La clínica dental

Daniel entra temeroso a la clínica del dentista de la colonia porque tiene un incisivo superior que ya no tiene salvación y debe ser extraído. Lleva dos semanas de intenso dolor, así que para aliviarse no queda más que sacarlo, pero todo eso de los dentistas y la anestesia a Daniel no le va muy bien. De pequeño solía decir que quería morirse antes de que se le cayeran los dientes. Lo atiende la asistente del doctor y le dice que pase de una vez, pues no hay paciente en este momento. Daniel respira profundo, él hubiese querido esperar un tiempo en la sala de espera para prepararse sicológicamente. Al abrir la puerta lo saluda sonriente el doctor, como si fuera cosa de broma lo que van a hacer. Un destello sale disparado desde la blanca dentadura del dentista.

—Pase Daniel, mire que tuvo suerte, no tenemos paciente ahora, siéntese por aquí, esto no va a durar pero ni cinco minutos.

—Como no es el diente de usted lo dice tan fácil doctor, pero de veras que ya no aguanto el dolor y por eso vengo a que me saque el diente. Por favor haga que no me duela.

—No tenga pena, aquí estamos para servirle, a ver, abra la boca —dice el dentista, mientras acomoda la luz y explora el diente enfermo con un frío espejo bucal—. Mmm, la cosa no está nada bien Daniel, también el diente que está a la par tiene una gran caries, aunque creo que lo podemos salvar con un relleno. Si quiere aprovechamos y hacemos las dos cosas de una vez hoy.

—No, no, no —se apresura a decir Daniel—, sólo quíteme el que está peor y ya entonces hablamos del otro. Con uno basta por hoy.

El doctor acepta la idea y se dispone entonces a hacer la extracción, le coloca un hisopo con anestesia en la boca y le pide que cierre. Mientras el diente de Daniel se encuentra en capilla ardiente, el doctor prepara la jeringa con la anestesia local. Sin que Daniel mire la jeringa, se acerca.

—Abra la boca por favor, va sentir un pinchoncito —dice el doctor y rápido le inserta la aguja en la encía.

Daniel siente un escalofrío que le recorre todo el cuerpo y cierra los ojos con fuerza, una lágrima se le asoma en el ojo derecho. No hubo tales de un pinchoncito, dolió la cosa y siente el sabor de un hilo fino de sangre. El dentista le dice que esperará un rato mientras hace efecto la anestesia y sale de la clínica para hablar con su asistente, dejando a su paciente a solas. Daniel mira a su alrededor las pinzas de extracción, las espátulas, los escalpelos y las fresas del temible y siniestro taladro dental. Todos los instrumentos parecen emitir el destello de los dientes blancos del doctor . Le entra una fina pero consistente certeza de que hoy algo saldrá mal, y se empieza a angustiar, a tiempo que el doctor regresa.

Ok, ¿ya siente dormido y grande el labio? —pregunta el doctor—.

Daniel se toca el labio y siente que lo tiene grande, se pellizca y apenas siente nada. Asiente. El doctor se voltea y prepara algo que Daniel no mira.

—Otro pinchoncito —dice el doctor, y le clava por segunda vez una aguja.

Esta vez no siente nada Daniel y el doctor no sale. Con una espátula destellante el dentista separa un poco la encía del diente causando un poco de dolor que no inquieta demasiado a Daniel, pero acto seguido, observa cómo una pinza de extracción se acerca a su boca y presiente lo peor. El doctor acomoda la pinza y empieza el movimiento pendular para extraer el diente. Lo logra aflojar, se oye un inquietante crujido y anuncia que hará el movimiento final. Hay un sabor a sangre que preocupa a Daniel, pero no hay mucho dolor.

—¡Mierda! —dice en voz baja pero audible el dentista.

¡Lo sabía! piensa Daniel, y espera ansioso la explicación del doctor. Ahora todo se pondrá peor.

—La pieza estaba más cariada y débil de lo que pensé, y quedó la raíz andentro, así que tendremos que tener un poco de paciencia.

Daniel, en la condición en que está, sólo asiente resignado. El doctor prepara más anestesia y la inyecta en la sufrida encía superior de su paciente. Entre sus instrumentos escoge una espátula y separa un poco más la encía de la raíz que quedó. La encía, que no quiere dejar ir al diente, se opone y sangra un poco más. Luego se asoma otra pinza de extracción, un tanto diferente. El doctor la acomoda bien y empieza otra vez el movimiento pendular para aflojar. Se oye otro pequeño crujido que angustia al paciente.

—No se preocupe, es sólo que ya se separó bien la raíz del hueso. Vamos bien.

El doctor sigue por algunos instantes más el movimiento pendular y se puede observar que suda por el esfuerzo. Daniel entonces siente como la raíz que no quería salir, al fin cede y sale, dejando un pequeño dolor puntual que pronto desaparece y un latido que hace crecer y encogerse su boca. Siente el paladar lleno de sabor a sangre. Luego observa la mirada sonriente y satisfecha del dentista y de nuevo el destello. Ahí está afuera ahora, el diente que tanto lo había torturado desde hacía semanas.

—Muy bien Daniel, es usted un hombre valiente. Ya casi estamos, ahora sólo le voy a poner algunos puntos porque la herida lo amerita, abra la boca por favor.

El doctor cose la herida y al fin deja de maltratar la sufrida boca de Daniel, que la siente del tamaño de la de un caballo. El doctor le da un antibiótico y un analgésico para el dolor, y le dice que lo quiere ver en ocho días, para quitarle los puntos. Luego miramos esa su caries en el otro diente, agrega. Daniel sale entonces de la clínica y entra otro paciente. Paga a la asistente del doctor, habla mediante señas. Mientras espera que la asistente haga la factura y apunte sus datos en el dorso del cheque, escucha ese temible y cruel sonido del taladro dental, al que se tendrá que enfrentar en un par semanas. Recuerda el destello de los dientes del doctor y de sus instrumentos y luego de que recibe su factura sale de prisa, sin voltear a ver, dejando con la palabra en la boca a la asistente del doctor, que le preguntaba para cuándo iba a ser su próxima cita.

Imprimir  Imprimir       Email Enviar a un amigo       Bookmark and Share Compartir       Email Comentar



25 comentarios para " La clínica dental "


  1. Ginger dice:

    Si tanto miedo le da el dentista, no quiero imaginarme cuando tenga que ir al proctólogo.

  2. Jorge Andres dice:

    Ala gran puchis… hoy si hasta se me erizó la piel! Y creo que no es escarpelo, sino escalpelo…
    saludos,

  3. Ginger: al menos el proctólogo no usa taladro.

    Jorge Andrés: cierto, es escalpelo, corregido. Vos sos un lector atento, ya van varias que me salvás, ¡gracias!

  4. juanba dice:

    He pasado por el dentista pero jamás con miedo o temor.

    Nunca he pasado por una extracción ni nada remotamente parecido a lo narrado, tuve la suerte de nacer con una buena dentadura, ahora el día que sí haya que hacer una extracción entraré a la consulta más asustado, y todo gracias a la detallada narración arriba expuesta! :P

    Salutes

  5. Iluvatar dice:

    Esta lectura me trae malos recuerdos… es terrible ir al dentista.

  6. Andy dice:

    Mirá que sos dramático vos, ajaja, ahora a ver quien me hace a mi entrar a la clínica del Oscar (el dentista de toda la vida) sin querer llevar como poco una pistola, jajaja.

    No viene a cuento pero cuando a mi me hicieron la ortodoncia, antes de empezar me tenían que sacar 4 muelas para hacer espacio y acomodar el resto de dientes, yo pregunté si había clavo en que me sacaran las 4 juntas mas que nada porque si me sacaban dos ese día y las otras dos la semana siguiente, después de las primeras dos no me volvían a ver. Total, que me sacaron las cuatro, y una de ellas tenía doble nervio, así que fue doble anestecia. LLegué a mi casa sábado a la una de la tarde, me acosté a descansar del martirio y me desperté domingo a las 4 de la tarde. Mi record personal, jajaja.

    Saludos.

  7. Nicté dice:

    Con esta historia no va a ver quien quiera ir al dentista…. afortunadamente yo tengo mi propia experiencia y se que no es tan terrible como dicen.

  8. juanba: de nada por la detallada narración! Como quien dice que vos sos de buen diente, no?

    Iluvatar: siempre que termine doliendo es terrible.

    Andy: a mí también me hicieron ortodoncia, pero me las sacaron de dos en dos. Y yo que estaba contento con mi récord de 17 horas seguidas dormido, qué humillante!

    Nicté: claro que no es tan terrible como dicen, es peor!

  9. andy dice:

    y..¿Cómo salió lo de la radio?

  10. ana ruth hernandez perez dice:

    saben ami me paso algo parecido cuando fui al dentista me extrajo el diente sin que me agarara la nestecia es algo horrible.

  11. andy: bien, hablé sobre la oportunidad que da internet y el formato blog a los escritores noveles y mencioné a Bicicleta y Te prometo anarquía. Aparte de hablar de este blog, por supuesto. Gracias por preguntar.

    ana ruth: horrible y muy doloroso, supongo.

  12. Pirata Cojo dice:

    Son muy pocos quienes no le tienen miedo al dentista, bien detallada la forma de trabajar del estomatólogo, queda uno marcado con esas experiencias.

    ¡Ya me dio “meyo”!

  13. Sí, no todos somos valientes. A mí me quitaron el primer diente a los 5 años y juro que no lloré. Ahora ese ruido del taladro no me da miedo, pero me pone nervioso…

  14. Hortensia dice:

    JJ me hiciste estremecer… no de terror pero si de angustia… a mi también me quitaron un diente a los 5 años, no fue la gran cosa pero claro que impone ver las jeringas y toda la parafernalia en el consultorio del dentista…

    Saludos.

  15. A veces cuando mirás los instrumentos de los dentistas apilados, parece como si la cosa fuera ferretería.

  16. Nano dice:

    Un ratito, ya vengo… voy a cepillarme los dientes.

  17. Juan Pablo dice:

    Lo ideal seria ir con una mujer dentista, posiblemente se agarre mas valor o por orgullo nos hariamos los valientes,,, jajajajajaja, slds.

  18. Kasumi dice:

    Es muy gracioso q le tenga miedo al dentista

  19. Pepa dice:

    es un pelin miedoso por lo de ir al dentista

  20. DEntista dice:

    NO se tiene q tener miedo al dentis pero lo malo para mi esque me van a poner aparatos……..y ahora tengo mas miedo
    Adios

  21. patricia dice:

    que intensidad le pones hasta miedo me dio el dentista

  22. jackeline dice:

    bueno soy odontologa jajja pero esa historia ya como que es muy antigua, actualmente los nuevos dentistas no solo vemos dientes, sino a al paciente en toda la integridad, y la tecnologia en el mundo de la odontologia avanza rapidamente, mi consejo para todo seria la prevencion ante todo¡¡¡¡ para no llegar a esos extremos, suerte a todos y cuidar sus dientesitos¡¡¡¡¡¡

  23. soy secreto dice:

    eso esta caray je quien le teme al dentista?

  24. wuilder dice:

    mira el comentarista es de pelicula ,pienso que un poco mas daniel se hubiese hecho pisss jajaja

  25. diana ale dice:

    pues gracias adios naci con una dentadura sana pero el dia que vaya pues que primero me noquee el dentista y despues que haga su trabajo ya no quiero sufrir asi por lo menos llevo 2 cesarias


Deja un comentario

Copyright © 2004-2009 Anecdotario.net. All rights reserved.
Política de Privacidad | Designed by Theme Junkie. Powered by WordPress. Hosting: Hostgator.