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	<title>Anecdotario.net &#187; muerte</title>
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	<description>Anécdotas, historias y relatos</description>
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		<title>El sicario</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Oct 2011 12:35:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Dinero]]></category>
		<category><![CDATA[asesinatos]]></category>
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		<description><![CDATA[Pongamos que me llamo Alfredo, para no entrar en detalles. Me dedico a matar gente por dinero, es decir, soy lo que llaman un sicario. Como soy efectivo y discreto, cobro caro. Así me aseguro de no trabajar demasiado; a veces con tres trabajos al año la paso sin problema. Si me miran por la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pongamos que me llamo Alfredo, para no entrar en detalles. Me dedico a matar gente por dinero, es decir, soy lo que llaman un sicario. Como soy efectivo y discreto, cobro caro. Así me aseguro de no trabajar demasiado; a veces con tres trabajos al año la paso sin problema. Si me miran por la calle, nadie me tendría miedo. Soy bajito y flaco y tengo cara de imbécil. La cara de imbécil me la inventé yo mismo, como un disfraz para pasar inadvertido. Hay que ser un desalmado para hacer este trabajo, sí, pero hay veces que mis trabajos hacen verdadera justicia. Como la vez que maté al idiota de mi vecino.<span id="more-1187"></span></p>
<p>En general no siento ninguna simpatía por la gente. Todo mundo te predica cómo has de vivir o pensar o intenta sacarte dinero. Desde <em>pare de sufrir</em> hasta el último celular inútil con acceso a las redes sociales de vanidad. Le llaman religión o negocios, pero de lo que se trata es de sacarte el dinero a como de lugar. No tengo ni celular ni correo electrónico. Eso sí, tuve un perfil de facebook falso que usé para rastrear a un par de encargos. Puse fotos falsas e información falsa, por supuesto. Luego de terminado el trabajo, borré el perfil. En internet soy invisible, como si no existiera. No le encuentro la gracia a andar por ahí exhibiéndose y publicando todas las estupideces que se te pasan por la mente. </p>
<p>Desde pequeño fui antisocial. No tengo ninguna actividad favorita más que ver películas en la tele y dormir. A veces también leo libros. Me encanta dormir. Más de algún lector se preguntará cómo puedo dormir teniendo el trabajo que tengo, pero a los que no tenemos conciencia, los que estamos libres de remordimientos, en realidad no nos importa nada. O casi nada. </p>
<p>El que se encarga de pasarme los trabajos es un tipo que se hace llamar Néstor. La manera en que me contacta para los encargos es que llama a mi tía Marta y se hace pasar por un amigo mío de la infancia. Le pregunta por mí y le dice que me vio el otro día en tal comercial. Yo ya sé que entonces espera que yo llegue a almorzar a ese comercial. Mi tía Marta vive a unas cuantas cuadras de mi casa, y yo paso regularmente a cenar con ella. Creo que la única persona por la cual siento un cariño sincero. Cuando llama Néstor, siempre queda de visitarnos, pero por supuesto nunca lo hace. El amigo de la infancia por quien se hace pasar fue uno de mis primeros trabajos, encargado por él mismo. En donde tía Marta es donde tengo mis armas y donde guardo el dinero de los pagos, que poco a poco voy depositando en las cuentas de la tía en donde tengo firma. Ella no sabe nada, sólo me guarda mi baúl con mis cosas.</p>
<p>Aparte de tía Marta, con las únicas personas que tengo contacto es con las putas. A veces llamo para que lleguen a mi casa, otras veces voy a los prostíbulos. Siempre pido dos, para un día entero. En una ocasión hasta pedí que me alquilaran un cuarto en un prostíbulo. Me pasé dos semanas sin salir. Fue divertido. </p>
<p>Los trabajos generalmente son personas que obstaculizan negocios de otros o parejas infieles. En una ocasión me tocó un viejo al que los nietos querían muerto para cobrar herencia. En otra ocasión era una mujer de la alta sociedad que quería deshacerse de su amante lesbiana para apropiarse de sus negocios. En ambas ocasiones me pagaron bien. Los clientes ven a mi trabajo como una inversión a la que esperan sacarle rendimiento. Es cuestión de negocios y ganancias. </p>
<p>Por el último trabajo que hice no cobré. Fue para una mujer, vecina mía, a la que su marido amenazó con matar delante de sus dos hijas. La verdad, la mujer, su marido y sus hijas me resultaban totalmente indiferentes. La mujer, sin embargo, es una treintañera atractiva. Un día coincidimos en la tienda con la mujer y una de las niñas y vi que a la mujer se le había olvidado el dinero para pagar los huevos y el pan que llevaba. La niña, de unos cinco años, iba con ella y le pedía dulces. Como vi a la mujer buscando desesperadamente entre su bolsa y yo no soy paciente, le dije que le prestaba el dinero y que se fuera. También le compré un dulce a la niña. Yo esperaba deshacerme de la señora y la niña, pero cuando la niña recibió el dulce, me lanzó una sonrisa tan especial que me dejó desarmado. Yo no estaba siendo amable, sólo quería que se fueran. Pero la niña decidió lo contrario, y que en recompensa, yo, un infame asesino a sueldo, merecía una sonrisa. Desde entonces saludaba cordialmente a la señora y a las niñas, cosa que no hacía con mis demás vecinos. </p>
<p>Una noche que regresaba a casa, escuché gritos en la casa de la vecina. Marido y mujer se peleaban. Yo al marido nunca lo traté y poco me recordaba de su cara. Como una de las ventanas daba a la calle, me acerqué a observar. El imbécil amenazaba a la mujer con una pistola, mientras las dos niñas lloraban. Yo sé qué cara tiene la gente que puede matar, y el tipo tenía esa determinación, pero todavía no daba el paso final. Para distraerlo, toqué a la puerta. El tipo maldijo a gritos desde adentro. Le dije que dejara de gritar y que no se atreviera a disparar el arma. Enfurecido, salió a la puerta. Yo lo esperé y en dos segundos lo sometí y le quité el arma. Siempre he tenido una fuerza que no me explico, dada lo chaparro y flaco que soy. Le quité la tolva a la pistola. Le di el arma a la mujer, diciéndole que la escondiera y que preparara un té para el tipo. Luego me fui a casa.</p>
<p>Al día siguiente robé una moto y lo seguí hasta donde trabajaba. Esperé a que saliera de su trabajo por la tarde y lo volví a seguir. Llovía fuerte. Esperé a que el tipo saliera de la ciudad y lo alcancé en un semáforo en el que yo sabía que  no había cámara y donde no circulaban mucho tráfico. Me puse a la par de su carro, le mostré mi arma, le indiqué que bajara el vidrio y le pedí el celular y la billetera. Me los entregó mansamente. No me reconoció, o por lo menos eso pensé. Luego apunté con mi arma a su frente y disparé. Luego al pecho, en el tercer botón de la camisa, y volví a disparar. El último disparo a la sien. Quedó bien muerto. Abrí la puerta de su carro, lo apagué y puse el freno de mano. Luego me di la vuelta y me fui lo más lejos que pude a tirar la moto y deshacerme del celular y la billtera y de la ropa que llevaba puesta.</p>
<p>Me sentí realmente satisfecho, había librado a las niñas de un padre asesino. La mujer, por su parte, sufriría el impacto de la muerte, pero dadas la circunstancias, se sentiría aliviada. Esa noche volví algo tarde, y no fue sino hasta el otro día que por la mujer de la tienda me di por enterado del suceso. Ay, ya no se puede vivir en paz aquí, me dijo. Yo pensaba justamente lo contrario, pero le dije que tenía razón.</p>
<p>Fui hasta la casa de la vecina y toqué a su puerta. La niña del dulce salió a abrirme y me sonrió, pero tenía sus ojitos hinchados. Mi mamá está triste, me dijo. Decile que venga, le pedí. La mujer salió. Tenía su cara descompuesta, pero se miraba linda. Le di un sobre con dinero. Le dije que era para los gastos del entierro, que lo sentía mucho. Me dio un abrazo y un beso en la mejilla. Regresé a casa. Me sentí feliz.</p>
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		<title>La viuda negra</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Nov 2010 20:27:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Narcotraficantes]]></category>
		<category><![CDATA[envenenamiento]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>
		<category><![CDATA[narcos]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>La mañana del uno de noviembre, después de visitar la tumba de su esposa, Jorge camina muy triste hacia su carro. Hay mucha gente en el cementerio: niños corriendo por todos lados, señores y señoras con gestos apesadumbrados, jovencitas coquetas en sandalias y una ceremonia de entierro protagonizada por un cura locuaz. La mujer de Jorge murió ahogada en el mar en un viaje de vacaciones de semana santa, hace dos años. Esta es la primera visita al cementerio que Jorge hace con cierta serenidad. Antes de llegar al sitio donde había parqueado el carro, se topa con una solitaria mujer vestida de negro, llorando, casi aullando, frente a una tumba. Jorge se acerca, preocupado por el estado lamentable de la mujer.<span id="more-1024"></span></p>
<p>La mujer está postrada en el suelo, llorando desconsolada. La toca tres veces en el hombro antes de que ella voltee. Es una mujer bonita, joven, de pelo corto negro y ojos grises. Jorge le pregunta por quién llora. Ella le cuenta que llora por su marido, que murió hace dos meses al quedar en medio de una balacera entre narcos. Jorge le responde que lo siente, que él también perdió a su esposa, pero hace dos años. Ella lo mira interesada. Él le dice que sabe por lo que ella está pasando pero que después, aunque no lo parezca, vendrá la calma. La invita a levantarse del suelo y respirar hondo. La mujer hace caso y se calma.</p>
<p>Juntos toman un refresco en una caseta del cementerio. Platican y se sienten consolados, comprendidos, acompañados en el dolor. Jorge se sorprende cuando le mira las tetas y piensa esta mujer está buena y es bonita y si no fuera porque recién enviudó, seguro la invitaba a salir. Por momentos ella luce resplandeciente, como una colegiala coqueta. Pero vuelve siempre el gesto de dolor, la angustia de la separación por la muerte. Y el llanto.</p>
<p>Jorge puso gustoso su hombro para las lágrimas de la dama. Quién no lo hubiera hecho. Pensaba en su mujer fallecida, pero ya no tanto. Había llegado al cementerio triste pero esta viuda llorona lo hacía sentirse bien. Los dos eran viudos sin hijos. Siguieron platicando un buen rato y llegó la hora del almuerzo. Un atento y caballeroso Jorge la invitó, pero ella dijo que tenía que irse. Registró su bolso y sorprendida vio que no tenía mucho dinero. Le pidió prestado a Jorge para el taxi. Antes de despedirse intercambiaron números telefónicos. Hasta ahí Jorge supo que la bella viuda se llamaba Lucrecia.</p>
<p>Por la noche la llamó. Ella estaba cansada y tenía sueño. Le dijo que no quería hablar, y ante la insistencia de Jorge, aceptó tomar un café al día siguiente. Ahí terminaron de saber todo uno del otro; Lucrecia había estado casada tres años, Jorge dos; el difunto marido de ella era un catedrático universitario de leyes y buen abogado, la mujer de Jorge era psicóloga. La pregunta que quedaba siempre en el aire era ¿por qué a nosotros? Ninguno de los dos se explicaba cómo al estar en una situación económica relajada y con un matrimonio feliz que apenas comenzaba, el destino les había separado de sus parejas. No era justo.</p>
<p>Lucrecia trabajaba como gerente en un restaurante. Jorge era vendedor de maquinaria para restaurantes. Los dos consideraron simpática la coincidencia. Empezaron a frecuentarse y a ser muy buenos amigos. Iban al cine, a comer a restaurantes y a tomar cafés todas las semanas. Finalmente una noche, ya con algunos tragos de más, ella lo invitó a pasar a su casa, en donde vivía sola, y ambos se quitaron las ganas reprimidas en el tiempo de cortejo. Pasaron a categoría de amantes.</p>
<p>Así fue como los viudos tristes se transformaron en viudos alegres. Parecían adolescentes enamorados, mensajito de texto por aquí, llamada por allá, chats románticos y calientes a cualquier hora, fines de semana juntos, discotecas y fiestas. Y justo antes de cumplir un año de haberse conocido, Lucrecia, la viuda bella, se fue a vivir con Jorge. La visita tradicional al cementerio el uno de noviembre la hicieron juntos. A ambos la tristeza les duró lo que estuvieron frente a las tumbas de sus cónyuges difuntos. Sin embargo, ese día los dos estuvieron casi sin hablarse, como si hubiera pasado algo, como sintiéndose culpables por estar juntos. Esa noche ella le propuso matrimonio. Y él aceptó. Se casaron al siguiente día, como si no hubiera mañana, como si al dejarlo para más tarde no se fuera a realizar.</p>
<p>Sólo ahí Jorge se dio cuenta de que no conocía a la familia de Lucrecia, en cambio ella había conocido a sus dos hermanos y algunos de sus amigos. Decidió organizar una cena con la excusa de las fiestas de fin de año, y Lucrecia aceptó no de muy buena gana. A la cena llegaron los dos padres de ella y su hermana menor. Por parte de Jorge, su padre y sus dos hermanos y sus mujeres. Su madre no quiso asistir porque no aprobaba la relación.</p>
<p>Fue en esa cena que Jorge se enteró de que el marido de Lucrecia no había muerto en una balacera de narcos. Había muerto por una rara intoxicación con mariscos. Habían comido mariscos en el Puerto de San José y él tuvo una mala reacción a los alimentos. Lucrecia había sido hospitalizada por síntomas similares, pero ella logró sobrevivir. La historia real fue revelada por un aparente descuido de la hermana menor de Lucrecia. Al mostrarse Jorge sorprendido, Lucrecia le dijo que había mentido porque no quería recordar los detalles de la muerte de su marido, que el cuadro había sido tan lamentable y doloroso que ella hubiera preferido que hubiera muerto efectivamente en una balacera de narcos.</p>
<p>El nuevo matrimonio tuvo una crisis por la pelea que surgió después de la revelación. Jorge no le habló durante dos semanas, pero al final, viendo la paciencia y el cariño de ella, decidió olvidar el incidente. La navidad y el año nuevo de esa ocasión fue particularmente feliz para la pareja. En febrero del año siguiente, sin embargo, una noche después de regresar de un viaje a la playa, Jorge se sintió mal. Al parecer la comida no le había caído bien. Tenía náuseas y vómitos, se sentía muy cansado y su respiración era dificultosa. Tuvieron que ir de emergencia al hospital, y después de dos días internado, y de pasar por una crisis severa, le dieron de alta.</p>
<p>Jorge sospechó lo peor. En secreto, estando en el hospital, pidió que analizaran muestras suyas para saber si había envenenamiento. Los resultados, entregados a Jorge de forma confidencial, dieron positivo para arsénico. Estaba confirmado: la bella Lucrecia no era más que una viuda negra, y con un marido ya a cuestas. Él no iba a ser el siguiente, de ninguna manera. Ya se había salvado de milagro. No regresó a su casa. Decidió ir a la casa de sus papás para terminar de recuperarse.</p>
<p>Dudó al principio, pero la cólera por la mala mujer que se había conseguido pudo más. Registró en su agenda de teléfonos y encontró el del narco al que le había acondicionado una pizzería que en realidad era una fachada de una enorme bodega de drogas. Jorge le contó su desgracia y el narco le dio dos números de teléfono de gente que podía resolver el asunto a un buen precio. Semana y media después, él asistía al funeral de su segunda esposa. A Lucrecia la encontraron muerta por heridas de bala en una casa de un narcotraficante de poca monta, junto a otros cuatro cuerpos. Según la policía, había habido una balacera entre bandas narcotraficantes enemigas. Los sobrevivientes había huído.</p>
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		<title>Asesinos</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 23:48:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Miedo / Terror]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Ser asesino en serie en un país de tercer mundo tiene sus claras ventajas. De eso nos aprovechamos con el Paul cuando desaparecimos a aquella mosquita muerta igualada. Esa fue la primera vez. David —me dijo Paul temblando aquella tarde—, qué bien se siente todo esto, tenemos que repetirlo. Tenía las manos llenas de sangre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ser asesino en serie en un país de tercer mundo tiene sus claras ventajas. De eso nos aprovechamos con el Paul cuando desaparecimos a aquella mosquita muerta igualada. Esa fue la primera vez. David —me dijo Paul temblando aquella tarde—, qué bien se siente todo esto, tenemos que repetirlo. Tenía las manos llenas de sangre y una sonrisa estúpida que nunca le había visto. El cuerpo de la Mary estaba en el suelo; ella todavía con los ojos abiertos y el grito en la boca. Sí, le contesté, esto apenas empieza.<span id="more-960"></span></p>
<p>Desde el principio supe que al final tenía que desaparecer Paul. Sabía que tarde o temprano él sería una carga, que no era tan calculador ni precavido como yo.  Sin embargo en ese momento era el compañero ideal; los dos teníamos ese instinto que nos hacía cómplices. Mary, la primera que cayó, era alumna del colegio en donde estudiábamos; pero no era de acá de la capital, ella había venido del interior y vivía de huésped en una casa, con otras estudiantes. No era especialmente atractiva, pero tampoco dejaba de tener lo suyo. Paul fue el primero que le cayó en un recreo, ella estaba en cuarto bachillerato mientras nosotros estábamos en quinto. Era tímida y solitaria, y a veces en los recreos se iba a la biblioteca a leer.  Por eso también era la víctima ideal. Paul se propuso ser amigo de ella, pero la Mary no le daba mayor oportunidad de acercarse.</p>
<p>Pensamos que con un poco de atención se sentiría halagada y eso podía hacer que cediera un poco. Todos tenemos debilidad por las personas que nos admiran. Y así sucedió, ella le tomó confianza. Entonces no perdimos el tiempo y Paul la citó en el parque que quedaba a algunas cuadras del colegio, y allí los dos la esperamos. Él le dijo que yo iba para enseñarles un lugar muy bonito y poco visitado: una cascada al fondo del barranco.  Sería una pequeña aventura que recordaríamos siempre. Ella se tragó todo y gustosa iba de la mano de Paul. Era tan pendeja que se miraba estúpidamente feliz.</p>
<p>Al llegar al fondo del barranco, lo único que había era un río de aguas negras. Nos hicimos los extrañados con el Paul, y nos sentamos en unas rocas de por ahí. Saqué una botella de ron que llevaba en la mochila y tomamos los dos un buen sorbo, ante la mirada desconfiada de la Mary. Cinco minutos después, la golpeé en la cara tratando de que se desmayara, pero la idiota salió corriendo. Fue Paul el que la detuvo sacando el cuchillo de cazador que había tomado de la casa de su tío. Le metió la primera cuchillada en la barriga y giró el cuchillo adentro. La sangre, escandalosa, empapó el uniforme de la Mary. Nos miraba asustada y llorando. Yo tomé el suéter de ella y le tapé la boca y la nariz, hasta que dejó de respirar.</p>
<p>Aunque nos asustamos, estábamos acelerados por la adrenalina. Era una sensación extraña, de poder, de euforia. Saber que podés decidir quién se va y cuándo. Se me ocurrió dejar una bolsita de mariguana en la mochila de la Mary; así al otro día la policía diría que era una drogadicta o narcotraficante, y toda la gente se olvidaría del asunto. La gente en Guatemala protesta en Facebook si en el zoológico le van a dar menos comida a los animales, pero no le importa mucho si se muere otra drogadicta, aunque no lo sea.</p>
<p>Y así sucedió. En un diario de nota roja salió a los dos días &#8220;Drogadicta es hallada  muerta en un barranco&#8221;. El texto de la nota decía que era posible que debiera dinero o cosas así. Nadie en el colegio preguntó nada, la Mary no era de muchos amigos. Era un poco la rechazada de su clase, así que nadie lamentó demasiado la noticia. Eso sí, impactó. Las patojas miraban para todos lados a la salida del colegio, y durante un par de semanas todo mundo fue más cuidadoso. Después todo mundo se olvidó, como pasa siempre.</p>
<p>Como nadie nos vio ese día, nunca sospecharon de nosotros. Además, éramos buenos en las clases. Memorizar nunca me costó, lo que aturde es tanta tarea inútil que le dejan a uno en el colegio. ¿Para qué chingados sirve saber que el río Rin está en Europa? Pero bueno, hay que adaptarse si uno quiere pasar a otra cosa. Mientras no se inventen algo mejor hay que hacerle huevos.</p>
<p>A pesar de que nos despachamos con el Paul a otras cuatro en el año, nunca volví a sentir lo de la primera vez. Lo que hicimos siempre bien fue escoger a la muchacha. Bueno, en realidad yo escogía. Buscábamos que no tuvieran familia, que fueran del interior, que fueran putas o tuvieran trabajos de menor categoría. Nadie extraña a los insignificantes. Yo era el que ponía especial cuidado en esos detalles. El Paul era muy impulsivo, descuidado. Me tocaba detenerlo porque no es que la policía te persiga, pero de repente sale algún investigador que sí hace su trabajo y te empiezan a chingar.</p>
<p>Lo malo de ser asesino en serie en un país de tercer mundo es que no tenés reconocimiento. En los países desarrollados la policía y la prensa hacen alboroto, e incluso persiguen por años a los asesinos. A los gringos les encanta hacer películas y series de televisión de los asesinos. Los adoran. Son reconocidos. Eso no sucede acá.</p>
<p>Antes de empezar con todo, éramos buenos cuates con el Paul. Compartíamos varias rarezas, como que nos gustaba encerrarnos en mi cuarto a gritar puros locos hasta que nos quedábamos afónicos. O que aquel coleccionaba ratas muertas y yo patas de gatos. Pero cuando nos despachamos a la segunda -una putía de la dieciocho calle- de un solo disparo en la cabeza, se empezó a poner mula. El imbécil quería &#8220;salir de caza&#8221; todas las lunas llenas, y ver qué salía. No seás idiota, le decía siempre, hay que escoger, no vaya a ser que matés a la hija de un narco o de un policía.</p>
<p>Así que poco a poco me fui aburriendo de tener que controlarlo. Después de que dejamos en el barranco a la quinta mosca muerta, le dije que ya no iba a cazar con él. Que si quería seguir en el rollo que fuera por su cuenta, pero conmigo ya nada. Se puso al brinco entonces. Me empezó a gritar que yo nunca hubiera tenidos los huevos de hacer todo solo, que le debía mucho, que me iba a chillar a la policía. Hablaba y hablaba el maldito, no se callaba, gritaba y escupía al gritar, me decía todos los insultos que podía. Por más que yo intentaba callarlo y calmarlo, el hijo de puta seguía puro energúmeno descontrolado diciendo cualquier cosa. Hasta que me aburrió y le dije, está bien Paul, busquemos otra mañana, tranquilo. Lo que pasa es que vos sos muy descuidado, no todos los días se puede hacer esto hombre, agarrá la onda. Se fue calmando pero igual seguía puteándome y hablando estupideces. Cuando por fin se calmó, agarré su cuchillo de cazador y le corté toda la garganta agarrándolo por atrás, para no mancharme.</p>
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		<title>El celular</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Apr 2010 13:51:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Celulares]]></category>
		<category><![CDATA[Facebook]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Son las siete de la mañana del domingo y Gustavo ya está listo para ir a la iglesia. Sus dos hermanas y sus papás corren por toda la casa buscando ropa, zapatos, lociones, bolsas, peines y celulares. Luego de algunos minutos, el siguiente en estar listo es su papá. Ambos se sientan en el sofá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Son las siete de la mañana del domingo y Gustavo ya está listo para ir a la iglesia.  Sus dos hermanas y sus papás corren por toda la casa buscando ropa, zapatos, lociones, bolsas, peines y celulares.  Luego de algunos minutos, el siguiente en estar listo es su papá.  Ambos se sientan en el sofá de la sala y sonríen cómplices al ver a la hija grande, que se ha puesto un zapato de uno y otro de otro.  En un instante el padre mira a Gustavo y lo siente extraño, hoy no regaña a sus hermanas por la tardanza, no se muestra ansioso y tiene un semblante tranquilo.  Recuerda entonces el porqué. <span id="more-930"></span> Hoy, después del servicio en la iglesia, Gustavo irá a comprar un celular nuevo.</p>
<p>La familia se encamina a la iglesia.  A través de los vidrios del carro se mira una mañana soleada.  La hija pequeña comienza a cantar una canción que le enseñaron en el colegio.</p>
<p><em>Cinco pececitos nadaban y nadaban,<br />
vino un tiburón y a uno se comió.<br />
cuatro pececitos nadaban y nadaban,<br />
vino un tiburón y a uno se comió.</em></p>
<p>Al oír a la niña, al padre le entra una extraña sensación de fatalidad.  Prefiere pensar en que en un día tan bonito nada puede pasar, quizás sea cuestión de leer menos periódicos o no ver el noticiero de la noche.  Tantas noticias malas le han de haber provocado esa sensación de fatalidad.  Gustavo en el asiento de atrás le hace cosquillas a la hija pequeña, que ríe contenta, mientras la grande intenta aprovechar algunos minutos más de sueño.  Tiene la boca bien abierta de lo dormida que está.</p>
<p> Ya en la iglesia, los padres de Gustavo saludan a las familias amigas y los niños juegan en el patio.  Gustavo espera a ver a Sandra, una de las jóvenes del grupo de los sábados.  Le contará a ella que hoy comprará un nuevo celular y le enviará un mensaje nomás lo tenga.  No será un iPhone o una Blackberry, pero tiene una pantalla touch y está chilero.  Ese celular es el fruto de su trabajo en las vacaciones, ahorros en su mesada, y regalos en efectivo para su cumpleaños.</p>
<p>Pero los minutos pasan y Sandra no llega.  El servicio va a comenzar y a Gustavo no le queda más que entrar a la iglesia, lamentándose no haberla visto.  La busca en las bancas, voltea a ver pero no la mira, quizás hoy no venga, piensa.  Pero por ahí, después de las canciones de introducción, Sandra llega a la iglesia.  Lleva puesto una blusa verde, un pantalón negro.  Su pelo suelto brilla puro comercial de la tele.  La busca con la mirada para saludar, y ella lo mira.  Le sonríe.</p>
<p>El pastor en su prédica le dice a sus feligreses que Dios quiere que seamos prósperos, que vivamos en abundancia, que seremos bendecidos si creemos y damos testimonio.  Dios quiere que seamos felices.  Pero debemos recordarnos de Él y ofrendar para tener una cuenta en el cielo, para cuando dejemos esta tierra.  Gustavo asiente, levanta la mano derecha diciendo amén y piensa en su celular touch y en el primer mensaje de texto que le enviará a Sandra la bella, como él la llama.</p>
<p>Después del servicio, en la puerta de la iglesia, Gustavo se encuentra con Sandra.  Le cuenta de la compra que hará por la tarde, un celular bien chilero con pantalla touch.  Sandra sonríe coqueta y le dice que está bueno, que le envíe el mensaje de texto, ella todavía tiene un poco de saldo para contestarle.  Al darle el beso y abrazo de despedida, Gustavo aprovecha para oler el aroma de su princesa.</p>
<p><em>Dos pececitos nadaban y nadaban,<br />
vino un tiburón y a uno se comió.<br />
Un pececito nadaba y nadaba,<br />
vino un tiburón y se lo comió. </em></p>
<p>La familia almuerza en un comercial.  La hija mayor quiere pizza, la menor quiere hamburguesa, mamá y papá comerán pollo frito.  Gustavo les dice que prefiere ir a comprar su celular a una de las tiendas, que luego comerá rápido o pedirá para llevar a la casa.  Camino a la tienda de celulares, piensa en que también actualizará ahora su estado de Facebook desde el celular.  A veces no entiende por qué a la gente le encanta contar que está comiendo en tal lado, o que se levantó de malas, o que hay frío o calor, buenos días, buenas noches.  Pero él no se quiere quedar afuera.  A la noche, justo antes de dormir, enviará un mensaje para actualizar su Facebook, diciendo <em>buenas nochesss</em>.  Con suerte Sandra esté conectada y le responda con un emoticon sonriente.</p>
<p>Gustavo entra en la tienda y pide directamente, sin ceremonias, el celular que quiere.  Un muchacho que se mira buena onda lo atiende, toma el celular que quiere su cliente, le ingresa saldo y se lo entrega al adolescente impaciente.  Prueba a llamar a su papá y le cuenta que ya tiene el celular nuevo.  Luego escribe un mensaje de texto para Sandra: <em>hola! ya tngo el nvo cel stoy n miraflrs</em>.  Para su sorpresa, al salir de la tienda, recibe respuesta de Sandra:<em> k bn! yo stoy n peri, pq no venis?</em>  Gustavo casi pega un brinco de alegría, ella está en un comercial cercano y quiere verlo.</p>
<p>Después de ponerse de acuerdo con sus papás, que harán unas compras, sale caminando al otro comercial, que está al otro lado de la carretera a algunas cuadras de distancia.  Va muy emocionado con su nuevo celular en la mano, tiene una cámara de un montón de pixeles y mp3 y una memoria de dos gigas.  Verá a Sandra además.  No se puede pedir mejor domingo.  Decide cruzar la carretera sin subir a la pasarela.  Cuando comienza la carrera para llegar al arriate central, de repente escucha que alguien grita ¡cuidado! y voltea ver confundido, mientras una camioneta agrícola lo golpea y lo envía varios metros por los aires.  Antes de caer en el asfalto, Gustavo escucha a su hermana cantar un <em>pececito nadaba y nadaba, vino un tiburón y se lo comió</em>.  El celular sale también volando.  Lo recoge un muchacho que se lo mete a la bolsa del pantalón y sigue caminando, como si no hubiera pasado nada.</p>
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		<title>Vos no sabés nada</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Sep 2009 13:25:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Dinero]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Adiós Nonino, qué largo sin vos será el camino. A vos te parece sencillo, pero no lo es. Ahora venís a reclamar igualdad cuando vos fuiste el que se fue y ni para sus cumpleaños te asomabas. Estabas conquistando el mundo, según vos, y no te quedaba tiempo ni de llamar a tu papá. Está [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Adiós_Nonino" target="_blank">Adiós Nonino</a>, qué largo sin vos será el camino.</em></p>
<p>A vos te parece sencillo, pero no lo es. Ahora venís a reclamar igualdad cuando vos fuiste el que se fue y ni para sus cumpleaños te asomabas. Estabas conquistando el mundo, según vos, y no te quedaba tiempo ni de llamar a tu papá. Está bien, vos estabas en tu derecho, ok, lo que querás, pero por eso mismo no pensaba que vendrías a mencionar lo de la plata. Sos un cabrón, y no te pego un tu vergazo sólo porque estamos en la funeraria. Vos en realidad nunca fuiste su hijo, sólo fue que tenés su apellido, porque de alguna manera te tenías que llamar. <span id="more-453"></span></p>
<p>Vos no sabés lo que sentía yo cuando en sus días de hospital quería aliviar su dolor y no podía aunque hiciera todo lo que pudiera. Vos nunca le limpiaste el culo, nunca recibiste un vómito de él. No sabés ni mierda cerote, no sabés ni mierda. No te enteraste de las veces que lo llevé con el doctor y examen tras examen y el dolor le seguía. Ni una puta llamada pudiste hacer y el pobre viejo todavía me decía que no te llamara para no molestarte.</p>
<p>Vos nunca te desvelaste a la par suya cuando él no aguantaba los dolores. No sé por qué en la noche es cuando se sienten peor los enfermos. Me tocaba atenderlo y hacer que comiera un poco a la fuerza, sacándome sonrisas y chistes en medio de mi amargura. Hubo noches en que lloré a la par de su cama porque el viejo se estaba yendo y no podía evitarlo. Vos no sabés nada cerote. Nada.</p>
<p>¿Por qué venís ahora a hablar de pisto? Vos llevás su apellido pero no sos hijo suyo, no lo sos. Vos siempre te creíste más que los demás, siempre creíste que éramos gente sin ambición, sin iniciativa, te burlabas de nosotros, te burlabas de que él siguiera con sus ideales o que yo trabajara de mesero en un restaurante.</p>
<p>Yo no soy nadie para juzgarte a vos, pero me encabrona que vos me vengás a preguntar que cómo quedaron los ahorros que él te había mencionado. ¿No podías esperar hasta mañana?  ¿No que vos eras un ganador pues? Ni se ha terminado de enfriar el cuerpo de papá y vos ya vas como buitre tras el pisto. Me decís que la crisis mundial te jodió, pero eso fue por tu propio gusto, por ser un codicioso y meterte a negocios que no conocés bien. Para pendejo no se estudia y vos sos la muestra de eso.</p>
<p>Vas a tener tu pisto no te preocupés, pero me vas a seguir escuchando la trompa porque después de aquí no quiero volver a saber de vos nunca más. Para mí te moriste vos también, y no creás que no me duele. ¿A dónde se fue ese mi hermano que de niño se dejaba meter goles para que yo ganara los partidos en el patio de la casa? Yo te he estado insultando pero me duele vos, me duele. Me duele saber que no viniste para abrazarme fuerte y llorar conmigo, porque lo primero que te sale de la trompa es el dinero.</p>
<p>Si querés aquí mismo te doy el cheque con tu mitad. Yo hice mi pisto, sabelo, sin pretender ser la gran mierda como vos. Me pela que nos esté escuchando tu hijo, mejor que sepa que clase de papá tiene, así tal vez se aleja de vos por su propio bien. Hasta parece que te alegraras de que papá se haya ido, para así echarle mano a sus ahorros.</p>
<p>¿Sabés que contestaba él cuando le preguntaban por vos? Sonreía y decía que te habías ido a los &#8220;Estados&#8221; y que allá trabajabas de ingeniero, que te había ido bien, que tenías dos nenes hermosos y que siempre llamabas. Aunque casi nunca lo hiciste. El era el que llamaba y apenas si tenías tiempo para contestarle, siempre andabas dizque trabajando. Cuando llamabas él era todo alegría y si necesitabas algo de plata, allá iba, sin preguntas, sin condiciones. Vaya si él no era padre incondicional para querer a una mierda como sos vos.</p>
<p>No sé de dónde te salió lo caquero, no sé si fue tu mujer o si siempre fuiste así. Siempre te interesó más impresionar a la gente, aparentar aunque no fueras nada. Y así fue como te conseguiste esos tus amigos que te embaucaron y se fueron con todo tu pisto. Para mulas, vos. Ah, es que eran gente fina, cómo se va a imaginar uno. Si pues, a la gente se le mide por sus acciones, y no porque se vistan a la moda y usen buenos perfumes y anden en buenos carros. Pero en tu mundo lo que importa es la apariencia y por eso te va como te va.</p>
<p>La última noche fue terrible, llovía fuertísimo. Yo salí tres veces a la farmacia a comprar medicina para inyectarle y calmarle el dolor pero no se le calmaba, no se aliviaba, no estaba tranquilo. No aguantaba el oxígeno, pero no podía estar sin él. A cada rato quería que le cambiara de posición la cama. Escupió sangre como cinco veces. Yo todavía le dije al iniciar la noche, en broma, que iba a ser su enfermero oficial, que si tenía alguna queja podía hablar con gerencia. Él sonrió y fue la última vez que lo vi sonreír. Vos no sabés nada, ni mierda sabés.</p>
<p>No sé si de veras sentís algún tipo de dolor. Sólo aprendiste a quererte a vos mismo, a ser el centro de todo. Y el viejo todavía orgulloso de vos disculpándote cuando hacías una mulada. No sé cómo alguien tan grande como él pudo tener a un hijueputa como vos. A vos no te va a hacer falta el viejo porque nunca fuiste su hijo. No podés lamentar su ausencia porque nunca lo tuviste presente.</p>
<p>Yo sí voy a sentir su ausencia, y mucho. Me hará falta que me llame y me diga Josesito, traéme una mi hamburguesa. Me va a hacer falta que encienda las luces cuando llegue con el carro, que me tenga paciencia y me sonría cuando me enojo. Porque era un viejo de ahuevo, era un gran tipo mi viejo, como dice la canción. Vos no entendés nada de este dolor, vos estás hecho de plástico. Vos no sabés nada, tomá este cheque en blanco y ponele la cantidad que querás. Vos quedáte con el pisto, pero dejáme enterrar a mi viejo en paz, por favor andáte y no volvás más.</p>
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		<title>Ángel de la guarda</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Aug 2009 07:10:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasticos]]></category>
		<category><![CDATA[Misterio]]></category>
		<category><![CDATA[Traición]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Al principio es un poco difícil acostumbrarse a estar muerto. Hay un instante casi imperceptible en el que tu alma deja para siempre tu cuerpo, pero vos seguís consciente de lo que sucede, sólo que lo empezás a sentir de otra manera. Es como si todo se volviera gaseoso y sin peso, vos flotás y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al principio es un poco difícil acostumbrarse a estar muerto.  Hay un instante casi imperceptible en el que tu alma deja para siempre tu cuerpo, pero vos seguís consciente de lo que sucede, sólo que lo empezás a sentir de otra manera.  Es como si todo se volviera gaseoso y sin peso, vos flotás y mirás a la gente y ellos no te ven y ya no te duele nada y eso te alivia.  Pero conforme pasan los minutos te das cuenta de que ya no podrás volver a hablar con nadie que esté vivo y eso te hace sentir angustia.  Y ahí empiezan a aparecer los otros muertos, y es como cuando vos entrás  a la universidad y te bautizan, te empiezan a hacer bromas y a burlarse de vos, te hacen preguntas que cómo te llamás, de qué te moriste y en qué trabajabas.<span id="more-418"></span></p>
<p>Siempre está el muerto  bueno que te dice con qué tener cuidado, al que le caés bien por alguna razón desconocida.  Está también el muerto que se cree jefe de todo y anda desfiando a todo mundo.  Uno piensa que esas cosas se acaban con la muerte, pero depende de qué muertos anden por ahí, así te va a ir.  Lo bueno, me decía uno de ellos, es que ya no te pueden matar.</p>
<p>Mi problema es que dejé cosas sin resolver al morirme, como le sucede a todos, creo.  Pero yo no puedo dejar de pensar todo el tiempo en que debí haber sido un poco más buena gente.  Es decir, sí, yo hice el bien estando vivo, pero con esa idea de hacer mucho dinero pues me la pasé ocupado.  Me casé y fui un tiempo feliz, pero en verdad creo que me casé más para salir del paso, para que estuviera completa la foto y así poder seguir, como para poner un chequecito en la lista de cosas pendientes.  Yo quería a mi mujer claro, pero no con ese amor de las películas.  Ella me quería, había que ver lo triste que la pasó en el funeral, pero también ahí descubrí que me engañaba con mi primo Alberto.  </p>
<p>Cuando me recuerdo del accidente siento que pude haber maniobrado mejor el timón y haberme salvado.  Pero no se pudo, así que estoy ahora bien muerto y con asuntos pendientes.  Los muertos con los que he hablado no me han dicho si uno pasa a otro estado o si se va al fin al cielo o al infierno como dice la religión.  Yo siempre pensé que era un castigo o un premio demasiado exagerados para lo que hacemos en una vida.  Es decir, un premio eterno por haberte portado más o menos bien en 35 años en mi caso.  O un castigo eterno por haberte portado muy mal en ese mismo tiempo, quitando el período de la niñez, en donde parece que tenemos licencia para ser un poco crueles sin que merezcamos el infierno.</p>
<p>Pero bueno, ya estoy muerto, no tengo opciones de escoger nada, y no sé a dónde iré ni qué haré.  Ahora me la paso el día viendo al Estuardito y me gustaría abrazarlo y ponerlo sobre mis hombros y decirle que a pesar de que tiene cara de mono yo lo quiero mucho.  ¡Ah, cuánto se extraña a los seres vivos!  Lo que no me parece es que ya le está empezando a decir &#8220;papa Alberto&#8221; a mi primo.  Todavía no se termina de enfriar mi cuerpo en la tumba y ya la viuda al gozo.  Eso no se vale.</p>
<p>Cómo me gustaría poder dormir.  Es algo que hace falta cuando te morís, porque entonces te la pasás aburrido en la noche, todo mundo durmiendo.  A veces cuando estoy en la cocina en la noche y oigo algún ruido me sigo asustando.  A mí lo que siempre me dio miedo es que se entraran los ladrones a la casa y pasara algo.  A veces me despertaba algún ruidito y me pasaba el resto de la noche prendiendo luces para que el supuesto ladrón que yo pensaba quería entrar a la casa, se diera cuenta de que alguien estaba alerta para que no molestara.</p>
<p>No puedo describir la angustia que sentí cuando efectivamente era un ladrón el que acechaba mi casa, una noche de lluvia.  Yo pensaba que los ladrones no trabajaban en días de lluvia, así que me sorprendí al ver a aquel tipo entrando a mi casa mojado, con una linterna tapada con un papel negro para que no reflejara mucho.  Sentí algo helado en todo mi espiritual cuerpo cuando ví que se dirigía al dormitorio de mi Estuardito.  Pensé, este hijueputa lo va a secuestrar y quise con todas mis fuerzas estar vivo otra vez y defender a mi hijo.  El maldito, que usaba un pasamontañas negro, entró a su cuarto.  Yo pensé en por qué habrá escogido una noche de lluvia y no el día, cuando Estuardito iba al colegio o salía.  </p>
<p>Empecé a desear con todas mis fuerzas estar vivo de nuevo y volver a morir si era necesario para evitar que le hicieran daño a mi hijo.  Lo deseé con tal fuerza, con tal furia, que volví a la vida;  volví a tener huesos y músculos y aparecí a la par de aquel maleante que se llevaba a Estuardito en brazos.  No tuve tiempo para pensar en nada, sólo quería en arrebatarle a mi hijo al secuestrador.  Tomé con todas mis fuerzas su cuello y no lo solté a pesar de las cuchilladas que me metía, su cara se puso roja y sus ojos un poco saltones y al fin dejó de respirar.  Estuardito me reconoció y me dijo ¡gracias papi!, y me abrazó, llorando.  Fue el abrazo más dulce de toda mi existencia, antes o después de muerto.</p>
<p>Nadie se explicó después cómo fue que el pequeño Estuardo venció al maleante, nadie le creyó que fue su papi quien lo defendió.<br />
Desde esa vez nunca me he apartado de Estuardo.  Lo veré crecer sin que él me vea, sin que nadie me vea.  Todavía no entiendo bien cómo funciona este mundo de los muertos, pero me reconforta saber que estaré con él cuando me necesite, siempre.  </p>
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		<title>El último día</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Mar 2009 15:29:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasticos]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Misterio]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Don Alberto Galindo supo una noche antes que iba a morir. Durante ese día en la mañana hizo algunas visitas a sus amigos y por la tarde se sentó en la sala de su casa pensando en si sería cierta la visión que había tenido la noche anterior y si realmente su muerte estaba cerca. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Don Alberto Galindo supo una noche antes que iba a morir.  Durante ese día en la mañana hizo algunas visitas a sus amigos y por la tarde se sentó en la sala de su casa pensando en si sería cierta la visión que había tenido la noche anterior y si realmente su muerte estaba cerca.  Le contó su visión a su hijo menor, Cristóbal.  Extrañado por no ver venir a la muerte por ningún lado, dada su salud de roble, don Alberto salió a la puerta de su casa a observar la calle y decidió dar un paseo por su barrio.  Cuando dobló la esquina, una camioneta agrícola manejada por un borracho lo atropelló.<span id="more-377"></span></p>
<p>Un golpe en la cabeza fue el mortal.  Su hijo Cristóbal fue el único que escuchó el ruido y salió presuroso sólo para encontrarse con la trágica escena.  El borracho se había fugado, pero fue a chocar varias cuadras después y fue arrestado.  Don Alberto, que tenía 58 años, murió ahí mismo.</p>
<p>Don Alberto tenía tres hijos: Arturo, el mayor; David, el mediano; y Cristóbal, el menor.  Todos le profesaban respeto a su padre, aunque Cristóbal era el más rebelde.  Arturo ya tenía varios años viviendo en Estados Unidos, donde había hecho vida y familia.  Regresó de Los Ángeles justo a tiempo para el sepelio.  David era un médico más o menos exitoso y se lamentó no haber estado en el momento del accidente.</p>
<p>Cristóbal les contó en el velorio lo que le había dicho su padre sobre la visión.  Arturo recordó que el abuelo Ramón, padre de don Alberto, también había tenido una visión de su propia muerte, o sea que era muy probable que a ellos también les sucediera, tener la visión de la propia muerte una noche antes.</p>
<p>Luego de pasado el velorio y el entierro, los hermanos no volvieron a hablar del tema.  Ninguno de ellos creía en los sueños ni en cosas del espíritu.  Sólo bastan algunos años de estudio para saber que las supersticiones son cosas de gente de pueblo, y que andar creyendo en el destino no tiene sentido.  </p>
<p>No obstante, varios años después, David tuvo la visión.  Espantado ante la posibilidad de morir llamó de madrugada a la casa en donde ahora sólo vivían Cristóbal y su madre.  Cristóbal atendió la llamada y comprendió lo grave que era la noticia, de inmediato llamó a Arturo y lo puso en alerta, y en pocas horas, viajando desde Los Angeles, estaba en Guatemala.  David estaba aterrado y sin saber qué hacer.  Con casi 40 años tenía mucho porvenir en el campo médico y le empezaba a ir bien, y ahora esto.  Tanto esfuerzo para terminar de todos modos muerto y peor aún, con aviso.</p>
<p>Los hermanos decidieron que iban a enfrentar a la muerte y que estarían con David todo el día, que nadie entraría ni saldría de su casa.  Despacharon a su mujer y a sus dos hijos, diciéndoles que  hablarían de cosas de hermanos.  David sólo iba a tomar agua e ir al baño, no haría nada más, no podían permitir que muriera.  Cristóbal recordó una película en donde los protagonistas luchaban contra la muerte, pero que ésta de todos modos ganaba al final.  Ya se sabe: todos moriremos algún día, incluyéndonos a usted y a mí, amigo lector.  Diariamente desafiamos a la muerte por 24 horas más.  Celebramos nuestros cumpleaños sabiendo cuánto tiempo acumulamos en este mundo, pero no siempre caemos en la cuenta de que cada cumpleaños también es un año menos de vida.</p>
<p>Cada uno entretenido en sus propias filosofías esperaba salir triunfante, al menos ese día, sobre la muerte de David.  Por momentos parecía que podría ser posible evadirla, ganarle, burlarse de ella una vez más, un día más.  Llegaron los tres a las seis de la tarde sin indicios de muerte.  Pero entonces ocurrió.  </p>
<p>Un niño en la casa de enfrente jugaba con el revólver 38 de su padre.  Estaba parado en el techo de la casa, y en un infortunio se le disparó y la bala fue a alojarse en el cráneo de David, que estaba en la sala bebiendo un vaso de agua.  La muerta los había derrotado, el cuerpo sin vida de David cayó al suelo sin que nada ni nadie pudiera evitar el fatal destino.</p>
<p>Empeñados como estaban en evadir la muerte, Arturo y Cristóbal cayeron en la cuenta de que no habían tenido tiempo de decirse entre ellos y a David lo mucho que se querían.  No había habido tiempo de recordar las bromas infantiles, las anécdotas, los buenos tiempos.  Quizá habría sido oportunidad de ser más amables.  Acordaron estar atentos para cuando le llegara la visión al primero de ellos no intentar luchar contra el destino, sino procurar hacerse las últimas horas más agradables, despedirse bien, terminar de buenas.</p>
<p>Sin embargo los buenos propósitos que siguen después de las tragedias se olvidan con el tiempo.  La rutina y la vida con sus buenos y malos tiempos hacen olvidarse de la inminencia constante de la muerte. </p>
<p>Pasaron varios años.  Cristóbal y Arturo, cada uno por su parte, habían planeado varias veces su último día.  Se habían cuidado de no contarlo a nadie más, porque no le veían utilidad: todo mundo empezaría a llorar antes de tiempo.  Arturo tuvo durante un tiempo el dinero en efectivo para comprar un boleto de avión a Guatemala.  Pero después pensó que la mayoría de su gente estaba en Los Angeles y le pidió a Cristóbal que estuviera atento para viajar con su mamá, cuando llegara el día.</p>
<p>A Cristóbal a veces se le venían ideas divertidas al respecto de su último día.  Pensaba que podría emborracharse a lo grande y así ni sentiría la muerte, o que invitaría a un montón de prostutitas y hacer una gran fiesta con sus amigos, o que escribiría una larga carta de despedida a sus amigos y amores, o que al fin ese día iría de nuevo a la iglesia, como su madre rogaba tantas veces.</p>
<p>Un día Cristóbal vio en el internet un video de un tipo muy respetado en el campo de la informática, que decía ante un grupo de estudiantes graduandos que había que vivir todos los días como si fuera el último.  Lo aplaudían. La gente por lo general aplaude todo lo que a primera vista parece lindo.  Pero, pensaba Cristóbal, este tipo siguió trabajando y nadie en su sano juicio, sabiendo que va a morir, va a la oficina a trabajar.  Es una estupidez, porque lo que te hace ir a trabajar es que habrá un mañana, o un conjunto de mañanas que te motiva a ir a ganarte la vida. </p>
<p>Cristóbal decidió que su último día lo utilizaría para dar las gracias a todas las personas importantes en su vida.  Sin discursos largos, sin apelar a compasiones de compromiso.  Sin  embargo, lo empezó a hacer cuando murió Arturo.  A su madre le había dicho, mama, sos una gran mujer y me siento contento de haberte tenido como madre.  Su mamá no pudo reaccionar mucho, debido a su borrachera, sólo dijo un inaudible gracias, y se tomó un sorbo de su whisky.  A su mujer, días después, le dijo que ella había sido lo mejor que le había sucedido y que eso no lo podría olvidar nunca.  Ella le dijo, sí claro, pero acordáte de traer el papel higiénico y el jabón a la casa.</p>
<p>La llamada de Arturo llegó en una fría madrugada de enero.  Madre e hijo partieron hacia Los Angeles, y al llegar al hospital Arturo los recibió con una gran sonrisa.  Lloraron los tres en un sólido abrazo, entre la confusión de la alegría de verse y la inminencia de la muerte.  Arturo padecía un cáncer terminal y justo abandonaba el hospital en medio de agudos dolores para ir a su casa y morir.  Cristóbal sabía que ahora él era el último.  Su madre murió un par de años después de Arturo, sin aviso previo, sin mucho escándalo, dignamente.</p>
<p>La visión le llegó a Cristóbal cuando tenía casi 64 años.  Se levantó de inmediato, preparó el desayuno para su mujer y para él, cortó una rosa del jardín y la colocó en el florero de la sala.  Su mujer no estaba de buenas y no se explicaba la sonrisa idiota de Cristóbal cuando le dijo que estaba linda.  Vamos a ver a la nena hoy, le sugirió.  Andá vos, yo estoy cansada, viajar 100 kilómetros cuando ella de todos modos vendrá el fin de semana no me parece.  Cristóbal partió solo entonces.  Su carro fue a estrellarse en una curva a unos tres kiómetros de la casa de su hija.  No sobrevivió.</p>
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		<title>Historia con final feliz</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Feb 2009 18:28:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Dinero]]></category>
		<category><![CDATA[Prostitutas]]></category>
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		<description><![CDATA[Al principio la relación con la Gaby era por puntos. Yo le hacía mandados, la iba a dejar y a traer a algunas fiestas o la acompañaba a la casa de alguno de sus clientes. Luego de acumular suficientes puntos, ella me daba mi pago en especie. Una relación profesional, o más o menos. A [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al principio la relación con la Gaby era por puntos.  Yo le hacía mandados, la iba a dejar y a traer a algunas fiestas o la acompañaba a la casa de alguno de sus clientes.  Luego de acumular suficientes puntos, ella me daba mi pago en especie.  Una relación profesional, o más o menos.  A veces yo le pedía algún adelanto porque había necesidad y ella nunca decía que no.  La llevamos así por un buen tiempo hasta que todo se empezó a complicar.  Cuando se involucra al corazón ya todo cambia, no es lo mismo.<span id="more-367"></span></p>
<p>Gaby vivía enfrente de mi apartamento y se dedicaba a la prostitución fina, con clientes caros, porque es una mujer muy hermosa.  Un par de ojitos verdes, pelo castaño largo y buen cuerpo.  Una vez que nos encontramos en el pasillo del edificio le pregunté, con un poco de pena, que cuánto cobraba.  Me dijo una cifra en dólares.  Ok, cuando sea millonario te llamo, dije.  Ella sólo sonrió y me dijo que si la podía llevar a una fiesta en mi carro, que se le había descompuesto el suyo.  Está bien le dije, pero al menos debo ganar algunos puntos para canjearlos después.  Seguro, me dijo, sonriendo de nuevo.</p>
<p>Nos hicimos amigos y supe que era de Costa Rica, que tenía unos papás que se habían divorciado, que por haber sido rebelde y haberse fugado con un su novio vagabundo la habían desconocido; que este novio se había ido con una vieja de dinero y que entonces ella, sin dinero y sin nada, le dio por aprovechar su belleza acostándose con hombres de dinero.  No le iba mal, y además trabajaba por su cuenta, aunque a veces había otras putas que molestaban y le quitaban clientela.  Regularmente los tipos la llamaban para llevársela a sitios turísticos, viajes al extranjero, etc.  Su apartamento tenía todos los lujos posibles y ahí también atendía clientes. </p>
<p>Después de algunos favores que le hice, llegó la hora de canjear mis puntos. Esa mujer cogía delicioso, la primera vez que entré a su apartamento fue esa, y de veras que me hizo un trabajo profesional.  Baile y estriptís, oral, vaginal.  Sus pechos firmes coronados con unos pezoncitos rosados y suavecitos, sus muslos atrapadores y potentes, su exquisito aroma de mujer, la piel tan suave, todo memorable.  Eso sí, al terminar me pidió cortésmente que me fuera, ella necesitaba descansar y yo también, al otro día teníamos que ir temprano al aeropuerto.  Yo me iba a quedar con las llaves de su apartamento por cualquier cosa, me dio instrucciones para encender y apagar luces y dejar entrar a la señora de la limpieza.</p>
<p>Así que de vez en cuando me salía canje y la pasaba bien.  Ella era amigable, pero mantenía su distancia, y mientras yo no me quejara de los clientes que llegaban, todo iba bien.  Una vez me recuerdo que tuve que entretener a un cliente mientras ella terminaba con otro en su apartamento.  Un tipo gordo y grandote, lleno de joyas y que fumaba un montón.  Lo entré a mi apartamento, pero me ponía nervioso ese cuate, sobre todo con esa pistolona que tenía al cinto.</p>
<p>Me dio problemas con un par de novias esta mi peculiar vecinita.  Yo las calmaba diciéndoles que ella estaba muy ocupada siempre y que yo también, que ni nos mirábamos.  Pero ni modo que yo no aprovechara la oportunidad, si estaba buenota la Gaby.  Ni de parte de ella ni mía había amor ni nada parecido, ni siquiera era tan seguido que me la cogía porque tenía que acumular suficientes puntos.  Aunque a veces había adelantos, eso sí.</p>
<p>Poco a poco nos hicimos más amigos y ella me tenía más confianza.  Me contaba de los problemas con sus clientes, de las esposas celosas que a veces la perseguían.  Había un cliente que pagaba muy pero muy bien, pero el loco quería que ella lo orinara después de la cogida.  Estaban los fetichistas de pies, los que la querían con uniforme de colegiala, los sadomasoquistas.  Había toda una fauna allí afuera de hombres que tenían dinero para pagar sus fantasías más raras.  </p>
<p>De mi trabajo como laboratorista en una farmacéutica regresaba a las cinco de la tarde, así que me quedaba bastante tiempo para atenderla cuando necesitaba, porque su trabajo era siempre de noche.  Para conseguir clientes iba a las discotecas y restaurantes más caros.  Se movía en otro mundo realmente, uno de clase media no se imagina mucho cómo es ese nivel de gente que tiene dinero para tirar.  Es otro rollo.</p>
<p>Todo estaba bajo control hasta que una noche ella vino a mi apartamento, llorando.  Me contó que se acababa de enterar que su mamá había muerto en Costa Rica por un accidente de tráfico.  Había cancelado el par de citas que tenía y me pidió que fuera con ella a San José para el funeral de su mamá, que no quería ir sola y no se le ocurría nadie más de confianza que yo.  Alvarito, me decía entre lágrimas, vos sos mi cuate, me tenés que acompañar.  Ok, le dije, pero vos pagás el pasaje que pisto yo no tengo.</p>
<p>Casi no paró de llorar en todo el camino.  Yo la consolaba entre mis brazos, la tranquilizaba.  Le di una pastilla para que no se pusiera muy intratable porque la miré bastante mal.  Justo eso era lo que yo no quería, involucrarme más con ella, yo no quería cargar con más problemas que los míos, y ya sabemos cómo es la cosa: las mujeres bellas se llevan todo y te dejan vacío si vos te dejás.</p>
<p>En Costa Rica, para todos los efectos, yo fui su novio.  Yo tenía buenos negocios en Guatemala, nos habíamos conocido en la universidad.  Una de sus tías no fue nada discreta y le dijo delante de mí, que siendo ella tan linda, cómo no se había conseguido un novio guapo y no un indio como éste.  Ella le sonrió y le dijo acercándose a su cara, pues este indio coge muy bien, algo que a vos como que te hace falta, tía.  La tía puso una cara tan chistosa que nos reímos con la Gaby un buen rato y hasta nos tuvimos que salir de la funeraria.  </p>
<p>La Gaby después de esa vez se puso muy cariñosa, y hasta se hizo una verdadera amiga.  Me llamaba seguido y me invitaba a veces a comer o al cine.  Gaby, le decía yo, a mi me encanta estar con vos y todo, pero ya no tenés que agradecerme más lo de mi papel de novio de mentiras, ya estamos a mano.  Recuerdo que ella me dijo entonces, es que yo descubrí que vos sos el único amigo que tengo, no lo hago por agradecerte, sino porque sin compañía de verdad, yo me muero.  </p>
<p>Entonces vine yo y de estúpido que soy, me terminé de enamorar de la mujer.  No me la podía sacar de la mente, al dormir y al despertar pensaba en ella y en sus grandes y sedosos pechos.  Hasta a la hora de coger, el encuentro era más emotivo y ya no me pedía que la dejara sola.  Qué error el mío, pensé más tarde, porque el cariño y el apego le duró apenas unos tres meses y después volvió a la normalidad, ya no quería que me quedara con ella por las noches, la relación era de nuevo por puntos.  Días después de que se enfriara todo, desapareció.</p>
<p>La busqué por todos lados, la llamé a los diferentes celulares que tenía, llamé a sus parientes de Costa Rica, averigüé con el dueño de su apartamento a dónde había ido pero él sólo dijo que había dejado el año pagado por adelantado y que a él no le interesaba saber nada más.  La busqué en hospitales y cárceles.  Lloré y pataleé, en su apartamento busqué pistas de a dónde habría podido ir y qué estaría haciendo.  Llamé a algunos de sus clientes.  Le escribí un montón de emails de amor que jamás contestó.  Pensando en que probablemente la habían matado la busqué en las morgues.  Todo eso me hizo muy mal.  Me llegué a sentir tan desesperado que una vez casi me maté con pastillas para dormir, si unos vecinos no se dan cuenta y no llaman ambulancia, yo no estaría aquí contando nada.  Tuve que ir a una terapia donde una sicóloga para calmarme.  Tomé antidepresivos por seis meses antes de sentirme nuevamente bien y con fuerzas para continuar la vida.  Pero entonces ella reapareció.</p>
<p>Saludó como si nada, y me dijo que se mudaría a mi apartamento porque ya iba a vencer el contrato del suyo.  ¿Por qué me hiciste esto? le grité yo al verla entrar.  Ella no contestó, sólo me abrazó y me dijo que no me podía contar en ese momento, pero que yo era al único que podía acudir, que ella procuraría colaborar en la casa, y que ya había dejado de ser puta.</p>
<p>A veces deseás tanto que suceda algo que cuando sucede no sabés si es bueno que haya sucedido.  Yo tenía a mi amor ahí, pero por alguna razón algo faltaba.  </p>
<p>Fuimos en ese tiempo como una pareja de recién casados, ella se miraba contenta, y yo poco a poco me fui acomodando.  Nunca creí que ella dejara de ser puta, de ahí que los celos no me dejaban estar tranquilo.  Ella lo comprendía y entonces decidió contarme todo, pero me pidió que prometiera no dejarla al saberlo.  Ella se había ido de viaje a México, con un ricachón, pero se había puesto de acuerdo con la mujer de él antes.  Se irían de viaje con el señor y luego la esposa llegaría a encontrarlos infraganti para luego entablar una demanda formal de divorcio.  Así sucedió, pero como el pobre hombre padecía del corazón le dio un ataque cardiaco al ver a su mujer y en pleno acto sexual, el viejo se quedó bien muerto.  Como era un hombre importante, se tuvo que armar una escena en la que todo pareciera como una muerte natural.  Sus hijos se encargaron de arreglar todo.</p>
<p>La idea original de la esposa traicionada era matar al marido, aunque la Gaby no lo sabía al principio.  Así que las cosas salieron mucho mejor de lo que la esposa pensó.  Y de la millonaria cifra que cobraron por el seguro de vida, a la Gaby le habían tocado, para comprar su silencio, un par de millones de jugosos y encantadores dólares.  Así que si ella los administraba bien, sus días de trabajar de puta habían terminado para siempre.  Y con quien quería compartir la vida era conmigo, que si yo la aceptaba a pesar de su pasado, ella se quedaría.  Ya no quería seguir en ese mundo falso en donde vivía, quería una familia, amor y comprensión.  Antes de llegar conmigo hasta se había hecho una prueba de sida, que salió negativa.</p>
<p>Sonaba increíble toda esa historia.  El hombre enamorado no debe pensar mucho, sólo debe actuar, porque después puede arrepentirse no por lo que pasó, sino por lo que no pasó, y eso es más terrible.  Así que decidí creérmela y ser feliz el tiempo que fuera, total, lo más que iba a pasar es que en algún tiempo ella se aburriera de mí y se fuera.  Pero lo bailado nadie me lo iba a quitar.</p>
<p>De esto que les estoy contando, ya hace cinco años y dos niños.  Con la Gaby pusimos una importadora de artículos de computación y nos ha ido muy bien.  Ella está aquí a la par y me dice que quedó lindo el relato, hasta parecés escritor Alvarito.  Yo le digo que todavía me parece increíble tenerla aquí a mi lado y que escuché al nene llorar, de plano quiere pacha.  Ella me abraza y me mira con esos sus grandes ojos verdes, y me da un gran beso.  Me dice, mi amor, el nene puede esperar un poco más, sólo dejáme decirte que te amo.  ¿Querés que ponga eso en el relato Gaby?  Sí, responde.  ¿Lo puedo publicar en el blog?  Dale mi amor, quedó lindo.</p>
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		<title>Una nueva oportunidad</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Dec 2008 11:28:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Misterio]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Es de madrugada y en la garita de vigilancia de la colonia cabecea del sueño el policía privado de turno.  El muchacho es mayor de edad, pero parece un adolescente puberto al que con un grito podés espantar sin mayor problema.  Su compañero duerme tranquilo, después de haber hecho el primer turno de la noche.  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es de madrugada y en la garita de vigilancia de la colonia cabecea del sueño el policía privado de turno.  El muchacho es mayor de edad, pero parece un adolescente puberto al que con un grito podés espantar sin mayor problema.  Su compañero duerme tranquilo, después de haber hecho el primer turno de la noche.  Como es día lunes, todos los vecinos ya regresaron de sus actividades y no hay movimiento.  El vigilante cara de puberto observa aburrido las calles vacías de la colonia, el sueño lo está venciendo y al fin cede, y sueña con ser el tipo del 4-51 que anda sólo en buenos carros, arma grandes fiestas y trae todos los fines de semana a una mujer diferente.<span id="more-364"></span></p>
<p>Algunos piensan que el hombre del 4-51 es narcotraficante, otros dicen que heredó una gran fortuna y que puede darse esa vida todo el tiempo que quiera.  Lo cierto es que el tipo después de sus grandes y bulliciosas parrandas, arregla una calle, le manda a pintar la fachada a un vecino, manda una botella de whisky a otro o hace un donativo en la iglesia de la vecina.  Así puede continuar con su vida sin que lo molesten.</p>
<p>El vigilante cara de púber sueña que es él al que quieren todas esas mujeres y que es él quien se emborracha entre un montón de amigotes.  ¡Qué buena esa vida!  Levantarte a la hora que querás, no soportar a un jefe gruñón, no preocuparte porque se terminó el dinero y todavía hay que pagar los quinientos pesos del cuarto.</p>
<p>Un carro se acerca a la garita, es la señora del 5-25, que vuelve de su turno en el hospital, como es de noche no toca la bocina como lo hace de día, sólo hace luces altas varias veces, hasta que vigilante cara de puberto reacciona y todavía medio dormido abre la puerta para que pase la doctora gorda que nunca hace ningún gesto de agradecimiento.  El policía vuelve a su puesto, observa de nuevo las calles vacías, oye un perro ladrar al carro que acaba de llegar, y se vuelve a quedar dormido.</p>
<p>Ahora sueña con la muchacha del 7-27, la que le sonrió cortésmente el otro día.  Sueña con que un ladrón quiere robarle y él sale a su rescate, golpea al ladrón y hace que pida disculpas a la dama.  Ella le regalará esa sonrisa tan cautivadora, pensará que es su hombre y se enamorará perdidamente de él.  Se oyen unos tiros que despiertan a nuestro vigilante.  Es el viejo del 6-10, un militar retirado que en las noches que no puede dormir sale a disparar al aire un revólver.</p>
<p>Pronto amanecerá y el policía privado irá al cuarto que alquila y dormirá profundamente, descansará.  Su compañero ronca ruidosamente, y en ocasiones, después de un ronquido profundo, parece que se queda trabado sin respirar, pero siempre vuelve.  A las 6:30 de la mañana entregan turno, las últimas dos horas siempre se tardan mucho en pasar.  El vigilante vuelve a cabecear y ahora sueña que está descansando en su cama, durmiendo rico.  Lo despiertan los gritos de un borrachito que pasa por las calles, cantando desafinado y tambaleándose.</p>
<p>El policía cara de puberto observa que se encienden las luces del segundo nivel de la casa que está en la esquina cerca de la garita.  De ahí saldrán cuatro niños hacia el colegio en unos momentos.  Después se van encendiendo las luces de las demás casas que se preparan para el día laboral o escolar.  Sólo en la casa del cuate del 4-51 no se observará vida sino hasta media mañana.</p>
<p>A veces el vigilante piensa que es probable que le toque este mismo chance durante toda su vida.  En realidad no le importa tanto, al fin y al cabo es un trabajo honrado y la colonia es tranquila casi siempre.  A veces observa a ciertos vecinos que le hacen miradas de compasión, o que lo saludan hipócritamente efusivos, porque creen que así no se notará el desprecio que sienten por los sirvientes.  Pero no todos pueden ser mala onda, siempre hay alguien con sincera empatía, como la amable señora que a veces les lleva comida o café.</p>
<p>Ahora son las 6:00 de la mañana.  Un carro negro polarizado que no es de ningún vecino se asoma a la puerta.  Nuestro vigilante sale de la garita, soñoliento, a preguntarle a quién irá a vistar.  Se acerca al automóvil con su tabla de apuntes y una ficha de cartón con el número 3 para pedir al visitante a cambio de una identificación.  Lentamente baja la ventanilla del piloto, al ritmo de un motor eléctrico con algún defecto.</p>
<p>El piloto del auto negro quiere hacerle una broma a nuestro púber vigilante con una pistola de juguete, muy real, lo asustará a muerte.  Toda la vida ha sido así, le gustan las bromas pesadas.  Suele llevar la pistola de juguete todo el tiempo, y cuando mira que la persona es débil, gasta la broma.  Lleva puestos unos lentes oscuros y una chumpa de cuero.  Cuando termina de bajar la ventanilla sonríe y apunta al vigilante con la pistola de juguete, dispara y grita ¡BANG!, y de la pistola sale una banderita también diciendo bang.</p>
<p>El vigilante brinca y grita del susto, todo el sueño se le pasa, y en un par de segundos pasa toda su vida y recuerda, sin saber por qué, cuando aprendió a jugar con bicicleta con su hermano, de cuando se quebró el pie por andar en patines y de cuando en el colegio se peleó con el Chitay.  Quién sabe de dónde salen las últimas imágenes que preceden a la muerte.  Después del susto, con la carcajada del bromista de mal gusto, apenas si atina a pedirle identificación.  El piloto se quita los lentes oscuros y le pide disculpas, pero le dice que debe aprender a afrontar las situaciones, que si le sale un tipo con pistola de a de veras que se tire al suelo, salga corriendo en zig-zag, pero que nunca se quede quieto.  Le entrega su licencia de conducir al vigilante y se vuelve a disculpar, esta vez sonríe sinceramente, parece buen tipo, salvo sus bromitas.</p>
<p>Después de dejar la garita, el piloto del auto negro llega al 4-51 y toca a la puerta.  Lo recibe la doméstica y como es viejo conocido, lo deja pasar, su patrón está dormido, le advierte.  Él le da dinero para que vaya por unos huevos y pan a la tienda, y ella sale.  Sin prisa pero sin pausa, saca la pistola de verdad con silenciador y entra en el dormitorio del cuate del 4-51.  Éste duerme boca arriba, facilitando las cosas.  Un disparo en el pecho, uno en la frente y el último en la sien.  Sale de la casa, toma su auto, pasa por la garita.  Cuando el vigilante le da su licencia de conducir, le desea un buen día y le dice que tome el susto de hace un rato como una señal, como si hubiera sido una nueva oportunidad para comenzar.</p>
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		<title>Pastillas de cianuro</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Dec 2006 08:41:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Suicidio]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Agobiados por las penurias económicas, padre e hijo deciden suicidarse. Calcularon que con los seguros de vida que habían contratado, mamá podría pagar todas las deudas y continuar ayudando a la hija soltera en el cuidado del bebé que acababa de tener y que se merecía un futuro mejor que el que tenían ellos debido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Agobiados por las penurias económicas, padre e hijo deciden suicidarse.  Calcularon que con los seguros de vida que habían contratado, mamá podría pagar todas las deudas y continuar ayudando a la hija soltera en el cuidado del bebé que acababa de tener y que se merecía un futuro mejor que el que tenían ellos debido a sus irresponsables inversiones.   <span id="more-296"></span></p>
<p>Ambos, padre e hijo, redactaron una nota póstuma en la cual explicaban a la madre sus razones altruistas y le indicaban que por nada del mundo la enseñara a la policía o a algún agente de seguros.  El domingo anterior a la fecha del suicidio fueron a misa por primera vez en muchos años, se confesaron y comulgaron y pidieron perdón por lo que iban a hacer.  </p>
<p>La madre, una dedicada catequista católica, no pareció darse cuenta de los planes de ellos, aunque se alegró de verlos en misa y dijo en sobremesa que había pasado mucho tiempo rogándole a Dios para que sucediera esto.  Algo bueno estaba por pasar, todo estaba en los planes del Señor.</p>
<p>La noche en que van a efectuar el doble suicidio, padre e hijo hablan durante una hora y se convencen nuevamente de que lo que van a hacer está bien.  El padre toma sus pastillas de cianuro y se va a su dormitorio.  Pero el hijo no se las toma.  Se queda en el comedor pensando en que su mamá se fue a acostar temprano, cuenta las pastillas de cianuro que quedan en el frasco y nota que hay menos de las que debería de haber.</p>
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