La huida

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Elvira tuvo la mala suerte de nacer en una colonia dominada por la pandilla del Barrio 18. Se hizo amiga de pandilleros para no tener problemas, pero nunca dejó de estudiar. No participaba en las actividades de la pandilla, pero era considerada como parte. Obtenía buenas notas en la escuela y no causaba problemas en casa. Sin embargo, cuando tenía 16 años, se enamoró de un muchacho de una pandilla contraria.  Leer más →

El premio

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Un día envié un mensaje de texto del celular para participar en un concurso de la televisión. Ya lo había hecho otras veces y no me había ganado nada, pero enviar un mensaje de texto no era costoso así que lo envié de nuevo. Gané cien quetzales y brinqué de alegría. Mis hermanos y mi mamá también lo celebraron, nunca nadie de nosotros había sido mencionado en la tele ni ganado nada.  Leer más →

Jesús de Nazaret

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Se llamaba Jesús y atendía la farmacia Nazaret. Usaba el pelo largo, era delgado y tenía barba, la combinación perfecta para que la gente acudiera a la farmacia en busca no solo de medicina, sino de milagros. El dueño de la farmacia, un comerciante venido a menos, vio que le podía ser útil para vender más de esas aguas y polvos milagrosos que no son más que agua azucarada o bicarbonato de sodio. No se equivocó, llegó a ser un negocio interesante. Leer más →

Tres cuentos instantáneos

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1. Extraterrestres y nazis

Se cuenta que en Guatemala, en Mazatenango, vivía un hijo de un nazi que vino huyendo de Alemania. Rudiger era su nombre. Entre sus aficiones estaba la astronomía y con el tiempo llegó a ser uno de los astrónomos más reputados del país. Daba conferencias y era invitado a reuniones internacionales en países de Europa y América. Leer más →

El novelista

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Cuando publiqué mi primer libro automáticamente me convertí en escritor, es decir, adquirí el estatus social de escritor. Fui invitado a programas de radio y televisión, me entrevistaron en prensa y medios de internet y doscientos de mis seguidores de Twitter retuitearon la presentación del libro. Muy pocos compran el libro y no todos lo leen, pero el cartelito de escritor ya te lo podés colgar. En un programa de televisión conocí a Manuel, o Manu, como pedía que le dijeran. Era un tipo con dinero y roce social, que solía dar las mejores fiestas. Leer más →

La niña bombera

Gaby, una niña de diez años pequeña y delgadita, se levanta temprano en la mañana del sábado para ir con su mamá a Monjas, Jalapa. El bus se tarda una hora en llegar desde Jutiapa, donde viven. Es su primer día de entreno con la brigada infantil de los bomberos; lleva su uniforme nuevo y una gran sonrisa en el rostro. Le pide a su mamá que le de el asiento de la ventanilla porque quiere ver cómo pasan las casas y las gentes y cómo se quedan atrás en el camino. Leer más →

El club de los suicidas

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Así decidieron ponerle a su banda de rock unos adolescentes que ensayaban cerca de mi casa, en casa del baterista. Yo era amigo de su tío Manuel, quien vivía allí, y a veces miraba partidos de fútbol y tomábamos cerveza en su casa. Carlos se llamaba el muchacho baterista. Se preocuparon, por insistencia de mi amigo, de aislar un poco el ruido para no espantar a los vecinos. Tocaban death metal, así que la advertencia tenía sentido. El nombre de la banda me pareció al principio un juego adolescente. Leer más →

Los telépatas

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Hace tres años me quedé sin empleo y decidí darme un par de meses para hacer lo que más me gusta, que es no hacer nada. Nunca he entendido a la gente que llena su vida de actividades y corre de un lado a otro para no ir a ninguna parte. Cerca de mi casa estaba el salón municipal y descubrí que era muy movido. Un día fui y vi en la programación que los jueves a las siete de la noche se reunían Los Telépatas. Leer más →

La Diabla

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Le decían la Diabla porque tenía un tatuaje de un diablito sonriente en la parte baja de la espalda. Trabajaba como independiente en un prostíbulo popular en el que las mujeres alquilaban cuarto por día. Se paseaba totalmente desnuda por el patio central cuando no le caían clientes a su cuarto. Algunos en lugar de sentirse atraídos pensaban que estaba loca. A las mujeres no les gustaba que se exhibiera y regaban la bola de que tenía sida. Leer más →

San Junípero

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En mi segundo año de universidad acepté un empleo como chofer de don Andrés, para trabajar por las tardes. Él mismo me llamó y me entrevistó y me contrató al instante. Me dijo, yo sé leer a la gente y sé que vos no me vas a robar o dejar vendido porque tenés un sentido del deber bien arraigado. Acto seguido me indicó cual iba a ser mi salario y me citó al siguiente día. Leer más →