Planeta Tierra

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Ya casi al final de la jornada en el turno del call center en el que trabajé por un par de meses, entró una llamada de una anciana de 80 años que había hecho una orden por error. Una llamada normal que venía justo después de que un energúmeno me gritara por una hora porque el regalo de su hijo había llegado un día tarde y eso había hecho llorar al pequeño. 

Bombolbi

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Cuando era niño mi papá compró un Volkswagen clásico amarillo al que con mi hermano bautizamos como Bombolbi. Los domingos nos permitía entrar al carro y jugar todo tipo de aventuras que nos inventábamos.

La Llorona

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Mi abuela contaba una historia diferente de la Llorona. Ella no ahogó a sus hijos, fue el marido el que los mató y no fue en el río, decía. Y llora por sus hijos pero también busca al marido para que pague por su crimen.

El ministro

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Me metí a la administración pública a hacer dinero. Estaba quebrado cuando aposté por la campaña del presidente actual, hice un préstamo millonario para aportar al partido y reservar mi lugar en algún puesto. Me dieron un ministerio cuando entró al poder y en un mes pagué mis deudas. 

El oficinista

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A Carlos le toca trabajar desde su casa por la pandemia mundial. Hace calor y está molesto por la bulla de sus hijos y los pendientes del trabajo. Su esposa tuvo que salir para una reunión mensual de su trabajo. Para descansar un poco del trabajo va a las redes sociales y es peor, mira a la gente cómo sale a la calle cuando el gobierno y el mundo aconsejan lo contrario.

El taxista

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Por el toque de queda hay pocas horas para trabajar y mucha competencia. Son las cinco de la mañana de un día domingo en plena pandemia. En el grupo de whatsapp de los taxistas todos empiezan a escribir. Casi todos dicen que está silencio.

La epidemia del sueño

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La epidemia del sueño atacó a San Jorge en marzo de 1996. Comenzó de un día para otro con tres enfermos. Solo había un síntoma, el infectado dormía noche y día. El primer afectado fue un hombre de 45 años, casado, padre de dos hijos menores de edad. Se había ido a dormir una noche y al día siguiente nadie lo pudo despertar para ir al trabajo. Despertó para ir al baño después de mediodía y se volvió a hundir en el sueño más profundo de nuevo.

Los gigantes

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De niño mis hermanos me parecían gigantes a los que nunca iba a alcanzar. Tenía cuatro años cuando los veía enormes y capaces de grandes hazañas como patear pelotas bien duro. Yo fui el último de tres hijos y me tocó ser un poco el consentido.

El hospital

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Me ingresaron al hospital  una noche de viernes por una apendicitis. Creo que tuvo buen ojo el médico porque desde que me evaluó me dijo que era apendicitis pero que de todos modos había que confirmarlo con exámenes. Ingresado al hospital, en espera del cirujano y con una inyección para el dolor estaba aliviado y viendo videos y memes redes sociales. Salieron positivos los exámenes y en efecto era el apéndice, había que sacarla.

Casa tomada

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La pandilla había tomado el control de la colonia un par de años atrás. Vivíamos en un toque de queda virtual, nadie regresaba a casa después de las ocho de la noche. Cuando a mi papá le tocaba quedarse tarde en el trabajo se quedaba a dormir a escondidas en la bodega y salía a desayunar muy temprano antes de que los compañero de trabajo llegaran. Un domingo un niño pasó entregando un celular diciendo que si no contestábamos sería muy malo para nosotros.