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A mí me gusta el Aserejé

Yo fui feliz la temporada que estuvo de moda el Aserejé. Iba por las calles tarareando su genial letra Aserejé, ja deje tejebe tude jebere seiunouba majabi an de bugui an de buididipí. Pero dado que estoy en un ambiente donde se debe tener a puro tubo un buen gusto musical, no lo había dicho a nadie. No me gusta esa rola, es para gente que no sabe nada de música, es un insulto al buen gusto, mentía a mis amigos para que no me discriminaran. Estaba siendo vergonzosamente hipócrita para no perder la estima de los demás. Me he sentido cucaracha todo este tiempo.

Pero eso no es todo. También me gusta la Mesa que más aplauda. Es más, la considero la canción más imprescindible de los dos últimos años. Compré hace una semana el CD de Bailamos de Enrique Iglesias (porque se me arruinó el que tenía) y es el que cargo ahora en el carro. La Oreja de van Gogh me parece el mejor grupo español del momento. Creo que España puede estar orgullosa de sus cantantes populares, contrario a lo que dicen los críticos de música.

Yo sé que esto puede provocar que los visitantes que gentilmente visitan y comentan como un acto de caridad hacia este su pobre cuate necesitado de atención se sientan decepcionados y vuelvan ahora mismo a las páginas porno que generalmente visitan y que obviamente generan más placer que leer que soy un pusilánime que se avergüenza de su realidad. Es probable —y lo aceptaré si así sucede— que las estadísticas de visitas empiecen a descender vertiginosamente.

He creído pertinente, sin embargo, confesarlo públicamente.




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El motorista

Una noche salí tarde del trabajo. Mi papá me había prestado su camioneta agrícola, un carro viejo y duro. El mío se había descompuesto y tardaría una semana en el mecánico. Estaba muy cansado, estábamos haciendo el cierre y faltaba producto y dinero. A partir de cierto momento ya no se puede avanzar y decidimos continuar el siguiente día. Cenamos una pizza que devoramos y pareció más chica de lo que era. Al salir había un frío, escribí a mi esposa que ya iba en camino. Cada movimiento era en cámara lenta porque el cansancio de varios días de trabajo se había acumulado. Solo quería llegar a casa y dormir. Mañana sería otro día. Al salir iba en automático y no recuerdo haber subido al carro y salir a la carretera. Cuando estoy cansado manejo más despacio, por precaución. A medio camino a casa noté que me seguía una motocicleta. No me rebasaba a pesar de que iba lento. El motociclista iba solo con una playera, algo que me pareció extraño por el frío que había. No sabía desde cuándo me seg

El taxista

Por el toque de queda hay pocas horas para trabajar y mucha competencia. Son las cinco de la mañana de un día domingo en plena pandemia. En el grupo de whatsapp de los taxistas todos empiezan a escribir. Casi todos dicen que está silencio.

El falso enfermo

Me endeudé con la tarjeta de crédito por mucho dinero. Al principio era para poder darme un respiro de los pagos y las deudas que tenía pero con el tiempo eso creció como espuma de cerveza cuando empecé a darme algunos gustos. Era tiempo de inventar algo diferente. Así que me enfermé de cáncer.