Ir al contenido principal

Con los Guaraguao

Por José Joaquín López

Hace un par de años, participamos con unos amigos en las actividades musicales de la Huelga de Dolores, en Guatemala. La expectativa giraba en torno a la intervención de Los Guaraguao, que habían sido especialmente invitados al evento. Tocamos como cinco rolas y después esperamos su aparición. Sonaron igualito que en los CD’s.

Como habíamos participado en el evento, nos quedamos backstage para saludarlos. Tipos simpáticos el vocalista y el mandolinista-guitarrista-tecladista. Sin nada de presunciones. Nos compartieron algunas vivencias y algo de música. Al que no pude saludar fue al baterista, que salió rápido para el hotel.

Uno de los cuates del grupo estaba muy emocionado. Andaba con su novia y le pidieron autógrafos a Los Guaraguao.

-¿A ése también le pido? -le dijo la novia a mi cuate-.
 -Sí, pedíselo.

 Ella se acercó con el moreno y le pidió su autógrafo.

 El le dijo: -Con mucho gusto te lo doy, pero yo no soy ningún artista, soy Sydney Samuels, decano de Ingeniería.

Y le firmó el autógrafo.


Relatos populares


La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.