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Relatos, historias, cuentos - Sociedad

El falso enfermo

Me endeudé con la tarjeta de crédito por mucho dinero. Al principio era para poder darme un respiro de los pagos y las deudas que tenía pero con el tiempo eso creció como espuma de cerveza cuando empecé a darme algunos gustos. Era tiempo de inventar algo diferente. Así que me enfermé de cáncer.

Planeta Tierra

Ya casi al final de la jornada en el turno del call center en el que trabajé por un par de meses, entró una llamada de una anciana de 80 años que había hecho una orden por error. Una llamada normal que venía justo después de que un energúmeno me gritara por una hora porque el regalo de su hijo había llegado un día tarde y eso había hecho llorar al pequeño.

El ministro

Me metí a la administración pública a hacer dinero. Estaba quebrado cuando aposté por la campaña del presidente actual, hice un préstamo millonario para aportar al partido y reservar mi lugar en algún puesto. Me dieron un ministerio cuando entró al poder y en un mes pagué mis deudas. 

El jugador

La primera vez que entré a un casino perdí todo el dinero que llevaba, que era poco, en las máquinas tragamonedas. Luego volví a ir y tripliqué lo que llevaba. Una tercera vez lo cuadripliqué. No volví a ganar igual pero el vicio ya lo tenía. La esperanza de ganar es lo último que se pierde. El casino a donde iba era un lugar agradable, sin frío y sin calor, con mujeres bonitas que te llevaban todas las bebidas que quisieras.

La huida

Elvira tuvo la mala suerte de nacer en una colonia dominada por la pandilla del Barrio 18. Se hizo amiga de pandilleros para no tener problemas, pero nunca dejó de estudiar. No participaba en las actividades de la pandilla, pero era considerada como parte. Obtenía buenas notas en la escuela y no causaba problemas en casa. Sin embargo, cuando tenía 16 años, se enamoró de un muchacho de una pandilla contraria.

El novelista

Cuando publiqué mi primer libro automáticamente me convertí en escritor, es decir, adquirí el estatus social de escritor. Fui invitado a programas de radio y televisión, me entrevistaron en prensa y medios de internet y doscientos de mis seguidores de Twitter retuitearon la presentación del libro. Muy pocos compran el libro y no todos lo leen, pero el cartelito de escritor ya te lo podés colgar. En un programa de televisión conocí a Manuel, o Manu, como pedía que le dijeran. Era un tipo con dinero y roce social, que solía dar las mejores fiestas.

La niña bombera

Gaby, una niña de diez años pequeña y delgadita, se levanta temprano en la mañana del sábado para ir con su mamá a Monjas, Jalapa. El bus se tarda una hora en llegar desde Jutiapa, donde viven. Es su primer día de entreno con la brigada infantil de los bomberos; lleva su uniforme nuevo y una gran sonrisa en el rostro. Le pide a su mamá que le de el asiento de la ventanilla porque quiere ver cómo pasan las casas y las gentes y cómo se quedan atrás en el camino.

El tráfico a casa

A diferencia de muchos a mí me gustaba el tráfico en temporada de lluvia. El tráfico pesado es una especie de limbo en el que tus problemas se detienen; tu objetivo es salir de él y cuidar de no tener un accidente. También era el único espacio de tiempo en el que no peléabamos con mi ahora ex mujer. A veces hasta lográbamos platicar cordialmente.

El encerrado

Supe desde el principio que eran temores infundados e intenté redefinir mi concepto de realidad. La realidad, mientras crees que estás en peligro aunque no lo estés, es diferente a la realidad verdadera. Pero no deja de ser realidad para vos, no deja de tener un cierto aire de verdad, tan creíble que te lleva a tomar decisiones. Llevo cinco años recluido en mi casa, sin salir más que al jardín o a la puerta. Estoy seguro de que si salgo a la calle, alguien me matará.

El caso del profesor Méndez

Conocí al profesor Méndez cuando yo trabajaba en el colegio R. Era un hombre de 50 años, de modales muy circunspectos y bueno en su trabajo. Daba clases de matemáticas y física y a pesar de que en esas materias los profesores suelen ser odiados, sus alumnos le tenían estima. Era muy amable con todo el mundo, pero de ese tipo de amabilidad que impone distancia, un poco como si fuera una careta si veías más detenidamente. Su carácter fue lo que hizo que nos sorprendiéramos con su suicidio y más aún por el motivo.

El gerente

Después de trabajar por cinco años en la empresa me ascendieron de jefe de ventas a gerente general. No me ilusionó mucho el ascenso porque ya la empresa estaba en las últimas, habían despedido a la mitad del personal y las ventas bajaban todos los meses. Cuando tomé el puesto yo calculaba que a la empresa le faltaba un año para quebrar, si no era antes. Tomé algunas medidas administrativas necesarias, pero decidí que en el tiempo que nos restaba en la empresa a mis compañeros y a mí, la íbamos a pasar bien.

Acoso en la oficina

Ya hace un par de años de esto, pero aún me sigue causando malestar lo que le hicieron a Paty en la oficina. Paty llegó de secretaria a la empresa en la que trabajo y su carácter poco social y algo tímido hizo que no encajara. Solo el jefe y yo nos acercábamos a su escritorio y a mí me pareció más bien una persona normal. El trabajo lo sacaba bien, recibía las llamadas, organizaba la ruta del mensajero y daba seguimiento a los clientes. Todo empezó cuando Pedro, el diseñador gráfico, la invitó a tomar un café. Ella no aceptó.

La mascota

Los ricos y poderosos y algunos famosos con dinero suelen tener a su alrededor a personas que sólo les dicen lo que necesitan oír. A cambio de la lisonja constante a veces les dan un empleo o los mantienen sin más. En ocasiones, por supuesto, se intercambian favores sexuales. Podría considerarse cómodo para la mascota humana que acepta tales condiciones, sobre todo si el otro es generoso, pero vayan ustedes a soportarle la neurosis y la megalomanía al rico de turno a ver cómo les va. Así es como me gano la vida y de eso voy a contarles un poco.

El ladrón del vecindario

No había descubierto algo que me apasionara y me hiciera sentir vivo hasta una mañana en la que ingresé a una casa vecina y robé algo de dinero y joyas. Me considero una persona normal. O eso creía, ya no estoy seguro. Mis padres siempre me quisieron y me apoyaron, tengo una carrera universitaria, un empleo y una buena esposa. Tengo también buenos amigos. No sé por qué me transformé en un ladrón de vecindario.

El empleado de centro comercial

Conseguí un empleo en un quiosco en el que se vendían celulares y accesorios. Era en un centro comercial de moda. Había rebotado de trabajo en trabajo haciendo lo que cayera. Cuando me dieron el empleo pensé que todo iba a ser de una manera muy diferente. En los centros comerciales todo parece muy bonito pero muchas veces por dentro está podrido.

El centro comercial abandonado

Cuando era niño cerca de mi casa había un centro comercial abandonado. Era grande, con parqueo de tres niveles. En sus mejores tiempos estaba lleno de gente, pero después de varios cambios de dueño y de una mala administración los locales fueron desapareciendo hasta dejar vacío el lugar.

La cantante

Siempre admiré la voz y energía de Pilar. La conocí cuando iba al conservatorio; ella siempre rodeada de admiradores porque era guapa, yo siempre ensayando. Componía sus propias canciones y soñaba triunfar con la música. Yo nunca tuve más aspiración que tocar todos los fines de semana, porque la música era mi vicio y yo estaba bien sabido de que yo no era ningún genio. Con vos quiero cantar, me dijo cuando me escuchó una tarde de ensayo.

El héroe

Un día yo regresaba de la oficina en mi carro e iba por una avenida muy transitada cuando vi por la ventanilla a un hombre que asaltaba a una muchacha. Me encolericé y a pesar del tráfico me bajé y fui hasta donde estaba el tipo, le di una trompada, le quité la pistola y le devolví la bolsa a la muchacha. Lo hice tan rápido que el asaltante cayó al suelo y se quedó unos segundos sorprendido, como en shock. Después se levantó y salió corriendo. Yo regresé al carro y seguí mi ruta.

Hikikomori

Un día de tantos Adrián, mi único hijo, decidió encerrarse en su cuarto. Había perdido algunas materias en el colegio y le habíamos llamado la atención. Nos escuchó a su mamá y a mi sin decir palabra. Después de que terminamos de hablar se fue a su cuarto y jugó videojuegos en línea toda la noche. Al día siguiente no fue al colegio  y no volvió a salir para nada más que ir al baño. Pedía que se le llevara comida a su cuarto y apenas nos dirigía la palabra o respondía con monosílabos. Yo ya había escuchado de los hikikomoris , esos jóvenes japoneses que se encierran para no volver a salir. Cuando se cumplió un mes de su encierro, empecé a preocuparme de veras.

El marido vengador

Hacía un día lindo y soleado cuando Mario se enteró de que su mujer lo engañaba con el ginecólogo. Los vio en un mcdonalds besándose y sonriendo, muy felices. Él pasaba de casualidad a comprar comida para llevar; afortunadamente no lo habían visto. Lo sospechaba desde hacía algunos meses y ahora lo confirmaba. La muy cabrona lo estaba engañando. Furioso, al regresar a la oficina ya no tuvo hambre para comerse la comida que había comprado. En vez de comer, empezó a buscar tiendas de armas en la guía telefónica y decidió que esa misma tarde iría a comprar el arma con la cual se vengaría.