Blog en pausa
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Tengo a mi papá muy delicado en el hospital y no he podido escribir nada. No creo que lo pueda hacer mientras esté en esa situación. Sabrán disculpar.
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Tengo a mi papá muy delicado en el hospital y no he podido escribir nada. No creo que lo pueda hacer mientras esté en esa situación. Sabrán disculpar.
No es simplemente de soplar y hacer botellas, la cosa es un cachito más complicada. Vos como no entendías al principio, te metiste, huevudo, y ya cuando mirás lo que viene entonces te ponés a berrinchear porque no estabas preparado, pensabas que esto era fácil. ¿Vos esperabas que todo mundo te quisiera? Disculpáme manín, pero estás loco. Si sos bueno, pues caerás mal, si sos mediocre, también. Y si sos malo, darás lástima. Pero es de aceptarlo, la mayoría de gente es mediocre, y ser mediocre no es malo. Algunos somos mediocres por falta de talento, otros por huevonería. Lo que pasa, manín, es que de alguna manera todo mundo cree que no es mediocre. Mediocres son los demás, pero no yo, ni mi familia, ni mis cuates. Leer más »
Daniel entra temeroso a la clínica del dentista de la colonia porque tiene un incisivo superior que ya no tiene salvación y debe ser extraído. Lleva dos semanas de intenso dolor, así que para aliviarse no queda más que sacarlo, pero todo eso de los dentistas y la anestesia a Daniel no le va muy bien. De pequeño solía decir que quería morirse antes de que se le cayeran los dientes. Lo atiende la asistente del doctor y le dice que pase de una vez, pues no hay paciente en este momento. Daniel respira profundo, él hubiese querido esperar un tiempo en la sala de espera para prepararse sicológicamente. Al abrir la puerta lo saluda sonriente el doctor, como si fuera cosa de broma lo que van a hacer. Un destello sale disparado desde la blanca dentadura del dentista. Leer más »
En una aldea del interior de la república, Evaristo Penados se prepara para ir a pedir la mano de su novia, María Pirir. Llevan un año de noviazgo y Evaristo sabe que María, la Mari, es todo para él, y narcotizado por la locura del enamoramiento no puede esperar más a que sea su mujer. Todo será mejor con su compañía, piensa, fantasea con hacerle el amor de manera romántica y demás cosas como envejecer juntos, algo que parece tan fácil cuando se está enamorado. Sin embargo, tiene miedo de que el papá de ella, el cascarrabias de don Jacinto, ponga algún pero o que lo trate mal, y eso lo tiene un poco angustiado. Leer más »
—No te digo adiós porque no quiero que te vayás —dijo entre pucheros la pequeña Ale, cruzando enojadamente los brazos, mientras su papá intentaba besarla.
—Ale, decile adiós a tu papá, no seás malcriada —repuso su mamá, sin poder evitar que sus ojos se humedecieran. Demián había tomado la decisión de marcharse, dejando atrás 7 años de matrimonio, y a la pequeña Ale, de 6 años, que se marchaba ahora a llorar sola a su dormitorio.
Demián hizo un cortés ademán hacia Graciela, le dio un beso en la mejilla, agarró sus maletas y se enfiló al carro. Empezaba de nuevo, ahora al lado del gran amor de su vida que había regresado seis meses antes y le había vuelto a revolver todo el corazón. No habían ni Gracielas ni Ales ni ningún poder del Cielo o del Infierno que impidiera su ida, él tenía derecho a ser feliz, la sola idea de quedarse y hacerlas infelices era mucho peor. Así son los dictados del corazón. Leer más »
Creo que nunca se me quitará el miedo a que el próximo texto que publique sea el peor de todos los tiempos y que nadie lo lea, ni le guste, ni lo entienda. Y sin embargo sé que seguiré publicando en este blog todo el tiempo que pueda, siempre dejando lo mejor, nunca reservándome nada. Siempre intentaré hacer magia y llevar al lector directo hasta el final, sin darle tregua ni respiro, sin dejar que se vaya sin haber terminado el texto que tiene en pantalla. Leer más »
Cuando yo tenía dieciséis años tenía tres deseos. Si se hubiera aparecido un genio de la lámpara, tenía claro qué iba a pedir: yo quería ser cuentista, músico y futbolista. Un cuarto deseo sería lo de siempre, tener mucho dinero. Ya había pasado la época en que quería ser cura, médico o abogado. Mis deseos ahora tenían que ver con el exhibicionismo y la vanidad, si se dan cuenta. Porque para ser un buen cuentista, un buen músico o un buen futbolista, se necesita un mínimo de talento para ser reconocido, y a los dieciséis años, yo no sabía si efectivamente lo tenía. Leer más »
El contador Pérez asistirá a la reunión de los miércoles en la empresa por primera vez. El Gerente convocó a una lluvia de ideas y Pérez como jefe de contabilidad fue incluido, no porque el Gerente crea que puede aportar algo, sino para dar una idea de democracia y apertura que en realidad no existe en ninguna empresa. Pérez es un hombre de mediana edad más bien apocado y pusilánime, pero leal y honrado, justo como necesitan las corporaciones modernas. Está nervioso porque cree que tiene una buena idea que compartir para mejorar las ventas y ganancias, pero piensa que no lo tomarán en serio y sufre porque tendrá que decirlo delante de todos, y lo más probable es que ni siquiera lo escuchen. Leer más »
Qué onda, soy el Walter, vendedor de shucos en la U, a mucha honra. Hace ya casi tres años el Chepe Quincho me invitó a escribir aquí, pero después se me puso envidioso y caquero y ya ni siquiera pasaba por mi humilde pero honrada caseta de hotdogs “El Chato”, el veintiúnico establecimiento que tiene guacamol extra. Hasta que el otro día se asomó y se comió como siempre un su pan con chorizo, pero sin chile. También se tomó su coca. Qué onda vos Chepelín, le dije, cuál es tu rollo. Me dijo que todo calidad y que el otro día alguien se había recordado de mí y que por qué ya no escribía en este bloc. Leer más »
Estaba anocheciendo cuando entró ella y yo le dije al Nacho, ésa es la mujer del año. Era hermosa, blanca, rubiecita, cabello sobre los hombros, ojos celestes. Llevaba un vestido floreado azul que danzaba alegre con cada paso que daba. Unas sandalias casuales dejaban ver unos blancos y hermosos pies. Llegó con su hija, a quien al parecer había tenido muy joven, porque le calculamos 20 años a lo sumo. Se sentó en la mesa 7. Es mía le dije al Nacho y sin darle tiempo a reaccionar, le fui a dejar el menú con la mejor sonrisa que pude, pero ella apenas sonrió cortésmente. Con esa yo sí le soy infiel a la Estercita, le dije yo después al Nacho, que sólo me miró con gesto cómplice. Dos minutos más tarde, entró quien debía ser su marido, un gordo todo lleno de collares de oro, anillos y pulseras. Era el 23 de diciembre de año pasado, víspera de nochebuena. Leer más »