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	<title>Anecdotario.net &#187; Miedo / Terror</title>
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	<description>Anécdotas, historias y relatos</description>
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		<title>Asesinos</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 23:48:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Miedo / Terror]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Ser asesino en serie en un país de tercer mundo tiene sus claras ventajas. De eso nos aprovechamos con el Paul cuando desaparecimos a aquella mosquita muerta igualada. Esa fue la primera vez. David —me dijo Paul temblando aquella tarde—, qué bien se siente todo esto, tenemos que repetirlo. Tenía las manos llenas de sangre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ser asesino en serie en un país de tercer mundo tiene sus claras ventajas. De eso nos aprovechamos con el Paul cuando desaparecimos a aquella mosquita muerta igualada. Esa fue la primera vez. David —me dijo Paul temblando aquella tarde—, qué bien se siente todo esto, tenemos que repetirlo. Tenía las manos llenas de sangre y una sonrisa estúpida que nunca le había visto. El cuerpo de la Mary estaba en el suelo; ella todavía con los ojos abiertos y el grito en la boca. Sí, le contesté, esto apenas empieza.<span id="more-960"></span></p>
<p>Desde el principio supe que al final tenía que desaparecer Paul. Sabía que tarde o temprano él sería una carga, que no era tan calculador ni precavido como yo.  Sin embargo en ese momento era el compañero ideal; los dos teníamos ese instinto que nos hacía cómplices. Mary, la primera que cayó, era alumna del colegio en donde estudiábamos; pero no era de acá de la capital, ella había venido del interior y vivía de huésped en una casa, con otras estudiantes. No era especialmente atractiva, pero tampoco dejaba de tener lo suyo. Paul fue el primero que le cayó en un recreo, ella estaba en cuarto bachillerato mientras nosotros estábamos en quinto. Era tímida y solitaria, y a veces en los recreos se iba a la biblioteca a leer.  Por eso también era la víctima ideal. Paul se propuso ser amigo de ella, pero la Mary no le daba mayor oportunidad de acercarse.</p>
<p>Pensamos que con un poco de atención se sentiría halagada y eso podía hacer que cediera un poco. Todos tenemos debilidad por las personas que nos admiran. Y así sucedió, ella le tomó confianza. Entonces no perdimos el tiempo y Paul la citó en el parque que quedaba a algunas cuadras del colegio, y allí los dos la esperamos. Él le dijo que yo iba para enseñarles un lugar muy bonito y poco visitado: una cascada al fondo del barranco.  Sería una pequeña aventura que recordaríamos siempre. Ella se tragó todo y gustosa iba de la mano de Paul. Era tan pendeja que se miraba estúpidamente feliz.</p>
<p>Al llegar al fondo del barranco, lo único que había era un río de aguas negras. Nos hicimos los extrañados con el Paul, y nos sentamos en unas rocas de por ahí. Saqué una botella de ron que llevaba en la mochila y tomamos los dos un buen sorbo, ante la mirada desconfiada de la Mary. Cinco minutos después, la golpeé en la cara tratando de que se desmayara, pero la idiota salió corriendo. Fue Paul el que la detuvo sacando el cuchillo de cazador que había tomado de la casa de su tío. Le metió la primera cuchillada en la barriga y giró el cuchillo adentro. La sangre, escandalosa, empapó el uniforme de la Mary. Nos miraba asustada y llorando. Yo tomé el suéter de ella y le tapé la boca y la nariz, hasta que dejó de respirar.</p>
<p>Aunque nos asustamos, estábamos acelerados por la adrenalina. Era una sensación extraña, de poder, de euforia. Saber que podés decidir quién se va y cuándo. Se me ocurrió dejar una bolsita de mariguana en la mochila de la Mary; así al otro día la policía diría que era una drogadicta o narcotraficante, y toda la gente se olvidaría del asunto. La gente en Guatemala protesta en Facebook si en el zoológico le van a dar menos comida a los animales, pero no le importa mucho si se muere otra drogadicta, aunque no lo sea.</p>
<p>Y así sucedió. En un diario de nota roja salió a los dos días &#8220;Drogadicta es hallada  muerta en un barranco&#8221;. El texto de la nota decía que era posible que debiera dinero o cosas así. Nadie en el colegio preguntó nada, la Mary no era de muchos amigos. Era un poco la rechazada de su clase, así que nadie lamentó demasiado la noticia. Eso sí, impactó. Las patojas miraban para todos lados a la salida del colegio, y durante un par de semanas todo mundo fue más cuidadoso. Después todo mundo se olvidó, como pasa siempre.</p>
<p>Como nadie nos vio ese día, nunca sospecharon de nosotros. Además, éramos buenos en las clases. Memorizar nunca me costó, lo que aturde es tanta tarea inútil que le dejan a uno en el colegio. ¿Para qué chingados sirve saber que el río Rin está en Europa? Pero bueno, hay que adaptarse si uno quiere pasar a otra cosa. Mientras no se inventen algo mejor hay que hacerle huevos.</p>
<p>A pesar de que nos despachamos con el Paul a otras cuatro en el año, nunca volví a sentir lo de la primera vez. Lo que hicimos siempre bien fue escoger a la muchacha. Bueno, en realidad yo escogía. Buscábamos que no tuvieran familia, que fueran del interior, que fueran putas o tuvieran trabajos de menor categoría. Nadie extraña a los insignificantes. Yo era el que ponía especial cuidado en esos detalles. El Paul era muy impulsivo, descuidado. Me tocaba detenerlo porque no es que la policía te persiga, pero de repente sale algún investigador que sí hace su trabajo y te empiezan a chingar.</p>
<p>Lo malo de ser asesino en serie en un país de tercer mundo es que no tenés reconocimiento. En los países desarrollados la policía y la prensa hacen alboroto, e incluso persiguen por años a los asesinos. A los gringos les encanta hacer películas y series de televisión de los asesinos. Los adoran. Son reconocidos. Eso no sucede acá.</p>
<p>Antes de empezar con todo, éramos buenos cuates con el Paul. Compartíamos varias rarezas, como que nos gustaba encerrarnos en mi cuarto a gritar puros locos hasta que nos quedábamos afónicos. O que aquel coleccionaba ratas muertas y yo patas de gatos. Pero cuando nos despachamos a la segunda -una putía de la dieciocho calle- de un solo disparo en la cabeza, se empezó a poner mula. El imbécil quería &#8220;salir de caza&#8221; todas las lunas llenas, y ver qué salía. No seás idiota, le decía siempre, hay que escoger, no vaya a ser que matés a la hija de un narco o de un policía.</p>
<p>Así que poco a poco me fui aburriendo de tener que controlarlo. Después de que dejamos en el barranco a la quinta mosca muerta, le dije que ya no iba a cazar con él. Que si quería seguir en el rollo que fuera por su cuenta, pero conmigo ya nada. Se puso al brinco entonces. Me empezó a gritar que yo nunca hubiera tenidos los huevos de hacer todo solo, que le debía mucho, que me iba a chillar a la policía. Hablaba y hablaba el maldito, no se callaba, gritaba y escupía al gritar, me decía todos los insultos que podía. Por más que yo intentaba callarlo y calmarlo, el hijo de puta seguía puro energúmeno descontrolado diciendo cualquier cosa. Hasta que me aburrió y le dije, está bien Paul, busquemos otra mañana, tranquilo. Lo que pasa es que vos sos muy descuidado, no todos los días se puede hacer esto hombre, agarrá la onda. Se fue calmando pero igual seguía puteándome y hablando estupideces. Cuando por fin se calmó, agarré su cuchillo de cazador y le corté toda la garganta agarrándolo por atrás, para no mancharme.</p>
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		<title>No me va a pasar nada</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Mar 2007 06:20:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[Miedo / Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[Temprano de la mañana Aníbal se levanta para ir al chance, se arregla, desayuna. Hoy le prestó el carro su papá porque en la tarde tiene exámenes finales en la universidad. Le dice a su mamá que le está yendo bien, y su mamá lo mira orgullosa, con un brillo especial de ojos. Aníbal siempre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Temprano de la mañana Aníbal se levanta para ir al chance, se arregla, desayuna.  Hoy le prestó el carro su papá porque en la tarde tiene exámenes finales en la universidad.  Le dice a su mamá que le está yendo bien, y su mamá lo mira orgullosa, con un brillo especial de ojos.  Aníbal siempre fue un buen patojo, nunca molestó.  Sale de la casa y su mamá le sigue para echarle la bendición y cerrar la puerta del garage.  Se acerca a la ventanilla del carro.</p>
<p>—Váyase con cuidado m&#8217;hijo.<br />
—No se preocupe mama, a mí no me va a pasar nada.<span id="more-307"></span></p>
<p>Aníbal va contento en el Hyundai negro de su papá, ya sólo le falta un semestre para finalizar ingeniería.  Pone su disco con mp3 variados, desde Vicente Fernández hasta Coldplay, pasando por Shakira y Alejandro Sanz.  Llega a la oficina y se conecta a internet para empezar el chance del día.  Un par de correos para clientes, dar de baja algunos productos del inventario, chatear con un proveedor.  Lo de todos los días.  Luego viene la hora de darse un respiro y leer la prensa, ver qué de nuevo hay en los blogs y entrar a aquel foro de fútbol para hablar de los rojos y del Barça.  Se detiene en un titular de hoy: &#8220;Atrapan policías que hacían limpieza social&#8221;.  Indignado, deja un comentario en la página del periódico:</p>
<blockquote><p><em>Yo creo que a esos policías deberían darles una medalla en lugar de atraparlos.  Se deshacen de esa lacra que son los mareros y los narcos.  Nadie quiere a esa lacra.</em></p></blockquote>
<p>Aníbal firma como César López para no darse tanto color.  Hay gente que no quiere aceptar las cosas como son, así que mejor para evitar conflictos, me pongo un nick falso y asunto arreglado.</p>
<p>Por la tarde, a salir corriendo para estudiar un poco antes del examen de la universidad.  Shakira y Alejandro Sanz lo acompañan en el camino, y una tarde fresca entra por la ventanilla del piloto y llena todo el ambiente.  Se encuentra en la biblioteca con el mono y la canche y hacen el formulario para el examen, repasan algunos problemas en los que tenían duda y están listos.  Pasan a tomarse una coca a la cafetería, y en el camino a la clase las feromonas del perfume de la canche hacen su efecto.  Aníbal se da cuenta de que hoy está linda y se ríe coqueta con él.  Canche más cabrona, no va a haber más remedio que coger con vos.  Después del examen, al salir de la universidad, Aníbal va a dejar a su casa a la canche y le pega un su agarrón con metida de mano antes de que se baje.  </p>
<p>A algunas cuadras de ahí, un celular suena.  Una voz comunica que el &#8220;trabajo&#8221; de hoy va en un Hyundai negro, de vidrios polarizados.  Aníbal mira por el retrovisor un carro gris de vidrios polarizados que lo sigue al salir de la colonia de la canche.  No le da importancia hasta que el carro gris lo rebasa y se le atraviesa en una parte solitaria de la carretera.  Entonces ve salir a un par de encapuchados con uniforme de policía que sin mediar palabra apuntan, disparan y se meten de nuevo al carro gris.  Minutos más tarde, otro Hyundai negro, de vidrios polarizados, pasa a la par del de Aníbal, se detiene y el piloto baja la ventanilla para observar el cadáver.  Da un respiro de alivio y se va.</p>
<p>Al siguiente día, sale la noticia en los periódicos con una foto de la escena del crimen.  La policía maneja la hipótesis de que fue un pleito entre bandas de narcotraficantes, pero afirma que se investigará el hecho.  Juan Alberto, un compañero de Aníbal, lee la noticia.  A saber en qué andaba metido este pisado, caras vemos, corazones no sabemos, piensa.  Pasa la página, lee los deportes y se va para la universidad, donde comenta con sus compañeros lo que pasó.   La canche y el mono están shoqueados.  Por la noche, al regresar a la casa, Juan Alberto ve por el retrovisor que un carro gris de vidrios polarizados lo sigue.  Esta vez no se confundan muchá, había dicho una voz por el celular, cinco minutos antes.</p>
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		<title>Mal espíritu</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Nov 2006 06:15:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Miedo / Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Suele suceder]]></category>

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		<description><![CDATA[El sábado a la noche, Esteban fue a la vigilia de la iglesia evangélica de su colonia. Se llevó al Pancho, su hijo de nueve años, quien no iba de muy buena gana que digamos. Panchito se durmió en la banca a eso de las diez de la noche, y Esteban —que había tenido un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sábado a la noche, Esteban fue a la vigilia de la iglesia evangélica de su colonia.  Se llevó al Pancho, su hijo de nueve años, quien no iba de muy buena gana que digamos.  Panchito se durmió en la banca a eso de las diez de la noche, y Esteban —que había tenido un día agotador de trabajo y luchaba por no dormirse también— lo tapó con su chumpa de lona.  Cuando terminó la ceremonia, al filo de la medianoche,  Esteban se despidió de los feligreses y del pastor, y cayéndose del sueño se fue para su casa, buscó rápidamente su cama y se durmió al instante.  Pero Panchito no iba con él.  <span id="more-291"></span></p>
<p>Una hora después de que la iglesia se cerrara, Panchito despertó.  Vio todo oscuro y sintió miedo, pero decidió ser valiente y no empezar a gritar porque podría asustar al pastor, que vive a la par de la iglesia.  Y porque si su papá lo encontraba llorando le iba a pegar.  Se desperezó y empezó a buscar la salida, tropezándose con las bancas.</p>
<p>—Hay alguien en la iglesia —le dijo su mujer al pastor Abraham.  </p>
<p>El pastor le respondió que no hiciera caso, que lo dejara dormir.  Pero Panchito en una de esas botó al suelo un florero y se escuchó nítidamente en el dormitorio de la pareja, poniendo en alerta al pastor.</p>
<p>—Debe ser un ladrón, voy a ver —dijo el pastor a su mujer, con el bate de béisbol de su hijo empuñado—.  Que sea lo que Dios quiera.</p>
<p>El pastor fue hasta la puerta de la iglesia y pegó su oreja.  Escuchó cómo alguien desesperadamente quería forzar la puerta donde guarda las ofrendas.  Temiendo lo peor, puesto que los ladrones no se tocan el corazón para disparar incluso a hombres de Dios, volvió  a su casa y llamó a un par de feligreses de la iglesia que vivían cerca.  </p>
<p>Mientras tanto, Panchito quería abrir todas las puertas que se le ponían por delante, y estaba a punto de llorar, pero se acordaba que su papá le había dicho que sólo las mujeres y los huecos lloran.  Y él era hombrecito.  Se sentó en una banca, derrotado, y pensó que de repente le tocaba quedarse el resto de la noche en la iglesia, así que empezó a orar: “Diosito, te pido que mi papá no se enoje ni me pegue por quedarme dormido aquí.  Yo no quise dormirme pero se me cerraban los ojos y ya no pude aguantarme”.  Luego se paró para buscar agua porque tenía sed.</p>
<p>A los cinco minutos llegaron los fieles con el pastor y al acercarse a la puerta, escucharon pasos adentro de la iglesia. </p>
<p>—¿No será que es un mal espíritu, hermano? —le dijo uno de los fieles al pastor.</p>
<p>—Por supuesto que no, cómo van a pensar eso.  Es un ladrón que le quiere robar al Señor las ofrendas y no debemos permitírselo.  </p>
<p>Panchito escuchó las voces, se acercó a la puerta y empezó a golpearla, desesperadamente.</p>
<p>—¡Se los dije, es un mal espíritu!  ¡Está desesperado porque está en la casa de Dios!  —exclamó convencido el feligrés.</p>
<p>—¡No!  ¡Soy Pancho, me quedé encerrado!</p>
<p>El pastor abrió al fin la puerta de la iglesia y salió Panchito con sus grandes ojos llorosos.  Llamaron a Esteban y éste vino corriendo.  Se mostró avergonzado por no haberse dado cuenta del olvido, pidió disculpas, agradeció al pastor y a los hermanos la atención y se fue con Panchito a su casa.  </p>
<p>El pastor se quedó observándolos y escuchó claramente cuando Esteban, antes de doblar por la esquina, dándole un sopapo a su hijo, decía:</p>
<p>—¡Y nada de estar chillando!  ¡Patojo hueco!</p>
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		<title>El secuestro</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Sep 2006 06:15:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Miedo / Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[—¡Se robaron a mi hijo! —dijo Ruth al otro lado del teléfono. Claudia inmediatamente dejó todo y se fue con ella a la casa. Fernando había llamado a Ruth angustiado, desesperado y casi loco porque se había dormido cinco minutos y al despertar no había encontrado al Gabrielito en la casa. Lo había llamado, gritó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—¡Se robaron a mi hijo! —dijo Ruth al otro lado del teléfono.  </p>
<p>Claudia inmediatamente dejó todo y se fue con ella a la casa.  Fernando había llamado a Ruth angustiado, desesperado y casi loco porque se había dormido cinco minutos y al despertar no había encontrado al Gabrielito en la casa.  Lo había llamado, gritó y gritó y el nene por ningún lado, las puertas abiertas y el acabose total.  <span id="more-286"></span></p>
<p>El Gabrielito es la adoración de la familia.  Chiquitito y delgadito, con cuatro años y su alegría natural se gana a cualquiera.  Cuando Ruth lo lleva a la oficina, todo el mundo gira en torno a él.  Claudia iba rezando en el camino, porque los milagros no existen, pero hay que inventárselos para seguir viviendo.  No era hora de presumir de valientes ateísmos.</p>
<p>Mientras Claudia y Ruth llegaban a la casa, atrasadas por un accidente en la carretera, Fernando se encargó de avisarle a todo el mundo.  Los vigilantes de la garita del condominio estaban en alerta para no dejar salir a ninguno.  La gente estaba indignada y juraba que al encontrar al secuestrador, lo lincharía sin piedad.  El papá de Ruth tiene un cargo importante en la policía y no iba de ninguna manera a dejar que el o los desgraciados se salieran con la suya.</p>
<p>Ya el cuerpo de policía más cercano estaba al tanto de la situación.  Toda la gente que salía era interrogada y registrada en la garita y habían vecinos buscando por todas partes al o los maleantes, no era posible seguir permitiendo tanta maldad y menos con un pequeño inocente.</p>
<p>Fernando en su desesperación no atinaba a hacer nada.  Volvía a ver a la sala y los dormitorios, la cocina.  Salía de la casa y volvía a entrar.  De repente, revolviendo cosas por todos lados, movió el edredón que estaba en el corralito que ya le queda pequeño al nene. Y allí estaba el Gabrielito, profundamente dormido, sano y salvo.  Como el edredón es grande y el niño pequeño, no se notaba que estuviera debajo de él.  Llegaron Ruth y Claudia, Ruth llorando desconsoladamente y Claudia tratando de conservar la calma, a encontrarse con un Fernando que había envejecido diez años en media hora y con un Gabrielito extrañado con tanto movimiento, diciendo que estaba cuidando su corral.</p>
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		<title>Blogfans</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Dec 2005 06:15:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasticos]]></category>
		<category><![CDATA[Blogs]]></category>
		<category><![CDATA[Miedo / Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[Una amiga mexicana me contaba el caso de un blogger demasiado exitoso, que quiso abandonar el blog agobiado por los fans. Era su amigo y vivía enfrente de la casa de ella, en un suburbio del DF. Como cualquier otro ejecutivo de mediana tabla, con conexión a internet y un poco de tiempo de ocio, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una amiga mexicana me contaba el caso de un blogger demasiado exitoso, que quiso abandonar el blog agobiado por los fans.  Era su amigo y vivía enfrente de la casa de ella, en un suburbio del DF.  Como cualquier otro ejecutivo de mediana tabla, con conexión a internet y un poco de tiempo de ocio, <em>badboy</em> (ese era su nick) descubrió el mundo de los blogs y decidió poner el suyo.  Lo único que quería era escribir ficción fácil para relajarse.  “El blog al menos tendrá un lector que se divierta: yo mismo”, decía en uno de sus primeros posts.</p>
<p>El blog pasó sin pena ni gloria durante un año, pero luego del primer aniversario el número de visitantes empezó a crecer demencialmente.  <span id="more-245"></span>Al principio badboy se alegró y colocó un banercito de publicidad, que en menos de un mes ya estaba generando en dinero lo que él ganaba con su puesto gerencial.  La parte que no estaba bien o por lo menos no era normal, era la de los comentarios.  Cada post tenía más de 300 comentarios, con 250 comentaristas diferentes de promedio.  Y todos, sin excepción, felicitaban de forma casi enferma cualquier cosa que él escribía.  “Hasta yo me contagiaba de esa emoción, y comentaba casi entre lágrimas”, me confesaba mi cuata.</p>
<p>Al terminar el primer mes después del aniversario, badboy ya contaba 500 comentarios por post.  Todos seguían en el mismo tono, con palabras exageradas de admiración hacia su escritura, poemas y acrósticos dedicados a badboy, mujeres y hombres proponiendo sexo, a pesar de que la foto que aparecía en su perfil era la de un cuate terriblemente feo.  Badboy empezó entonces a escribir más light, lo más cursi que se le ocurría, con faltas de ortografía y mala redacción, pero la gente seguía igual.  “Gracias maestro”, “me hiciste emocionar”, “te quiero”, “genial”, “eres lo máximo wey”, “sos un capo, ídolo”, escribían los alucinados comentaristas, aunque el post tuviera una sola línea, y mala.</p>
<p>Los comentarios seguían aumentando de forma anormal, para el segundo mes ya eran varios miles por cada post publicado.  Si él decidía no escribir, empezaban las reclamaciones furibundas, los insultos, los mails amenazando de muerte e incluso intimidantes llamadas de teléfono a su casa, porque hasta eso habían logrado averiguar.  Badboy estaba secuestrado por su propio público, al que ya no le importaba nada más que él siguiera escribiendo para satisfacer su enferma adicción.  Cuando un día no publicó por la tarde, como solía hacerlo, por la noche tenía en su casa a una docena de fans somatando la puerta y exigiendo un nuevo post. Badboy notó que muchos de ellos rieron dementes y babeaban como idiotas cuando les anunció que ya había escrito un nuevo tema.</p>
<p>Badboy decidió entonces escapar a Guatemala, donde tenía parientes cercanos viviendo.  Un día viernes publicó el que sería su último post, arregló sus maletas y empezó a cargar el carro, pero uno de los fans babeantes de la otra noche lo vio y fue a llamar a sus compañeros idiotas.  En menos de cinco minutos estaban ya unos veinte fanáticos rodeándolo y reclamándole su huída.  Lo hicieron entrar en su casa a la fuerza, y mi amiga —que vió todo esto desde la ventana de su casa, estupefacta—, sólo alcanzó a escuchar algunos gritos de terror y luego la policía.</p>
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		<title>De fantasmas y aparecidos</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Oct 2005 06:15:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[Miedo / Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[Por más de 35 años, mi papá tuvo la oficina en la sexta avenida de la zona uno de la capital de Guatemala, a tres cuadras del Palacio Nacional. Esta es una zona muy comercial, pero hace rato que ya no tiene el glamour de los complejos de centros comerciales imitación de malls gringos en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por más de 35 años, mi papá tuvo la oficina en la sexta avenida de la zona uno de la capital de Guatemala, a tres cuadras del Palacio Nacional.  Esta es una zona muy comercial, pero hace rato que ya no tiene el glamour de los complejos de centros comerciales imitación de malls gringos en pequeño, tan de moda ahora en nuestro país.</p>
<p>Cuando terminaba la jornada de comercio (alrededor de las seis de la tarde) se reducía sensiblemente el ruido y entonces los que estábamos ahí, fácilmente escuchábamos cuando alguien abría la puerta de abajo (estábamos en segundo nivel), subía las gradas y entraba a la oficina.  A veces no era nuestra gente sino la de la oficina que compartía el piso con nosotros.  Hasta ahí todo bien.  Pero algunas veces se oía nítidamente todos los sonidos de gente entrando, pero que nunca llegaba hasta la oficina, ni a la de enfrente.  Se escuchaba la llave dando vueltas a la cerradura de la puerta, los pasos subiendo las 28 gradas hasta el segundo nivel, y nada más.  Algunas veces salíamos al lobby que separaba las dos oficinas para ver si mi papá se había quedado revisando algo, o qué onda.  Pero nada.  </p>
<p>Nosotros nunca le pusimos mucha atención al asunto, porque sabíamos que el cerebro suele jugarnos malas pasadas y que el crujir de los materiales al contraerse por el enfriamiento que viene con la noche, bien podía provocar (junto a nuestros traidores oídos) toda la sensación de alguien entrando.  </p>
<p>Me gustaría creer que eran fantasmas visitándonos.  Me hubiera gustado ver alguno y saludarlo.  ¿Qué daño te puede hacer un muerto, si los vivos son los que chingan?</p>
<p>Ahora en el mismo local hay un billar y cuando paso enfrente me pregunto si ellos también escuchan esos ruidos y si salen al lobby a comprobar que no hay nadie más que ellos.  Y pienso que cuando muera, si me convierto en ánima y regreso a la tierra, seguro que visito la oficina de la sexta avenida.  Abriré la puerta y volveré a subir esas 28 gradas, aunque si hay gente, tal vez no me atreva a entrar más allá del lobby.</p>
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		<title>Casa Tomada</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Nov 2004 06:15:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Miedo / Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Yo lo vi]]></category>

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		<description><![CDATA[Unos mis amigos invadieron una propiedad privada abandonada. Ya llevan 4 o 5 meses por ahí y nadie se ha acercado a decir nada. Unos policías se pasean de vez en cuando por afuera, pero no se acercan. Me invitaron a tocar música andina en ese lugar como agregado en otro grupo. El toque fue [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Unos mis <a href="http://hijosguatemala.8m.com/casa.htm">amigos</a> invadieron una propiedad privada abandonada.  Ya llevan 4 o 5 meses por ahí y nadie se ha acercado a decir nada.  Unos policías se pasean de vez en cuando por afuera, pero no se acercan.</p>
<p>Me invitaron a tocar música andina en ese lugar como agregado en otro grupo.  El toque fue en la noche, la iluminación y electricidad para micrófonos era provista por una planta eléctrica de combustible.  El edificio es grande, parece que habían oficinas y salones de lujo en otros tiempos.    </p>
<p>Alguien contó que la noche anterior lo habían espantado cuando intentaba arrancar la planta eléctrica, y nos invitó a ir al lugar donde había ocurrido el aparecimiento.  Un grupo de 8  personas se enfiló hacia donde estaba la planta eléctrica.  Todo estaba muy oscuro, las paredes parecían como las de la casa de la <a href="http://www.blairwitch.com/">Bruja de Blair</a>.  En el camino fueron cayendo los cobardes que preferían regresarse.  Para subir las gradas finales, sólo quedábamos un cuate y yo.  “Yo ya no sigo vos, mejor me regreso”, me dijo con voz un poco asustada.  Por un rato me quedé pensando si seguir o no, y al final decidí regresar.  No es que haya tenido miedo, es que cuando ya no queda nadie que acompañe, no tiene chiste seguir la aventura.  Además, yo no tenía la linterna.</p>
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