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Las muñecas de don Rigoberto

Durante el tiempo en que trabajé para una telefónica instalando cable conocí a don Rigoberto, el tipo más raro que he visto en la vida. Por ese entonces este señor habrá tenido unos cincuenta años. Era alto, medio barbado, flacucho y muy platicador, nerviosamente platicador. Como por esos días apenas empezaba la compañía a dar el servicio, tuve que llegar varias veces a la casa de don Rigoberto porque no terminaba de quedar bien el cableado, o porque la señal era débil, o porque no había servicio. La segunda vez que llegué a su casa era de mañana, y vi sentada a la mesa del comedor a una mujer muy bella. Me la presentó como su mujer. La saludé pero ella no contestó. Hasta ahí me di cuenta de que era una muñeca.