Jesús de Nazaret

Se llamaba Jesús y atendía la farmacia Nazaret. Usaba el pelo largo, era delgado y tenía barba, la combinación perfecta para que la gente acudiera a la farmacia en busca no solo de medicina, sino de milagros. El dueño de la farmacia, un comerciante venido a menos, vio que le podía ser útil para vender más de esas aguas y polvos milagrosos que no son más que agua azucarada o bicarbonato de sodio. No se equivocó, llegó a ser un negocio interesante. Leer más »

Tres cuentos instantáneos

1. Extraterrestres y nazis

Se cuenta que en Guatemala, en Mazatenango, vivía un hijo de un nazi que vino huyendo de Alemania. Rudiger era su nombre. Entre sus aficiones estaba la astronomía y con el tiempo llegó a ser uno de los astrónomos más reputados del país. Daba conferencias y era invitado a reuniones internacionales en países de Europa y América. Leer más »

El novelista

Cuando publiqué mi primer libro automáticamente me convertí en escritor, es decir, adquirí el estatus social de escritor. Fui invitado a programas de radio y televisión, me entrevistaron en prensa y medios de internet y doscientos de mis seguidores de Twitter retuitearon la presentación del libro. Muy pocos compran el libro y no todos lo leen, pero el cartelito de escritor ya te lo podés colgar. En un programa de televisión conocí a Manuel, o Manu, como pedía que le dijeran. Era un tipo con dinero y roce social, que solía dar las mejores fiestas. Leer más »

La niña bombera

Gaby, una niña de diez años pequeña y delgadita, se levanta temprano en la mañana del sábado para ir con su mamá a Monjas, Jalapa. El bus se tarda una hora en llegar desde Jutiapa, donde viven. Es su primer día de entreno con la brigada infantil de los bomberos; lleva su uniforme nuevo y una gran sonrisa en el rostro. Le pide a su mamá que le de el asiento de la ventanilla porque quiere ver cómo pasan las casas y las gentes y cómo se quedan atrás en el camino. Leer más »

El club de los suicidas

Así decidieron ponerle a su banda de rock unos adolescentes que ensayaban cerca de mi casa, en casa del baterista. Yo era amigo de su tío Manuel, quien vivía allí, y a veces miraba partidos de fútbol y tomábamos cerveza en su casa. Carlos se llamaba el muchacho baterista. Se preocuparon, por insistencia de mi amigo, de aislar un poco el ruido para no espantar a los vecinos. Tocaban death metal, así que la advertencia tenía sentido. El nombre de la banda me pareció al principio un juego adolescente. Leer más »

Los telépatas

Hace tres años me quedé sin empleo y decidí darme un par de meses para hacer lo que más me gusta, que es no hacer nada. Nunca he entendido a la gente que llena su vida de actividades y corre de un lado a otro para no ir a ninguna parte. Cerca de mi casa estaba el salón municipal y descubrí que era muy movido. Un día fui y vi en la programación que los jueves a las siete de la noche se reunían Los Telépatas. Leer más »

La Diabla

Le decían la Diabla porque tenía un tatuaje de un diablito sonriente en la parte baja de la espalda. Trabajaba como independiente en un prostíbulo popular en el que las mujeres alquilaban cuarto por día. Se paseaba totalmente desnuda por el patio central cuando no le caían clientes a su cuarto. Algunos en lugar de sentirse atraídos pensaban que estaba loca. A las mujeres no les gustaba que se exhibiera y regaban la bola de que tenía sida. Leer más »

San Junípero

En mi segundo año de universidad acepté un empleo como chofer de don Andrés, para trabajar por las tardes. Él mismo me llamó y me entrevistó y me contrató al instante. Me dijo, yo sé leer a la gente y sé que vos no me vas a robar o dejar vendido porque tenés un sentido del deber bien arraigado. Acto seguido me indicó cual iba a ser mi salario y me citó al siguiente día. Leer más »

Lo que importa es lo de adentro

La verdad es que la gente prefiere que le mientan. La gente no quiere la verdad, prefiere la ilusión o la fatalidad porque entretienen más. Hay que mentir pero hay que saber hacerlo bien. Les voy a contar la historia de cómo llegué a tener dinero y ser respetado sin tener que trabajar tanto. La vida es aburrida, poco emocionante. Mi juego siempre ha sido aprovecharme de eso, de que la gente siempre le va a creer más a quien prometa más, a quien mienta más y a quien mienta mejor. Leer más »

El oficinista desaparecido

Un día de tantos desapareció Joaquín, un empleado de la oficina. Hacía bien su trabajo, era puntual y ninguno le conocía ningún vicio. Estaba casado, tenía dos hijos e iba a la iglesia. Un tipo normal, un tipo promedio. Dejó de llegar a la oficina un miércoles sin decir nada y ninguno prestó mayor atención, hasta que la esposa preocupada llamó para preguntar si sabíamos algo de él.  Leer más »