Relatos, historias y cuentos - Literarios
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La epidemia del sueño

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La epidemia del sueño atacó a San Jorge en marzo de 1996. Comenzó de un día para otro con tres enfermos. Solo había un síntoma, el infectado dormía noche y día. El primer afectado fue un hombre de 45 años, casado, padre de dos hijos menores de edad. Se había ido a dormir una noche y al día siguiente nadie lo pudo despertar para ir al trabajo. Despertó para ir al baño después de mediodía y se volvió a hundir en el sueño más profundo de nuevo.

El abuelo

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Con el paso del tiempo supe que no había nadie en el mundo a quien mi cumpleaños le hiciera tan feliz como a mi abuelo. Nunca falló en saludarme. De niño él llegaba muy temprano con su regalo que casi siempre eran pistolas de plástico que lanzaban dardos. Y yo salía de inmediato al jardín a matar a todos los malos, así como en las películas.

Road trip

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Darío decidió no ir a trabajar. Estaba cansado de que para su jefe nada de lo que hacía estaba bien. Lo hastiaban los compañeros de trabajo que aceptaban cualquier abuso con tal de conservar el empleo. Tampoco se quedaría en casa, iba a agarrar el carro con cualquier rumbo, menos el del trabajo.

El novelista

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Cuando publiqué mi primer libro automáticamente me convertí en escritor, es decir, adquirí el estatus social de escritor. Fui invitado a programas de radio y televisión, me entrevistaron en prensa y medios de internet y doscientos de mis seguidores de Twitter retuitearon la presentación del libro. Muy pocos compran el libro y no todos lo leen, pero el cartelito de escritor ya te lo podés colgar. En un programa de televisión conocí a Manuel, o Manu, como pedía que le dijeran. Era un tipo con dinero y roce social, que solía dar las mejores fiestas.

El oficinista desaparecido

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Un día de tantos desapareció Joaquín, un empleado de la oficina. Hacía bien su trabajo, era puntual y ninguno le conocía ningún vicio. Estaba casado, tenía dos hijos e iba a la iglesia. Un tipo normal, un tipo promedio. Dejó de llegar a la oficina un miércoles sin decir nada y ninguno prestó mayor atención, hasta que la esposa preocupada llamó para preguntar si sabíamos algo de él.

El encerrado

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Supe desde el principio que eran temores infundados e intenté redefinir mi concepto de realidad. La realidad, mientras crees que estás en peligro aunque no lo estés, es diferente a la realidad verdadera. Pero no deja de ser realidad para vos, no deja de tener un cierto aire de verdad, tan creíble que te lleva a tomar decisiones. Llevo cinco años recluido en mi casa, sin salir más que al jardín o a la puerta. Estoy seguro de que si salgo a la calle, alguien me matará.

El inmortal

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Uno de los principales inconvenientes de ser inmortal es que no te podés quedar en un mismo lugar. Después de diez o quince años la gente empieza a notar que no envejecés y empieza a cuestionar tu origen. Entonces es tiempo de partir. No importa lo bien que te sintás en el lugar, lo mucho que te puedan querer algunos, no importa si hay mujeres hermosas enamoradas de vos. Te tenés que ir. Les contaré la historia a grandes rasgos, pero omitiré detalles para no ponerme en peligro.