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	<title>Anecdotario.net &#187; Religión</title>
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	<description>Anécdotas, historias y relatos</description>
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		<title>Apuntes para una historia</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Oct 2007 17:59:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Religión]]></category>

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		<description><![CDATA[Héctor perdió a su esposa y sus dos hijos en un accidente de tránsito.  Como suele suceder en estos casos, se volvió un ateo agresivo, de aquellos que no soportan la religión y que consideran estúpidos e inferiores a los creyentes.  Lo manifestaba tan fanáticamente que era desagradable.  Como suele suceder también [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Héctor perdió a su esposa y sus dos hijos en un accidente de tránsito.  Como suele suceder en estos casos, se volvió un ateo agresivo, de aquellos que no soportan la religión y que consideran estúpidos e inferiores a los creyentes.  Lo manifestaba tan fanáticamente que era desagradable.  Como suele suceder también en estos casos, se convirtió en un borracho infeliz, perdió su trabajo y la brújula total de su vida, un desastre, el pobre.<span id="more-323"></span></p>
<p>Sin embargo, como también suele suceder en estas historias, surge una dama que rescata a Héctor.  La joven y agraciada Leticia lo trata como enfermera una vez en el hospital y como no tiene nada más que hacer, decide que va a enamorarse del tipo este, porque las mujeres siempre piensan que con amor se puede rescatar hasta el más desgraciado.  Además, piensa Leticia, con un poquito de comida engordará y rasuradito ya no se verá tan mal, el pobre.  </p>
<p>Leticia entonces rescata a Héctor de las redes de la desgracia, le vuelve a poner la sonrisa y las ganas de vivir, y Héctor ya no es infeliz, y hasta asiste a la iglesia de nuevo, donde levanta siempre su mano derecha diciendo amén y llora y se siente cerca de Dios.  </p>
<p>Pero resulta que Leticia va y se enamora del pastor de la iglesia.  Juntos se fugan a otro país donde fundan una nueva iglesia, en donde el pastor conoce a una dama joven y agraciada con la que se fuga a su vez a otro país.  Mientras tanto Héctor funda una iglesia, porque vio que eso da dinero y mujeres, y al fin y al cabo, todos acabaremos muertos, mejor darse una buena vida antes.  Se entera de que a Leticia la dejó el pastor y va a buscarla, la encuentra totalmente abandonada y decide que ahora él va a rescatarla de la desgracia.  Con paciencia logra que se recupere y después la deja, esta vez para siempre. Leticia ya recuperada se emplea en un hospital de nuevo y un día ingresa a la emergencia otro ateo fanático borrachín, al que decide rescatar porque no tiene nada más que hacer.</p>
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		<title>Buenas nuevas</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jan 2007 06:15:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>

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		<description><![CDATA[Tres de la tarde en una colonia mixqueña cercana al límite con la ciudad de Guatemala.  Yo estoy calentando mi almuerzo en el microondas y llegando tarde al partido del Barça contra el Betis por la tele.  Me entero de que va perdiendo el Barça por un gol cuando está iniciando el segundo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tres de la tarde en una colonia mixqueña cercana al límite con la ciudad de Guatemala.  Yo estoy calentando mi almuerzo en el microondas y llegando tarde al partido del Barça contra el Betis por la tele.  Me entero de que va perdiendo el Barça por un gol cuando está iniciando el segundo tiempo del partido.  Me siento a la mesa a comer y a esperar que el Barça empate o que por lo menos Ronaldinho haga una de esas de jugadas diferentes que le hacen ganar tantos millones pero que en el mundial ni señas dieron.  La cosa no se mira bien para los blaugranas, entonces suena el timbre y pese a un extraño presentimiento contesto el intercomunicador, para mi maldición.  <span id="more-299"></span></p>
<p>—Buenas tardes, somos testigos de Jehová, mi nombre es Elder.</p>
<p>—Buenas tardes —contesto, lacónico y enfático, con la boca llena de una tortita de carne, acompañada de arroz y tortilla de maíz.</p>
<p>—Tal vez nos permita pasar a darle un mensaje de salvación.</p>
<p>—Yo ahorita estoy almorzando.</p>
<p>—Bueno, entonces cuando termine de almorzar.  Tal vez podamos venir en una hora.</p>
<p>—Después tengo que trabajar.</p>
<p>—Entonces tal vez nos reciba en la noche, si quiere.</p>
<p>—No, no tengo tiempo.</p>
<p>—¿Qué edad tiene usted?</p>
<p>—32 años.</p>
<p>—¡Uh, ya está grande! </p>
<p>Después de ese golpe bajo a mi orgullo sigue un silencio que espero interprete el infantil de kinder que está al otro lado del intercomunicador.  Rafa Márquez anota de cabeza el gol del empate para el Barça y yo no puedo celebrar con los brazos levantados porque ahí afuera está un niño de pañales que piensa que soy un pobre pagano de la tercera edad a quien va a salvar vendiéndole un par de atalayas.</p>
<p>—¿Sabía que viene un gran tribulación para la humanidad y que en la palabra está escrito?</p>
<p>—Mirá —le digo al cuate, ya molesto—, yo me sé la biblia de memoria, pero no practico ninguna religión, ni me interesa.</p>
<p>—Pero usted cree en Dios y en Jesucristo.</p>
<p>Tengo la tentación de decirle que soy feligrés de una secta satánica para espantarlo, pero mejor no se lo digo porque ese tipo de rumores corren rápido y no tardarían los vecinos en empezar a mirarme con más desconfianza de la habitual.</p>
<p>—Sí creo, pero no vamos a coincidir en nada.  (¡Además me dijiste viejo, puberto infeliz!)</p>
<p>—Tal vez podamos venir en la noche u otro día —insiste el empecinado chirís, y casi puedo escuchar cómo le da sorbo a su biberón. </p>
<p>—No, no me interesa.</p>
<p>—Entonces tal vez nos pueda dar su número de teléfono.</p>
<p>Entre dientes, lo más rápido posible, le doy mi número de celular.  Con esto al fin me deshago del tal Elder y puedo volver a comer y al partido del Barça, no sin maldecirlo a él y a su madre por decirme viejo y por hacerme perder el gol de Rafa Márquez.  Entra Xavi sustituyendo a Giuly.  Y me paso el resto del encuentro esperando inútilmente alguna jugada, algún gol, alguna fanática desnuda corriendo por el campo o cualquier cosa que me haga olvidar que dentro de poco seré un anciano decrépito y aburrido, mientras por la calle se pasean los testigos de jehová, presumiendo de juventud, con sus atalayas y sus apocalipsis y su extraña manera de arruinar las tibias tardes soleadas de enero en Guatemala. </p>
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		<title>Mal espíritu</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Nov 2006 06:15:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Miedo / Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Suele suceder]]></category>

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		<description><![CDATA[El sábado a la noche, Esteban fue a la vigilia de la iglesia evangélica de su colonia.  Se llevó al Pancho, su hijo de nueve años, quien no iba de muy buena gana que digamos.  Panchito se durmió en la banca a eso de las diez de la noche, y Esteban —que había [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sábado a la noche, Esteban fue a la vigilia de la iglesia evangélica de su colonia.  Se llevó al Pancho, su hijo de nueve años, quien no iba de muy buena gana que digamos.  Panchito se durmió en la banca a eso de las diez de la noche, y Esteban —que había tenido un día agotador de trabajo y luchaba por no dormirse también— lo tapó con su chumpa de lona.  Cuando terminó la ceremonia, al filo de la medianoche,  Esteban se despidió de los feligreses y del pastor, y cayéndose del sueño se fue para su casa, buscó rápidamente su cama y se durmió al instante.  Pero Panchito no iba con él.  <span id="more-291"></span></p>
<p>Una hora después de que la iglesia se cerrara, Panchito despertó.  Vio todo oscuro y sintió miedo, pero decidió ser valiente y no empezar a gritar porque podría asustar al pastor, que vive a la par de la iglesia.  Y porque si su papá lo encontraba llorando le iba a pegar.  Se desperezó y empezó a buscar la salida, tropezándose con las bancas.</p>
<p>—Hay alguien en la iglesia —le dijo su mujer al pastor Abraham.  </p>
<p>El pastor le respondió que no hiciera caso, que lo dejara dormir.  Pero Panchito en una de esas botó al suelo un florero y se escuchó nítidamente en el dormitorio de la pareja, poniendo en alerta al pastor.</p>
<p>—Debe ser un ladrón, voy a ver —dijo el pastor a su mujer, con el bate de béisbol de su hijo empuñado—.  Que sea lo que Dios quiera.</p>
<p>El pastor fue hasta la puerta de la iglesia y pegó su oreja.  Escuchó cómo alguien desesperadamente quería forzar la puerta donde guarda las ofrendas.  Temiendo lo peor, puesto que los ladrones no se tocan el corazón para disparar incluso a hombres de Dios, volvió  a su casa y llamó a un par de feligreses de la iglesia que vivían cerca.  </p>
<p>Mientras tanto, Panchito quería abrir todas las puertas que se le ponían por delante, y estaba a punto de llorar, pero se acordaba que su papá le había dicho que sólo las mujeres y los huecos lloran.  Y él era hombrecito.  Se sentó en una banca, derrotado, y pensó que de repente le tocaba quedarse el resto de la noche en la iglesia, así que empezó a orar: “Diosito, te pido que mi papá no se enoje ni me pegue por quedarme dormido aquí.  Yo no quise dormirme pero se me cerraban los ojos y ya no pude aguantarme”.  Luego se paró para buscar agua porque tenía sed.</p>
<p>A los cinco minutos llegaron los fieles con el pastor y al acercarse a la puerta, escucharon pasos adentro de la iglesia. </p>
<p>—¿No será que es un mal espíritu, hermano? —le dijo uno de los fieles al pastor.</p>
<p>—Por supuesto que no, cómo van a pensar eso.  Es un ladrón que le quiere robar al Señor las ofrendas y no debemos permitírselo.  </p>
<p>Panchito escuchó las voces, se acercó a la puerta y empezó a golpearla, desesperadamente.</p>
<p>—¡Se los dije, es un mal espíritu!  ¡Está desesperado porque está en la casa de Dios!  —exclamó convencido el feligrés.</p>
<p>—¡No!  ¡Soy Pancho, me quedé encerrado!</p>
<p>El pastor abrió al fin la puerta de la iglesia y salió Panchito con sus grandes ojos llorosos.  Llamaron a Esteban y éste vino corriendo.  Se mostró avergonzado por no haberse dado cuenta del olvido, pidió disculpas, agradeció al pastor y a los hermanos la atención y se fue con Panchito a su casa.  </p>
<p>El pastor se quedó observándolos y escuchó claramente cuando Esteban, antes de doblar por la esquina, dándole un sopapo a su hijo, decía:</p>
<p>—¡Y nada de estar chillando!  ¡Patojo hueco!</p>
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		<title>Devoción</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Nov 2005 06:15:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves]]></category>
		<category><![CDATA[Humor]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Suele suceder]]></category>

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		<description><![CDATA[En la casa de mis abuelos maternos había una imagen de Cristo crucificado de regular tamaño, hecha de madera.  Como ellos tenían una farmacia, algunos de los clientes se enteraban de la existencia de la imagen y a veces entraban a rezar frente a ella.  Una vez llegó un humilde albañil, que con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la casa de mis abuelos maternos había una imagen de Cristo crucificado de regular tamaño, hecha de madera.  Como ellos tenían una farmacia, algunos de los clientes se enteraban de la existencia de la imagen y a veces entraban a rezar frente a ella.  Una vez llegó un humilde albañil, que con gesto calmado pidió que lo dejaran entrar para rezarle al Cristo, a lo cual accedió una de mis tías, la que estaba atendiendo la farmacia.  A los cinco minutos otra de mis tías estaba echándolo a patadas de la casa, indignada y furibunda.  El hombre estaba pidiéndole al Cristo que le ayudara a juntar sus centavos para ir donde las putas.</p>
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		<title>Adiós Juan Pablo</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Apr 2005 03:11:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Joaquín López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando vino Juan Pablo II por primera vez a Guatemala yo era un güiro de ocho años.  Mi  papá le tenía un pavor terrible al tumulto de gente y decidió que lo íbamos a ver desde un balcón del Hotel Colonial, que queda en la séptima avenida de la zona 1 de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando vino Juan Pablo II por primera vez a Guatemala yo era un güiro de ocho años.  Mi  papá le tenía un pavor terrible al tumulto de gente y decidió que lo íbamos a ver desde un balcón del Hotel Colonial, que queda en la séptima avenida de la zona 1 de la ciudad de Guatemala.</p>
<p>La noche del seis de marzo de 1983 llegamos al hotel y lo primero que hizo el Julio Héctor fue meterse al closet de la habitación y empezar a jugar a que era un cohete espacial.  Abría la puerta y hacía una estación, luego la cerraba y continuaba con su viaje estelar.  Era todo un acontecimiento dormir fuera de casa.  <span id="more-164"></span></p>
<p>En ese tiempo la guerra civil estaba cobrando víctimas inocentes, el ejército masacraba poblaciones enteras y apenas el año anterior la embajada de España se había incendiado provocando la muerte 30 campesinos y varios miembros del cuerpo diplomático, a consecuencia de órdenes de gente del gobierno.  </p>
<p>La gente hacía alfombras para que pasara el carro papal.  Llaveros, posters y demás souvenirs estaban a la orden del día.  Protestantes que habían tenido algún pasado católico compartían también la alegría de ver al papa.  </p>
<p>Estuvimos atentos para verlo pasar desde el balcón la mañana del siete de marzo.  Grité como si hubiese sido un gol de la selección: “Juan Pablo Segundo, te quiere todo el mundo”.  El Julio lo vió un poco más de lejos porque le tenía miedo a las alturas.  En realidad yo también, pero lo enfrentaba a pesar de que el balcón de metal vibraba y me ponía algo nervioso.  Eso duró menos de cinco segundos, después vimos perderse al vehículo por la séptima avenida, buscando la Catedral Metropolitana donde oficiaría una misa.</p>
<p>Todavía cuando escucho ese himno que dice “Bendito el que viene en nombre del Señor” siento esa emoción de la primera venida del papa y recuerdo cómo deseaba ser de ese coro de niños que estaba en la misa y que cantaba ese himno.  </p>
<p>Yo no sé cómo habrá sido el recibimiento para el papa en otros países.  Aquí no ha habido fenómeno mediático más grande que sus tres visitas.  Alfombras hechas de aserrín y palmas de varios kilómetros de largo, caras viejas y jóvenes sonriendo, gente abarrotando las calles y sintiéndose parte de algo.  Por esa alegría y el mensaje que traía, por su solidaridad con el pueblo guatemalteco en los momentos más difíciles y por hacer que nos olvidáramos de nuestros problemas por unos cuantos días, muchos le estamos agradecidos y de corazón sentimos su muerte.</p>
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