Historias (libro)

Este 2014 Anecdotario.net cumplió 10 años de existir. Para que quede un recuerdo físico del acontecimiento recopilé algunas historias y ahora están disponibles en un libro de papel. Leer más →

Ahora seremos felices

Hace una tarde gris. Hace un par de horas, buscando canciones en internet, encontré la que te gustaba. Me hizo recordar cuando te escuchaba cantarla por las mañanas mientras te rasurabas. Siempre que estabas de buen humor la cantabas y hasta bailabas y sonreías. Te escuché cantarla desde que yo era niño, siempre por las mañanas. No recuerdo que cantaras otra canción de la misma manera. Leer más →

Siete años

La semana pasada cumplí siete años de estar publicando historias en este blog. Casualmente han sucedido dos tragedias en la fecha en que publiqué por primera vez. En el 2004, cuando yo iniciaba este viaje, sucedió el atentado de Atocha en Madrid. Ahora, justo el día del cumpleaños número siete, sucedió el terremoto en Japón.

Pasan muchas cosas en siete años. Cuando comencé el reto era ver si a fuerza de intentar, lograba hacer al menos una docena de buenos cuentos. Ésa era la meta principal. Lo curioso del caso es que a veces estoy seguro de que lo logré, pero otras veces no. Supongo que no soy el único al que le pasa. Si me atrevo a publicar los cuentos que escribo, es porque siempre pongo en ellos lo mejor que tengo. Porque sospecho que podrían ser buenos.

De lo que sí estoy seguro es que seguiré intentando escribir buenas historias toda la vida.

La luz del portón

Cuando me bajé del transporte público y me subí al carro la vida se facilitó. El detalle que me gustaba al regresar a casa de noche era que mi papá encendía la luz del portón y encendía también una segunda luz antes de que yo terminara de abrir. Cuando se encendían las luces, yo pensaba, confiado, "ahí está don Joaco, todo está bien".

Aún llegando de madrugada, después de las parrandas, esas luces se encendían. Aún con mi papá enfermo se encendían. Pero desde el domingo pasado en la madrugada él ya no las encenderá más. Y ya no alumbrarán nunca igual, y duele un montón.

Los tres deseos

Cuando yo tenía dieciséis años tenía tres deseos. Si se hubiera aparecido un genio de la lámpara, tenía claro qué iba a pedir: yo quería ser cuentista, músico y futbolista. Un cuarto deseo sería lo de siempre, tener mucho dinero. Ya había pasado la época en que quería ser cura, médico o abogado. Mis deseos ahora tenían que ver con el exhibicionismo y la vanidad, si se dan cuenta. Porque para ser un buen cuentista, un buen músico o un buen futbolista, se necesita un mínimo de talento para ser reconocido, y a los dieciséis años, yo no sabía si efectivamente lo tenía. Leer más →

El mejor candidato

El último sábado de mayo, iba yo al cementerio de Coatepeque a enterrar al último de los hermanos de mi papá. Cualquiera que haya enterrado a un ser querido se podrá imaginar cómo es la cosa. En este caso, mi tío ya era anciano y había vivido ya una existencia productiva y decente, así que el dolor tiene su atenuante. Un par de días antes, lo había visto en el hospital ya muy grave, después de un par de meses de sufrir, sabíamos todos que el final estaba cerca.

Camino al entierro del tío, en el parque central nos encontramos con un mitin político de un tipo que ofrece “mano dura” para arreglar los problemas. El mitin lo interrumpimos con el cortejo fúnebre y el hecho quedó registrado en una nota de prensa, en la que erróneamente dice la periodista que íbamos a la iglesia. La nota finaliza con la supuesta frase que dijo un asistente al mitin, refiriéndose al muerto que iba de camino: “ahí va el mejor candidato”.

Llamar al silencio

Siempre me causó gracia esta frase que suelen usar los argentinos, porque automáticamente me imaginaba el siguiente diálogo:

——¡Silencio, vení para acá!

——Aquí estoy, para sevirle a usté y a Dios.

——Mirá Silencio, yo te llamaba para que te quedés en lugar mío porque yo estoy a punto de decir muchas muladas, es decir, más muladas de lo acostumbrado.

——Bueno, yo aquí me quedo. No tengás pena, tené cuidado, te vas por la sombra. Leer más →

Buenas nuevas

Tres de la tarde en una colonia mixqueña cercana al límite con la ciudad de Guatemala. Yo estoy calentando mi almuerzo en el microondas y llegando tarde al partido del Barça contra el Betis por la tele. Me entero de que va perdiendo el Barça por un gol cuando está iniciando el segundo tiempo del partido. Me siento a la mesa a comer y a esperar que el Barça empate o que por lo menos Ronaldinho haga una de esas de jugadas diferentes que le hacen ganar tantos millones pero que en el mundial ni señas dieron. La cosa no se mira bien para los blaugranas, entonces suena el timbre y pese a un extraño presentimiento contesto el intercomunicador, para mi maldición. Leer más →

Sólo espero que esté ahí

Tengo que apurarme porque ya es de noche y todavía no he terminado de lustrar mis zapatos, los tengo que dejar bien brillantes porque si no de repente los reyes magos no me dejan nada y pasan de largo. Con el Julio Héctor pensamos que la ventana tiene que estar bien abierta para que sea fácil meter los regalos en los zapatos. Aunque los reyes son como fantasmas, los juguetes no, y por eso es que es mejor abrir bien la ventana. Ojalá que los reyes tengan más pisto este año, porque esas escaleritas con el muñeco ya dos años seguidos que nos las regalan. Yo a veces creo que no son los reyes magos sino mis papás los que nos regalan los juguetes, así como el santa clos de los otros niños, pero a saber. Mejor sigo lustrando mis zapatos porque el Julio Héctor ya terminó y sólo me está esperando a mí. Mamá ya dijo que era muy tarde, que nos apuráramos. Ya casi termino vos, esperáme. Listo, ya terminé. Poné tu zapato del lado derecho y yo del izquierdo. ¿No querés? Vaya, está bien, los cambiamos, pero no chillés. Mamá nos apura para que nos enpashamemos y nos metamos a la cama, pero antes la oración del ángel de la guarda y el padrenuestro. Ah, y el santamaría. Mañana lo primero que voy a ver es mi zapato en la ventana, no importa qué me regalen los reyes, sólo espero que esté ahí.

El Hulk que llevamos dentro

En los años 70’s y 80’s se transmitía una serie de televisión que en español se llamaba Hulk, el hombre increíble (pronúnciese jolc). La historia trataba de un doctor llamado David Banner, quien había sido sometido a una sobredosis de rayos gamma, en un experimento de nosequediablos. Desde ese experimento, el cuate al ponerse como la gran diabla se convertía en un grandulón musculoso, despeinado y verde, que vergueaba a todo el mundo. A mí a veces me sucede lo mismo, sólo que sin ser ni grandulón, ni musculoso, ni verde. Leer más →