El abuelo

Con el paso del tiempo supe que no había nadie en el mundo a quien mi cumpleaños le hiciera tan feliz como a mi abuelo. Nunca falló en saludarme. De niño él llegaba muy temprano con su regalo que casi siempre eran pistolas de plástico que lanzaban dardos. Y yo salía de inmediato al jardín a matar a todos los malos, así como en las películas.

Road trip

Darío decidió no ir a trabajar. Estaba cansado de que para su jefe nada de lo que hacía estaba bien. Lo hastiaban los compañeros de trabajo que aceptaban cualquier abuso con tal de conservar el empleo. Tampoco se quedaría en casa, iba a agarrar el carro con cualquier rumbo, menos el del trabajo.

El jugador

La primera vez que entré a un casino perdí todo el dinero que llevaba, que era poco, en las máquinas tragamonedas. Luego volví a ir y tripliqué lo que llevaba. Una tercera vez lo cuadripliqué. No volví a ganar igual pero el vicio ya lo tenía. La esperanza de ganar es lo último que se pierde. El casino a donde iba era un lugar agradable, sin frío y sin calor, con mujeres bonitas que te llevaban todas las bebidas que quisieras.

La huida

Elvira tuvo la mala suerte de nacer en una colonia dominada por la pandilla del Barrio 18. Se hizo amiga de pandilleros para no tener problemas, pero nunca dejó de estudiar. No participaba en las actividades de la pandilla, pero era considerada como parte. Obtenía buenas notas en la escuela y no causaba problemas en casa. Sin embargo, cuando tenía 16 años, se enamoró de un muchacho de una pandilla contraria.

El premio

Un día envié un mensaje de texto del celular para participar en un concurso de la televisión. Ya lo había hecho otras veces y no me había ganado nada, pero enviar un mensaje de texto no era costoso así que lo envié de nuevo. Gané cien quetzales y brinqué de alegría. Mis hermanos y mi mamá también lo celebraron, nunca nadie de nosotros había sido mencionado en la tele ni ganado nada.

Jesús de Nazaret

Se llamaba Jesús y atendía la farmacia Nazaret. Usaba el pelo largo, era delgado y tenía barba, la combinación perfecta para que la gente acudiera a la farmacia en busca no solo de medicina, sino de milagros. El dueño de la farmacia, un comerciante venido a menos, vio que le podía ser útil para vender más de esas aguas y polvos milagrosos que no son más que agua azucarada o bicarbonato de sodio. No se equivocó, llegó a ser un negocio interesante.

Tres cuentos instantáneos

1. Extraterrestres y nazis

Se cuenta que en Guatemala, en Mazatenango, vivía un hijo de un nazi que vino huyendo de Alemania. Rudiger era su nombre. Entre sus aficiones estaba la astronomía y con el tiempo llegó a ser uno de los astrónomos más reputados del país. Daba conferencias y era invitado a reuniones internacionales en países de Europa y América.

El novelista

Cuando publiqué mi primer libro automáticamente me convertí en escritor, es decir, adquirí el estatus social de escritor. Fui invitado a programas de radio y televisión, me entrevistaron en prensa y medios de internet y doscientos de mis seguidores de Twitter retuitearon la presentación del libro. Muy pocos compran el libro y no todos lo leen, pero el cartelito de escritor ya te lo podés colgar. En un programa de televisión conocí a Manuel, o Manu, como pedía que le dijeran. Era un tipo con dinero y roce social, que solía dar las mejores fiestas.

La niña bombera

Gaby, una niña de diez años pequeña y delgadita, se levanta temprano en la mañana del sábado para ir con su mamá a Monjas, Jalapa. El bus se tarda una hora en llegar desde Jutiapa, donde viven. Es su primer día de entreno con la brigada infantil de los bomberos; lleva su uniforme nuevo y una gran sonrisa en el rostro. Le pide a su mamá que le de el asiento de la ventanilla porque quiere ver cómo pasan las casas y las gentes y cómo se quedan atrás en el camino.

El club de los suicidas

Así decidieron ponerle a su banda de rock unos adolescentes que ensayaban cerca de mi casa, en casa del baterista. Yo era amigo de su tío Manuel, quien vivía allí, y a veces miraba partidos de fútbol y tomábamos cerveza en su casa. Carlos se llamaba el muchacho baterista. Se preocuparon, por insistencia de mi amigo, de aislar un poco el ruido para no espantar a los vecinos. Tocaban death metal, así que la advertencia tenía sentido. El nombre de la banda me pareció al principio un juego adolescente.