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Relatos, historias, cuentos - Pandemia

La playa

Un día decidimos con el Tavo y la Ana que no íbamos a recibir clases. El Tavo consiguió un carro que le prestó un su tío. Todavía recibíamos clases por Zoom por la pandemia pero nos inventamos un trabajo de campo y nuestros papás, aburridos de tenernos en casa todo el día, todos los días, no dijeron nada. Salimos muy temprano al puerto para evitar el tráfico. Hacía un poco de frío por la mañana, pero el amanecer estuvo muy bonito. Nubes encendidas en anaranjado y música house en una bocina bluetooth nos hicieron sentir bien. Supongo que hay un especial placer en no hacer lo que supuestamente debés hacer por obligación. No se siente igual que salir en fin de semana. Es más liberador. En la primera gasolinera hubo el primer problema. El carro era un Datsun viejito, chiquito, pero jalador. Ahí nos dimos cuenta de que el radiador tenía una fuga. Alguien nos dio un tipo de pegamento para remendarlo, esperamos una media hora y salimos de nuevo. La Ana decía a veces que estaba enamorada de lo

La clase virtual

Esto de las clases por videollamada es lo peor. Uno se levanta, enciende la computadora y tiene que encender el video para que lo miren los maestros. El de sociales es algo divertido pero hay días en que no prepara su clase y se hace tan aburrido como el de mate. Señor ese para ser aburrido, casi siempre me duermo en su clase y ni se da cuenta porque no pide que encendamos el video. Para los exámenes pido que me pasen anotaciones por el grupo de whatsapp y algo que me explica mi papá, aunque no me tiene paciencia porque no se me queda todo. Extraño jugar fútbol en los recreos, las bromas en la clase y ver a Susana. 

Planeta Tierra

Ya casi al final de la jornada en el turno del  call center  en el que trabajé por un par de meses, entró una llamada de una anciana de 80 años que había hecho una orden por error. Una llamada normal que venía justo después de que un energúmeno me gritara por una hora porque el regalo de su hijo había llegado un día tarde y eso había hecho llorar al pequeño.

El oficinista

A Carlos le toca trabajar desde su casa por la pandemia mundial. Hace calor y está molesto por la bulla de sus hijos y los pendientes del trabajo. Su esposa tuvo que salir para una reunión mensual de su trabajo. Para descansar un poco del trabajo va a las redes sociales y es peor, mira a la gente cómo sale a la calle cuando el gobierno y el mundo aconsejan lo contrario.

El taxista

Por el toque de queda hay pocas horas para trabajar y mucha competencia. Son las cinco de la mañana de un día domingo en plena pandemia. En el grupo de whatsapp de los taxistas todos empiezan a escribir. Casi todos dicen que está silencio.