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Archivos de Etiqueta: Niños

Fantásticos

El viejo del barranco

Todos los viernes a las cinco de la tarde nos íbamos al barranco con el Carlos y el Chejo. Vivíamos en la misma colonia e íbamos al mismo colegio, a pocas cuadras de nuestras casas. Nos juntábamos en la casa del Chejo y bajábamos hasta la casa del viejo, que nos esperaba sentado en su mecedora fumando un cigarrillo mentolado. Sonreía al vernos llegar, con los dientes amarillos que tenía. Se acariciaba la barba blanca y nos daba la bienvenida mientras se seguía meciendo. Le llevábamos la comida que nos pedía: a veces fruta, a veces pan, otras veces pollo o carne. Mientras observaba lo que habíamos llevado, nos decía, siempre, que si estábamos listos para volar. Leer más »

Sociedad

Gotas de chocolate

Marta llega a la escuela y la recibe con un abrazo Miguel, uno de sus alumnos de kinder. El niño le cuenta que ayer fue con su papá al cine y la pasó bien. Marta sonríe y le dice que se alegra mucho, lo toma de la mano y se encamina al aula. Allí encuentra a sus demás alumnos, que le dicen buenos días y la rodean, cada uno contando lo que hacen o hicieron. Laura, la más pequeña, está llorando. Juan, el más travieso, está subido en una silla queriendo alcanzar uno de los dibujos pegados a la pared. En un momento, todos los niños gritan. Marta los llama al silencio y les dice que hoy va a ser un día muy bonito, van a pintar, a cantar y a jugar. Todo parece normal, hasta que se escuchan unos disparos afuera de la escuela. Leer más »

Breves

Una estrella

A Fernando Omar, in memoriam

Suena el teléfono en un barrio del interior de la república. Una anciana de hablar pausado contesta. Alguien al otro lado del teléfono, desde la capital, hace un reclamo:

—Qué tal vos Juanita, estoy enojado con vos.

—¿Por qué m’hijito, qué hice? Vos sabés que te quiero mucho —contesta la abuelita. Leer más »

Breves

El primer día de clases

Durante toda la semana de lo único que habla la pequeña María es de que va a ir al colegio. Mira sus crayones de cera, sus libros de pintar y se le encienden sus ojos traviesos. Sus papás, preocupados de que no se adapte, la sondean de vez en cuando: nena, ¿verdad que no vas a llorar? La nena contesta que no, mientras sigue mirando sus crayones de cera y las acuarelas de colores. Su mamá la mira e intenta adivinar qué podrá sentir una niña de cuatro años que irá por primera vez al colegio. Leer más »

Fantásticos

En la juguetería

Pablito acaba de cumplir seis años y su papá prometió comprarle un Transformer. Hoy es el día y juntos van a la juguetería a ver qué pueden encontrar a buen precio. Cuando Pablito entra a la tienda, sus grandes ojos negros buscan los estantes en donde están los Tansformers. Pablito sonríe, sabe que no le comprarán el autobot más caro, pero verlo en la tienda es gratis. Empieza a imaginar cómo será en la noche, cuando los juguetes cobran vida. Leer más »

Gente

La invasión de los nietos

Cuando los nietos de don Vitalio y doña Augustina llegan a casa, todo se trastorna. Rápidamente dominan todo el lugar, y de una apacible y silenciosa morada, que verá sus últimos días, pasan a gritos de los niños corriendo por todos lados, lloriqueos cuando se caen y se golpean, quejas porque los más grandes les pegan y restos de comida y juguetes por todos lados. La nieta más pequeña, por ejemplo, vino hoy con la novedad de que tenía un su cuco en la pierna derecha, del cual presumía ante sus abuelos. Leer más »

Personal

Sólo espero que esté ahí

Tengo que apurarme porque ya es de noche y todavía no he terminado de lustrar mis zapatos, los tengo que dejar bien brillantes porque si no de repente los reyes magos no me dejan nada y pasan de largo. Con el Julio Héctor pensamos que la ventana tiene que estar bien abierta para que sea fácil meter los regalos en los zapatos. Aunque los reyes son como fantasmas, los juguetes no, y por eso es que es mejor abrir bien la ventana. Ojalá que los reyes tengan más pisto este año, porque esas escaleritas con el muñeco ya dos años seguidos que nos las regalan. Yo a veces creo que no son los reyes magos sino mis papás los que nos regalan los juguetes, así como el santa clos de los otros niños, pero a saber. Mejor sigo lustrando mis zapatos porque el Julio Héctor ya terminó y sólo me está esperando a mí. Mamá ya dijo que era muy tarde, que nos apuráramos. Ya casi termino vos, esperáme. Listo, ya terminé. Poné tu zapato del lado derecho y yo del izquierdo. ¿No querés? Vaya, está bien, los cambiamos, pero no chillés. Mamá nos apura para que nos enpashamemos y nos metamos a la cama, pero antes la oración del ángel de la guarda y el padrenuestro. Ah, y el santamaría. Mañana lo primero que voy a ver es mi zapato en la ventana, no importa qué me regalen los reyes, sólo espero que esté ahí.

Sociedad

Santa Claus vrs. Reyes Magos

Pablo y José Joaquín platican por la malla que separa sus casas, un 25 de diciembre, en el siglo pasado:

—A nosotros nos trajo regalos Santa —dice Pablo.

—Santa Claus no existe —responde José Joaquín—, son tus papás los que te regalan los juguetes, ya despertá y crecé. Los que sí existen son los Reyes Magos y ellos sí traen buenas chivas, no cosas chafas así como tu Santa de porquería. Leer más »

Gente Humor

Bodas

Ayer llegó una invitación de boda. Un par de tórtolos enamorados van felices al matadero, pobrecitos. Para dar una idea de lo colgados que están uno del otro, adjunto a la invitación llegó un recuerdo de la boda: una bolsita de tela dorada que contenía un CD con sus catorce canciones preferidas, acompañado de una tarjetita titulada Nuestros Temas y la lista impresa. Al parecer el nuevo matrimonio es fanático de Juan Luis Guerra, quien domina su Top 14 con cuatro canciones. Manu Chao, Andrea Bocelli, Bacilos y Phil Collins también están incluidos en el disco.

La primera boda a la que me recuerdo haber asistido es la de mi hermana, cuando tenía tres años y medio. Yo era uno de los pajecitos y llevaba un traje café y cara de cachorrito huérfano. Apenas uno tiene un poco de tiempo viviendo en la Tierra y ya le están encomendando responsabilidades de sociedad. La iglesia era grande (años después descubrí que yo era el pequeño) y había bastante gente. Quise hacer un papel digno, caminé hasta el altar con la cabeza erguida y altiva, sosteniendo con firmeza y decisión el cojín con los anillos. Si no hubiera sido por un pequeño tropezón (alfombra tonta), mi papel habría sido perfecto y recordado de generación en generación. Lo importante fue que me levanté y seguí hasta el altar para cumplir con mi misión. No sin después terminar llorando en el regazo de mi mamá.

Personal

Habitantes de la Tierra

Hace algún tiempo José era un hermoso niño de cinco vivarachos años. Una noche antes de dormir, su papá se sienta en la cama de él a platicar. José no parecía tener sueño. De repente, le pregunta a su papá: “papa, ¿cuántos habitantes tiene la Tierra?”. Papá se sorprende de la pregunta, y como no sabía el dato, le contesta que no sabe.

Después de dejarlo dormido, papá le comenta a mamá la curiosa pregunta del patojo. Papá pensaba que para un chirís que apenas cuenta hasta diez, el dato no iba a tener sentido. Mamá se la toma en serio, y recomienda a papá buscar la respuesta para satisfacer la curiosidad del niño. En ese entonces la cosa no estaba tan fácil como ahora que sólo tenés que ir a Google.

A los dos días, papá trajo la respuesta: 3,000 millones de habitantes.

José Joaquín escuchó sin inmutarse y respondió serio:

—Esos son los vivos, ¿y los muertos?

[Para los que vienen de Google: la Tierra tiene 6,500 millones de habitantes. Mas información aquí.]