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Insecto interdimensional

Últimamente, cuando me descuido y dejo de mirar mi mano izquierda, siento como si un insecto estuviera parado en la falange del dedo meñique. Vuelvo a ver y la sensación está ahí, pero no se mira nada, no hay ninguna hormiga, mosquito o mosca que justifique la sensación. Tal vez sea como los cuentos de ciencia ficción y exista efectivamente el insecto, aunque no en esta dimensión sino en otra, y que por algún motivo ambas dimensiones se traslapan levemente en la falange del dedo meñique de mi mano izquierda cuando no la estoy mirando. Puede ser que en la otra dimensión se visualice al insecto parado en el aire, sintiendo que hay una falange humana con vellos que lo sostiene. Es como si el insecto y yo estuviéramos juntos pero separados dimensionalmente, aunque ambos conscientes de la existencia del otro.

Un psicólogo tal vez lograría explicar esa sensación si yo le contara mis problemas y me diría que la sensación de un insecto que no está tiene que ver con mis traumas de niñez o con aquellos amores fallidos que todo mundo tiene. En este punto el lector tendiente a la empatía quizá empiece a preocuparse por mi condición mental o emocional. El lector que necesita cierta estructura en los textos quizá ya esté decepcionado y una vez más diga que está bueno pero que no lo entendió y que el final no lo convence.

Pero volvamos al insecto. A medida que escribo esto, la sensación ahí está, nítida, volteo a ver de tanto en tanto y nada. Una tercera explicación que se me ocurre es que debo tener algunas terminales nerviosas que están funcionando mal y de ahí que sienta algo que no está ni estuvo ni estará. Esto me parece más lógico y menos rebuscado, pero no por eso hay que descartar las explicaciones anteriores que tienen su lógica de acuerdo a la circunstancia en que están planteadas.

El asunto es que la sensación sigue, y que me gustaría que hubiera insecto para matarlo de una vez y terminar con todo esto. Una vez más volteo a ver y no hay insecto. Creo que tendré que acostumbrarme a su presencia ausente. Tendré que esperar que así como vino se vaya y ambos quedemos liberados de este traslape dimensional, porque debo admitir me gusta más la idea de pensar que existe y que él se está acostumbrando a que siente estar apoyado en la falange del dedo meñique de la mano izquierda de un humano al que no ve y que al contárselo a sus amigos insectos éstos lo miran desconfiado y piensan que está loco o se droga.


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