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A mí me gusta el Aserejé

Yo fui feliz la temporada que estuvo de moda el Aserejé. Iba por las calles tarareando su genial letra Aserejé, ja deje tejebe tude jebere seiunouba majabi an de bugui an de buididipí. Pero dado que estoy en un ambiente donde se debe tener a puro tubo un buen gusto musical, no lo había dicho a nadie. No me gusta esa rola, es para gente que no sabe nada de música, es un insulto al buen gusto, mentía a mis amigos para que no me discriminaran. Estaba siendo vergonzosamente hipócrita para no perder la estima de los demás. Me he sentido cucaracha todo este tiempo.

Pero eso no es todo. También me gusta la Mesa que más aplauda. Es más, la considero la canción más imprescindible de los dos últimos años. Compré hace una semana el CD de Bailamos de Enrique Iglesias (porque se me arruinó el que tenía) y es el que cargo ahora en el carro. La Oreja de van Gogh me parece el mejor grupo español del momento. Creo que España puede estar orgullosa de sus cantantes populares, contrario a lo que dicen los críticos de música.

Yo sé que esto puede provocar que los visitantes que gentilmente visitan y comentan como un acto de caridad hacia este su pobre cuate necesitado de atención se sientan decepcionados y vuelvan ahora mismo a las páginas porno que generalmente visitan y que obviamente generan más placer que leer que soy un pusilánime que se avergüenza de su realidad. Es probable —y lo aceptaré si así sucede— que las estadísticas de visitas empiecen a descender vertiginosamente.

He creído pertinente, sin embargo, confesarlo públicamente.




Relatos populares


La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.