Relatos, historias y cuentos - Día de muertos
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La Llorona

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Mi abuela contaba una historia diferente de la Llorona. Ella no ahogó a sus hijos, fue el marido el que los mató y no fue en el río, decía. Y llora por sus hijos pero también busca al marido para que pague por su crimen.

Las predicciones de la abuela

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La primera vez que la abuela predijo la muerte de uno de mis tíos nadie le creyó. El tío Luis era el más joven, deportista y de buen carácter. La abuela le dijo que se sentía triste porque iba a morir de algo del corazón. El tío Luis se rió y le dijo, madre, todos lo haremos. Sí hijo, pero vos te vas a morir en menos de dos semanas, contestó la abuela.

Los resucitados

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Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.

Los difuntos

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Una noche de cervezas surgió la idea de organizar nuestros funerales en vida. Cada uno, por turnos, iba a tener su propio funeral. Se invitaría gente, habría un ataúd y se hablaría de todo lo bueno que era el difunto y de lo mucho que se le iba a extrañar. Todo sería como en cualquier funeral, salvo que en este caso el difunto iba a estar vivo. No sé a quién se le ocurrió la idea, pero todos estuvimos de acuerdo y brindamos por eso. Éramos jóvenes y chingones y con la excusa del funeral nos reuniríamos el último viernes de cada mes para celebrar nuestros funerales. Yo pensé que era una de esas tantas bromas que se hacen entre amigos y que nunca llegan a realizarse, pero un día me llamó Carlos para anunciarme que yo sería el primer difunto.

La viuda negra

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La mañana del uno de noviembre, después de visitar la tumba de su esposa, Jorge camina muy triste hacia su carro. Hay mucha gente en el cementerio: niños corriendo por todos lados, señores y señoras con gestos apesadumbrados, jovencitas coquetas en sandalias y una ceremonia de entierro protagonizada por un cura locuaz. La mujer de Jorge murió ahogada en el mar en un viaje de vacaciones de semana santa, hace dos años. Esta es la primera visita al cementerio que Jorge hace con cierta serenidad. Antes de llegar al sitio donde había parqueado el carro, se topa con una solitaria mujer vestida de negro, llorando, casi aullando, frente a una tumba. Jorge se acerca, preocupado por el estado lamentable de la mujer.

Ángel de la guarda

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Al principio es un poco difícil acostumbrarse a estar muerto. Hay un instante casi imperceptible en el que tu alma deja para siempre tu cuerpo, pero vos seguís consciente de lo que sucede, sólo que lo empezás a sentir de otra manera. Es como si todo se volviera gaseoso y sin peso, vos flotás y mirás a la gente y ellos no te ven y ya no te duele nada y eso te alivia. Pero conforme pasan los minutos te das cuenta de que ya no podrás volver a hablar con nadie que esté vivo y eso te hace sentir angustia. Y ahí empiezan a aparecer los otros muertos, y es como cuando vos entrás a la universidad y te bautizan, te empiezan a hacer bromas y a burlarse de vos, te hacen preguntas que cómo te llamás, de qué te moriste y en qué trabajabas.

Pastillas de cianuro

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Agobiados por las penurias económicas, padre e hijo deciden suicidarse. Calcularon que con los seguros de vida que habían contratado, mamá podría pagar todas las deudas y continuar ayudando a la hija soltera en el cuidado del bebé que acababa de tener y que se merecía un futuro mejor que el que tenían ellos debido a sus irresponsables inversiones.