Las predicciones de la abuela

La primera vez que la abuela predijo la muerte de uno de mis tíos nadie le creyó. El tío Luis era el más joven, deportista y de buen carácter. La abuela le dijo que se sentía triste porque iba a morir de algo del corazón. El tío Luis se rió y le dijo, madre, todos lo haremos. Sí hijo, pero vos te vas a morir en menos de dos semanas, contestó la abuela.  Leer más »

El encerrado

Supe desde el principio que eran temores infundados e intenté redefinir mi concepto de realidad. La realidad, mientras crees que estás en peligro aunque no lo estés, es diferente a la realidad verdadera. Pero no deja de ser realidad para vos, no deja de tener un cierto aire de verdad, tan creíble que te lleva a tomar decisiones. Llevo cinco años recluido en mi casa, sin salir más que al jardín o a la puerta. Estoy seguro de que si salgo a la calle, alguien me matará. Leer más »

Pajarillo verde

Todo iba bien en el viaje a Pana hasta que se murió el Carlos. Se quedó dormido en el carro boca arriba y por el exceso de mota y de cerveza se ahogó en su propio vómito. Fue la primera vez que la muerte me tocó tan de cerca y por estas fechas, cuando comienza a llover, me acuerdo y me pongo triste. Nunca se me va a olvidar el viaje de madrugada de regreso con el Carlos, o su cuerpo quiero decir, a la par mía y cómo, todavía borrachos, bromeábamos como si estuviera vivo.  Leer más »

El caso del profesor Méndez

Conocí al profesor Méndez cuando yo trabajaba en el colegio R. Era un hombre de 50 años, de modales muy circunspectos y bueno en su trabajo. Daba clases de matemáticas y física y a pesar de que en esas materias los profesores suelen ser odiados, sus alumnos le tenían estima. Era muy amable con todo el mundo, pero de ese tipo de amabilidad que impone distancia, un poco como si fuera una careta si veías más detenidamente. Su carácter fue lo que hizo que nos sorprendiéramos con su suicidio y más aún por el motivo. Leer más »

Una rosa amarilla

Se me antojó una cerveza y bajé a comprarla a la tienda. Era una noche templada, con viento fresco. Estaba tranquilo el ambiente. El muchacho de la tienda estaba contento, ayer había nacido su hijo. Me quedé ahí a tomarme la cerveza. La vecina del apartamento de arriba bajó y llegó a la tienda. Vestía unos shorts que le quedaban lindos. De repente se oyó un ruido como un choque o explosión y salimos, temerosos, a ver qué pasaba. El vecino del apartamento del séptimo nivel se había tirado de la azotea del edificio. Leer más »

El chat al mediodía

A Eduardo lo dejó su novia y se quedó sin trabajo al mismo tiempo. Se hundió en la depresión y cuando se dio cuenta se había acabado sus ahorros y tuvo que empezar a vender sus muebles. Cuando llamaba a sus padres o amigos tenía que pedir que lo llamaran de vuelta porque no tenía saldo en el teléfono. Su apartamento se lo rentaba su tía, a quien ya le debía tres meses. Lo único que lo ilusionaba un poco eran las conversaciones que sostenía por chat con Laura, a quien sólo conocía de una red social de internet. Leer más »

La venganza del Barrio

Una llamada llegó exigiendo una colaboración para el Barrio, una pandilla peligrosa. La voz que llamaba dijo los tres nombres de los hijos de Antonio, quien sudó frío al escucharlos. Sabían a qué hora salían de casa, a qué hora llegaban y además dijo que la Caty era una niña muy linda y que sería una pena que alguien le hiciera daño. La misma voz dijo que conocían su pasado y que ni pensara en hacer denuncia. Antonio conocía muy bien qué era lo que le esperaba porque él mismo, hacía algunos años, hacía esas llamadas. Leer más »

El coro navideño

Cuando estaba en tercer año de secundaria entré a formar parte del coro del colegio, no porque me interesara tanto el arte sino para no volver a casa temprano por las tardes. Como era un colegio bilingüe, para fin de año había siempre una presentación especial con villancicos navideños en inglés. En el coro estaba Alicia, una muchacha bonita que era genial para cantar y de quien aprendí a entender y a disfrutar la música y la vida. Leer más »

El club

Entre los colegas que venían de Honduras para entrenamientos en Guatemala estaba Francisco, un compañero un tanto nervioso pero buena onda que había venido varias veces. Era un tipo reservado y muy religioso que siempre cargaba su biblia y si había oportunidad te predicaba sobre la vida en Jesús. Era bueno en su trabajo y cumplía sus metas de ventas, así que los dueños de la empresa estaban contentos con él. Cuando con los demás salíamos a tomar algunos tragos él no nos acompañaba. Sin embargo, la última vez que vino por acá se unió al grupo y me solicitó que yo no permitiera que se emborrachara ni que se cogiera a nadie. Leer más »

El accidente

Una llamada a las tres de la mañana me despertó diciendo que Andrés había muerto. Me asusté, por supuesto, pero yo no conocía a ningún Andrés. Llamaba una mujer que decía entre sollozos que se había ido a estrellar en su carro. Cada vez que yo intentaba decirle que estaba equivocada ella me interrumpía y continuaba con el relato. No sabía qué hacer, al parecer la policía la llamó para decirle que Andrés había tenido un accidente, pero no le dijo que había muerto y cuando llegó fue un shock tremendo. Viendo que ella no entendía, me dispuse a escucharla y decirle qué hacer. Leer más »