos miedo. Era un buen equipo. Sin embargo el profe dijo que nos olvidáramos de que era el campeón, porque ganando el partido quedábamos en primer lugar. Recuerden el primer partido que ganamos, la cosa es meter un gol a la vez.</p>
<p>Cuando nos estábamos cambiando, antes de empezar el partido, el Rony se me acercó y me dijo que si yo lo marcaba y lo golpeaba lo iba a lamentar. Riéndose, escupió al suelo y regresó a calentar con su equipo. En la primera oportunidad que tuve le metí una su buena patada, que protestó como niña y me significó una tarjeta amarilla.</p>
<p>Ya en el partido, el Real Mazate pegó primero. Un gol del Rony de cabeza, donde nadie le ganaba, ya casi para finalizar el primer tiempo. Ese gol nos cayó como balde de agua fría. Al medio tiempo el profe Polo nos pegó una gran puteada, pero nos dijo que nosotros debíamos ganar ese partido, que debíamos enfocarnos en meter el primer gol y luego el segundo y ganar el partido. Este partido era decisivo para terminar campeones.</p>
<p>Así que para el segundo tiempo salimos decididos. En la primera jugada, yo corrí lo más que pude toda la banda y centré. No sé bien como le hizo el Leo, pero la bajó de pecho, se quitó dos defensas y de derecha anotó el gol. Seguimos luchando, pero realmente eran buenos los otros. Nos estrellaron dos pelotas en los palos. Como al minuto 25 el profe decidió que yo me convirtiera en un delantero más, por izquierda, a pierna cambiada. Como los rivales me esperaban por derecha, corriendo desde más atrás, era posible sorprenderlos. La Gaby me miraba y gritaba ¡vamos Dani, vos podés, corré, corré! ¡Ese es mi Dani!</p>
<p>La estrategia dio resultado. El lateral derecho de ellos ya estaba cansado y no me podía alcanzar. Tuve una como al minuto 35, pero el portero me la quitó. El gol llegaría al minuto 40. Ellos adelantaron líneas y en una de esas Leo me sirvió un pase en profundidad, quedando yo solito frente al portero. Anoté tirando lo más fuerte que pude, en el ángulo superior derecho. La gente que miraba el partido gritó el gol y yo me fui abrazar con la Gaby. Lo habíamos logrado, éramos líderes y habíamos vencido al campeón. Nos fuimos a la casa del Lito y celebramos con una gran fiesta.</p>
<p>Ganamos los siguientes cinco partidos, todos con tres goles o más. Sin embargo, en la jornada 14 se nos lesionó Leo y tuvimos tres empates seguidos. Uno de ellos con gol de último minuto, contra el Real Mazate. Para la última jornada, estábamos empatados en puntos con el Real Mazate y Leo estaba sólo para jugar medio tiempo.</p>
<p>Ese último partido lo jugábamos contra un equipo llamado Flamengo. Eran buenos, pero ganaban partido y perdían dos. No sé que pasó, pero casi al principio el Lito se desconcentró y cometió penal, que aprovecharon los del Flamengo. Luego yo perdí un balón en salida y en menos de veinte minutos ya íbamos perdiendo 2 a 0.</p>
<p>El Real, que jugaba al mismo tiempo en la cancha de a la par, iba ganando. Al medio tiempo, nosotros íbamos perdiendo ya 3 a 0 y el Real iba ganando por dos. El profe Polo nos pegó la más grande puteada que yo tenga memoria. Nos dijo de todo. Pero al final nos dijo que nosotros éramos el mejor equipo que había entrenado, que éramos los mejores del torneo, que debíamos meter los cuatro goles que se necesitaban para ser campeones. Que corriéramos más que nunca, que no diéramos una pelota por perdida, que si queríamos llegar a lo más alto debíamos correr el triple que el rival.</p>
<p>Envalentonados con la charla, y ya con Leo en el campo, emprendimos la remontada. El Momos metió el primer gol, entrando como una tromba en el área y casi estrellando la pelota contra la cara del portero, que no tuvo más que hacerse a un lado para conservar la cabeza en su lugar. El mismo Momos fue a la red a traer la pelota y la puso en el mediocampo. El 3 a 2 fue una jugada de Leo que se llevó a cinco jugadores rivales partiendo del mediocampo y driblando al portero metió la pelota en la portería solitaria. Apenas llevábamos quince minutos del segundo tiempo y el campeonato empezaba a ser posible. En el campo de a la par, el Real Mazate goleaba ya 5 a 0 al otro equipo, sin piedad.</p>
<p>El empate llegó por medio de Javier, con tiro libre impecable, al minuto 25. Teníamos veinte minutos para lograr el campeonato, sin embargo no tuvimos otra oportunidad de gol sino hasta dos minutos del final, cuando inexplicablemente Leo falló un penal. En tiempo de reposición, yo salí casi a la desesperada corriendo por la banda derecha, no miré a nadie, corrí con el balón lo más rápido que pude, llegué a línea final y a partir de allí todo fue como en cámara lenta. El centro, que pareció caer eternamente, iba dirigido, como me había enseñado el profe, a la altura del punto penal. Lito había subido desde la defensa viendo mi carrera y no tenía marca. Saltó. Parecía que no iba a llegar nunca, pero llegó al balón. La pelota siguió viajando a cámara lenta hacia la portería. El portero la rozó con los dedos, pero al final, agónicamente, pegó en la red. Éramos campeones.</p>
<p>Luego del partido fuimos a la casa del Lito y estuvimos de fiesta hasta el amanecer. Con la Gaby nos escapamos a un motel de la calzada Mateo Flores como a las diez, y creo que esa vez fue que la embaracé. Yo volví para seguir la celebración como a la una de la mañana. Vimos el amanecer en la terraza con una cerveza en mano. Hacía un poco de frío, pero todos seguíamos con el uniforme del Barsa. Leo, que era de los más callados, viendo las primeras luces del día, dijo que nunca había estado tan feliz, y que éramos los mejores cuates del mundo. El profe Polo nos agradeció con lágrimas por volverlo a meter al fútbol y así volver a creer en sí mismo.</p>
<p>A la siguiente temporada, sin embargo, el equipo se desarmó. El profe se fue a entrenar a un equipo de segunda división, Leo se fue a estudiar con una beca a México, y yo, con la Gaby embarazada, me casé. Seguimos con el equipo, ganamos algunos partidos, pero quedamos penúltimos. Cuando llegó el último partido de la temporada, nos visitó el profe Polo. Con las indicaciones que nos dio ganamos tres a cero. Como siempre, terminamos en la terraza de la casa del Lito, pero ya no me quedé hasta el amanecer porque al otro día tenía que trabajar.</p>
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		<title>La mesera y el oficinista</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Jan 2011 12:39:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Convencido de que la mesera del Café París era la mujer ideal, César decidió ir tras la conquista de Anabel, una treintañera guapa y madre soltera de dos hijos. Lo anunció en la oficina un lunes como a las dos de la tarde, cuando acababa de regresar de almorzar en el París. Anabel había llegado al Café París hacía seis meses y su belleza, su inagotable energía y su destacado culo, habían hecho que se duplicara la clientela, mayormente masculina. En contraste, el pobre César no era más que un flacucho de veintidós años sin mucha gracia, de lentes de culo de botella y mortalmente torpe con las mujeres. Todos en la oficina soltaron la carcajada cuando César dijo que ella terminaría casándose con él.<span id="more-1043"></span></p>
<p>César no había ido a comer al París hasta ese lunes. Así que para él fue amor a primera vista; para ella no, por supuesto. Pasó toda la tarde ensoñado y al nomás dar las cinco, se fue a una óptica a hacerse unos lentes de contacto. Al siguiente día se cortó el pelo y se compró ropa nueva. Por fin su vida tenía un objetivo definido, una meta que alcanzaría sin importar los sacrificios y desventuras que le ocasionara. César empezó a ir todos los días, religiosamente, a almorzar al París. Antes de su visita al café ejecutaba un ritual diseñado, según él, para el éxito. Primero iba al baño a lavarse la cara, peinarse y arreglarse la corbata y luego se echaba un perfume caro. Mas de alguna vez lo vi haciendo muecas frente al espejo; era enternecedor y cómico a la vez. Mary, la secretaria del gerente financiero, solía decir al verlo salir: ¡pobre mi gordo! Después del acicalamiento César enfilaba hacia el Santuario de Guadalupe a rezarle a la Virgen para que le concediera el milagro. Después caminaba hacia el mercado central a comprar una rosa, para ir finalmente a los dominios de Anabel. Llegaba casi siempre de primero a la cafetería para tener la oportunidad de entregar la rosa y decirle a la mujer de sus sueños que hoy, como siempre, estaba hermosa. Ella respondía con una sonrisa cortés, recibía la rosa y le preguntaba qué quería para almorzar. Un par de veces me fui temprano al almuerzo para ver al romeo en plena acción. Él se quedaba como idiota viendo a la grácil mujer viajar en medio de las mesas, las miradas lujuriosas, los vasos de refresco, los platos y cubiertos. ¿Por qué una mujer tan guapa tenía que trabajar tan duro?</p>
<p>César cumplía su rutina diaria de forma meticulosa. Durante semanas enteras la mesera se limitó a recibir con una sonrisa sin emoción las rosas y las atenciones de su enamorado. Siempre que César quería entablar conversación, ella fingía que tenía que ir a hacer a la cocina, o que tenía que terminar de limpiar o atender pedidos a domicilio, que más bien eran raros. En la oficina todos lo molestábamos e íbamos a la cafetería sólo para ver los intentos infructuosos del enamorado. Mano, le decía Edwin, el de costos, la Anabel es mucho culo para vos. César se limitaba a mirarlo fijamente y decía qué te importa.</p>
<p>Después de casi dos meses de rosa y piropo diario, un día que llegué al París, la mesera me preguntó que cómo era César. Bueno, le dije, parece un buen tipo, yo lo conozco sólo de la oficina y aparte de ser su enamorado más insistente, no le conozco ninguna otra rareza. Ella me sonrió y me contó, como en confidencia, bajando la voz un poco: ¿sabe qué hizo ayer? Me pidió en una carta larguísima que saliera con él a tomar un café un día a la salida de mi trabajo. Cuando vine acá esa carta ya estaba en la cocina junto a un arreglo grandote de flores. Todos ya la habían leído. Me dio ternura. ¿Y qué le respondió usted?, le pregunté. Que la otra semana, pero sólo para ganar tiempo, porque no estoy segura.</p>
<p>Mejor salga usted conmigo, le propuse entonces. Ella me miró extrañada y se avergonzó un poco; no lo esperaba. Claro que no, me dijo algunos segundos después. Yo sólo le preguntaba porque usted es su amigo y no sé si César es loco o algo así porque yo no quiero problemas, me aseguró. Entonces tendré que empezar a traer mi rosa diaria, dije sonriendo. Ella se alejó fingiendo indignación, aunque antes de entrar a la cocina volteó a verme, con una cara seria que en el fondo reflejaba el brillo inequívoco de la vanidad femenina halagada. Desde esa vez yo también me empecé a obsesionar con Anabel, la adorable mesera del Café París.</p>
<p>Por aquel entonces yo tenía una novia con la que todo iba bastante bien. Ella estudiaba conmigo en la universidad el último año de administración de empresas. Yo la quería, no hay duda, pero no estaba tan enamorado que digamos. Ella y su cariño me hacían sentir cómodo, la compañía era buena, ella era bonita, pero tenía una risa nerviosa muy rara que a veces me hacía desesperar. No tardé en olvidarme de ella y soñar con la infatigable mesera del prominente trasero.  Ahora éramos dos los enamorados obsesos.</p>
<p>Competíamos con César por ser los primeros clientes en llegar. Yo todos los días la invitaba a salir, y él todos lo días le daba sus flores y una carta, con un poema de Ruben Darío, de Amado Nervo o de Pablo Neruda. Yo de vez en cuando le llevaba una rosa. A Anabel le divertía un poco nuestra competencia, unas veces saludaba de besito a César y otras a mí, como para provocar más la rivalidad. César me dejó de hablar, y cuando teníamos que hacerlo por trabajo se limitaba casi a monosílabos. Mientras seguía con su ritual religioso: acicalamiento, compra de flores e ida a la iglesia. A veces yo le decía por molestar que a mí me iba a hacer caso la Anabelita porque yo le pedía al diablo, que es el príncipe de este mundo. César me contestaba con una mirada de odio profundo y sincero.</p>
<p>Así fuimos por un par de meses, hasta que un día, cansada del cortejo, Anabel decidió darnos una cita a cada uno. Chicos, dijo, me gusta que me halaguen, pero ya es hora de terminar con esto. Mañana saldré con César y pasado mañana con Carlos, a ver quién se pone más las pilas y me sorprende mejor. Yo sonreí y volteé a ver a César, que estaba serio y altivo. Los dos creímos que le íbamos a ganar al otro. El con su romanticismo soñador y yo con mi mejor trato con las mujeres. Yo estaba seguro que me había puesto de último para quedarse conmigo. Con César saldría el jueves y conmigo el viernes, algo tenía que significar.</p>
<p style="text-align: center;">*     *     *</p>
<p>El jueves, cuando los vi salir de la cafetería París, como a las cinco de la tarde, yo moría de celos. Los vi desde la ventana de la oficina hasta que se subieron al carro de César. El volteó a mirar hacia la ventana de la oficina, con una sonrisa burlona. Sabía que yo iba a estar ahí, observando como el romeo se llevaba a la mesera. Era una tarde soleada, bonita, y yo apenas resisití a la tentación de llamarla al celular. Casi no dormí pensando en qué le diría, en cómo podría romper su resistencia, en cómo venderme como mejor opción. También pensé en que para qué me metía a luchar por una mujer que ya tenía hijos, que no iba a tener tiempo para mí, que ya estaba muy vivida como para ilusionarse. Hasta que se pasó la noche y llegó el siguiente día, la hora del almuerzo en el París, y por fin, la hora de salida, las cinco de la tarde tan ansiadas.</p>
<p>Cuando llegó César ese viernes, me miró con sonrisa triunfante y despectiva. Yo no sabía lo que habían hablado, pero era evidente que me habría mirado de esa manera cualquiera que fuera el resultado de la cita del día anterior. Sin embargo me intimidó un poco. Al fin y al cabo él era más metódico en su cortejo y sus acercamientos con Anabel tenían más tiempo y más trabajo. El había trabajado en la planificación de esa cita mucho tiempo más que yo, y era muy probable también que su devoción a la mesera fuera más grande que la mía.</p>
<p>Toda hora se llega, así que me tocó al fin ir a traer a la dama. Para no estar tan nervioso, me tomé un par de tragos después del almuerzo, repasé mentalmente mis frases matadoras y mi sonrisa de galán frente al espejo y salí decidido a ganarme el corazón de la bella mesera. ¡Hola!, me dijo al verme. Vestía una blusa celeste, un pantalón de lona algo flojo, y unos zapatos tenis. Se había maquillado con buen gusto. Me tomó del brazo y dijo que caminara con ella. Me sentí el ganador de la contienda. Me dijo que iríamos a caminar un poco a la sexta avenida, y que después podríamos ir a donde yo hubiera planificado. Hoy es un día importante, apuntó.</p>
<p>Me contó entonces que era el cumpleaños de su mamá y que desde que había muerto, hace tres años, siempre visitaba algún lugar que se la recordara. Pasaríamos frente al restaurante Fu Lu Sho, en donde había trabajado su mamá por años. Al contrario que el día anterior, estaba nublado, gris. Caminamos hasta llegar a la puerta del restaurante y ella señaló el bar desde donde atendía a la clientela. Había tenido una infancia feliz, y pasar frente a ese restaurante le hacía recordar. Por un momento se le aguaron sus ojos. Se miraba hermosa.</p>
<p>Bueno Carlitos, y entonces, ¿a dónde me vas a llevar?, me dijo después de un nostálgico y profundo suspiro. Le di el nombre del restaurante en donde quería cenar con ella, pero ella no lo conocía. Yo no me acuerdo del nombre, porque lo había escogido al azar en la guía telefónica, pero resultó ser un bonito lugar. Anabel era una mujer divertida, así que nos pasamos riendo la mayor parte del tiempo. Como me sentí a gusto, olvidé todas las palabras que había preparado para hacerla caer. Me la estaba pasando bien, así que decidí ser espontáneo.</p>
<p>Entre risas y comida, me dijo que había aceptado la propuesta de matrimonio de César. Yo me ahogué con la cocacola que estaba tomado y se me salió un <em>¡puta! ¿cómo?</em> La damisela se echo a reír con carcajada limpia. Sólo quería verte la cara, me dijo, somatándome la espalda (porque yo tosía del ahogo), riéndose todavía. No acepté nada. Lo que quiero es que me llevés a un motel porque hace rato que no me cojo. Al punto pagué la cuenta y nos fuimos al más cercano. No voy a dar detalles, pero nos la pasamos muy bien. La fui a dejar a su casa como a las cuatro de la mañana, porque ella quería que sus hijos la vieran cuando despertaran. Se había quedado su tía cuidándolos. Me dijo al despedirse que por favor no la llamara, que nos viéramos hasta el lunes.</p>
<p>Yo no hice caso y la llamé al día siguiente. Le envié mensajes de texto como loco, le dejé grabados mensajes de amor después de tono, pero no contestó. Desesperado, la fui a buscar a su casa por la noche. Me atendió su tía, y me dijo que no estaba, que había salido con sus hijos, pero yo sabía que mentía. Creí ver que atrás de la vieja se abría una cortina, pero no vi a nadie. Le insistí a la vieja, le dije que estaba loco por su sobrina, que sólo quería verla. Ella sólo los vuelve locos y después se hace la loca ella, olvídela mijo, me dijo, casi tirándome la puerta en la cara. Volví a la casa derrotado, llamé a unos amigos y me fui a emborrachar en el Paseo Aycinena. Salí de ahí cargado por dos de mis mejores cuates, chillando, diciendo que me quería matar, y maldiciendo a la puta de la Anabel.</p>
<p>Pasé mal el domingo, con resaca y depresión. Pero cuando me levanté el lunes, decidí hacerme el fuerte e ir a decir a la oficina que me había cogido a la mesera del París. Gritando, para que oyera el César. Cuando llegué a la oficina, sin embargo, todo mundo rodeaba al flacucho que les mostraba el anillo de compromiso que le iba a entregar a Anabel ese mismo día. Todos estarían invitados a la boda. Al verlo ahí, tan ufano y sonriente, no supe qué decir. Yo dije que me la había ido a coger el viernes, pero nadie me creyó. Todos fueron al París a almorzar ese lunes, nadie se quiso perder la entrega del anillo. Yo me escapé de la oficina después y llegué a confrontarla, a pedirle explicaciones. ¿Cómo es eso que cogés conmigo después de comprometerte en matrimonio? Soltame, me dijo, y te explico.</p>
<p>Un poco temblando la voz, pero bien claro, le escuché que ella estaba segura de que el César iba a quedarse con ella, ella lo que quería era estabilidad y no sólo alguien que cogiera a la primera oportunidad. Que lo del viernes había cumplido dos propósitos: probar qué era lo que quería yo y pasar el rato. Pero nada más. Ahí me descontrolé y empecé a insultarla de tal modo que me tuvieron que sacar a la fuerza del restaurante el cocinero y el dueño. Fue la última vez que fui al París.</p>
<p>La boda se celebró tres meses después. Yo no estaba invitado, pero fui a la boda religiosa, que por supuesto fue en el Santuario de Guadalupe; el lugar donde el romeo rogaba a Dios y a la Virgen que se le hiciera el milagro. Tenía que verlo con mis propios ojos. No digo que no sentí el orgullo de macho herido, pero incluso me alegré del suceso. No sé bien por qué. Salí de la iglesia antes de que terminara la misa, mientras una soprano cantaba el Ave María.</p>
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		<title>Un padre de familia</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Oct 2010 15:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando nació el Carlitos yo fui el hombre más feliz. Un hijo, una pequeña persona de la cual cuidar, a la cual mimar, a quien enseñarle el mundo, a quien sonreírle diciendo tonteras. Un niño del que me tenía que hacer cargo. Sin duda he cometido muchos errores, pero el Carlitos no es una mala [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando nació el Carlitos yo fui el hombre más feliz. Un hijo, una pequeña persona de la cual cuidar, a la cual mimar, a quien enseñarle el mundo, a quien sonreírle diciendo tonteras. Un niño del que me tenía que hacer cargo. Sin duda he cometido muchos errores, pero el Carlitos no es una mala persona, es un muchacho noble. Pero ahora que ya cumplió 15 años todo es muy diferente. Descubrió que hay un mundo afuera y que yo no siempre encajo bien ahí. <span id="more-996"></span></p>
<p>Después de años de ser recibido con alegría al llegar a casa, ahora me topo con que apenas me voltea a ver porque lo que dicen sus amigos de los mensajitos de celular, de Facebook, Twitter, chat o cuanta mierda esté de moda. Se emociona con cada comentario y celebra cada ocurrencia que lee en un español inentendible. Los muchachos creen que con cambiar letras u omitirlas lo que dicen será más ocurrente. Y ahí está el Carlitos siendo parte de eso escribiendo cosas como <em>Ola kmo staz?</em>, o escribiendo estados de Facebook tipo <em>xando la weva</em>. Cuando no está en el Facebook o en el chat, sale a la calle a vagabundear con sus amigos de la cuadra. Van de comercial en comercial viendo vitrinas y comprándose unas papas fritas y un agua y viéndole el culo o las tetas a las mujeres. Van con la intención de encontrarse con alguna chavita bonita y hablarle y enamorarse y tener aventuras así como en las películas. Vuelven siempre igual como se fueron, sin haber vivido grandes aventuras ni conquistas amorosas. Eso sí, cansados y con hambre.</p>
<p>Yo le he dicho a veces, mirá Carlitos, leé algo, desburráte un poco siquiera. Qué hueva, me contesta. A la edad tuya yo estaba descubriendo a Edgar Allan Poe, a Cortázar, a Emily Brontë. Vos no pasás de la Lady Gaga, esa tipa que más parece un travesti, le digo. Asienta del mal humor y rápido se va a su cuarto y se encierra. Creo que hice mal en ponerle el internet en su cuarto; pasa horas ahí, y yo sé bien lo que está haciendo, pero ¿qué hago? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.</p>
<p>No le gusta tocar ningún instrumento musical, ni el dibujo o las artes, apenas juega un poco de fútbol los sábados. Ni siquiera sintoniza de perdida al Discovery Channel. La mitad de las materias que recibe en el colegio no le gustan; la otra mitad le aburren. No quiere ir a trabajar de vacacionista a ningún lugar. Su estado en el chat es generalmente “aburrido”. No quiere ayudar en las tareas de la casa. Es un buen muchacho, ya se los conté, pero me preocupa que no tenga ni talento, ni espíritu emprendedor, ni metas, ni ganas de aprender cosas nuevas. ¿Qué pasa si mañana me muero y se queda solo con su mamá?</p>
<p>Lo peor es que ya quiere empezar a salir por la noche. Hasta que cumpla los 18 tengo la excusa de su edad, así que tengo aún tiempo para pensar en cómo cuido a este patojo. Qué bueno que no es mujer, porque ahí sí que ya habría comprado mi escopeta y ay de aquel que se acercara mucho. Pobres los papás que tienen sólo hijas mujeres, los compadezco.</p>
<p>El otro día estaba de nuevo frente a la computadora. Lo abordé seriamente y le hablé:</p>
<p>—Carlitos vení para acá —le dije.</p>
<p>—¿Y ahora qué querés? —me contestó sin despegar la vista del monitor de la computadora, sosteniéndose la barbilla con la mano izquierda.</p>
<p>—Vos vení.</p>
<p>Perezosamente se levantó de su silla y caminamos juntos a la sala.</p>
<p>—¿Qué querés? —dijo al sentarnos en el sofá.</p>
<p>—No me hablés así, que soy tu padre —contesté serio—, más respeto.</p>
<p>—Ok, perdón, decime pues.</p>
<p>—Mirá Carlitos&#8230;</p>
<p>—Ya no me digás Carlitos.</p>
<p>En eso entró la mamá de la calle y le pidió que la ayudara con las cosas del super. Lo había salvado la campana. Sonrió cuando su mamá le gritó desde el garage. Después de que terminó de ayudar a su madre, seguimos la plática.</p>
<p>—Mirá, tus notas están un poco bajas, si seguís así, vas a salir raspado.</p>
<p>—¿Y? —respondió, con gesto insolente.</p>
<p>—¿Cómo que “Y”? Mirá cerote, —le dije molesto— vos ya te estás pasando, un día te echo de la casa, a ver si servís de algo en la calle. Idiota.</p>
<p>Estaba muy molesto. La mamá nos oyó y se armó un gran relajo.</p>
<p>—¿Y vos qué te creés, Víctor? —me grita—. El nene sólo necesita un poco de tiempo para concentrarse, no todos pueden seguir el ritmo con tanta tarea y tanto examen.</p>
<p>Me tuve que ir con toda mi cólera a encerrarme a mi dormitorio. Yo tengo un solo hijo, ¿qué harán los que tienen 2, 3, 4?</p>
<p>Otra cosa que no sé cómo entrarle es al sexo. ¿Lo llevo donde las putas? ¿Y si de pura mala suerte se contagia de algo por mi culpa? El condón se puede romper y&#8230;  Además la mamá es muy de la iglesia, así que si se entera me manda a la mierda. Pero no sé, debe haber alguna forma de enseñarle, tal vez si hago como ese mi cuate que le habló a una edecán que iba al gimnasio para que se cogiera a su hijo. Pero igual no sé.</p>
<p>Si algo me da miedo, en especial en esta violenta Guatemala, es pensar que un día cualquiera me balean al Carlitos. Porque acá no sabés si en la tienda de la esquina llega alguien y mata al de a la par y a vos también de perdida. Peor aún es pensar que se meta a cosas como el narcotráfico, maras o bandas de asaltantes. La gente que se aburre hace cualquier idiotez para distraerse. Capaz que se junta con unos tipos y se mete a hacer estupideces. Por eso sí está bueno que vaya a la iglesia, ahí le dicen que se tiene que portar bien porque si no se va al infierno. Igual no se si eso lo asuste mucho.</p>
<p>A veces lo miro ahí tirado en el sofá viendo tele, bostezando, despeinado, con una cocacola en una mano y un cheeto en la otra. Es tan coche que se mete un dedo en la nariz y se saca un moco y lo pone debajo del sillón. Luego se lleva otro cheeto a la boca, como que si nada. Y pienso, ¿y este vago se podrá mantener él solito algún día? Me da que lo voy a tener que mantener durante un buen tiempo. Ese es el futuro del país.</p>
<p>El día que más me asusté en la vida fue cuando el Carlitos se me perdió en el comercial.  Tenía cinco años. Lo dejé en la sección de juguetes del super y seguí comprando. Su mamá no había ido con nosotros. Y yo de mula me olvidé del patojo, pagué en la caja y salí. En el parqueo me di cuenta. ¡Puta! ¿Y el Carlitos?, me dije asustado.</p>
<p>Regresé corriendo como un loco, casi chillando, puro maricón. El Carlitos todavía estaba jugando con los carritos, tranquilo, hasta cantando. En realidad no fue que se me perdiera, ahora que lo recuerdo bien. Cuando lo ví tan sereno esa vez en la tienda pensé, ese patojo bien se las va a poder sin mí. Va a ser cabrón.</p>
<p>El domingo pasado fuimos al estadio, a ver a los rojos. Como suele suceder acá, el estadio vacío y un mal partido. A la salida nos comimos unas tortillas con carne y un par de cervezas. Platicamos de lo malo del partido.  En eso es lo único que coincidimos, en que nos encanta el fútbol. Es en ese punto en donde nos encontramos, en donde somos cuates. Si le pregunto ¿cómo quedó el Barça en la Champions?, él me contesta, 2 a 0 papa, los dos goles de Messi. Si está de buen humor me da detalles: hubieras visto, el Messi se llevó a cinco, dio un pase, se la regresaron de pared y de globito la metió. Golazo. Si no está de buen humor, sólo me da el resultado. Otras veces él me pregunta por el resultado y yo contesto.</p>
<p>Siempre que hablamos de fútbol me siento bien, pienso que no todo lo hice mal, que el patojo este va a ser de alguna manera un buen hombre. Sí, eso es. Siempre que al ver un balón de nuestro equipo rozar la portería nos levantemos y gritemos monosílabos, siempre que suceda eso, yo sabré que hay un nexo con el Carlitos, una conexión, una manera de saber que si hay gol nos vamos a sonreír cómplices, una manera de saber que siempre vamos a estar del mismo lado, juntos.</p>
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		<title>A final de mes</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2010 13:32:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Amway]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo]]></category>

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		<description><![CDATA[El contable Víctor Valdez acaba de recibir su pago de fin de mes. No puede creer que hayan tantos descuentos. Mira una y otra vez el detalle y vuelve a hacer la suma con su calculadora, pero no encuentra errores. Saca de la gaveta de su escritorio el detalle de cobro de la tarjeta de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El contable Víctor Valdez acaba de recibir su pago de fin de mes.  No puede creer que hayan tantos descuentos.  Mira una y otra vez el detalle y vuelve a hacer la suma con su calculadora, pero no encuentra errores.  Saca de la gaveta de su escritorio el detalle de cobro de la tarjeta de crédito y hace cuentas en una hoja de excel.  Ingresa datos, hace sumas totales y mira la triste realidad: otro mes que pagará el mínimo en la tarjeta de crédito.  Una creciente desesperación lo envuelve y somata su escritorio con un puño.<span id="more-859"></span></p>
<p>¡Pero si este mes no gasté nada!, piensa.  ¡Hice economías por todos lados, no salí en la noche, no comí nada afuera, no fui al cine con mi mujer, no saqué a los niños a pasear!  ¡No es posible!  Víctor hace de nuevo las sumas de su excel, pero los números siguen fríos y ajenos a sus penas. Se han acumulado dos mil quetzales sólo de intereses.  Empieza a rememorar cómo fue que acumuló toda esa deuda.  Todo empezó con las vacaciones en el puerto cuando terminó el año escolar.</p>
<p>Durante todo el año escolar Víctor se la pasó ofreciéndoles a los niños unas vacaciones en el mar si ganaban todas sus clases.  Llegó el final de año, los niños sacaron muy buenas calificaciones y él quedaría como un mentiroso si no cumplía.  Entonces utilizó la tarjeta de crédito y empezó el martirio.  Las vacaciones fueron geniales, el mar, las piscinas, los juegos.  Unas tardes soleadas y la brisa del viento al anochecer eran recuerdos que quedarían para siempre en las mentes de los niños.  Pero había que pagarlas, la buena vida también tiene un costo.</p>
<p>La tarjeta de crédito fue el espejismo que hizo posible lo que hubiera quedado en sueños.  Víctor piensa que debió haber hablado con sus hijos, quizás comprenderían que era mejor no ir para no caer en deudas.  Pero recuerda también cómo muchas veces de niño él se quedó sin vacaciones, sin bicicleta y sin el carrito a contro remoto que tanto le pidió a papá.  Por eso no quiso negarle el gusto a sus hijos.  Si como decía el pastor de la iglesia los domingos, que la verdadera cuenta está en el cielo, con ese viajecito la cuenta del cielo debería estar alta.</p>
<p>El jefe de Víctor se acerca al escritorio y le pide que se calme, que no quiere volver a escuchar que somate su escritorio de nuevo.  Que se puede ir a su casa a somatar lo que quiera, si quiere, pero aquí está en el trabajo.  Le deja un leitz con documentos para procesar, deben estar ingresados al sistema antes de la hora de salida.  Mejor que se vaya apurando y dejando sus problemas para más tarde.  Víctor resopla malhumorado, y pide disculpas entre dientes.  Toma el leitz y revisa los documentos.  Facturas, recibos, detalles de cobro, a quién le interesan.  Vuelve a su hoja de Excel.</p>
<p>Hace una proyección de varios meses, suma intereses y moras y descubre que no podrá pagar si no obtiene ingresos extras.  Piensa en que mejor ya no gastará nada en la tienda de la empresa.  Intenta conservar la calma.  Recibe una llamada de su mujer recordándole el libro de la nena, que debe entregar tareas en el colegio y todavía no lo tiene.  Víctor responde de mal humor y al despedirse no dice el <em>yo también</em> con que siempre se despide de su esposa.  Al colgar se lleva las manos a la cara y no se explica en qué estaba pensando cuando puso a sus hijos en colegios tan caros.</p>
<p>Deberá aceptar el empleo como catedrático de computación por las noches y las clases de contabilidad los fines de semana.  No pagan mucho, pero no hay otra forma.  O tal vez entrarle al negocio de Amway, pero, ¿a quién le va a vender?  Nadie que él conociera compraba ese tipo de cosas.  Además se trataba de vender membresías en lugar de producto.  Comprar aquel kit fue un error. Pero es que se miraban tan contentos los presentadores en las reuniones, todo parecía tan real.</p>
<p>Con los ingresos extras por las clases, Víctor rehace su excel.  Ahora parece que sí logrará pagar sus deudas.  Recuerda que también le debe a su hermano, a su mamá y a una prima.  ¿Por qué es tan difícil tratar de vivir más o menos bien?  Cierra los ojos y piensa en la pequeña Dani, y sonríe.  Todo por ella, no hay que darse por vencido.  Hay que pensar positivo.</p>
<p>Llama a su primo, el que le ofreció el empleo por las noches.  Acuerdan empezar la próxima semana.  Luego llama al colegio en donde trabajó el año pasado de interino dando clases de contabilidad los fines de semana, y pregunta si sigue existiendo la oportunidad.  No, ya no hay oportunidad, pero tal vez exista la posibilidad de una cátedra de historia y literatura o de estadística, llame la próxima semana.</p>
<p>Como no puede resolver nada más, toma el leitz, hace una oración y empieza su trabajo.  Las teclas de la computadora vuelan, mientras sus pensamientos están con la Dani.  A cada tanto mira la foto de su familia en su escritorio.  Todo por ellos.  Finaliza su día de trabajo con mejor humor.  Aunque cansado, ya no siente la angustia de la mañana, cuando hacía cuentas.</p>
<p>En el camino de regreso a casa recibe una llamada del banco, el operador le ofrece una nueva tarjeta de crédito.  Duda un momento, pero acepta dar sus datos y piensa en que con dos tarjetas quizá pueda hacer malabares para pagar menos intereses.  Al entrar a casa la Dani lo recibe con un gran abrazo y con un beso, y con la noticia de que el dvd de la película de Alvin y las ardillas se arruinó.  Durante la cena Víctor mira a sus hijos y a su mujer, y piensa en que si llegara a fallarles no se lo podría perdonar.  De nuevo le entra la angustia poco a poco y se vuelve a poner de mal humor.  Ya no pronuncia palabra en lo que resta de la cena.</p>
<p>Al terminar de comer, en silencio, se sienta en el sofá de la sala a ver la tele.  La Dani se acerca y se sienta en sus piernas.  Mientras Víctor ve las noticias y piensa en todo el trabajo duro que tendrá que hacer durante el año, la Dani se queda dormida.  Cinco minutos después, él también.</p>
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		<title>La fe mueve montañas</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jan 2010 13:15:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[Xetulul]]></category>

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		<description><![CDATA[En el carrusel del parque Xetulul Amelia da vueltas junto a su padre. Es una tarde soleada y agradable, ya casi dan las cinco y la gente empieza a salir del parque para regresar a su casa o al hotel. El parque está lleno pero para Amelia sólo existe el carrusel, papá y el vals [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el carrusel del <a href="http://www.irtra.org.gt/index.php?option=com_content&amp;view=section&amp;id=6&amp;Itemid=95" target="_blank"> parque Xetulul</a> Amelia da vueltas junto a su padre.  Es una tarde soleada y agradable, ya casi dan las cinco y la gente empieza a salir del parque para regresar a su casa o al hotel.  El parque está lleno pero para Amelia sólo existe el carrusel, papá y <a href="http://www.goear.com/listen/a557ab5/la-valse-damelie-yann-tiersen" target="_blank">el vals que suena de fondo</a>.  Montada en un caballito ríe con toda la despreocupación de sus cinco años y una infancia segura.  Dieciséis años después, en ese mismo carrusel ya deteriorado y con poca gente, ella escucharía con gran llanto ese vals, y recordaría aquella tarde.<span id="more-830"></span></p>
<p>Amelia volvió hoy a ese parque para encontrar un poco de consuelo.  Una semana atrás se enteró de que está embarazada.  El padre es un tipo casado, y lo primero que dijo cuando le contó sobre su embarazo fue que se fuera a la mierda.  Ella sabía que el hombre era así, sin embargo se dejó llevar por las palabras bonitas, los buenos regalos, los buenos hoteles y restaurantes, y unos ojos negros un tanto misteriosos.  Ahora está ahí frente al carrusel, escuchando el vals, pensando en que sería bueno poder platicar con su papá.  Acababa de cumplir doce cuando su padre se durmió al volante y se fue a embarrancar junto a su madre, muriendo los dos. Una tragedia.</p>
<p>El carrusel luce deteriorado y contrasta con las remodelaciones que ha tenido el parque.  Quizás algún gerente nostálgico lo conserva como recuerdo.  Hay un par de niños en el carrusel mientras Amelia es un mar de lágrimas en la banca que está al lado.  Al terminar su turno los niños bajan y el carrusel queda solo.  El operario es un tipo en sus cincuentas, algo gordo, canoso e inexpresivo.  Sin embargo es amable con Amelia y le ofrece una vuelta gratis.  Ella se limpia las lágrimas y acepta.</p>
<p>Al arrancar el juego Amelia vuelve a sentir el aire fresco de hace dieciséis años.  Hace una tarde como entonces.  Al ritmo del vals los caballitos suben y bajan, y ella vuelve a recordar la sonrisa de su papá.</p>
<p>—Ame, ¡agarráte bien hombre, te vas a caer!  Si no te agarrás bien, ya no te vuelvo a traer.</p>
<p>—Vaya papi.</p>
<p>—Eso, así mero.</p>
<p>Le parece como si volviera a vivir aquella tarde.  A pesar del calor de siempre en la costa sur de Guatemala, hace una pequeña primavera en el ambiente, como esa vez.  Es ella, el carrusel y sus recuerdos.  Es increíble cómo el juego todavía está ahí con la misma música.  Como si hubiera estado esperando por ella todo este tiempo.  Ahora piensa que un día habrá de ir con su hijo a algún carrusel con caballitos y quizá cuando crezca su hijo él también la recuerde con cariño.</p>
<p>El operario pacientemente accede a darle varias vueltas más de gratis.  Sobre esos caballitos ya no se siente sola y le parece que al voltear a ver ahí está su papá de nuevo.</p>
<p>—Nena, ya te dije que te agarraras bien.  Hacé caso.</p>
<p>—Sí papi.</p>
<p>—Yo te lo digo porque te quiero mucho, no por molestar.</p>
<p>Traer a un ser humano al mundo.  Tan lejos que le parecía a Amelia todo esto hace un año.  Ahora tendrá que enfrentarse a la responsabilidad y aún no sabe bien cómo.  La fe mueve montañas, dicen, si ella cree, todo saldrá bien, piensa.  Hay que confiar en que Dios no la dejará sola.  ¿Qué diría su hermano y sus tías?  ¿Cómo pudo caer con semejante tipo?  A veces con las decepciones amorosas se bajan las defensas y cae uno, piensa Amelia.  ¿Dónde estará Rodrigo ahora?</p>
<p>Rodrigo era su novio hace dos años.  Un día se pelearon porque él fue solo a una fiesta donde se vería con una muchacha que le gustaba.  Amelia rompió con él, no oyó explicaciones, ni ruegos, ni serenatas, ni nada.  Después tuvo varios novios pero ninguno la llenó, ninguno era tan detallista ni tan amable ni tan divertido como Rodrigo.  Pensó entonces en hablarle y volver, pero nunca tuvo valor para hacerlo.   Anduvo dando tumbos de aquí para allá, empezó a ir a discotecas y a fiestas hasta toparse con el padre de su bebé.  Tres meses anduvo con él para todos lados.  La embarazó y la rechazó.  El embarazo le había hecho caer en la cuenta de que su locura ya no podría seguir.</p>
<p>Bajó del carrusel más aliviada, su angustia había cedido.  Agradeció al operario y caminó por el parque sin rumbo.  Pensó entonces en enviarle un mensaje de texto a Rodrigo, saludando, tal vez no era mala idea.  Con suerte podría pedirle perdón.  No volvería con ella y menos embarazada, pero al menos lo saludaría y sabría de él.  O tal vez mejor no, para qué.  Al final le envía el mensaje: <em>hola, llamame porfa</em>.</p>
<p>Amelia regresa a su casa, que queda a un kilómetro del parque.  En el camino ve salir a familias felices, novios de la mano y viejitos caminando con dificultad.  Ya es de noche cuando recibe la llamada de Rodrigo, casi temblando contesta el celular.  Él la saluda amable -para su sorpresa- y entonces ella lo cita para el día siguiente en el parque Xetulul.  Quiero verte de nuevo, saludarte y saber cómo estás, le dice.  Y ése es mi lugar favorito.</p>
<p>Al siguiente día hace una tarde estupenda.  Amelia está linda, su pelo largo perfumado y su vestido blanco flameando al viento reciben a un sonriente Rodrigo.  Se abrazan como se abrazan las parejas que se han extrañado mucho, como si nada hubiera pasado, como si no hubiera existido el tiempo en que no se vieron.</p>
<p>—Estás un poco gordo, Rodri —observa Amelia.</p>
<p>—No, sólo estuve yendo al gimansio.</p>
<p>—En ese gimnasio como que venderán carnitas porque estás gordito —responde Amelia poniendo su dedo índice en la barriga de Rodrigo—.  Pero no importa, estás lindo.</p>
<p>—Vos estás preciosa.</p>
<p>Se suben como niños a todos los juegos del parque y al final Amelia le pide ir al carrusel.  Ahí está el operario de ayer y sonríe al verla contenta y resplandeciente.  Un leve viento refresca el caluroso ambiente.</p>
<p>—¿Sabés una cosa vos Rodri? —interroga Amelia—. Me gusta cuando en medio del calor de la costa pasa un vientecito fresco, es como una pequeña primavera.  Demos una vuelta en el carrousel.</p>
<p>Mientras dan vueltas montados en los caballitos, todo parece bueno, todo está genial.  El operario los mira un poco celoso, pero no está molesto.  Amelia sonríe y prefiere olvidar todo y a todos esa tarde.  No le contará a Rodrigo sobre su embarazo.  ¿Para qué arruinar una tarde tan bonita contando una verdad inútil en ese momento?  No siempre es buena idea decir la verdad.  Y ahí mismo traza un plan para quedarse con Rodrigo para siempre.</p>
<p>Al finalizar la tarde deciden irse del parque y dan un paseo en el carro por la carretera.  Amelia asoma su rostro sonriente al viento, un sol anaranjado en el horizonte la ilumina.  No hay nada mejor que el rostro de una mujer bella y feliz en una tarde primaveral.  Al entrar la noche cenan hamburguesas en un restaurante de comida rápida.</p>
<p>—No quiero ir a mi casa —dice Amelia—.  Quiero ser tuya toda la noche.</p>
<p>Tres semanas después de andar por todos lados como locos enamorados, Amelia le dice a Rodrigo que está embarazada.  No hay duda.</p>
<p>—Vamos a ser padres Rodrigo.  ¿Te casarías conmigo?</p>
<p>Un mes después llegaría el casamiento.  Decidieron no hacer fiesta y en lugar de ello pasearon un mes entero por todo el país, solos.  Todos los días después del encuentro en el Xetulul fueron felices, los mejores.  Pero ya la panza le crece y Amelia duda sobre si decir o no la verdad.  Ella le pide a Dios todos los días que la ayude y la ilumine, que no permita que Rodrigo la deje.</p>
<p>Y Dios parece hacerle caso, porque un tiempo después, antes de que ella cumpliera los siete meses de embarazo, Rodrigo tuvo que irse del país para trabajar en Costa Rica.  Ella dijo que se quedaría para que el niño fuera guatemalteco y que después irán los dos a su encuentro.  Rodrigo aceptó.</p>
<p>Quién sabe si de veras existen los milagros, pero el niño increíblemente se parece a Rodrigo.  Sólo Amelia y el padre del niño saben la verdad.  A veces, cuando el padre del niño toma licor, cuenta la verdadera historia, para deleite de sus amigos.  Sobrio niega todo.</p>
<p>Amelia está segura de que su fe la salvó, porque la fe, según dicen, mueve montañas.  Pedid y se os dará.</p>
<p>El niño se llamará Rodrigo, como su padre.  </p>
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		<title>Los bachilleres</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2009 12:34:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Bachilleres]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando estaba en primer año de bachillerato con el Dani y la Fabi nos íbamos a vagar todas tardes en el carro de aquel. Al Dani al nomás cumplir los dieciséis le habían dado su carro propio, y el carro cuando sos chavo no te sirve si no lo usás para chingar con los cuates. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando estaba en primer año de bachillerato con el Dani y la Fabi nos íbamos a vagar todas tardes en el carro de aquel.  Al Dani al nomás cumplir los dieciséis le habían dado su carro propio, y el carro cuando sos chavo no te sirve si no lo usás para chingar con los cuates.  Antes de que le dieran el carro yo no salía mucho con ellos porque no quería hacer hacer mal tercio.  El Dani y yo habíamos andado detrás de la Fabi y a ella le había gustado él, y yo como buen cuate pues me había hecho a un lado al principio.  Pero los dos fueron tan insistentes que no pude decir que no.  A veces pienso que mejor hubiera sido dejarlos solos.<span id="more-400"></span></p>
<p>Íbamos y salíamos juntos del colegio.  Las tardes eran lo que más esperábamos porque íbamos a pasear por algún comercial, la Antigua o al cine.  Algunas veces se nos pegaba la hermana de la Fabi, pero como esa chavita era mera caquera no siempre le gustaba.  Si esa chava no fuera tan llena de babosadas hubiéramos andado en pareja y tal vez no hubiera sucedido lo que sucedió.</p>
<p>La Fabi era linda, tenía cabello castaño y era morena clara, tenía un su piercing en la nariz que le quedaba calidad.  Era delgada pero con buenas curvas.  Además era buena onda, sabía que era bonita, pero no por eso hacía malas caras cuando algún chavo se le acercaba.  Eso sí, si querían algo más que amistad, decía que ella sólo era del Dani.  Por ser así buena onda y linda, le cayeron un montón de declaraciones de amor, incluso de hombres grandes con buen billete.  Pero ella nunca se metió a babosadas, aunque oportunidades no le faltaron.</p>
<p>Nuestro paseo preferido era Miraflores, entrábamos al museo al que nadie entra y mirábamos una y otra vez las vasijas y la tumba que hay allí.  En el montículo que está adentro, hacíamos carreras con el Dani, y casi siempre ganaba aquel.  La Fabi jugaba a ser una reina maya y nosotros con el Dani le seguíamos la corriente, nosotros éramos los súbditos.  Los miércoles, aprovechando el dos por uno, entrábamos al cine.  Después nos íbamos a comprar shucos enfrente del Tikal Futura y así nos la pasábamos.  Terminábamos en la casa de la Fabi o la del Dani haciendo las tareas del día.  </p>
<p>Siempre nuestros papás nos dieron mucha libertad mientras anduviéramos juntos.  Al Dani le decían que si andaba conmigo se podía ir a tal o cual fiesta y hacían que yo llegara a su casa.  Ellos vivían a unas cuadras de la mía.  Al regreso siempre pedían que echáramos el aliento para ver si habíamos chupado, pero al Dani y a mí nunca nos agarró por el guaro porque nunca nos llamó la atención.  Lo que nos gustaba era la mota.</p>
<p>Lo que no me gustaba era cuando aquellos dos se iban a enmotelar o a la casa de la Fabi y me dejaban en algún comercial o en el cine.  Está bien, ellos que hagan lo que quieran, pensaba, pero yo hubiera preferido irme a mi casa.  &#8220;Esperanos aquí un ratito&#8221;, decía la Fabi, y sin darme tiempo a responder, iban al parqueo y salían.  Volvían un par de horas después.  Al final terminé entendiendo cómo funcionaba la cosa y cuando me decía la Fabi que esperara un ratito, mejor agarraba camioneta y me iba a mi casa.  La primera vez me llamaron al celular para ver dónde estaba.  En mi casa, le contesté al Dani, y colgué.  Muchas veces me tuve que regresar en camioneta a la casa porque aquellos se iban a coger.</p>
<p>La mota la conseguía el Dani con un su tío que había sido medio hippie, y que además tenía su propio cultivo.  Nos juntábamos a fumar en la casa de la Fabi, que era la que se mantenía más sola.  Nos relajábamos y empezábamos a reír como locos.  Siempre reíamos porque nos llevábamos bien, pero con la mota eran risas extrañas.  Al Dani se le achinaban los ojos cuando ya le hacía efecto y de eso siempre nos burlábamos con la Fabi.  Le decíamos que de plano era un su antepasado chino el que lo poseía cuando fumaba mota.</p>
<p>Nunca nos costó sacar buenas notas en el colegio.  Lo que nos jodía era tanta tarea que dejaban a veces.  Pero si se trataba de exámenes, con unas cuantas leídas ya estábamos hechos.  Sacábamos buenas notas, pero no éramos los primeros.  Para ser los primeros hubiéramos tenido que estudiar más, y así no hubiera habido tiempo para todas las chingaderas que nos echábamos.</p>
<p>El 2007 fue sin duda uno de mis mejores años, porque todo ese año estuvimos juntos con la Fabi y el Dani.  Eramos como hermanos, nos llamábamos todo el tiempo, chateábamos por internet y nos enviábamos mensajitos de celular.  Aquellos dos estaban bien enamorados, y yo a veces me sentía de más, y aunque hubo un tiempo que me alejé de ellos por prudencia, igual me llamaban o me iban a buscar a mi casa.  Así que decidí pasármela bien con ellos.  En ocasiones conseguíamos alguna amiga que nos acompañara y en otras pocas la hermana de la Fabi, como conté antes, pero nunca logramos que se integrara alguien más, sólo nosotros sabíamos todos nuestros códigos, nunca hubo alguien que lograra entrar al grupo.</p>
<p>En las vacaciones del 2007, en noviembre y diciembre, nos separamos porque la Fabi no estaba.  La mamá de la Fabi se la llevó a Costa Rica porque tenía un proyecto de trabajo allá, y aprovechando las vacaciones se la llevó.  Nos contaba por el chat que se aburría un montón, que sólo cuando se juntaba con unas sus primas de allá se la pasaba bien.  Nos extrañaba mucho, lástima que no se había quedado, hubieran sido unas buenas vacaciones.</p>
<p>Con la Fabi fuera de alcance el Dani y yo nos juntábamos, pero no era lo mismo.  Así que en esas vacaciones le entramos más duro a la mota, y no sé si eso fue al fin lo que descompuso las cosas después.  Los únicos momentos alegres de verdad era cuando chatéabamos con video con la Fabi.  Nos poníamos a bailar y a hacer tonteras y ella se reía como loca.  </p>
<p>La Fabi regresó para el inicio de clases en enero 2008.  Los tres estábamos contentos de volver a armar el grupo y nos prometimos que haríamos más cosas que el año pasado.  Las clases empezaron y volvimos a nuestra rutina de chingadera por las tardes, pero yo sentía que algo había cambiado y presentí que algo pasaría.</p>
<p>Recuerdo que fue una tarde de febrero, cuando estábamos fumando mota en la casa de la Fabi, que ella soltó una frase que se nunca se nos pudo borrar: &#8220;lástima que no me puedo casar con los dos&#8221;.  Y ese fue el principio del fin.  Al Dani rápido se le quitaron los ojos chinos y se puso furioso, gritó un montón de cosas que no recuerdo, tomó a la Fabi del brazo, salió con ella a la calle en el carro y me dijo a mí que me fuera a mi casa.</p>
<p>Por la noche la Fabi me llamó llorando y me pidió que fuera a su casa.  No sé cómo me salí de la casa sin que me vieran, tomé un taxi y fui hasta la casa de la Fabi.  Estaba sola.  Me abrazó y me dijo que el Dani decía que ya no quería que me juntara con ellos, pero que ella no estaba de acuerdo.  Y me empezó a besar y a besar y yo sentí como un mareo.  Me llevó hasta su cuarto y ahí me tiró a la cama y me empezó a sacar la camisa.  Yo no sabía qué hacer y pensaba en el Dani y en todas nuestras risas juntos los tres.  Pero la calentura pudo más y entonces me dejé llevar, la Fabi siempre estuvo bien buena y yo siempre la había deseado.  Cogimos dos veces esa noche, espectacularmente.  </p>
<p>Regresé tarde a mi casa, con sentimientos encontrados.  Tenía varias llamadas perdidas de mis papás y del Dani, había hecho bien al dejar el celular en mi cuarto.  Me putearon como una hora, me dijeron que eso no se hacía, me prohibieron la tele y el internet y me quitaron el celular.</p>
<p>Al otro día en el colegio no vi ni a la Fabi ni al Dani.  Llegaron al día siguiente, pero cambiaron sus lugares en el aula y ya nunca nos volvimos a sentar juntos.  La Fabi me miró y me sonrió como pidiendo disculpas.  Salvo asuntos obligatorios nunca nos volvimos a dirigir la palabra.  Nos graduamos en octubre 2008 y no volvimos a comunicarnos más.  Yo intenté hablar con el Dani, pero siempre me decía, yo con vos no tengo nada que hablar, cerote.  La Fabi nunca me respondió el celular ni los emails.  Todo el resto del año escolar fue una cruz pesada, era un ambiente muy tenso y hasta les supliqué a mis papás que me cambiaran de colegio, pero no me hicieron caso, no había razón para hacerlo, dijeron.  </p>
<p>A la Fabi la vi en marzo de este 2009, iba con un su novio muy contenta, y por el carro y la vestimenta del tipo, parecía tener dinero.  Me saludó, pero no se detuvo a platicar.  Quise llamarla esa noche, pero me respondió un tipo diciendo que estaba equivocado.  </p>
<p>Al Dani lo vi en abril en una fiesta rave, al principio se hizo el loco, pero después llegó conmigo y me dijo qué putas maldito, y acto seguido me pegó un puñetazo en el ojo derecho que me tumbó al suelo.  Se fué de la fiesta sin decir palabra.  Yo pasé con el ojo morado por casi dos semanas, y no sé si soy yo o de veras me pegó tan duro, porque todavía ahora que estamos a mediados de julio me sigue doliendo, y bastante.</p>
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		<title>Aunque sólo uno fuera</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Dec 2008 08:21:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>

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		<description><![CDATA[En el bar La Luna, en el pasaje Aycinena, dos amigos cervecean al filo de la medianoche de un viernes. El Peluca canta canciones rockeras de los 80s y la gente ya con una buena cantidad de alcohol en sus cuerpos canta y pide más música, algunos bailan. La mujer y la familia política del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el bar La Luna, en el pasaje Aycinena, dos amigos cervecean al filo de la medianoche de un viernes.  El <em>Peluca</em> canta canciones rockeras de los 80s y la gente ya con una buena cantidad de alcohol en sus cuerpos canta y pide más música, algunos bailan.  La mujer y la familia política del Peluca atiende a los clientes, que desde hace buen tiempo siempre llenan el lugar.  También sus bolsillos, que es lo más importante.  Suena una canción y uno de los dos amigos interrumpe la plática para prestarle atención a la letra.<span id="more-365"></span></p>
<p><em>En la vida conocí mujer igual a la Flaca<br />
coral negro de la Habana, tremendísima mulata.<br />
Cien libras de piel y hueso, cuarenta kilos de Salsa,<br />
y en la cara dos soles que sin palabras hablan.</em></p>
<p>Qué rolona esa vos.  Vos de plano te acordás de quién es mi flaca, ¿no?  Claro Manolo, yo me acuerdo, pero la verdad, esa chava mucho culo para vos, te lo digo como cuate.  Jajaja, sí, tal vez tenés razón.  Pero igual, a veces me vengo aquí no tanto porque necesite cerveza y parranda, sino porque sé que si me quedo en la casa voy a pasar toda la noche dando vueltas en la cama sin poder dormir pensando en ella.  Vos y tus rollos románticos, si mujeres habrán siempre hombre, y dispuestas, no como ella.  Sí, claro, pero ninguna es como mi flaquita, y no quiero nada con nadie más.  Ok, pero es ella la que no quiere, ya te lo dijo, no olvida a aquél su novio y vos ahí no tocás tierra, serás el consuelo, el cuate que escucha, pero nada más, aceptálo.  Tan fácil que se oye cuando vos lo decís, pero es que uno es necio pues, y quien sabe, de repente algún se le cae algún tornillo de la cabeza y me resulta queriendo&#8230;</p>
<p><em>Por un beso de la Flaca daría lo que fuera<br />
por un beso de ella, aunque solo uno fuera.</em></p>
<p>Traumado estás vos, pero ya vas a ver que en algunos meses ya la olvidaste y todo tranquilo.  No creo que la olvide, pero tenés razón en lo de traumado, es que el amor no sólo es sentimiento, es también obsesión, por eso es que no se te sale de la mente, por eso es que no te deja dormir.  Es difícil ver que cuando vos estás dispuesto a todo, a enfrentar cualquier cosa, la otra parte no, la otra parte duda, prefiere voltear a otro lado.  Ya, parale, que parecés puro tráido de telenovela mexicana, sólo que sin el físico, jajaja.  Mejor pidamos otro cubetazo de chela.</p>
<p>En otro bar, a algunos kilómetros de distancia, está la Flaca.  Toma cerveza con su grupo de amigos y sonríe coqueta cuando alguno le tira alguna mirada atraído por su belleza.  A uno de ellos le cuenta, después de dos cervezas, que hay un tipo que la anda rondando, pero que la hace sentir incómoda.  Mirá, la verdad es que me gusta el cuate y todo, pero meterme con él me puede traer problemas.  Ah, las mujeres, dicen siempre que todos los hombres son iguales, ¡entonces para qué escogen tanto!  No te burlés de mí, pensé que me escucharías.  No seás sentida pues, qué querés que te diga, a mí nunca me gustaron los hombres.  Seguíte burlando, malo, mejor venite y bailemos un poco, abrazáme.</p>
<p><em>Y bailar y bailar, y tomar y tomar,<br />
una cerveza tras otra pero ella nunca engorda. </em></p>
<p>Es que a veces es como si te dejaran sentir un poco de cielo, y entonces vos querés más.  Bueno sí, pero ella sólo quería probarte a ver si dabas la talla y parece que no la diste vos.  Sí, parece que no, uno es el que a veces se cree especial, pero nada que ver.  Ya vas entendiendo.  Claro, yo con la mente lo entiendo todo bien, pero el corazón dice otra cosa y ahí va uno de necio.  Volvemos a lo mismo, hacé lo que querás pues, desangráte por la flaca.</p>
<p>Vos flaca, mirá, ya la July está muy borracha, llevémosla a su casa porque va a empezar a hacer clavos.  No, sigamos bailando, se siente rico que me abracés.  Ya, pero yo me voy a calentar y ya te conozco que después no soltás nada, porque vos te imaginás que abrazás a otro y no me gusta ese rollo.  Ok pues, saquemos a la July de aquí.  Pero vos hablále porque vos sos su cuata, se supone.  Es lo que me cae mal vos, supuestamente aquella sabe tomar y mirá pues.</p>
<p>Eso de desangrarse si ya parece pura poesía cursi.  Mirá quién habla de cursi, el que le envía cartitas a su amada.  Sucede que a mí no me interesa sacármela de la mente, si sale será porque ya era hora, pero lo que soy yo, no haré intento de nada.  Vos sos mero masoquista también.  La esperanza es la última que muere manito, y de verdad, como decía la canción yo por un beso de la flaca daría lo que fuera.  Allá vos y tu rollo pues, yo con la Lucy estoy calidad ahora, tal vez por eso no te entiendo bien.</p>
<p>Salgamos pues con la July y vamos a dejarla.  Ojalá y no vaya a güaquear en mi carro.  No flaca, no te preocupés yo calculo que no.  Vamos pues.  Así que ese tu tráido te gusta pero no tanto, porque no te olvidás de tu ex.  Sí, más o menos.  Pero a vos te caen hombres por todos lados, así que no tardarás en encontrar a alguien.  Así como lo decís vos parece fácil.  Primero vamos a dejar a la July y luego te voy a dejar a vos.  Ok.</p>
<p>Bueno chavo, ya van a cerrar aquí, así que mejor vámonos ya.  Está bien, gracias por la chela y la plática mano.  No hay de qué, ya sabés, ¿estás bien para manejar?  Claro, me extraña.  Mejor me hubiera traído mi carro, vos estás muy bolo.  No hombre, tranquilo.  Vamos pues.</p>
<p>Vos también estás algo cabezona flaca, ¿o no?  Sí, pero no te hagás ilusiones de que te va a salir algo.  Jajaja, no hombre, tranquila, somos cuates.  Vos, ese cuate de adelante va bolo, mirá cómo se le hace el carro.  No puede ser.  No puede ser qué.  Es el cuate del que te estaba hablando, Manolo.  Ah, el enamorado de las cartitas cursis.  Sí, alcancémoslo, voy a hacer que pare.  Está bien.</p>
<p>Qué onda flaca, qué andás haciendo.  Aquí regresando de parrandear.  ¡Qué casualidad, yo también flaquita chula!  Quitáte del volante, yo te voy a dejar a tu apartamento, estás muy bolo.  Gracias vos por el jalón, pero a este lo tengo que ir a dejar a su casa, lleváte vos al otro, que también está medio bolo, yo lo conozco, es tranquilo, además vive por tu casa.  Bueno pues flaca y qué otra, suerte con tu tráido pues.</p>
<p>No lo creo vos flaca, vos manejando mi carro.  Calláte, mejor dormíte.  ¿Te vas a quedar conmigo en el apartamento flaquis?  No, mañana te devuelvo tu carro.  Qué calidad se siente que vos te preocupés por mí.  Vos estabas muy bolo para manejar.  Sí, pero ya he manejado así y no ha pasado nada, vos lo que pasa es que me querés, jajaja.  En tus sueños Manolo, en tus sueños.  Hace unas horas quería que aparecieras, y mirá pues, apareciste.  No te podía dejar así Manolo, entendé.  Quedáte conmigo en el apartamento, y luego mañana te vas para siempre si querés.  Quedáte flaquita, quedáte.</p>
<p>Manolo se queda dormido en el asiento del copiloto, y al llegar a la flaca le cuesta entrarlo a su apartamento.  Lo deja en su cama.  Gracias flaquita linda, buenas noches.  La flaca lo mira sonreír dormido.  Espera un momento.  Ya cuando Manolo está dormido profundamente, le da un beso en los labios y se marcha.</p>
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		<title>La fuga</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Sep 2008 13:23:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[Panajachel]]></category>

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		<description><![CDATA[Fernanda Botrán-Aycinena había desaparecido. Y yo, un simple estudiante de derecho, era el encargado de buscarla y encontrarla. Cuando acepté el empleo, no me imaginé que me pusieran a investigar en serio, pero como la necesidad manda tenía que hacerlo, o por lo menos, hacer como que hacía. Me ayudaba el hecho de que cuatro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fernanda Botrán-Aycinena había desaparecido.  Y yo, un simple estudiante de derecho, era el encargado de buscarla y encontrarla.  Cuando acepté el empleo, no me imaginé que me pusieran a investigar en serio, pero como la necesidad manda tenía que hacerlo, o por lo menos, hacer como que hacía.  Me ayudaba el hecho de que cuatro años atrás yo había trabajado de jardinero en casa de los Botrán-Aycinena y la había conocido.  Era una muchacha muy guapa y consentida, que tenía una larga fila de pretendientes con los que jugaba y se divertía.  <span id="more-358"></span></p>
<p>Fernanda Botrán-Aycinena era delgada, morena de pelo largo y lacio, muy elegante y refinada en sus maneras.  Era muy linda, como ya apunté, y lo sabía.  Recuerdo que cuando trabajaba en su casa una vez la escuché decir a una amiga &quot;las mujeres somos poderosas&quot;, en una mesa del jardín.  Hablaban de sus conquistas y de cómo ese poder de las mujeres bellas sobre los hombres trae tantas ventajas y diversión.  Por eso es que al principio me costó un poco pensar que la muchacha se había enamorado y que además se había fugado con su novio.</p>
<p>Yo jamás había hecho ninguna investigación, ni trabajado de policía, ni en el ministerio público, ni nada que ver.  Un tío me había conectado con otro tipo y me habían dado el empleo, lo acepté por necesidad.  Fue uno de los tantos trabajos que he tenido.  Antes de ese caso, lo único que había hecho era ir a contar inventarios de mercaderías, hacer algunos interrogatorios en casos de empleados que robaban, localizar a una persona que hacía años que no la veían.  Pero un supuesto caso de secuestro ya es otra cosa y la verdad a mí no me gustaba meterme en el asunto y peor con una familia famosa.  Pero mi jefe era muy amigo de los Botrán-Aycinena y no quedaba de otra.</p>
<p>Así que esa mañana, después de que habían pasado 24 horas desde que se supo lo último de Fernanda Botrán-Aycinena, estaba yo en la sala de la mansión.  Su padre me atendió bastante preocupado, y no me reconoció como exjardinero de su casa.  Yo tomé nota de todo lo que me decía.  Ella había salido el día anterior supuestamente rumbo a la universidad, pero no había permitido que la llevara el chofer de la familia en la camioneta en que acostumbraba.  Después de eso, ya no contestó el celular para nada, y una de sus amigas dijo más tarde que nunca llegó a la universidad.</p>
<p>El padre de la señorita quería que juntáramos evidencia para enjuiciar al tipo por secuestro.  Pero el caso es que Fernanda había pasado de sostener una relación romántica inofensiva a fugarse con el tipo, y eso, siendo ella ya grandecita y por su voluntad, no podía tomarse como secuestro.  Al principio imaginé que el tipo era una especie de hippie vividor y bohemio, pobretón, de esos tipos que se enamoran a las patojas con su casaca intelectoide y les sacan billete.  Pero resultó que el tipo era de otra familia acaudalada, pero enemiga de los Botrán-Aycinena.</p>
<p>El enamorado ladrón era Roberto García-Granados, con una licenciatura en filosofía y letras, un renegado de su familia pero que disfrutaba del dinero que tenían.  Bien parecido y algo deportista, hizo caer rendida a la bella Fernanda.  Así que yo tenía ante mí una historia de amor de esas de película y un papá ogro que quería destruirla, por su odio a la otra familia.  Como Romeo y Julieta.  Eso no puede existir en la realidad, pensé, algo debe fallar.</p>
<p>Con la autorización del padre entré al dormitorio de la raptada y busqué indicios que hablaran de su paradero.  Encontré su celular en la gaveta de su mesa de noche, busqué las llamadas y los mensajes de texto, el último mensaje decía:</p>
<p>Roberto<br />
31-Ago-06   06:30 a.m.<br />
Ya estoy en el punto de reunión, te espero con ansias.</p>
<p>Habían muchos mensajes de Roberto con poesía cursi, saludos, disculpas por no atender.  La última llamada, también de Roberto, había sido la noche anterior, y por los registros del celular, habían hablado durante 45 minutos, entre las 9 y 10 de la noche.  Miré alrededor del cuarto, amplio y con detalles de lujo.  En su escritorio, junto a la ventana, estaba su computadora portátil conectada al cable de internet.  La encendí, pero estaba bloqueada con una clave y no pude ingresar.  Al sentarme en la silla del escritorio, observé un detalle interesante: una rosa marchita pegada a la pared con cinta adhesiva, y el nombre Fernanda en letra cursiva, también pegado con cinta adhesiva, a la par.  Al voltear el nombre Fernanda estaba el nombre Roberto, también en cursiva.</p>
<p>Así que eran los dos una linda pareja enamorada.  Y había que encontrarlos, había que buscar su nidito de amor.  Me tocaba hacer el trabajo sucio.  O por lo menos, hacer como que lo hacía.  Así que me inventé que había encontrado evidencia de que probablemente se habían ido al lago de Atitlán a alguna de las aldeas de alrededor.  Me llevé a mi novia para pasarla bien, y me inventaba reportes diarios de que los habían visto y todo el rollo.  Al tercer día, cuando ya venía de regreso sin haberlos buscado ni encontrado, me los encontré a los tortolitos ricachones.  Qué suerte, pensé, les tomé una foto.  Estaban en el restaurante Nick&#8217;s en San Pedro La Laguna, felices y ajenos a la preocupación de su familia.  Bueno, me dije, me quedo otra semanita más con mi novia, qué rico.</p>
<p>Envié las fotos y mi reporte.  El padre me pidió que le hablara a Fernanda, para que por favor volviera y que se la comunicara por celular.  Como no se separaba de Roberto, le dije que me iba a costar.  Yo ni tenía intención de hacerlo, la verdad.  Pero una vez andaba la guapa mujer caminando sola en el muelle y me le acerqué.  Me reconoció.  Le dije el recado de su padre e inmediatamente, los comuniqué por celular.  Fernanda se puso a llorar diciéndole a su papá que no iba a volver a casa.  Luego me tiró el teléfono a mi cara y se fue corriendo.  Hablé de nuevo con su padre y le dije entonces que mi misión había concluido y que me regresaba.  No señor, me dijo, muy serio don Álvaro, que así se llamaba el padre, usted continúa, yo le daré instrucciones mañana.  Bueno, pensé, seguiremos de vacaciones y me fui a echar un baño al lago, con mi nena.</p>
<p>Al día siguiente preguntaba por mí en el hotel una morena espectacular, de pelo largo, piernas bronceadas, ojos verdes y una mirada inocentemente provocadora.  Dijo llamarse Susy.  El plan de don Álvaro era meterle a esa muchacha al Roberto y deshacer la luna de miel.  Un poco de marihuana y esa mujer espectacular deberían ser suficientes para hacer caer al hombre y decepcionar a su hija, y así volvería.</p>
<p>La verdad, me dio un poco de pena llevar a cabo el maquiavélico plan.  Pura telenovela parecía todo esto, y a mí me tocaba estar de lado de los malos.  Preferí no contarle a mi novia de eso, porque ya se sabe cómo son las mujeres con las historias románticas, a todas les gusta el final feliz y los cuentos de hadas.  Pero con la ficha que ganaba en ese caso, nos la estábamos pasando bien, y si al fin esa pareja era para quedarse junta, pues nada los separaría.</p>
<p>Así que Susy y yo planeamos cómo hacer caer al Romeo hippie.  Intentamos de muchas maneras, pero como los tórtolos no se separaban para nada, no lo logramos.  Y como la carne es débil, fui yo el que terminé en la cama con la Susy (¡qué buena que estaba!), y mi novia me dejó por eso al descubrirme in fraganti.  Me salió el tiro por la culata.  Susy y yo regresamos a la capital unos días después y nunca más nos volvimos a ver.  Lo bueno fue que los tortolitos siguieron su romance y yo cobré buena plata.</p>
<p>Pero cuatro meses después la señorita Botrán-Aycinena estaba de regreso en su casa, y volvía a sus estudios.  No supe mayor detalle, pero parece que el cuate le empezó a poner mucho a la coca y la marihuana y eso no le gustó a nuestra Julieta ricachona.  Y ahí se terminó la historia de amor.  El tipo llegó a hacer escándalo un par de veces a la casa de ella, pero ahí quedó, ella permaneció inmutable, y su papá, feliz.</p>
<p>Recién vi la foto de Fernanda en el diario.  Se graduó de administradora de empresas, a la par de ella había un rubio de ojos azules, que tenía un apellido impronunciable y era algo de alguna empresa fuerte europea.  En el pie de foto decían que era su prometido.  En otra de las fotos aparecía muy sonriente y satisfecho don Álvaro, con un vaso de whisky en la mano.</p>
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		<title>La despedida</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 06:15:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[Parejas]]></category>

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		<description><![CDATA[En una banca del parque central está una pareja discutiendo. Ella está envuelta en lágrimas, él intenta comprender la situación mientras fuma un mentolado. Hace semanas que vos estás distante e indiferente Sofi, yo pensé que lo tomarías como normal y de repente hasta estarías contenta de que termináramos, dice el hombre. Es que de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En una banca del parque central está una pareja discutiendo.  Ella está envuelta en lágrimas, él intenta comprender la situación mientras fuma un mentolado.  Hace semanas que vos estás distante e indiferente Sofi, yo pensé que lo tomarías como normal y de repente hasta estarías contenta de que termináramos, dice el hombre.  Es que de veras no entendés, ¿verdad Pablo? dice Sofi, entre pucheros.  Pues la verdad no, contesta el hombre, con las mujeres nunca se sabe.  Estoy embarazada, suelta entonces Sofi, y a Pablo se le cae el cigarro de la boca.  <span id="more-356"></span></p>
<p>No es posible Sofi, siempre usamos condón, no puede ser.  Pues es, y es tuyo, dice Sofi.  Un silencio de unos cuantos segundos eternos sigue a las palabras de Sofi, mientras comienza a circular el viento húmedo que anuncia el aguacero de la tarde.  Pablo se lleva las manos a la cabeza, se peina y se queda mirando al suelo, no sabe qué decir.  Lo reconoceré como mío, pero no me caso con vos, atina finalmente a decir.</p>
<p>Si no te casás conmigo, el niño no tendrá tu apellido y será como si nunca hubiera tenido padre, contesta resuelta Sofi.  Las cosas a medias no van conmigo, o todo o nada.  Vos te la gozaste y ahora no querés afrontar las consecuencias y así no se vale.  </p>
<p>Mamaíta, responde Pablo, nunca dije que te amaba ni que me casaría con vos.  Lo nuestro era pura carne, pura calentura.  Acordáte que venías de la decepción con el Diego, que a última hora no se casó con vos.  Yo llegué y te ofrecí consuelo y así empezó todo, pero amor, matrimonio, nada de eso se habló.  Me vas a disculpar.  Por eso sólo te puedo ofrecer reconocerlo, pero si vos no querés, pues no será así.</p>
<p>La pareja queda otra vez en silencio.  Unos niños pasan en bicicleta con grandes carcajadas, un vendedor de algodones despacha su producto a una señora con dos niñas y el policía de turno juega con sus llaves, mientras mastica un chicle.  El viento se torna más húmedo y empiezan a caer las primeras gotas y sólo unos instantes después, comienza el gran aguacero.  Pablo le dice a Sofi, mirá, vámonos enfrente de la policía, aquí nos vamos a empapar.  Toma la mano Sofi, y ambos corren hacia el edificio en donde está la policía y el banco.  Ambos se mojan un poco.</p>
<p>Comienzan a formarse los ríos de agua en las calles y se puede ver cómo corre la gente a guarecerse de la lluvia, los niños de las bicicletas pasan enfrente de la pareja, contentos de estarse mojando.  La señora que compraba los algodones camina más serena con su gran paraguas y sus dos hijas.  El algodonero corre hacia el edificio de la policía y se coloca cerca de la pareja.</p>
<p>Pablo compra unos algodones, de repente le dieron ganas.  Le da uno a Sofi, que lo recibe sin decir palabra.  Ambos comen viendo la lluvia caer y el agua correr por las calles del pueblo.  Esta va a ser lluvia de toda la tarde, dice Pablo.  De toda la noche diría yo, contesta Sofi, mientras se lleva un bocado de algodón rosado a la boca.  El policía pasa a la par de Sofi y le tira una mirada lasciva.  Pablo reacciona y le dice, temerariamente, tranquilo poli, que está acompañada.  Sofi se siente bien, al fin un gesto amable del Pablo.  Sonríe.  Pablo nota su satisfacción y dice, rápidamente, vas a tener un hijo mío, y eso se respeta.</p>
<p>Por un momento los dos se olvidan de la discusión y Pablo se recuerda de cuando eran pequeños y Sofi se quedaba a mediodía en su casa a esperar a su mamá, que pasaba después por ella.  Vos pellizcabas duro Sofi, no me gustaba que te quedaras, porque en cualquier momento yo decía algo y a vos te caía mal y entonces el pellizco.  A veces jugábamos bien un rato, pero vos venías con el pellizco por cualquier cosita y arruinabas todo.  Es que vos eras el abusivo, contesta Sofi, ¿cómo te iba a dejar que te burlaras de mis zapatos ortopédicos?</p>
<p>Y así discute la pareja, como si la conversación de antes hubiera quedado olvidada.  Hacerse los locos a veces es saludable, de todos modos la lluvia los tenía atrapados.  La lluvia, mientras tanto, seguía azotando fuerte, ahora con granizo.  Un viento helado le dio un escalofrío a Sofi, y notándolo Pablo, la invitó a un café en la cafetería que tenían a dos pasos.  Al entrar en la cafetería, Sofi dice tener que ir al baño.  Pablo espera sentado mientras mira la lluvia por la ventana, ¡cuánta agua está cayendo sobre el pueblo!</p>
<p>La conversación sigue, muy amena, como no había sucedido antes.  Pareciera que es la primera vez que salen, animados se ven los dos.  Serán padres en nueve meses, quizás eso los hace sentirse cómplices, tal vez no todo fue carne y lujuria, tal vez hubo algo más.  Afuera, llovía y seguía lloviendo.  </p>
<p>El tema, inevitablemente, tenía que volver a salir.  Sofi se puso seria y dijo, bueno entonces qué vas a hacer Pablo, decime.  Es que eso del matrimonio es complicado vos Sofi, entendéme.  Yo estoy empezando, apenas hace un mes me dieron plaza en el Ministerio de Educación, y de todos modos sigo a prueba.  Y los güiros cómo molestan, no sé si los voy a aguantar.  </p>
<p>Es todo o nada, vos decidís, responde Sofi, si no querés tomarlo todo, me voy a la capital con una mi tía que vive sola y que me ofreció su apoyo.  Y olvidáte de mí y de mi hijo, con vos ya no querré nada de nada. </p>
<p>Dos cafés y algunas champurradas son consumidas en una calma tensa, en silencio.  Sofi sabe que se está decidiendo su destino y espera, ahora serena y resuelta, a que Pablo decida de una vez por todas.</p>
<p>El casamiento es complicado Sofi, no es nomás así.  Yo no sé si vos querés todavía al Diego, y acordáte que yo todavía ando dolido con lo que me hizo la María Luisa.  No es así nomás mamaíta, argumenta Pablo.  Yo te quiero, pero la verdad, no sé cuánto.</p>
<p>Sofi escucha y un nudo amargo se le hace en la garganta, pero se propone no llorar.  Afuera la lluvia cedió un poco y entonces ella se levanta de la mesa y se despide, y le advierte a Pablo que es para siempre.  Él, por alguna inexplicable razón, la mira transfigurada y hermosa, como una aparición, la ve irse debajo de una necia llovizna y admira el grácil movimiento del cabello largo de la mujer que será madre de su hijo.  Pero no atina a seguirla y a pedirle perdón y a ofrecerle matrimonio.</p>
<p>Al siguiente día ella parte hacia la capital, muy temprano por la mañana, en medio de una triste bruma.  No durmió en toda la noche.  Ella soñaba con que él viniera a sacarla del bus y que le dijera, arrepentido, que ella y el bebé eran todo para él.</p>
<p>Pero esto no ocurrió sino hasta un mes después, cuando Pablo llegó hasta la casa de la tía de Sofi, una mañana soleada, con un ramo de flores, un anillo y una fecha.  Ahora se le miraba flaco, demacrado y ojeroso, pero a Sofi le pareció más lindo que nunca.</p>
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		<title>La pedida</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Apr 2008 06:15:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>

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		<description><![CDATA[En una aldea del interior de la república, Evaristo Penados se prepara para ir a pedir la mano de su novia, María Pirir. Llevan un año de noviazgo y Evaristo sabe que María, la Mari, es todo para él, y narcotizado por la locura del enamoramiento no puede esperar más a que sea su mujer. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En una aldea del interior de la república, Evaristo Penados se prepara para ir a pedir la mano de su novia, María Pirir. Llevan un año de noviazgo y Evaristo sabe que María, la Mari, es todo para él, y narcotizado por la locura del enamoramiento no puede esperar más a que sea su mujer. Todo será mejor con su compañía, piensa, fantasea con hacerle el amor de manera romántica y demás cosas como envejecer juntos, algo que parece tan fácil cuando se está enamorado. Sin embargo, tiene miedo de que el papá de ella, el cascarrabias de don Jacinto, ponga algún pero o que lo trate mal, y eso lo tiene un poco angustiado.<span id="more-341"></span></p>
<p>Evaristo se enteró ayer que está de visita en el pueblo el primo del Rudy, su gran cuate, y sabe que este primo es bueno para la casaca, porque está estudiando en la U y vive en la capital y hasta medio cantante es el jodido. Así que por la mañana, tempranito, fue a la casa del Rudy y le pidió que su primo fuera con él para decir algunas palabras en su nombre, que a él le daba mucha pena y que de su familia nadie quería ir porque odiaban a los Pirir. Rudy le preguntó a Danilo, su primo, y éste dijo que sí, pero que antes quería que lo invitara a unos sus tragos, así como para agarrar algo de valor.</p>
<p>Así que Evaristo se arregla y pasa a las tres de la tarde por Rudy y Danilo y se van a la cantina del pueblo. Evaristo le cuenta a Danilo cómo es de bonita la Mari, cómo es de arrecha para las cosas de la casa y de cómo la quiere. Como no te ha dado nada, cogértela querés va vos Evaristo, le dice el Danilo sonriendo burlonamente. Yo la quiero mano, de veras, no sólo para coger, no te niego que éstá bien buena la jodida, pero no sólo para eso mano, yo a esa chava la quiero de veras. Vos estás colgado mano, pero de a huevo, me caés bien, vamos a cranear la casaca para el viejo, no te ahuevés. Echémonos el par de tragos pues y vamos para allá.</p>
<p>Piden un par de octavos en la cantina, platican y ríen hasta que les duele la panza, Danilo es chingón, a pesar de estar en la U y todo es buena onda el compadre, piensa confiado Evaristo. Así que Danilo, Rudy y Evaristo se hacen grandes cuates, y contentos como están, van a traer la guitarra a la casa del Rudy y se ponen a cantar al Chente Fernández y a los Tigres del norte, mientras los alegres octavos fluyen y armonizan.</p>
<p><em>Tú me robaste el alma, tu me robaste el amor</em>, canta el Danilo y sus compinches en la cantina, y los comensales, alegres y motivados, invitan a más octavos. Todo mundo alegre, y Evaristo hasta empieza a llorar, porque su sueño se hará realidad y la Mari será suya. <em>Qué chulos ojos los que tiene esa linda joven que estoy mirando</em>, canta Danilo al tiempo que todos gritan y corean. Y así se les pasa el tiempo y llega la hora de ir a la pedida. A las siete en punto lo quiero aquí, le había dicho don Jacinto, con gesto adusto, dos días antes. Así que a las seis de la tarde los tres amigos, ya bien cabezones, salen para la casa del Rudy a lavarse los dientes y la cara para cumplir con el compromiso. Danilo es el que está más borracho, y eso le preocupa un poco a Evaristo, pero luego de un café se le pasa un poco y piensa que todo va a salir bien.</p>
<p>A las siete menos cinco llegan los tres amigos a la casa de la Mari. Ella misma los recibe con una sonrisa de oreja a oreja y con un espectacular vestido verde que hace babear a los tres. De veras que está guapa tu tráida vos, le dice Danilo a Evaristo. La Mari, la más pequeña de tres hermanas, justo acaba de cumplir los 18, y doña Filomena, su mamá, hubiera preferido casar a las dos grandes antes, pero la Mari siempre fue la más aventada y traidera. Doña Filomena también se preocupa porque es muy probable que don Jacinto no quiera nada con Evaristo, porque siempre ha odiado a los Penados. Después de los saludos pertinentes la comitiva de pedida de mano avanza hacia la sala de la casa. Danilo entonces se pone de pie, toma la palabra y se dirige a la familia de la Mari, que en pleno, escucha atenta.</p>
<p>Nos encontramos hoy, aquí señores y señoras, para celebrar, para unirnos más como paisanos que somos, como gente de bien. Porque conocemos a la Mari y al Evaristo, una bonita pareja que quiere seguir el camino de la vida juntos. Doña Filomena y don Jacinto, gente trabajadora, ha criado de manera ejemplar a sus hijas, enseñándoles a ser buenas mujeres. No me cabe duda que Mari será una buena esposa y mejor madre, porque eso lo ha mamado desde pequeña. Señores y señoras, el motivo de nuestra presencia aquí es solicitar a los esposos Pirir que acepten a Evaristo Penados como yerno, y que concedan de buena gana la mano de Mari, porque Evaristo está dispuesto a casarse con todas las de ley. Evaristo, un hombre de buena familia, que no tendrá mayores riquezas, pero que tiene el espíritu del trabajador incansable que de sol a sol se gana su pan, sin deberle nada a nadie, sin ser carga de nadie. Un gran tipo, si me permiten decirlo, y un gran amigo, como los mejores. Por eso señoras y señores, les aseguro, jurándolo por mi propia madre, que Evaristo será el mejor marido que la Mari pueda conseguir, y de esto dará fe toda la gente del pueblo y aún las generaciones por venir.</p>
<p>Danilo hizo una reverencia a la concurrencia y se sentó, a esperar el veredicto de don Jacinto.</p>
<p>Todos habían quedado mudos ante las palabras de Danilo, y pasaron algunos largos segundos antes de que don Jacinto atinara a responderlas, tal había sido el efecto narcotizante de las palabras bonitas.</p>
<p>Pues me va a permitir don Danilo, pero no le voy a dar mi hija al Evaristo. Usté estaba hablando tan bonito, tan florido, que hasta parecía que yo sería un burro si no aceptaba su propuesta. Al Evaristo yo lo conozco de patojo y a mí no me van a venir con babosadas. Es un bolo y medio y un huevonazo para trabajar. Así que la respuesta es no, y les aconsejo que ya ni se asomen por aquí porque verga les cae. Si acepté que vinieran, fue porque la Filomena me dijo que les diera una oportunidad, pero sólo oí palabras bonitas y nada de realidades. Fuera de aquí.</p>
<p>Don Jacinto Pirir, que había servido en el ejército, fue a sacar su revólver y lo cargó delante de ellos. Danilo, Rudy y Evaristo no tuvieron más que salir de casa, dejando a la pobre Mari llorando a moco tendido, junto a su mamá y sus hermanas.</p>
<p>La cantina los esperaba nuevamente. Danilo tomó de nuevo la guitarra, carraspeó y entonó una de los Tigres del Norte.</p>
<p><em>Ya esta cerrada, con tres candados,<br />
y remachada la puerta negra,<br />
porque tus padres estan celosos<br />
y tienen miedo que yo te quiera.</em></p>
<p>Evaristo ya después de algunos tragos lloraba por su amor perdido. Danilo y Rudy lo consolaron y le ofrecieron todo su apoyo. Esa noche fue que planearon el rapto de la Mari, entre tragos y música, mientras afuera caía una lluvia livianita, livianita. Tres meses después, la Mari era felizmente raptada por Evaristo, con la complicidad de Rudy y Danilo, en una noche de agosto, mientras una tormenta terrible caía sobre la aldea.</p>
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