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Archivos de Etiqueta: Parejas

Sociedad

El marido vengador

Hacía un día lindo y soleado cuando Mario se enteró de que su mujer lo engañaba con el ginecólogo. Los vio en un mcdonalds besándose y sonriendo, muy felices. Él pasaba de casualidad a comprar comida para llevar; afortunadamente no lo habían visto. Lo sospechaba desde hacía algunos meses y ahora lo confirmaba. La muy cabrona lo estaba engañando. Furioso, al regresar a la oficina ya no tuvo hambre para comerse la comida que había comprado. En vez de comer, empezó a buscar tiendas de armas en la guía telefónica y decidió que esa misma tarde iría a comprar el arma con la cual se vengaría. Leer más »

Amor

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

—¿Vos te volverías a casar conmigo?

—Mmm, creo que no —responde seria la mujer, después de meditar durante algunos segundos la pregunta.

—Yo tampoco —dice el marido. Leer más »

Amor

La despedida

En una banca del parque central está una pareja discutiendo. Ella está envuelta en lágrimas, él intenta comprender la situación mientras fuma un mentolado. Hace semanas que vos estás distante e indiferente Sofi, yo pensé que lo tomarías como normal y de repente hasta estarías contenta de que termináramos, dice el hombre. Es que de veras no entendés, ¿verdad Pablo? dice Sofi, entre pucheros. Pues la verdad no, contesta el hombre, con las mujeres nunca se sabe. Estoy embarazada, suelta entonces Sofi, y a Pablo se le cae el cigarro de la boca. Leer más »

Amor

El rapto

No me costó nada tomar la decisión. No me importan los convencionalismos hipócritas de la sociedad acerca del matrimonio. Los padres de ella se oponían rotundamente a nuestra relación y fueron demasiado lejos cuando le prohibieron verme. Los viejos suelen olvidarse de lo que hicieron de jóvenes, y quieren que sus hijos sigan reglas que ellos mismos no siguieron.

Estuvimos de acuerdo en hacerlo el domingo, cuando sus papás salen al supermercado para hacer las compras de la semana. Pero el día del rapto no había modo que salieran los viejos impertinentes. Estuve esperando la señal por más de hora y media, hasta que por fin sus viejos salieron rumbo al super. Todo esto no lo podía haber hecho solo, y por eso llamé al Pedro, al chori, al negro y al chino, que siempre me hacen huevos para todo. Ellos serían los cómplices de este delito contra las buenas costumbres. El negro puso su pick-up, el chori era el encargado de vigilar y echar aguas por si se les ocurría a los rucos regresar, el Pedro y el chino me ayudarían a cargar las chivas. En medio de las chingaderas de costumbre empezamos a cargar los vehículos (el pick-up del negro y mi carcachita modelo 82) para consumar nuestro plan y llevarme a mi princesa para mis dominios.

Quince minutos después de empezar a cargar, un carro se estacionó enfrente de la casa. El chori entró corriendo para dar la alerta, se miraba muy preocupado y tenía una cara como de que ya nos jodieron. Cuando salimos a ver la Chabela y yo, respiramos aliviados, porque eran visitas para los vecinos a quienes saludamos cordialmente. Susto el que nos pegaron. No más terminamos de vaciar el cuarto de la Chabela, nos montamos en los carros y caminamos alegremente dos cuadras, hasta que se quedó parado el carro del negro, porque al muy bruto se le había terminado el combustible. Tuve que tragar un poco de gasolina para pasarle del mío y seguir la ruta. Justo cuando dimos la vuelta a la esquina, los papás de Isabel iban llegando, y nos miramos ella y yo con una sonrisa cómplice y triunfal.

Llegamos a mi casa de soltero e hicimos una pequeña fiesta durante el resto del domingo, y apagamos los celulares durante los siguientes tres días. A la mañana siguiente, cuando salí para el trabajo, la dejé dormida en nuestra cama nupcial que era un colchón tirado en el suelo. Y por primera vez en la vida, me sentí completo y acompañado.