Archivo de la etiqueta: Nostalgia

La luz del portón

Cuando me bajé del transporte público y me subí al carro la vida se facilitó. El detalle que me gustaba al regresar a casa de noche era que mi papá encendía la luz del portón y encendía también una segunda luz antes de que yo terminara de abrir. Cuando se encendían las luces, yo pensaba, confiado, "ahí está don Joaco, todo está bien".

Aún llegando de madrugada, después de las parrandas, esas luces se encendían. Aún con mi papá enfermo se encendían. Pero desde el domingo pasado en la madrugada él ya no las encenderá más. Y ya no alumbrarán nunca igual, y duele un montón.

El migrante

A veces la historia es como la de aquel chavito que se fue para Estados Unidos, que trabajó y trabajó diciendo que un día iba a regresar a Guatemala. Siempre envió puntual la remesa para sus papás, y con el tiempo alcanzó para construir una casa bien grande para cuando regresara. El chavo, después de 20 años, ya no era tan chavo. Ya tenía cuatro hijos y una pequeña fortuna en dólares que traducida a quetzales ya se miraba bonita. Decidió entonces regresar para quedarse.

Leer más »

Sólo espero que esté ahí

Tengo que apurarme porque ya es de noche y todavía no he terminado de lustrar mis zapatos, los tengo que dejar bien brillantes porque si no de repente los reyes magos no me dejan nada y pasan de largo. Con el Julio Héctor pensamos que la ventana tiene que estar bien abierta para que sea fácil meter los regalos en los zapatos. Aunque los reyes son como fantasmas, los juguetes no, y por eso es que es mejor abrir bien la ventana. Ojalá que los reyes tengan más pisto este año, porque esas escaleritas con el muñeco ya dos años seguidos que nos las regalan. Yo a veces creo que no son los reyes magos sino mis papás los que nos regalan los juguetes, así como el santa clos de los otros niños, pero a saber. Mejor sigo lustrando mis zapatos porque el Julio Héctor ya terminó y sólo me está esperando a mí. Mamá ya dijo que era muy tarde, que nos apuráramos. Ya casi termino vos, esperáme. Listo, ya terminé. Poné tu zapato del lado derecho y yo del izquierdo. ¿No querés? Vaya, está bien, los cambiamos, pero no chillés. Mamá nos apura para que nos enpashamemos y nos metamos a la cama, pero antes la oración del ángel de la guarda y el padrenuestro. Ah, y el santamaría. Mañana lo primero que voy a ver es mi zapato en la ventana, no importa qué me regalen los reyes, sólo espero que esté ahí.

La máquina de la nostalgia

Mariano Varsavsky, un científico guatemalteco de origen judío, inventó hace algunos años una máquina del tiempo. A pesar de sus muchos intentos sólo logró viajar cinco minutos en el tiempo. Cinco minutos para atrás o cinco para adelante, algo que no era muy útil que digamos. Después de desvelos y esfuerzos inútiles, decidió abandonar la empresa de hacer una máquina que viajara más tiempo e inventó entonces una máquina para eliminar la nostalgia.

Leer más »

Santa Claus vrs. Reyes Magos

Pablo y José Joaquín platican por la malla que separa sus casas, un 25 de diciembre, en el siglo pasado:

—A nosotros nos trajo regalos Santa —dice Pablo.

—Santa Claus no existe —responde José Joaquín—, son tus papás los que te regalan los juguetes, ya despertá y crecé. Los que sí existen son los Reyes Magos y ellos sí traen buenas chivas, no cosas chafas así como tu Santa de porquería.

Leer más »

Cantantes en la radio

Cuando era pequeño pensaba que los cantantes cantaban en vivo en todas las radios. El problema era cuando escuchaba que el mismo cantaba al mismo tiempo en dos radios. Entonces, pensaba que había un imitador en una de las dos.

Ilusión óptica

El sábado mi tío Arnoldo celebró junto a su esposa sus primeros 50 años de casados. La recepción fue en el Centro Español, lugar donde yo aprendí a nadar y mi hermano aprendió a tiritar sentado a la orilla de la piscina con los pies dentro del agua. El salón en donde fue la fiesta tiene ventanales con vista a la piscina; desde allí la observamos con mi hermano y coincidimos en que se había reducido de tamaño.

Sin embargo, ambos sabíamos que sigue teniendo las mismas medidas que tenía a mediados de los 80.

Recuerdos de infancia

Ayer por la tarde pasé por la Plaza Central de la ciudad de Guatemala. Me dirigía de la séptima avenida hacia mi oficina —ubicada en la cuarta avenida—, después de hacer una diligencia de trabajo. A la par de la fuente estaba un grupo de limpiabotas adolescentes echándose una chamusca (partido informal de fútbol). De repente, a consecuencia de un disparo desviado, la pelota vino hacia mí acompañada del grito de costumbre: ¡bola porfa! La recibí, la levanté con el pie derecho, hice dos toques sin dejarla caer y le pegué hacia donde estaban los limpiabotas, como en mis mejores tiempos. Y cuando di aquella patada, retrocedí 18 años, a octubre de 1986.

Leer más »

Sexo y cigüeñas

El niño José Joaquín está platicando con su amigo Henry Chivalán en un colegio de Guatemala:

Henry: — ¿Vos sabés cómo se hacen los bebés?

José Joaquín (un poco avergonzado): — Yo no. ¿Y vos?

Henry (muy ufano): — Sí, mi tío me explicó cómo era la cosa. Eso de las cigüeñas es mentira, se lo dicen a los niños para entretenerlos.

José Joaquín (avergonzado sí, pero ahora interesado): — ¿Y cómo es la cosa pues?

Henry (en tono didáctico): — Los bebés se hacen por medio del beso. El hombre transmite sus espermatozoides a la mujer a través de la saliva. Cuando los espermatozoides llegan al estómago de la mujer encuentran el óvulo. Lo fecundan y de allí sale el bebé.

José Joaquín (decepcionado): — ¿Y eso es todo?

Henry: — Sí. Mi tío sabe bien de esto porque es doctor.

José Joaquín se queda con la duda de qué jodidos es espermatozoide y óvulo, pero no se atreve a preguntar más. Los dos niños acuerdan jugar fútbol antes de que se termine el recreo.

Llanto egoísta

Ayer cumplió un año de muerto mi hermano Nery. Lo supe y lo sentí mi hermano hasta una semana antes de su muerte, porque en realidad él era primo mío. Solía decirme: “vos sos mi hermano porque el tío Quincho es mi papá”. El tío Quincho, por supuesto, es mi papá. La diferencia de edad (era 36 años mayor que yo) tuvo algo que ver en ello, supongo.

Durante la dos semanas anteriores a su muerte, toda la familia agonizó a la par de la cama del hospital. Todos los días íbamos de visita o preguntábamos por teléfono cómo estaba. La cafetería del sanatorio se llenaba de familiares y amigos. Pero ya en la última semana, sabíamos que era poco probable que sobreviviera a las complicaciones del hígado y riñones.

Leer más »

Licencia del sitio | Contacto: josejoaking@anecdotario.net
Política de Privacidad | Designed by Theme Junkie. Powered by WordPress. Hosting: Hostgator.