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El club


Entre los colegas que venían de Honduras para entrenamientos en Guatemala estaba Francisco, un compañero un tanto nervioso pero buena onda que había venido varias veces. Era un tipo reservado y muy religioso que siempre cargaba su biblia y si había oportunidad te predicaba sobre la vida en Jesús. Era bueno en su trabajo y cumplía sus metas de ventas, así que los dueños de la empresa estaban contentos con él. Cuando con los demás salíamos a tomar algunos tragos él no nos acompañaba. Sin embargo, la última vez que vino por acá se unió al grupo y me solicitó que yo no permitiera que se emborrachara ni que se cogiera a nadie.

Mi trabajo en la empresa era buscar nuevos productos y diseñar estrategias para venderlos. Lo bueno es que los clientes son los que te piden cosas nuevas, así que hay que buscar proveedor y hacer la importación. En Honduras Francisco hacía lo mismo y constantemente nos comunicábamos por internet. Era muy eficiente y era fácil trabajar con él, pero no compartía nada más que trabajo. Supe que estaba casado y tenía dos hijos, pero no mucho más.

Por su carácter y sus antecedentes me sorprendió que decidiera acompañarnos a comer después del trabajo un viernes, cuando celebrábamos el cierre del año con muy buenas ventas. Jorge, me dijo, estoy en una situación personal complicada, y tal vez sea hora de compartir más con los muchachos. No le puse demasiada atención y así nos fuimos a cenar y tomar algunas cervezas. Habíamos terminado pronto el trabajo así que cenamos temprano y al terminar la cena uno de los compañeros sugirió que fuéramos a ver algún show a un club de strippers. Un par de compañeros dijo que prefería descansar.

Para mi sorpresa Francisco se apuntó para acompañarnos. Fue entonces cuando me pidió, muy serio, que yo no lo dejara emborracharse ni cogerse a nadie. Jorge, me dijo, te lo encargo mucho, por favor. Yo le dije que sí, por supuesto, pero no tenía la menor intención de hacer de niñero, era ridículo. Yo creo que Francisco ya estaba un poco borracho. Por favor me vayás a dejar hacer nada, me insistió al entrar al club de strippers.

Ya en el club los muchachos se la pasaron bien. Estábamos contentos de haber tenido un buen año y tranquilos porque tendríamos trabajo para el siguiente. Algunos pidieron baile privado y llegó un momento en que en la mesa sólo quedamos Francisco y yo. Él se miraba muy contento y por primera vez lo veía sonreír sin que fuera por compromiso. Se acercaron un par de muchachas a ofrecer baile, pero yo ya no tenía mucho dinero y Francisco no quería, así que no se quedaron.

Apareció una muchacha después a la que Francisco sí le puso atención. Ya estábamos borrachos, pero me acuerdo de que la mujer me parecía poco femenina, al menos de cara. Francisco la invitó a una cerveza y estaban muy entretenidos platicando. Qué te parece esa Jorgito, me preguntó. Pues está bastante bien, le respondí, y nos reímos como idiotas. No vayás a dejar que me la coja, me insistió, y nos volvimos a reír.

Fui al baño y al regresar ya no los encontré. Pasó algún tiempo y como estaba solo en la mesa, mejor me fui del club.

Al día siguiente recibí una llamada que me despertó. Era Francisco. Yo tenía resaca y dolor de cabeza. Qué querés, le respondí un tanto malhumorado.

—Jorge, anoche me dejaste solo en el club.
—Te perdiste un rato y como no regresabas me fui.
—Pero, ¿no sabés si me cogí a esa mujer? Te había pedido que no me dejaras.
—Ni idea, Francisco, de un momento a otro se perdieron de vista.
—Jorge, es que lo que pasa es que creo que no era mujer.

Tuve que contenerme para no reírme al teléfono. Le dije que sí, que era mujer, que no se preocupara. Le deseé buen viaje de retorno a Honduras. Se despidió de mí diciendo bendiciones.

No hablamos del tema en los días siguientes, pero Francisco llenó su perfil de facebook con frases bíblicas. Siguió siendo tan parco como fue siempre. Pensé que iba a estar molesto conmigo, porque así es la gente, pero todo era normal entre nosotros.

Un mes después de la visita al club de strippers con los compañeros, Francisco vino rendir un informe. Antes de salir de Honduras me llamó y me dijo que si a mí no me importaba, él quería ir de nuevo al lugar, porque se encontraría con la mujer de aquel día. Le dije que estaba bien, pero no le quise preguntar si ya había averiguado si de veras era mujer. Fuimos al lugar, se encontró con ella y hablaron muy contentos. Me siguió pareciendo poco femenina de la cara. Los dejé un rato solos cuando fui al baño y al regresar ya no los encontré.


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