Los gigantes

De niño mis hermanos me parecían gigantes a los que nunca iba a alcanzar. Tenía cuatro años cuando los veía enormes y capaces de grandes hazañas como patear pelotas bien duro. Yo fui el último de tres hijos y me tocó ser un poco el consentido.

El hospital

Me ingresaron al hospital  una noche de viernes por una apendicitis. Creo que tuvo buen ojo el médico porque desde que me evaluó me dijo que era apendicitis pero que de todos modos había que confirmarlo con exámenes. Ingresado al hospital, en espera del cirujano y con una inyección para el dolor estaba aliviado y viendo videos y memes redes sociales. Salieron positivos los exámenes y en efecto era el apéndice, había que sacarla.

Casa tomada

La pandilla había tomado el control de la colonia un par de años atrás. Vivíamos en un toque de queda virtual, nadie regresaba a casa después de las ocho de la noche. Cuando a mi papá le tocaba quedarse tarde en el trabajo se quedaba a dormir a escondidas en la bodega y salía a desayunar muy temprano antes de que los compañero de trabajo llegaran. Un domingo un niño pasó entregando un celular diciendo que si no contestábamos sería muy malo para nosotros.

El viento en el rostro

Acostado en su cama, Roberto parece hipnotizado frente a la pantalla del celular. Es un domingo de primavera con clima agradable. Por la puerta de su cuarto se asoma Camilo, su hermano pequeño de seis años. ¡Vamos al parque! le dice entusiasmado. Roberto no se inmuta, está viendo un video.

La invitación

Margarita trabajaba en una tienda de ropa en un comercial concurrido. Su sonrisa, juventud, belleza y actitud hacían que llegara a sus metas de venta. No ganaba bien, apenas le alcanzaba para pagar su cuarto en una casa de huéspedes.

El perdedor

A Frank siempre le salía todo mal. De niños lo escogíamos de último para jugar fútbol porque era malo. Cuando lo enviaban a la tienda nunca hacía el mandado bien, o le faltaba vuelto o no compraba lo que tenía que comprar. En el colegio perdía las clases y siempre terminaba castigado por cosas que él no hacía. Lo que nunca le faltó fue buen corazón.

El aniversario

La empresa para la que trabajaba cumplía diez años de fundada. En ese tiempo el dueño había logrado hacerla crecer hasta tener una cartera importante de clientes y más de cien empleados. En la fiesta de aniversario todo se descontroló y estuvo a punto de acabar muy mal.

El homúnculo

El homúnculo que creé era diminuto, tenía figura humanoide, piel viscosa, voz chillona y comía manías pulverizadas. Era amistoso y obediente al principio pero poco a poco se fue volviendo impertinente e insolente. Hiriente con frases sarcásticas, terminó pareciendo una caricatura mía. Estuve a punto de matarlo.