Anecdotario.net

Historias (libro edición décimo aniversario)

historias1Este 2014 Anecdotario.net cumplió 10 años de existir. Para que quede un recuerdo físico del acontecimiento, recopilé algunas historias y ahora están disponibles en un libro de papel.

Cómo adquirirlo:

  • En Guatemala el precio es de Q95 (envío incluido). Pedidos al teléfono 5412-0380 (disponible whatsapp) y al email josejolop@gmail.com. Envío al día siguiente en la capital y tres días fuera de la misma.
  • Otros países. El precio es de USD 9.95 más gastos de envío. Se distribuye por medio de Lulu.com y se puede adquirir en este enlace. Lulu tiene oficinas en Estados Unidos, Canadá y España, entre otros lugares.

Versiones electrónicas gratuitas:  PDF - EpubKindle

El Mundial

Un mes antes de comenzar el mundial de Sudáfrica me despidieron del trabajo y a los pocos días Lucía me dejó. Solo y desempleado, me preparé para ver el mundial en solitario, decidido a aplazar la depresión. Todo sería como cuando era niño: tendría todo el tiempo del mundo. Al menos eso fue lo que creí al principio. Leer más »

Café a las seis de la tarde

Nuestras citas consistían en reunirnos en un macdonalds que quedaba cerca de la oficina. Elisa trabajaba en un edificio cercano al mío y para evitar el tráfico de regreso a casa platicábamos con un café de por medio. La conocí en un seminario de informática y ahí supimos que trabajábamos cerca uno del otro y yo propuse reunirnos al día siguiente. Se volvió costumbre el café a las seis de la tarde y era aburrido cuando ella no aparecía. A veces le proponía que al pasar el tráfico en lugar de ir a casa, fuéramos a algún motel. Leer más »

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada. Leer más »

La dama de las llamadas

Estuve un año desempleado y en ese tiempo lo único bueno fueron las llamadas de una mujer que nunca llegué a conocer. Sólo llamaba de lunes a viernes, en horario de trabajo, casi siempre al mediodía. Me contaba un poco de su vida y colgaba. No estaba muy interesada en lo que yo hacía. Me confundía con otra persona, y aunque algunas veces intenté explicarle que estaba equivocada, nunca me creyó. Leer más »

La cantante

Siempre admiré la voz y energía de Pilar. La conocí cuando iba al conservatorio; ella siempre rodeada de admiradores porque era guapa, yo siempre ensayando. Componía sus propias canciones y soñaba triunfar con la música. Yo nunca tuve más aspiración que tocar todos los fines de semana, porque la música era mi vicio y yo estaba bien sabido de que yo no era ningún genio. Con vos quiero cantar, me dijo cuando me escuchó una tarde de ensayo. Leer más »

La novia

—Si no tenés nada que hacer el sábado, deberíamos casarnos —dijo Yolanda, después de un breve silencio.

—Me parece bien —respondí sonriendo.

Yo la visitaba en el hospital. Había tenido un accidente en su carro, le habían puesto varios clavos en la pierna derecha, tenía fracturado el brazo y un gran moretón en el pómulo. Sin embargo, sonreía como siempre. En parte sonreía por el vicodin que le dieron para calmar el dolor. Me dio mucha pena verla en ese estado. Leer más »

El héroe

Un día yo regresaba de la oficina en mi carro e iba por una avenida muy transitada cuando vi por la ventanilla a un hombre que asaltaba a una muchacha. Me encolericé y a pesar del tráfico me bajé y fui hasta donde estaba el tipo, le di una trompada, le quité la pistola y le devolví la bolsa a la muchacha. Lo hice tan rápido que el asaltante cayó al suelo y se quedó unos segundos sorprendido, como en shock. Después se levantó y salió corriendo. Yo regresé al carro y seguí mi ruta. Leer más »

Hikikomori

Un día de tantos Adrián, mi único hijo, decidió encerrarse en su cuarto. Había perdido algunas materias en el colegio y le habíamos llamado la atención. Nos escuchó a su mamá y a mi sin decir palabra. Después de que terminamos de hablar se fue a su cuarto y jugó videojuegos en línea toda la noche. Al día siguiente no fue al colegio  y no volvió a salir para nada más que ir al baño. Pedía que se le llevara comida a su cuarto y apenas nos dirigía la palabra o respondía con monosílabos. Yo ya había escuchado de los hikikomoris, esos jóvenes japoneses que se encierran para no volver a salir. Cuando se cumplió un mes de su encierro, empecé a preocuparme de veras. Leer más »

Fiesta de viernes

Tres meses después de cambiarme a mi nuevo apartamento, mi vecino, que me alquilaba el mismo, se ganó la lotería. Siempre me pareció una buena persona. Se llamaba Gabriel, a secas, como me pidió que lo llamara. Acababa de cumplir cuarenta y no trabajaba, vivía de algunas rentas. Con la noticia de que había ganado la lotería vi rondar la casa a varias personas que nunca había visto. Familiares y amigos que tenía tiempo de no ver se aparecían por su casa. Sin embargo, nadie le sacó dinero porque él tenía sus propios planes. Leer más »